Al cumplirse la quinta semana del ataque imperialista contra Irán, Trump acelera una reconfiguración violenta del orden mundial. Como venimos denunciando, el objetivo estratégico de Washington es asegurar su hegemonía financiera y comercial frente al ascenso de China, intentando revertir su declive mediante el control absoluto de los recursos energéticos globales. Para ello, avanza en el protectorado en Venezuela para saquear su crudo, en asfixiar a Cuba y establecer la doctrina de la "Gran Norteamérica" desde Ecuador hasta Groenlandia. Esta ofensiva actúa como una extensión del genocidio en Palestina perpetrado por el Estado sionista de Israel, donde el control del petróleo aparece como la materia prima principal de la disputa monopolica.
Sábado 4 de abril 11:23

La guerra ha provocado el cierre de facto del estrecho de Ormuz, una parálisis que se originó tras los ataques iniciales de Estados Unidos e Israel el 28 de febrero. En respuesta a los bombardeos, la Guardia Revolucionaria de Irán emitió advertencias por radiofrecuencia prohibiendo el paso de cualquier buque, lo que llevó a las grandes navieras como Maersk a suspender sus operaciones por seguridad. El estrecho quedó bloqueado físicamente por el fuego cruzado y la presencia de minas, dejando a más de 150 petroleros anclados en aguas abiertas sin poder entregar su carga. Esta interrupción corta la circulación del 20% del crudo mundial y una quinta parte del gas natural licuado, afectando la yugular del sistema de suministros que alimenta las fábricas de Asia y Europa.
El impacto financiero que asfixia a la familia trabajadora mundial
Los costos económicos de esta guerra imperialista son devastadores y se transfieren íntegramente a las familias trabajadoras mediante una inflación galopante y un gasto público en Estados Unidos de 1.000 millones de dólares diarios. El barril de petróleo supera los 116 dólares (Diario financiero), llevando la gasolina en territorio estadounidense a niveles de entre 4 y 6 dólares por galón, mientras JPMorgan advierte que el peor shock de oferta aún no se ha contabilizado. En Latinoamérica, la presión se traduce en devaluaciones y el encarecimiento de alimentos básicos debido al alza de los fletes marítimos. Mientras tanto, la élite del Pentágono, encabezada por Pete Hegseth, es acusada de utilizar información privilegiada para lucrar con acciones de empresas armamentísticas antes de iniciar los bombardeos.
La crisis financiera global se agrava con la liquidación forzosa de activos por parte de los fondos soberanos del Golfo, que gestionan 4,35 billones de dólares, para financiar su propia defensa y reconstrucción. Este drenaje de liquidez dispara los tipos de interés, encareciendo las hipotecas y el crédito para los trabajadores de Europa y América, mientras el mercado de bonos estadounidense muestra señales de estrés inéditas. El imperialismo yankee, utiliza la escasez energética como una herramienta de disciplina política, exigiendo a sus aliados europeos que asuman los costos de la guerra o se sometan al monopolio energético de Washington. Es un escenario de canibalismo económico donde las grandes corporaciones petroleras acumulan ganancias récord a costa del empobrecimiento generalizado de las mayorías sociales.
Frente a esta barbarie, una respuesta de masas empieza a emerger con movilizaciones multitudinarias como el movimiento "No Kings" en Estados Unidos, que agrupa a millones contra el autoritarismo y la guerra. El rechazo al conflicto une a sectores diversos que ven cómo sus salarios se evaporan mientras los hijos de la clase trabajadora son enviados a morir en aviones derribados sobre territorio iraní. En Europa y Asia, las protestas conectan la lucha contra el genocidio en Gaza con la oposición a la escalada en el Líbano e Irán, desafiando los presupuestos militaristas de sus propios gobiernos. La resistencia obrera en los puertos y la juventud en las calles identifican a Trump y Netanyahu como los responsables directos de una catástrofe que amenaza con volverse sistémica.
La salida a esta crisis exige la construcción de un gran movimiento internacionalista
Frente a la barbarie, la tarea urgente es forjar una unidad internacionalista que rompa el cerco de la pasividad y pelee por la derrota de la coalición entre Washington y Tel Aviv. Esta posición implica defender a la nación agredida sin conceder ni un ápice de legitimidad política a la teocracia represiva de los ayatolás, entendiendo que el triunfo imperialista solo profundizaría el modelo de protectorado en Venezuela y el estrangulamiento de Cuba. La derrota de los planes de Trump es la única garantía para frenar el reordenamiento neocolonial del continente y la rapiña de los recursos estratégicos. Solo la irrupción independiente de la clase trabajadora, mediante la huelga y la movilización, puede desmantelar una maquinaria bélica diseñada exclusivamente para el lucro de una élite de especuladores financieros.
Esta batalla debe ser independiente de potencias como China o Rusia, que solo buscan su propio lucro en el mercado energético, y debe ligarse directamente a la lucha contra los planes de ajuste de gobiernos como los de Kast en Chile o Milei en Argentina. La derrota del imperialismo en Irán es inseparable de la derrota de estos programas de hambre y alzas que descargan el costo de la guerra sobre las espaldas de los trabajadores del Cono Sur.
No hay comentarios.:
Publicar un comentario
Bienvenido a nuestra pagina informativa y gracias por su participacion .