martes, 14 de abril de 2026


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Perú. Keiko Fujimori pasa a segunda vuelta mientras gana el voto blanco y nulo






Con casi un tercio del padrón que votó blanco, nulo y no fué, se agrava la crisis de representación en el país andino.

Martes 14 de abril Edición del día

La primera vuelta de las elecciones presidenciales de 2026, con el 78.05 % de actas contabilizadas, deja al descubierto una contradicción central del sistema político peruano. Mientras Keiko Sofía Fujimori Higuchi encabeza la votación con casi 2 millones 300 votos (10.89 % del padrón) y se perfila para pasar a la segunda vuelta, la opción más votada no es ninguna candidatura, sino el rechazo al conjunto de ellas.

Los votos en blanco alcanzan casi 1 millón 800 mil, es decir el 8.33 %, y los votos nulos suman 775 mil, correspondientes al 3.67 %. En conjunto, ambos tipos de voto representan el 12.01 % del padrón, superando individualmente a cualquier candidato en competencia. Este dato no es marginal. Expresa que la principal fuerza política del país no se identifica con ninguna alternativa electoral existente.

El panorama se complejiza al considerar la participación. De un padrón total aproximado de 21 millones electores, casi 5 millones no acudieron a votar, lo que equivale al 23.49 %. Este nivel de ausentismo resulta particularmente significativo en un sistema donde el voto es obligatorio y su incumplimiento conlleva sanciones económicas. Incluso bajo estas condiciones, cerca de una cuarta parte del electorado opta por no participar.

Si se integran los votos en blanco, nulos y el ausentismo, se configura un bloque de desafección que alcanza aproximadamente el 35.49 % del padrón. En otras palabras, más de un tercio de la población se sitúa fuera del consenso electoral efectivo, ya sea mediante el rechazo activo o la abstención.

En este contexto, el liderazgo de Fujimori adquiere un carácter relativo. Su pase a la segunda vuelta no se sustenta en una mayoría social, sino en un escenario de extrema fragmentación. Rafael López Aliaga obtiene el 8.14 %, seguido por Jorge Nieto Montesinos con 7.56 %, Roberto Sánchez Palomino con 6.79 % y Ricardo Belmont Cassinelli con 6.47 %. La distancia entre estas candidaturas es estrecha, lo que mantiene abierta la disputa por el segundo lugar en márgenes mínimos.

Los conteos rápidos refuerzan esta incertidumbre. Diversas estimaciones sitúan a tres candidaturas en un rango cercano entre 10.7 % y 12.4 % de los votos válidos, configurando un escenario de empate técnico que podría redefinirse con el ingreso de nuevas actas. Las tendencias observadas muestran variaciones marginales que mantienen en disputa el acceso a la segunda vuelta.

La suma de las cinco primeras candidaturas apenas alcanza alrededor del 40 % del padrón, lo que confirma la incapacidad del sistema político para articular mayorías. Más de treinta candidaturas compiten con porcentajes reducidos, reflejando una estructura profundamente atomizada.

La primera vuelta de 2026, con el 78.05 % de actas contabilizadas, evidencia una crisis de representación anclada en condiciones materiales concretas. La informalidad laboral, que oscila entre el 70 % y 72.3 %, junto con el deterioro de la reproducción social expresado en la persistencia de la anemia infantil, que alcanza el 45.3 %, configuran una base social precarizada que debilita todo vínculo con el sistema político. En este contexto, que Fujimori lidere con apenas el 10.89 % del padrón expresa más fragmentación que hegemonía.

A ello se suma que, tras el golpe a Pedro Castillo, incluso fuerzas que no impulsaron ese desenlace terminaron convalidando el nuevo orden pese a la represión y las muertes. El resultado es un escenario donde más del 35 % del padrón queda fuera del consenso electoral, evidenciando una ruptura estructural entre las mayorías sociales y el régimen político.

Por consiguiente, el régimen logra procesar electoralmente el descontento, pero no resolverlo. Por el contrario, lo reabsorbe sin darle salida, profundizando la distancia entre los electores y sus supuestos representantes. En estas condiciones, el régimen se vuelve más precario, asentado sobre bases cada vez más inestables en el corto plazo.



 

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