La reciente huelga de las y los trabajadores del Sindicato N°2 de Finning no solo terminó con un triunfo contundente frente a la patronal, sino que nos muestra el poder de fuego y la importancia que tienen los sectores estratégicos como la logística para presionar a la patronal afectando la producción.
En un contexto de constantes ataques empresariales a la organización sindical y al derecho a huelga, esta experiencia demuestra que cuando se recurre a métodos de lucha efectivos, la difusión y la solidaridad de diferentes sectores, se puede torcer la mano incluso a grandes empresas como la canadiense Finning ligadas al corazón del negocio minero.
Desde el inicio del conflicto, Finning intentó por todas las vías debilitar la huelga. La empresa no dudó en desplegar prácticas antisindicales, como el uso de helicópteros para trasladar repuestos y mantener parcialmente la operación, buscando quebrar el impacto de la paralización y desgastar a los trabajadores. Sin embargo, estas maniobras fracasaron frente a la determinación del sindicato y fuerte moral de sus trabajadores.
Uno de los aspectos más destacados del triunfo fue la conquista del pago de los días de huelga, una demanda que rara vez es concedida y que constituye un golpe directo a la lógica patronal de castigar económicamente a quienes se organizan y luchan. Se obtuvieron avances en igualdad, equidad y beneficios que fortalecen las condiciones laborales del conjunto de los trabajadores, mostrando que la huelga no fue solo defensiva, sino también ofensiva.
Este resultado no fue producto de la buena voluntad empresarial, sino de los métodos de lucha utilizados y del importante rol que cumple la logística en la producción, cada trabajador sabía su importancia en esta lucha, algo que no los dejó doblegar. Los cortes de ruta y los bloqueos a la producción en puntos estratégicos como La Negra, principal centro logístico y distribuidor, así como las acciones que impactaron directamente en faenas mineras como Escondida, demostraron una comprensión clara de dónde golpear.
La logística es parte esencial del proceso productivo minero: sin mantenciones, sin repuestos y sin insumos, simplemente la producción no funciona. La huelga de Finning dejó en evidencia que quienes mueven esa logística tienen un enorme poder cuando actúan de manera organizada.
Otro elemento clave fue la solidaridad de otros sectores. Profesores, sindicatos de Escondida y diversos trabajadores expresaron su apoyo, rompiendo el aislamiento que la patronal, la prensa tradicional y el gobierno suelen buscar imponer a los conflictos laborales. Esta solidaridad activa fue fundamental para sostener la huelga y reforzar la moral de los trabajadores en los momentos más duros.
En este escenario, también jugó un rol importante la prensa alternativa y de izquierda, en particular desde La Izquierda Diario buscamos contribuir a visibilizar el conflicto desde el punto de vista de las y los trabajadores. Esto contrastó fuertemente con la cobertura de un sector de la prensa tradicional, que intentó enfrentar a trabajadores contra trabajadores, responsabilizando a la huelga de las dificultades de otros sectores para trasladarse o llegar a sus hogares, desviando la atención del verdadero responsable: una empresa que prioriza sus ganancias por sobre los derechos laborales.
Un triunfo que anticipa las luchas que vienen frente a la ultraderecha
El triunfo de la huelga de Finning no es un hecho aislado ni solo una victoria de un sector. En el escenario nacional, marcado por el avance de la ultraderecha y la posibilidad concreta de un gobierno de José Antonio Kast, esta experiencia adquiere una relevancia estratégica. Un eventual gobierno de ese tipo buscará profundizar los ataques contra los derechos laborales, restringir aún más el derecho a huelga, fortalecer la criminalización de la protesta social y gobernar abiertamente al servicio de los grandes empresarios y del capital minero.
Frente a ese panorama, la huelga de Finning muestra un camino opuesto al de la resignación y la adaptación, como también la importancia de los sectores estratégicos y la logística para la minería, donde grandes empresas se adjudican estos contratos millonarios para mantener las enormes ganancias del capital extranjero que se va y deja solo migajas y enfermedades a sus trabajadores y familias.
La huelga de Finning deja una enseñanza clara: frente a patronales poderosas y un modelo productivo basado en la sobreexplotación, la organización, la unidad y los métodos de lucha que afectan realmente al negocio son herramientas decisivas. En momentos en que se anuncian nuevos ajustes y ataques contra los trabajadores, este triunfo muestra que es posible ganar, y que la solidaridad de clase y la acción colectiva siguen siendo las armas más efectivas.

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