Cerca de mil trabajadoras y trabajadores de la educación se movilizaron ayer en Antofagasta para repudiar el brutal asesinato de una inspectora a manos de un estudiante en Calama. Asistentes de la educación, docentes de establecimientos municipales e incluso miembros de colegios subvencionados como Corazón de María y estudiantes de pedagogía de la Universidad de Antofagasta dieron cuenta del profundo descontento que genera la violencia estructural en las escuelas.
Miércoles 1ro de abril 07:40

La movilización, acordada entre Corporación Municipal, Seremi y Colegio de Profesores como “instancia de reflexión”, lamentablemente se limitó, a una marcha silenciosa: vestidos de negro, pero sin consignas ni intervenciones, palabras o debate, solo una vuelta a Plaza Colón y la entrega de una carta institucional no socializada con las bases. La falta de protagonismo de las bases de las comunidades educativas contuvieron el potencial de la jornada.
El sentir de las y los presentes fue unánime: se desaprovechó una oportunidad histórica. “Hace mucho no veíamos tanta fuerza concentrada del sector educativo”, para hacer sentir los años de precariedad, hacinamiento y falta de seguridad. Esta marcha evidencia que la disposición a la unidad existe, pero se requiere organización consciente desde las bases para traducirse en acción transformadora.
La dirigencia institucional parece haber optado por el ritual simbólico como contención, posiblemente en concesión al gobierno para evitar un repudio mayor. Sin embargo, el asesinato en Calama no es un hecho aislado, sino síntoma de una educación pública abandonada: aulas hacinadas, infraestructura colapsada y precarias y nula prevención de la violencia. Además de una sociedad en descomposición, donde los discursos de odio que promueve la ultra derecha entran en sectores de la juventud, y que se profundizan con el ajuste que están en curso como la reducción del 3% en los recursos de educación y salud, como del conjunto de los ministerio, y el golpe a las familias con el impuesto a los combustible producto de la guerra promovida por Trump, al que el gobierno de Kast ha respaldado.
Frente a esta realidad, las bases deben tomar la iniciativa: recuperar la tradición de organización y lucha, articular con estudiantes y comunidades, exigir presupuesto basal directo y condiciones dignas. La fuerza existe; falta organización de base sin control de las autoridades, que dirija hacia la justicia real para la inspectora y el conjunto de la comunidad en Calama, así como el protagonismo en las decisiones de todas la comunidad educativa.
Frente a esta crisis es fundamental que los organismos de las y los trabajadores, como el Sippe, el Colegio de profesores, la CUT, los sindicatos mineros y las federaciones estudiantiles preparen y convoquen a un paro nacional para enfrentar la crisis educativas y frenen los ataque que se están realizando al conjunto de las familias trabajadoras.

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