miércoles, 8 de abril de 2026


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Opinión. ¿Por qué es necesario preparar y avanzar hacia un paro nacional?





Se debate en distintos espacios la política de Kast y su estrategia de copamiento: retiro de 43 decretos medioambientales, recorte presupuestario a distintos ministerios, anuncios de indultos a violadores de derechos humanos en la revuelta, reversión de la medida de expropiación de Colonia Dignidad, pero la medida más controversial, que lo llevó a un rápido descenso en las encuestas, fue el ajuste del MEPCO como medida de estabilización de precios del combustible llevando a un alza histórica del diésel y la gasolina que la población resiente en sus bolsillos. También los ajustes en educación y salud están siendo profundamente sentidos, tanto que el combativo movimiento estudiantil chileno parece iniciar un proceso de recomposición con movilizaciones secundarias y universitarias que no se vieron durante los últimos años.

Bárbara Brito

Bárbara BritoDocente y ex vicepresidenta FECH (2017)

Martes 7 de abril 08:53

En este marco se debate ¿qué hacer? Muchos apuntan a no dejarse guiar por el mareo de medidas reaccionarias, ser pacientes, esperar, imponer nuestra propia agenda en vez de responder reactivamente ante cada medida. Es cierto, nos quieren dejar de octubristas, de revueltistas. Durante los últimos años la derecha ha construido un relato de asociar la rebelión a la movilización de masas, y la movilización a actos “delincuenciales”, que deben ser fuertemente reprimidos. Esa percepción avanzó en amplias masas de la sociedad chilena, y el gobierno de Boric, en la desesperación por encontrar mayor legitimidad y salvar su gobierno, empujó leyes que Piñera nunca pudo impulsar, tales como La Ley Naín Retamal de gatillo fácil, la Ley Antitomas, y la ley de infraestructura crítica. Todas, para criminalizar la protesta y reprimir a quienes luchamos.

Sin embargo, ese relato no puede hacernos retroceder, no puede convertirse la paciencia en pasividad, y tampoco significa que nuestras formas de movilización serán artesanales, por el contrario, deben ser planificadas y preparadas desde la base, con asambleas donde todos puedan participar, decidir y llevar adelante las decisiones. En unidad de diferentes sectores. Es decir, oponer a sus epítetos de “revueltistas” y “octubristas”, una vía de movilización conscientemente organizada, y transversalmente organizada, levantando un paro nacional convocado por las principales centrales del país y organizaciones obreras del puerto y la mina, del sector público, servicios y de la industria, y proponiendo un plan de lucha con asambleas de base y fortalecimiento de la organización desde abajo, para que la movilización y coordinación no quede en un hito.

Contra la fragmentación, impulsemos coordinaciones de base por un paro nacional

Esto es importante, uno de los mayores problemas es la fragmentación de las y los trabajadores a través de diferentes mecanismos, el subcontrato, el multirut, la división entre trabajadores con diferente régimen contractual, honorarios y de planta, cesantes y ocupados, nacionales y extranjeros. La atomización en diferentes organizaciones sindicales y centrales de trabajadores, la baja sindicalización. Por otro lado, la fragmentación se manifiesta respecto a otros sectores de la sociedad, por un lado se movilizan los estudiantes, mientras que por otro lado se manifiestan los trabajadores públicos, pobladores por el derecho a la vivienda, luchas ambientales. Para hacernos fuertes necesitamos crear asambleas generales, coordinaciones intersectoriales y espacios comunes de deliberación.

Un paro nacional puede ser la acción que motorice las discusiones en asambleas, empujando a una coordinación más amplia, en miras de un objetivo de educación política de las y los trabajadores. En vez de responder a cada medida del gobierno con movilizaciones episódicas, podemos planificar un paro como una medida común, con objetivos, evaluando la correlación de fuerzas. El paro no es solo una medida de movilización y manifestación, sino una experiencia práctica que puede ayudar al aprendizaje político colectivo. ¿En qué sentido?

El alza de la bencina fue histórica, sin embargo, por ahora, no hubo respuesta de masas. Una vía es impulsar paros testimoniales y sin preparación ni perspectiva. Organizaciones obreras de peso como algunos sindicatos mineros, o centrales como la CUT y el CdP priorizaron un camino de diálogo y pasividad en un momento de descontento social frente a una medida que viene a precarizar la vida del conjunto del pueblo trabajador, todas estas organizaciones podrían haber empujado hacia la movilización, pero su objetivo no era derrotar el bencinazo, sino dejarlo pasar, adaptando una estrategia de espera pasiva.

Pero como hay rabia y descontento, se abren condiciones para organizarnos, levantar un paro nacional abre la posibilidad de derrotar los planes del gobierno, con un plan de lucha. Frente a la espera pasiva de la CUT, el CdP, y de los sindicatos mineros que tienen potencialmente, hoy de forma objetiva, el mayor “poder de fuego” para abrir condiciones de lucha en el país, necesitamos que todos los sectores que queremos resistir al bencinazo y derrotar los ajustes de Kast, nos coordinemos para pelear por exigir a las centrales sindicales un plan de lucha y paro nacional.

Ante problemas comunes, necesitamos una respuesta colectiva desde las y los trabajadores

En la vida cotidiana, las extensas jornadas laborales, el trabajo doméstico, la búsqueda y lucha cotidiana por mantener un hogar aparecen como peleas individuales, cada quien recibe su sueldo, busca atajar las deudas como puede y afrontar las alzas que este gobierno viene imponiendo. Un paro nacional puede ayudar a romper esa percepción donde cada uno tiene que “salvarse solo”, y mostrar que las políticas de gobierno nos afectan por igual, que somos las y los trabajadores los que echamos a andar la sociedad. ¿Por qué no podemos decidir sobre los precios del combustible y de los alimentos? ¿Por qué tenemos que aceptar en silencio que nos sigan consumiendo el sueldo que nosotros mismos producimos?

Hasta ahora es el gobierno de Kast y los empresarios los que deciden el futuro económico del país, de esta forma, a la vez que aumentan el precio del combustible llegando a pagar $15.000 o $20.000 más por cada estanque, el mismo gobierno busca rebajar los impuestos a los grandes empresarios. No por nada Kast habló de “colaboradores” que debíamos sentarnos juntos a la mesa para ver cómo nos “apretábamos el cinturón”. Busca que los trabajadores no tengamos identidad, o que seamos agentes pasivos, de diálogo y aceptación de sus políticas precarizadoras, pero la historia del movimiento de trabajadores en Chile dice lo contrario, no ha sido sino con lucha y organización que hemos ganado cada una de nuestras demandas.

Pero, ¿cómo se impulsa un paro nacional?

El rol de las centrales sindicales, sindicatos, organizaciones de trabajadores, federaciones estudiantiles y centros de estudiantes es clave. Ellos son los que tienen que convocar a una paralización nacional. Una asamblea de trabajadores no puede paralizar por sí sola, de manera aislada del conjunto. Para enfrentar un “bencinazo”, o los ajustes en educación y salud, se requiere que las distintas organizaciones impulsen al unísono una paralización nacional, coordinada y efectivamente preparada desde la base. Es allí donde los trabajadores tenemos que tener el derecho a discutir en asambleas cuestiones fundamentales: ¿cómo enfrentar al gobierno de Kast?, ¿cómo hacer efectivo un paro en cada lugar de trabajo y estudio?, ¿qué acciones se realizarán?, ¿cuál es la mejor fecha para impulsar una movilización que enfrente el bencinazo y los ajustes?

Es clave que, en cada momento, las y los trabajadores contrastemos la necesidad de responder a los ataques del gobierno y a la creciente precarización de la vida, con los límites que se imponen desde las direcciones. Por ejemplo, las deslegitimadas centrales como la CUT y la CGT continúan sin mostrar una hoja de ruta, incluso luego de retirar el proyecto de negociación ramal. La respuesta de la CUT ha sido el diálogo con el Ejecutivo. Por su parte, el Colegio de Profesores se reunió con la ministra Adriazola, señalando el encuentro como “muy positivo”. ¿Cómo puede evaluarse de esa manera cuando, paralelamente, se impulsa un recorte de 526 millones de pesos, equivalente aproximadamente a 36.000 docentes menos en el aula?

El argumento es conocido, no es momento de movilizarse, hay que esperar, ser pacientes, la gente ya votó por Kast. Sin embargo, la espera pasiva no traerá resultados distintos. La experiencia reciente en Argentina es ilustrativa, el kirchnerismo apostó por la desmovilización, permitiendo el avance de leyes antiobreras. En contraste, el Frente de Izquierda, con Myriam Bregman como una de sus principales figuras, se posicionó como un referente de resistencia, combinando intervención parlamentaria y movilización en las calles, apoyando a jubilados, estudiantes y trabajadores de la salud frente a las políticas del gobierno de Milei.

Retomando, el llamado a las centrales tiene un objetivo práctico. Son las estructuras legales que permiten que las y los trabajadores se reúnan y se organicen como clase. Asimismo, no podemos desconocer que, aun deslegitimadas, mantienen una tribuna desde la cual dirigirse a amplios sectores y son estas la organizaciones con mayor afiliación, pese al bajo número de sindicalización total. En ese marco, nuestra confianza y orientación se dirige a las bases de trabajadores organizados, que puedan superar los límites impuestos por la dirección, levantando medidas como la preparación activa de un paro nacional, y ocupar los sindicatos como herramientas para la defensa de los intereses de los trabajadores.

A organizarnos en nuestros lugares de estudio y trabajo

Como trabajadores y trabajadoras organizadas, debemos tener claridad en que nos encontramos en un momento inicial del movimiento. Hoy existe un estado de alerta en sectores importantes de la clase, en tanto el paquetazo de Kast se percibe como una amenaza para los sectores populares. No obstante, el impacto material más agudo de estas medidas aún no se expresa plenamente en la vida cotidiana de las grandes mayorías. Si bien el alza del combustible ya comienza a sentirse, sus efectos más profundos serán diferidos. Tenemos que prepararnos para próximas movilizaciones y momentos de mayor intensidad en la lucha de clases.

Nuestra tarea es buscar fortalecer los ejemplos de movilización y organización, levantar asambleas en cada lugar de trabajo, para que los trabajadores podamos debatir cómo dar respuesta a los ataques del gobierno, proponiendo esta perspectiva de paro nacional. Al mismo tiempo, tenemos que prepararnos para cuando las medidas contra los trabajadores empiecen a afectar fuerte a la población. Este proceso no será lineal, el conflicto va a ir cambiando y tomando distintas formas. Por eso, necesitamos una intervención situada, consistente y sostenida.

Con respecto a la pregunta inicial de este apartado, el “cómo” es una orientación que debemos construir colectivamente, recogiendo aprendizajes tanto de experiencias anteriores como de otras latitudes. Sin embargo, hay un elemento del que podemos aferrarnos con certeza, que tiene que ver con la necesidad de imbricar la apuesta por un paro nacional con las demandas sentidas por la población.

El “bencinazo”, con sus efectos inmediatos y también tardíos, expresados en el aumento de los índices inflacionarios y el consecuente encarecimiento del costo de la vida, junto con los ajustes en educación que vendrán a asfixiar lo público, agudizando las problemáticas asociadas a las condiciones laborales del profesorado y a la precariedad de la infraestructura (motor de las movilizaciones estudiantiles en los últimos años), así como su correlato en el ámbito de la salud, pueden dotar de fuerza y contenido a la indignación de las grandes mayorías.

Por tanto, la imbricación entre la paralización y las luchas históricas, junto con su articulación con reivindicaciones mínimas, permite construir el puente necesario para dotar de contenido político y material a la movilización.

Daniela Parra y Bárbara Brito participantes del Movimiento de trabajadores y trabajadoras Nuestra Clase





 

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