La agresión militar de Estados Unidos contra Venezuela es un salto en la ofensiva imperialista sobre América Latina. No se trata solo de un ataque a un país, sino de una advertencia brutal a todos los pueblos que desafíen los dictados de Washington. Frente a esta escalada neocolonial, no alcanzan las condenas diplomáticas ni los llamados abstractos a la paz: es necesaria una respuesta de masas, internacionalista y de clase. Por eso, desde la Corriente Revolución Permanente – Cuarta Internacional (CRP-CI) y la Red Internacional La Izquierda Diario colocamos en el centro de esta declaración la exigencia a las centrales sindicales, movimientos sociales y políticos, empezando por los que han repudiado el ataque, a convocar a un Paro Continental de la clase trabajadora, como eje de una movilización internacional capaz de frenar la agresión imperialista, expulsar al imperialismo yanqui de Venezuela y abrir una perspectiva de lucha para toda América Latina. Junto con la CRP-CI, apoyan esta declaración las organizaciones March to Socialism de Corea del Sur, Rouge! de Bélgica, Corriente Roja - Cuarta Internacional del Estado español y What is to be done de Canadá .
Desde la madrugada del 3 de enero, el mundo asiste a la agresión criminal en nuestro continente con el ataque militar de Estados Unidos contra Venezuela, un punto de inflexión catastrófico en la ofensiva neocolonial sobre Latinoamérica.
La administración Trump, en nombre del “América First”, secuestró al presidente Nicolás Maduro y a Cilia Flores y bombardeó territorio venezolano, causando al menos 80 muertes. Este acto de guerra y violación de la soberanía busca imponer por la fuerza un nuevo esquema de saqueo extractivista, asegurando el control de las riquezas estratégicas de Venezuela y enviando un mensaje disciplinador a toda la región y más allá.
Desde la Corriente Revolución Permanente – Cuarta Internacional (CRP-CI) levantamos nuestra voz de protesta más enérgica contra esta agresión imperialista. Si bien somos opositores por izquierda y antiimperialistas al gobierno venezolano, exigimos la libertad de Maduro y Flores porque no le reconocemos el más mínimo derecho al Estado imperialista norteamericano y su justicia para juzgarlo. Nos ubicamos sin ambigüedades en el campo militar contra el imperialismo yanqui, y llamamos a la movilización masiva de la clase trabajadora internacional y los pueblos del mundo para derrotarlo. Lo hacemos sin otorgar ningún apoyo político al gobierno de Maduro, hoy continuado con Delcy Rodríguez, un gobierno burgués profundamente antiobrero, que descargó las crisis económicas y los efectos de las sanciones sobre el pueblo trabajador, reprimió al movimiento obrero y a los sectores populares. Un gobierno que avanzó en un giro entreguista de los recursos nacionales, pactos, concesiones y capitulación frente al capital y al imperialismo, que allanó el camino para esta intervención. Un gobierno que con sus fraudes y prácticas autoritarias fue la mejor propaganda de la derecha para desacreditar toda política de izquierda en la región y que hoy en día es una herencia pesada para desplegar una gran movilización antimperialista.
Sostenemos que la derrota del imperialismo en Venezuela es un interés vital de los explotados y oprimidos del mundo, pero advertimos que defender al régimen en nombre del antiimperialismo implica desarmar políticamente a los pueblos y confundir la resistencia popular con la represión estatal.
La naturaleza del ataque: imperialismo sin disfraces
La operación militar lanzada por Estados Unidos contra Venezuela no tiene antecedentes recientes en la región. El pretexto utilizado –la supuesta "lucha contra el narcotráfico" y el "narcoterrorismo"– no es más que una vieja coartada imperialista, reciclada una y otra vez para justificar intervenciones armadas, ocupaciones y golpes de Estado. La administración Trump los ha despojado de cualquier velo retórico. Ha dejado claro que concibe a Venezuela como un territorio a administrar. Esta visión recuerda los peores momentos de la Doctrina Monroe.
En sintonia con esto, y envalentonado por los bombardeos coloniales en Venezuela, pasó a amenazar, exultante, países como Colombia (para "extraer" a Petro), México e incluso Groenlandia, que Trump dijo que debe ser de EEUU en función de su "seguridad nacional". En este marco de amenazas, Trump declaró que Cuba “está a punto de caer”, ligando su crisis económica a la dependencia del petróleo venezolano. Estas declaraciones, en paralelo a la agresión contra Venezuela, buscan preparar nuevas presiones e intervenciones. Frente a cualquier ataque, nuestra posición es clara: defendemos a Cuba frente al imperialismo. ¡Fuera las manos de Cuba! ¡Alto al bloqueo y al embargo imperialista! ¡Fuera el imperialismo de Guantánamo!
Estados Unidos no busca combatir el narcotráfico, del cual es el principal mercado mundial, con su ataque a Venezuela busca control político, disciplinamiento regional y acceso privilegiado al país para saquear los bienes comunes, desplazando a otras potencias como Rusia y China, en el marco de la disputa con esta última por América Latina más de conjunto. Las enormes reservas de petróleo, minerales, tierras raras y su ubicación geopolítica, convierten a Venezuela en un objetivo central. Esta es la verdadera "transición" que busca convertir al país en una gran colonia petrolera. Por ello, el rechazo a la incursión sobre Venezuela y el combate al imperialismo yanqui es tarea de lucha de toda América Latina.
Por su parte, los Estados imperialistas europeos avalaron -más o menos directamente- el ataque de Trump, aunque señalando que es necesario respetar la “legalidad internacional”. Las amenazas de Trump sobre Groenlandia han encendido las alarmas en la UE, cuyo papel internacional se encuentra en declive, en medio de las disputas entre Estados Unidos y China. Quieren también quedarse con una parte del botín del petróleo y los recursos de Venezuela y de América Latina, promoviendo el acuerdo UE-Mercosur en favor de sus multinacionales como Repsol, BBVA, Total Energies y otras. Por eso, luchamos también contra los imperialismos europeos y sus multinacionales, por la devolución sin indemnización de las empresas y recursos expoliados durante décadas en América Latina.
El gobierno venezolano tras el ataque militar y su bancarrota
Frente a esta agresión imperialista de carácter excepcional, la respuesta del gobierno venezolano desnuda su bancarrota política y estratégica. El secuestro de Nicolás Maduro y la asunción de Delcy Rodríguez como figura central del Ejecutivo, no solo expresan la gravedad del ataque externo y la extorsión imperialista, sino que colocan al régimen venezolano en una situación de extrema debilidad. Desde una perspectiva revolucionaria, es indispensable rechazar toda ilusión: el gobierno venezolano no ha sido golpeado únicamente por la fuerza del imperialismo, sino también por el callejón sin salida al que lo condujeron sus propias limitaciones políticas y estratégicas. Maduro, la cúpula gubernamental y el alto mando de las Fuerzas Armadas son responsables de haber llevado al país a una vulnerabilidad extrema, desarmando políticamente a las masas frente a un enemigo que no reconoce límites ni legalidades.
En sus primeros años el chavismo desarrolló una retórica antiimperialista cruzada por la fricción abierta con el imperialismo norteamericano pero nunca se propuso quebrar la estructura capitalista dependiente del país. Con el cambio de las condiciones internacionales, solo fue quedando aquel manto de radicalidad detrás del cual se garantizaban los intereses del capital extranjero (pago de deuda y nuevos endeudamientos, autorización a llevarse todas las ganancias generadas en el país, exoneración casi total de impuestos a los pulpos petroleros, entrega de recursos minerales) y de las clases propietarias locales, los ricos tradicionales y las nuevas camadas de burgueses surgidos con el chavismo, mediante la fuga de capitales por vías legales y con una colosal corrupción, hasta que el desangramiento del país lo permitió, mientras quedaba raquítico de recursos hasta para lo más elemental y descargaba sobre la clase obrera y el pueblo pobre, el desmantelamiento de los derechos laborales, la destrucción del bolívar, del salario y de las pensiones, la liberación total de precios, la dolarización y la represión contra el movimiento obrero y ante el descontento popular.
Al tiempo que recayó sobre el pueblo trabajador el peso de la crisis y, más tarde, de las sanciones imperialistas, cristalizó una casta gobernante integrada por altos burócratas civiles y militares convertidos en nuevos ricos, cada vez más vacía de apoyo popular. Asediado por la oposición proimperialista, el gobierno respondió fortaleciendo un aparato estatal represivo, apoyado en las Fuerzas Armadas y en la acción policial y parapolicial como eje de gobernabilidad.
Esta orientación abandonó toda perspectiva de transformación social y erosionó material y políticamente a las bases populares. Al subordinar al movimiento obrero a una estrategia de gobernabilidad capitalista, apoyada crecientemente en el capital privado y la represión, el propio gobierno terminó por desarmar al pueblo frente a las apetencias neocoloniales del imperialismo estadounidense, dejando al país en manos de un aparato estatal incapaz de resistir una ofensiva directa sin el apoyo consciente y organizado de las masas.
Esta orientación socavó la capacidad efectiva de resistencia del pueblo trabajador frente a una agresión imperialista. El resultado es un gobierno que hoy le teme más a las masas movilizadas que a una negociación forzada con el imperialismo, por eso, incluso bajo ataque, prioriza la búsqueda de salidas negociadas, apela a mediaciones diplomáticas y explora acuerdos, en lugar de convocar a una resistencia de masas organizada desde abajo. La respuesta oficial se reduce a declaraciones formales, denuncias en el plano institucional y reiterados llamados abstractos a la "paz", mientras se intenta desesperadamente recomponer canales de negociación. A tal punto que Delcy Rodríguez ha ofrecido en carta una "invitación al gobierno Trump para trabajar juntos en una agenda de cooperación”. El aparato madurista no mostró ninguna intención de oponer resistencia al imperialismo.
Esta es la consecuencia lógica de la degeneración autoritaria del chavismo en el poder, que fue dejando de lado la legitimidad electoral de la que gozaba durante los gobiernos de Hugo Chávez, apelando al fraude como sucedió en las últimas elecciones presidenciales. Otra consecuencia de esta deriva se expresó en la migración masiva de millones de venezolanos. Tras años de gestionar un Estado capitalista dependiente, de cooptar y desmovilizar a las organizaciones de base, de perseguir a la izquierda independiente y de profundizar alianzas con capitales rusos, chinos, europeos –además de las propias transnacionales estadounidenses como Chevron–, el gobierno ha demostrado ser incapaz de ofrecer una resistencia consecuente.
Prefiere pactar la rendición que desatar una resistencia de masas que, inevitablemente, escaparía a su control y amenazaría sus intereses. Las Fuerzas Armadas, como cualquier otra institución burguesa, están más preocupadas por sus negocios y su supervivencia que por plantarse ante una verdadera defensa nacional. No son el "pueblo en uniforme" como tanto han alardeado, sino un órgano de represión.
Las burguesías cipayas: aplaudiendo a su verdugo
El entreguismo de figuras como María Corina Machado es total; actúan como agentes directos de una potencia extranjera para masacrar a su propio pueblo. La respuesta de las burguesías latinoamericanas a la agresión ha sido de una bajeza histórica cipaya. Por eso, uno de los aspectos más repugnantes de esta coyuntura ha sido la reacción de amplios sectores de las burguesías latinoamericanas y de gobiernos abiertamente proimperialistas. Presidentes, cancilleres y medios de comunicación celebraron la agresión, justificaron la intervención o guardaron un silencio cómplice.
Este cipayismo descarado confirma una verdad histórica: las burguesías latinoamericanas son incapaces de defender en forma consecuente la soberanía nacional, porque sus intereses están estructuralmente ligados al capital imperialista. Si durante la primera mitad del siglo XX existieron gobiernos burgueses como el de Cárdenas en México, Vargas en Brasil o Perón con sus primeras presidencias en Argentina, que han enfrentado parcialmente los designios imperialistas, las burguesías latinoamericanas, cada vez más temerosas del movimiento obrero regional después del ascenso de los años ‘60 y ‘70 y con los cambios de la economía mundial (“globalización” neoliberal, peso de la deuda externa, privatizaciones, etc.) han profundizado su papel de socios de la expoliación de sus propios pueblos.
Gobiernos de derecha como el de Milei en Argentina y de otros países de la región han apoyado abiertamente el ataque militar. Estas burguesías nativas, socias menores del capital imperialista, ven en la sumisión a Washington la garantía para aplastar a sus propias clases trabajadoras y explotar más ferozmente los recursos nacionales. Su papel es el de gendarmes locales del saqueo.
Pero también denunciamos la impotencia de los gobiernos "progresistas" de la región como Lula o Scheinbaum que vienen negociando las condiciones de sumisión frente a Trump y ahora se limitan a tibias declaraciones mientras Trump ataca militarmente a Venezuela y amenaza varios países de la región. En el caso de Lula, la crítica a la intervención militar ni siquiera menciona a Trump y EEUU, además de no convocar a ninguna acción contra el bloqueo yanqui en el Mar del Caribe, todo en función de mantener las buenas relaciones con Washington. La política de estos gobiernos “progresistas” no es más que la de una capitulación por etapas que solo permitirá el afianzamiento de la nueva ofensiva yanki en la región, la cual, más tarde o más temprano, se volverá contra ellos. Las políticas conciliadoras con Trump como la de Lula están condenadas históricamente al fracaso.
El internacionalismo en acción: en las calles del mundo y la solidaridad desde abajo
Frente a esta agresión militar imperialista, se ha desarrollado una respuesta internacional todavía muy inicial desde sectores de la clase trabajadora, la juventud y los pueblos solidarios del mundo. En América Latina, Estados Unidos, Europa y otras regiones se han realizado movilizaciones, actos, pronunciamientos y campañas de denuncia contra el ataque imperialista. El carácter abiertamente reaccionario del madurismo ha conspirado en lo inmediato contra el desarrollo de una gran movilización de masas frente al principal ataque norteamericano en décadas en la región. Por eso es fundamental reconstruir una movilización antiimperialista consecuente desde un ángulo internacionalista y de clase, apoyándonos en lo más avanzado del movimiento de solidaridad con Palestina que conmovió y conmueve al mundo, desde las marchas, tomas estudiantiles, flotillas hasta los paros generales como los de Italia.
Ante este ataque, la Red Internacional de La Izquierda Diario y la CRP-CI hemos respondido impulsando la acción militante en las calles. Desde Argentina hasta el Estado español, desde México, Chile hasta Francia, desde Brasil hasta Alemania, incluyendo los Estados Unidos hemos organizado y participado activamente en movilizaciones, actos relámpago, panfletos y asambleas para repudiar la agresión imperialista. Hemos impulsado acciones unitarias, coordinaciones y llamados a la movilización, reafirmando un internacionalismo militante, no declamativo. Esta solidaridad desde abajo es un punto de apoyo fundamental para enfrentar la ofensiva imperialista. Desde Estados Unidos, con Left Voice, en el corazón de la bestia, denunciamos que el enemigo está en casa y exigimos: ¡Ni un dólar, ni una bala para la agresión a Venezuela! ¡Fuera las manos del imperialismo norteamericano de Venezuela y América Latina!
Detrás de la imagen de fortaleza que pretende proyectar Trump para administrar la decadencia del imperialismo norteamericano están las múltiples crisis de su gobierno. No solo viene de sufrir sendas derrotas electorales a finales de 2025 y su popularidad interna continúa cayendo, sino que su propia base social más cercana, expresada en el movimiento MAGA, está atravesada por múltiples divisiones cada vez más virulentas sobre política interna y exterior. Pero lo más relevante es que millones vienen inundando las calles de EE. UU. con las movilizaciones “No Kings”. Las redadas de ICE contra lxs inmigrantes cada vez encuentran mayor resistencia, como mostró recientemente la revuelta de Los Ángeles, la resistencia en Chicago y ahora las protestas contra el asesinato a manos de ICE de la activista Renee Nicole Good por los derechos migrantes en Minneapolis. Todos los que luchamos contra el imperialismo norteamericano dentro y fuera de EE. UU. tenemos que ser conscientes de los temblores que se están produciendo en las filas enemigas.
También contamos con el ejemplo de lo que está pasando en Bolivia, donde la potente clase obrera y sectores campesinos, están llevando adelante importantes movilizaciones de medio millón de personas y 56 bloqueos de rutas al grito de "Bolivia no se vende", exigiendo la abrogación del decreto 5503 contra el paquetazo de ajuste neoliberal del gobierno de Paz, donde tendrá que verse en los próximos días, cómo se profundizan las acciones y exigimos que la COB convoque una verdadera huelga general que paralice el país hasta lograr todas las demandas. Un ejemplo más de la importancia de unir a toda la clase obrera latinoamericana y un punto de apoyo importante para el paro continental para frenar la avanzada de la injerencia imperialista.
La movilización continental es capaz de derrotar estos nuevos intentos de recolonización imperialista. El enorme ejército mercenario norteamericano sería impotente frente la fuerza de cientos de millones de oprimidos del continente liderados por la clase trabajadora; frente a un gran movimiento continental con los movimientos sociales, el enorme movimiento de mujeres, los movimientos ambientalistas, organizaciones estudiantiles, movimientos indígenas, los grandes sindicatos de la región levantándose contra Trump y el imperialismo, junto con los millones que se movilizan dentro de EE. UU. levantando las banderas de No Kings, los millones de inmigrantes que resisten al ICE, el gran movimiento antirracista que dió lugar a la rebelión Black Lives Matter, los jóvenes que se han enfrentado contra genocidio al pueblo palestino en las universidades, etc. Debemos confluir para que la resistencia se extienda a escala continental y logremos frenar esta avanzada imperial.
¡Fuera yanquis de Venezuela! Es la expresión concreta de nuestro internacionalismo. No nos limitamos a declaraciones: salimos a luchar junto a las masas, impulsando una respuesta de clase, independiente y organizada desde abajo, como única vía para derrotar al imperialismo y a todos sus agentes.
Contra el imperialismo, sin apoyo político al gobierno
El ataque imperialista contra Venezuela es, en realidad, un ataque contra todos los explotados del mundo, el preludio de nuevas agresiones destinadas a disciplinar a cualquier pueblo que intente desafiar los dictados de Washington. No hay salida posible dentro de los márgenes de los Estados burgueses, los pactos entre élites ni la diplomacia de palacio. Solo la unidad internacional de la clase trabajadora y los pueblos oprimidos, organizada de manera independiente, puede frenar esta avanzada y abrir una perspectiva verdaderamente emancipadora.
Por ello, llamamos a las organizaciones obreras, sindicales, juveniles, de mujeres y a los activistas populares a impulsar movilizaciones y acciones de lucha en cada país, sin depositar ilusiones en los gobiernos burgueses llamados “progresistas” ni en las castas militares. La fuerza capaz de derrotar al imperialismo reside únicamente en la movilización consciente e independiente de los explotados del mundo.
Desde la CRP-CI sostenemos una posición clara y principista: frente a una agresión imperialista, estamos en el campo militar de Venezuela contra Estados Unidos, sin otorgar ningún apoyo político al gobierno burgués, autoritario y represivo que dirige el Estado venezolano. No es en apoyo a semejante régimen como se puede conquistar la simpatía y movilización de las masas obreras y populares del continente por la causa antiimperialista. Nuestra tarea es impulsar una política independiente de la clase trabajadora y los explotados, capaz de enfrentar al imperialismo sin subordinarse a proyectos de conciliación de clases ni a salidas de recambio dentro del orden capitalista.
La agresión contra Venezuela vuelve a confirmar una lección central del marxismo revolucionario: no existe liberación nacional duradera dentro del capitalismo dependiente. La soberanía real solo puede ser conquistada por los trabajadores y los explotados, tomando el poder y reorganizando la sociedad sobre nuevas bases. En América Latina, esta perspectiva se concreta en la lucha por los Estados Unidos Socialistas de América Latina, como alternativa revolucionaria frente al imperialismo, las burguesías locales y sus gobiernos.
Por la movilización obrera continental y de los pueblos del mundo. Un programa antiimperialista, internacionalista y de clase
Frente al ataque imperialista a Venezuela, la CRP-CI levanta un programa de acción urgente y estratégico para la clase trabajadora y los pueblos de América Latina y el mundo:
Como medida urgente, exigimos a las centrales sindicales, movimientos sociales y políticos, empezando por los que han repudiado el ataque, a convocar a un Paro Continental de la clase trabajadora. Es necesario que la región se levante y frene la avanzada de Trump con un paro en todo el continente. Llamamos a las centrales sindicales de toda América Latina (CGT-CTA en Argentina, CUT en Brasil y Chile, etc.) a convocar paros nacionales con movilizaciones en todos los países que sean parte de un paro continental para frenar la maquinaria de guerra imperialista contra Venezuela.
¡Parar la producción para parar la agresión! Que los puertos no descarguen, que los transportes no se muevan, que las fábricas se detengan en señal de solidaridad con Venezuela. La clase trabajadora italiana dio un gran ejemplo recientemente, paralizando el país contra el genocidio en Palestina y tomando la bandera anticolonial. Es hora de levantar la bandera antiimperialista.
Exigimos la libertad de Nicolás Maduro y su esposa Cilia Flores, secuestrados por el imperialismo. No reconocemos la jurisdicción de los tribunales yanquis para juzgarlos; solo el pueblo trabajador venezolano tiene ese derecho.
Exigimos al gobierno venezolano libertad plena, anulación de las condenas y los juicios de los trabajadores presos y de los presos por protestar. Derogación de las leyes que criminalizan las luchas ¡Plenos derechos de asambleas, organización y manifestación para el pueblo trabajador, las mujeres y la juventud!
Por la construcción de comités de solidaridad y de acción en cada país contra la agresión a Venezuela.
Por la defensa de la soberanía y de Venezuela desde organismos de autoorganización obrera y popular.
¡Fuera yanquis de Venezuela y de toda América Latina! Retiro inmediato e incondicional de todas las tropas, buques y aviones estadounidenses. Desmantelamiento de todas las bases militares extranjeras en el continente.
¡No al pago de la deuda externa! Los pueblos no deben un centavo por la deuda que los opresores contrajeron para saquearnos.
Expropiación sin indemnización de todas las empresas imperialistas, comenzando por Chevron y todas las transnacionales del petróleo, la minería y el agronegocio. Que toda empresa de capital estadounidense en suelo latinoamericano sea nacionalizada bajo control obrero como respuesta a la agresión. Los recursos deben servir para las necesidades de las mayorías.
Ruptura de todos los pactos y tratados de "libre comercio" y seguridad con Estados Unidos (T-MEC, Alianza para la Prosperidad, TIAR, etc.).
La experiencia demuestra que ninguna burguesía nacional es consecuente en la lucha antiimperialista. La única garantía de liberación es que la clase trabajadora tome el poder, por gobiernos de trabajadores y del pueblo pobre.
¡Por los Estados Unidos Socialistas de América Latina! Planificando democráticamente la economía para acabar con la pobreza, la dependencia, la depredación ambiental y el capitalismo.

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