miércoles, 8 de abril de 2026

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Diario electrónico POLITIKA


El Derecho que no nos enseñaron

Pachukanis, Lyra Filho y el ciclo constitucional chileno: notas desde Pedro Aguirre Cerda

 
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Las reglas del derecho provienen de la Constitución, los tratados internationales, las leyes, los textos reglamentarios y la jurisprudencia. Su fuente, en teoría, es la soberanía popular, la voz de la Polis, el pueblo. Sus orígenes son el código sumerio de Ur-Nammu redactado hacia el año 2 100 AC y también el código Hammurabi. Si este último preconizaba la ley del talión (ojo por ojo) el Código de Ur-Nammu instauró multas para delitos menores, y fue redactado por el soberano Ur Nammu y/o su hijo Shulgi. El pueblo que debía regir estuvo ausente de su gestación y aprobación. Marx consideraba el Derecho como un instrumento de dominación de clase, concebido para servir los intereses de las clases dominantes. Constituye por tanto un lugar de la lucha de clases. Luis Casado.


escribe Esteban González Pérez - Abogado


Código de Ur Nammu...

En primer año de universidad, en el examen de Introducción al Derecho, un profesor me preguntó si la Constitución era neutral o ideológica. Le respondí que era ideológica, porque en ella se expresaba una visión política del mundo. Era un examen. Me corrigieron delante de todos: el Derecho era un instrumento técnico-jurídico, independiente de la política; mezclar ambas cosas era un error conceptual, y la norma operaba sobre la realidad con independencia de quien gobernara. Mis compañeros me miraron como si hubiera faltado el respeto, y esa respuesta me costó el ramo.

Pasaron muchos años. A principios de este año, desde mi organización política me encargaron preparar una clase sobre Derecho y Marxismo para el 28 de marzo. Busqué en Chile y no encontré casi nada útil. No es que no haya marxistas que piensen el Derecho, es que esa tradición no tiene espacio en las facultades ni en las librerías. Por azares de la vida viajé a Brasil, y ahí una compañera, Julia Almeida, Doctora en Derecho, me presentó a Pachukanis y a Lyra Filho. Sin ese encuentro, esta columna no existiría, ni tampoco la clase.

Evgeni Pachukanis murió fusilado en 1937 por hacerse la misma pregunta que yo intenté responder en primer año. Lo que encontró era incómodo: el Derecho moderno no nació de la razón universal sino del mercado. Para que dos personas intercambien mercancías necesitan reconocerse como libres e iguales, y sin esa ficción el intercambio no funciona: el Derecho es la forma jurídica de esa ficción. La igualdad ante la ley no es un ideal ético conquistado a lo largo de siglos: es un requisito operacional del capitalismo. Stalin lo ejecutó cuando esa lógica demostró que el socialismo soviético no podía sostenerse sin Derecho, y que tener Derecho era la señal de que algo había salido muy mal.

Roberto Lyra Filho tomó el problema por el otro extremo. Su distinción es simple pero lo cambia todo: la ley no es lo mismo que el Derecho. La ley es lo que el Estado produce y puede ser justa o injusta. El Derecho es la libertad conquistada en las luchas sociales, lo que los pueblos han arrancado al poder mediante la organización y la pelea. Eso significa que el Derecho no emana solo del Estado: los movimientos sociales, las comunidades, los pueblos en lucha también lo producen, aunque ningún Estado lo haya reconocido. Una norma que criminaliza la protesta o consagra el despojo no es Derecho aunque lleve firma y sello. Lyra Filho lo llama Antiderecho.

Cuando Julia me presentó a estos autores, pensé en Chile de inmediato. La Constitución de Pinochet no era neutral: era el andamiaje jurídico del modelo neoliberal instalado por la fuerza, diseñado para que el mercado no pudiera ser tocado aunque la gente quisiera tocarlo. Subsidiariedad del Estado, quórums imposibles, autonomía del Banco Central blindada contra cualquier mayoría. Forma jurídica al servicio de la forma mercancía.

El 18 de octubre de 2019, millones reclamaron lo que esa ley no contemplaba: pensiones dignas, agua como bien común, salud pública, educación sin aranceles. Esas demandas no estaban en ningún código, pero eran Derecho igual. La Convención intentó institucionalizarlas y fue rechazada con un 62%. El segundo proceso produjo un texto de signo contrario, rechazado con un 55%. La Constitución de Pinochet sigue vigente, pero ya sin la legitimidad que tenía antes del 18-O.

respuesta de Santiago al atropello de los Derechos...

Nací en la Población La Victoria y vivo en Pedro Aguirre Cerda. La Victoria nació de una toma en 1957. Sus fundadores construyeron la casa antes de que hubiera ninguna ley que los amparara. En esta misma comuna, la Lo Valledor, la Santa Adriana, otros sectores tienen historias parecidas: comunidades que se hicieron a sí mismas cuando el Estado miraba para otro lado o cuando directamente las perseguía. El pluralismo jurídico de Lyra Filho no es una abstracción: es la historia de la mayoría de las comunas populares de Santiago.

población La Victoria...

Desde acá el debate no es académico. Lo veo cuando alguien del barrio llega con una multa que no entiende, con un contrato que no leyó, con una deuda que no recuerda haber contraído. La igualdad formal existe en el papel; la desigualdad existe en las vidas. Y lo veo también cuando una organización territorial resuelve sus conflictos sin abogados ni código. Funciona igual. A veces mejor.

Pachukanis y Lyra Filho me dieron palabras para lo que veía desde siempre sin saber cómo nombrarlo. Lo que el profesor llamaba neutralidad técnica era la forma en que el Derecho oculta su origen. Y lo que ocurre en las sedes, en las ollas comunes y en las reuniones de pasaje es el Derecho emergiendo desde abajo antes de que ninguna ley lo reconozca.

El proceso constitucional confirmó las dos advertencias al mismo tiempo: sin transformación económica de fondo el proceso jurídico fue capturado, pero las demandas del estallido no desaparecieron con los plebiscitos. Ningún gobierno puede ignorarlas del todo. Las fuerzas que empujan desde abajo no se agotan en una derrota electoral.

El Derecho, cuando sirve, sirve porque alguien lo peleó, y quién lo llena de contenido no se decide en los libros: se decide en el territorio.

Ojalá aquel profesor lo haya pensado alguna vez.

Gracias a Julia Almeida por haberme mostrado el camino.

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