miércoles, 8 de abril de 2026


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Opinión. El protectorado que impone Trump en Venezuela: sumisión total y recursos estratégicos bajo control imperialista








Venezuela vive la mayor entrega nacional y sumisión imperialista de que se tenga conocimiento tras el ataque militar imperialista del 3 de enero. El régimen neocolonial impuesto por el imperialismo, de la mano de Delcy Rodríguez, ha llegado al extremo de no manejar ni siquiera la renta petrolera y minera, controlada desde Washington. Por su parte, María Corina Machado se disputa el papel de administradora vasalla del protectorado trumpista.

Milton D’LeónCaracas / @MiltonDLeon

Lunes 30 de marzo Edición del día

"Nosotros recibimos mucho, pero ellos ingresan mucho más de lo que obtenían hasta ahora", ha asegurado Trump, quien agregó que con el dinero que el Gobierno estadounidense ha obtenido del petróleo venezolano han "amortizado muchas veces el costo de la operación" en la que resultó secuestrado Maduro. Estamos ante la administración imperialista de la renta nacional generada por los recursos del país: nuestros ingresos por petróleo y minería ya no entran directamente a las arcas nacionales, sino que van a parar a cuentas controladas por el Tesoro de EE. UU. Al mismo tiempo, “expertos” en Economía y Finanzas de Estados Unidos no solo auditan con lupa al Banco Central de Venezuela, sino que “asesoran” en las decisiones a llevar adelante.

Recordemos lo que dijo Trump a magnates petroleros y representantes de grandes compañías el pasado 10 de enero, cuando discutían qué transnacionales intervendrían en el país: "Ustedes están negociando con nosotros directamente, no están negociando con Venezuela en absoluto..." Mostraba así el dominio sobre el país. Se llega al extremo de que quien decide con quién comercializa Venezuela sus recursos energéticos y minerales se encuentra en Washington. Este manejo directo de la renta petrolera y minera, junto con el control financiero y político, expresa uno de los mecanismos clave del protectorado que Trump impone en el país.

PDVSA no ha dejado de vender crudo a los mercados internacionales a través de Estados Unidos, pero solo una parte de esos recursos llega al país, bajo estricto control y mediante cuentas supervisadas por Washington. Funcionarios del propio aparato financiero venezolano han reconocido que buena parte de los recursos ni siquiera ingresa plenamente al Banco Central. Con el oro, el control es aún más estrecho. La licencia correspondiente autoriza importar oro venezolano a EE. UU., refinarlo allí y revenderlo o reexportarlo, pero impone las mismas condiciones sobre contratos y pagos.

Los mecanismos de control de los recursos en territorio, y los económicos y financieros en el exterior

Este mecanismo se ha ido estableciendo a través de las distintas licencias de la Oficina de Control de Activos Extranjeros (OFAC) de Estados Unidos implementadas desde enero. Medidas que se corresponden con reformas legales en Venezuela, como la de la Ley Orgánica de Hidrocarburos y, en camino, la Ley de Minas, que se votan de forma exprés tras la llegada de algún secretario de Estado de Donald Trump, como han sido el de Energía y el de Interior. Y ocurre en el marco de la entrega nacional del gobierno de Rodríguez, que ha acatado las exigencias de Washington para abrir el sector energético y minero venezolano a las empresas estadounidenses.

Por ejemplo, la licencia General 50A (febrero 2026) autoriza transacciones relacionadas con operaciones del sector de petróleo o gas para entidades específicas: Chevron, BP, Eni, Repsol, Shell y Maurel & Prom. Pero establece que la mayoría de los pagos monetarios se depositen en cuentas autorizadas por el Tesoro de EE. UU. En sus inicios se estableció en Qatar, pero luego el Departamento del Tesoro autorizó que se hicieran en Estados Unidos.

La licencia General 52 (marzo 2026) habilita a entidades estadounidenses -solo estadounidenses- a realizar negocios directamente con PDVSA y sus subsidiarias, pero establece que los contratos deben regirse por leyes estadounidenses y cualquier disputa debe resolverse en territorio norteamericano. Lo mismo ocurre con la minería, regida por las licencias Generales 54 (6 de marzo) y 55 (27 de marzo), donde hay un control mayor al considerar el oro de "mayor sensibilidad", y se establece que los pagos por la compra deben dirigirse a cuentas autorizadas en bancos estadounidenses o en terceros países que tengan convenios de supervisión con el Tesoro de EE. UU.

Con la licencia del 27 de marzo, Trump abrió paso a la autorización para que empresas estadounidenses puedan firmar contratos e invertir en el sector minero de Venezuela. Los negocios pueden incluir la explotación minera, el procesamiento y refinación de minerales, y la creación de empresas conjuntas. Pero Estados Unidos deja claro que la autorización prohíbe explícitamente realizar transacciones con personas o entidades vinculadas a Rusia, Irán, Corea del Norte, Cuba y China. Un mecanismo perverso para facilitar la participación solo de empresas estadounidenses en territorio venezolano.

Por otra parte, está la presencia en el país de una Misión Técnica y Financiera de EE. UU. que audita y realiza una "evaluación" de activos estatales, reservas internacionales y cuentas. Estos “expertos” financieros estadounidenses, bajo la coordinación del Departamento de Estado y la OFAC, han iniciado procesos de "evaluación técnica" del BCV para determinar el estado de las reservas internacionales y el flujo de divisas. Desde allí se controla también lo que Estados Unidos autoriza de la renta petrolera o minera que ingresa a Venezuela, y se empieza a discutir la reestructuración de la deuda externa.

Pero estos "expertos" no solo auditan, sino que "asesoran" en la toma de decisiones macroeconómicas. La llegada de inversionistas estadounidenses a Venezuela, facilitada por el Departamento de Estado, sugiere un esquema donde los recursos naturales del país quedan bajo la órbita de empresas de EE. UUTodo esto implica un control externo profundo, pues el Estado venezolano no tiene autonomía plena sobre sus activos estatales y sobre sus reservas líquidas sin el visto bueno de la OFAC, donde la pérdida de soberanía es casi absoluta.

La humillación de la entrega bajo el protectorado neocolonial que se impone

Es humillante la situación a la que se ha llegado. Este es el resultado concreto, político y económico, de la intervención militar estadounidense; es la cristalización de la estrategia imperialista en crisis que busca reorganizar su hegemonía hemisférica a sangre y fuego, tal como lo vimos con los bombardeos sobre Caracas y otras zonas del país.

Este protectorado neocolonial que impone Estados Unidos se ejecuta en el territorio por el gobierno de Delcy Rodríguez, en completo acuerdo y con un servilismo rastrero, donde los términos de la avenencia política y económica son dictados por la Casa Blanca. El gobierno venezolano podrá seguir existiendo, pero ha dejado de decidir sobre sus propios resortes económicos claves, como los recursos estratégicos fundamentales. Este es el triste rostro de la entrega nacional.

Delcy Rodríguez es la expresión en la que derivó el proyecto nacionalista burgués del chavismo, que ha terminado gestionando la restauración, doblemente recargada, del dominio imperialista en el país. Ni un atisbo de resistencia presentaron los que antes se llenaban la boca de "antiimperialistas", alistando "millones de milicianos" y hablando de generar "el Vietnam latinoamericano" si EE.UU. atacaba. Las nuevas leyes dictadas por los designios de Washington son ejecutadas por el propio gobierno venezolano. El chavismo gobernante ha pasado a ser una élite dirigente transformista, en total sumisión al poder imperialista. No resisten al protectorado: lo gestionan.

Delcy Rodríguez junto al secretario de Interior, Doug Burgum, en el palacio de Miraflores
Delcy Rodríguez junto al secretario de Interior, Doug Burgum, en el palacio de Miraflores

"Nuestra relación es [estupenda]. Mi popularidad allí es asombrosa", ha insistido el republicano, en tono de burla prepotente e imperial. La desfachatez ha llegado a tal nivel que su secretario del Interior, Doug Burghum, quien visitó recientemente Caracas, ha asegurado que "el cariño por Trump" en el país es equivalente "al de Simón Bolívar", el libertador independentista. Afirmaciones que no pueden sino tomarse en sentido literal del desprecio, de alguien que considera que llegó a "liberar" a Venezuela, cuando más bien busca transformarla en su Estado 51.

Donald Trump ha hecho estas afirmaciones en el marco de la guerra que lleva junto al Estado de Israel contra Irán, señalando que no ha descartado la posibilidad de acabar controlando el petróleo iraní si se impone en la guerra o se llega a algún tipo de acuerdo con la República Islámica, en una solución similar a la que impuso tras la intervención militar en Venezuela. "Es una opción. Como en Venezuela", declaró.

Desde la intervención y el comienzo de la tutela estadounidense sobre Venezuela, Trump ha asegurado que el país "está consiguiendo mejores resultados que nunca en su historia". "En Venezuela lo hicimos muy bien [...] es como una especie de empresa conjunta" para explotar el petróleo, comentó, en alusión al secuestro de Maduro y su esposa Cilia Flores y al nuevo régimen neocolonial impuesto. Pero una “empresa conjunta” comandada y determinada hasta en sus pormenores por la Casa Blanca, y donde el papel de Venezuela no es más que dejarse saquear los recursos.

Trump: "Venezuela está mejor que nunca". Los trabajadores: "La cosa está peor que antes del 03 de enero"

A casi tres meses de la nueva situación de sometimiento nacional, el régimen tutelado por Trump no ha cumplido con su propia demagogia, cuando afirmaba que luego de los ataques del 3 de enero iba a empezar a mejorar "el bienestar del pueblo venezolano". Lo que no debiera ser difícil, dado el nivel tan bajo del que se parte de ingresos de los trabajadores, dado que el país pasó, de un parcial bloqueo petrolero, incluso naval en los últimos meses de diciembre, que le limitaba en gran medida vender petróleo -aunque sea hacía de manera condicionada con transnacionales como Chevron-, a esta serie de autorizaciones que venimos comentando, y que está generando importantes recursos económicos más robustos. Pero el destino de estos recursos tiene otro fin, tal como lo ha explicitado abiertamente el propio Trump.

Los trabajadores y trabajadoras venezolanos vienen de niveles de indigencia en cuanto a sus ingresos laborales, producto de medidas económicas brutales del entonces gobierno de Maduro durante largos años, que se terminó transformando en uno de los gobiernos más antiobrero, represivo y también entreguista en el marco de negociaciones que tenía con el imperialismo y con transnacionales que eran autorizadas por Estados Unidos para comercializar. Lo que llegaba por petróleo tampoco llegaba al pueblo trabajador, y servía para alimentar una banca privada, y en beneficio de grupos de poder económico tanto de la vieja burguesía venezolana como la nueva surgida bajo el chavismo.

"Vamos a extraer una cantidad tremenda de riqueza del suelo, y esa riqueza irá al pueblo de Venezuela... y también a los Estados Unidos como reembolso por los daños que nos causó ese país", declaró Trump, pero el pueblo llano no ha visto tal "riqueza", pero sí el apoderamiento de nuestros recursos. "Hemos recibido miles de millones de dólares de Venezuela" ha enfatizado, pero ni siquiera migajas le han llegado al pueblo venezolano, que no palpa ni pequeñas mejorías en sus condiciones de vida, al contrario, la sensación general y lo que se comenta en la calle es que "la cosa está peor". Lo que contrasta totalmente con los dichos miserables del presidente estadounidense, sobre que "Venezuela está mejor que nunca en la historia de su país".

Hemos señalado que informaciones periodísticas revelan que a Venezuela no le está llegando siquiera lo prometido mediante los mecanismos de control ejercidos por Estados Unidos, que es más "a cuenta gotas" y limitado lo que Washington le está entregando al gobierno nacional, como parte de la política imperialista para que éste tome cada decisión que EE.UU. desea. Contrario a las expectativas de una estabilización de la moneda nacional frente el aumento del dólar, esta alza se ha mantenido imparable, y la inflación se ha acelerado, llegando a 618%, según datos del BCV.

Los dos grandes factores del poder político se disputan quién puede administrar mejor el vasallaje

La política neocolonial que se impone en Venezuela bajo la forma de un protectorado cuenta con el acuerdo de los grandes sectores políticos de poder en el país: tanto el que se mantiene en el gobierno actualmente, con Delcy Rodríguez a la cabeza, como el que comanda María Corina Machado, quien no ha cesado un solo día de reafirmar el ofrecimiento de Venezuela a Washington. En un acto reciente en Houston, María Corina dijo a las petroleras estadounidenses que Venezuela se convertirá en un "faro de esperanza y creación de riqueza para este hemisferio", sosteniendo al mismo tiempo que el país pronto será "un contribuyente fundamental para la prosperidad estadounidense".

María Corina Machado y Donald Trump en la Casa Blanca
María Corina Machado y Donald Trump en la Casa Blanca

A pesar de haber sido inicialmente ninguneada por Trump —quien declaró que no contaba con el "respaldo suficiente" para gobernar—, María Corina Machado ha intensificado su carrera hacia Washington para demostrar su utilidad. En ese afán, ha incrementado sus actos públicos en el exterior en los últimos días, preparando su retorno a Venezuela.

Estamos ante una brutal dominación imperialista donde todos los sectores del poder —ya sea el chavismo gobernante con el sector de Delcy en el gobierno, o María Corina Machado— avalan el robo y el despojo de los recursos nacionales por parte del imperialismo. La gran disputa gira en torno a quién puede garantizar mejor el vasallaje del país y el protectorado trumpista. No se discute la subordinación, sino quién la administra.

Un régimen neocolonial que se consolida, al que hay que oponer resistencia

Si este régimen de protectorado se consolida en Venezuela, América Latina podría ingresar en una etapa de semicolonialismo administrado, donde la soberanía formal convive con el control externo directo sobre los recursos estratégicos. El elemento más dramático del proceso actual es la ausencia de un sujeto político independiente, conformado por trabajadores y sectores populares, que oponga resistencia al régimen neocolonial. El antiimperialismo se pone más que nunca a la orden del día, levantando una férrea resistencia al tutelaje y la entrega, con los que acuerdan y colaboran Delcy Rodríguez, y María Corina Machado en el relevo.

Luchar contra el imperialismo y su plan neocolonial, y contra sus agentes que en el terreno nacional lo aplican —hoy Delcy Rodríguez o mañana María Corina Machado— es una de las peleas que hay que librar actualmente en Venezuela, a la par de luchar por nuestras demandas fundamentales: la reivindicación económica, expresada en la pelea por un salario igual a la canasta básica; contra la eliminación de las prestaciones sociales; y nuestras libertades democráticas, ante un gobierno que impide que nos expresemos en las calles.


 

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