Ante los ataques de Kast, se abre el debate sobre qué hacer para enfretarlo. Aparece la opción de "no salir a marchar para evitar la represión", “no exponerse” y “no darle excusas al gobierno” para imponer un Estado de Excepción. Sin embargo, la historia nos demuestra que el autoritarismo crece sobretodo cuando nos desmovilizamos. La salida para enfrentar sus ataques no es ni exponerse a la represión ni ceder al miedo, sino, oponer nuestra fuerza organizada, la unidad de las organizaciones sociales, estudiantiles y sindicales, y la articulación de nuestras comunidades para defendernos colectivamente.

Catalina ParraAudiovisualista de La Izquierda Diario y militante del Partido de Trabajadores Revolucionarios.
Lunes 13 de abril 08:06

Frente a la ofensiva del gobierno de José Antonio Kast, entre quienes nos oponemos a sus ataques se ha instalado un debate sobre cómo enfrentarlo, cruzado por un temor completamente lógico: "Sí, hay que protestar, incluso paralizar en lugares de trabajo y estudio, pero desde la casa. Si nos movilizamos en las calles, nos van a reprimir con fuerza, ayer quitaron ojos, hoy podrían quitar la vida. Además, caeremos en la provocación, dándole la excusa perfecta a Kast para sacar a los milicos a la calle".
Este sentimiento, que nace del recuerdo de la brutal represión que vivimos durante la revuelta de 2019 y la impunidad en la que terminaron todas esas violaciones de DDHH, es un miedo legítimo. Sin embargo, transformarlo en la “estrategia” de quedarnos en nuestras casas es una concesión fatal. La extrema derecha no necesita "excusas" para reprimir o gobernar por decreto; esa es su naturaleza. Por ejemplo, la administración actual de José Antonio Kast es un gobierno que alcanzó casi un 60% de los votos, pero cuyas expectativas han bajado rápidamente producto de sus propios ataques, como el retiro de decretos medioambientales y, sobre todo, el “bencinazo”, que ya está impactando en la inflación y el costo de la vida. Esto ha llevado su nivel de aprobación a cerca de un 40% en apenas un mes de gobierno. El gobierno de Kast es un gobierno de ataques, pero no es estratégicamente fuerte: prueba de ello no son solo las encuestas, sino también el llamado “fuego amigo” dentro de su propia coalición, junto con una situación internacional convulsa que también lo afecta. Cuando un gobierno no es estratégicamente fuerte, tiende a afirmarse reforzando rasgos bonapartistas, es decir, aumentando sus tendencias autoritarias. La historia demuestra implacablemente que los regímenes de corte autoritario, fascista o bonapartista se cimentan exactamente sobre la clase trabajadora cuando está atemorizada y desmovilizada.
En términos históricos, a nivel internacional, la victoria del fascismo en la década del 30 se consolidó en parte porque las organizaciones de la clase trabajadora llegaron divididas y descoordinadas frente a la amenaza, producto de la política claudicante de sus direcciones políticas. En Alemania, la negativa de la dirección del Partido Comunista a llamar a un frente único obrero con los trabajadores socialdemócratas para enfrentar con movilización el avance nazi, fue una de las causas centrales del ascenso de Hitler. Esa política fue bloqueada por el estalinismo, entendido como la degeneración burocrática de la Unión Soviética bajo la dirección de Stalin, que abandonó la estrategia de la revolución internacional y promovió políticas sectarias y luego de conciliación con sectores burgueses, debilitando la unidad de la clase trabajadora. En ese marco, prefirió llamar "socialfascistas" a los propios obreros socialdemócratas antes que unificar las fuerzas de la clase trabajadora frente al enemigo común.
Lo vimos también trágicamente en Chile en 1973: los constantes llamados de sectores centrales de la Unidad Popular a no radicalizar el proceso para no "provocar" a las Fuerzas Armadas y a confiar en la institucionalidad, frenaron el desarrollo de experiencias de contrapoder como los Cordones Industriales y desmovilizaron a quienes estaban dispuestos a defender el proceso. Esa moderación garantizó que el golpe se llevara adelante sin una respuesta contundente y bien organizada.
La lección no es que la movilización garantice la victoria (la historia muestra que tampoco eso es automático), pero sí podemos ver que su ausencia le cede completamente la iniciativa a quienes están dispuestos a actuar, y hoy, la extrema derecha, está actuando con todo lo que tiene. Evitar las calles no evitará la represión; simplemente le cede la agenda a la extrema derecha sin al menos dar la pelea en la lucha y la movilización. Pero además de dar esa pelea, es necesario que surja un sector que saque las lecciones necesarias para avanzar más allá en ella: lecciones como la necesidad de la unidad de las luchas, la unidad del movimiento estudiantil con las y los trabajadores, con las organizaciones de derechos humanos y los distintos sectores en lucha. Un sector que también esté dispuesto a disputar esta perspectiva frente a quienes plantean que hay que esperar a los próximos cuatro años, cuando los ataques se están recibiendo desde ahora.
Cómo armar nuestro propio “poder de fuego”
Quienes plantean que movilizarse es "caer en provocaciones" o un "exponerse", imaginan la protesta como la violencia individual o la exposición de grupos indefensos frente a una policía altamente militarizada. Ante eso, planteamos que el choque no se gana tirando piedras en soledad o exponiéndose inútilmente sin planificación y coordinación detrás, sino, afectando el poder económico y logístico, paralizando el funcionamiento del país.
El Estado puede tener el monopolio de las armas, pero la fuerza que detiene o acelera el pulso vital de la economía reside intransferiblemente en las manos de la clase que la hace funcionar. Si la Unión Portuaria paraliza, si los sindicatos mineros cortan la producción, si el transporte, el Colegio de Profesores y la juventud estudiantil se suman, el poder de fuego de Kast queda suspendido en el aire. Por eso, hacemos el llamado a que las grandes organizaciones como la CUT rompan toda tregua o diálogo pasivo y convoquen a un verdadero paro nacional.
Autoorganización y Comités de Defensa
El miedo es algo real, natural y lógico incluso. Pero es necesario enfrentarlo, con organización colectiva e independencia política. Desterrar el inmovilismo y la protesta aislada de pequeños grupos enfocados en la violencia individual, significa construir la unidad en la acción, juntando el músculo de las grandes organizaciones obreras, de estudiantes y comunidades.
Para lograr esto, no partimos de cero. La rebelión de 2019 nos dejó lecciones vitales de autoorganización que debemos retomar. Ejemplos como el Comité de Emergencia y Resguardo en Antofagasta, donde trabajadores, pobladores, profesionales de la salud y estudiantes se articularon de forma independiente para sostener la movilización y defenderse de la represión, marcan el camino a seguir. A esto debemos sumar la activación del rol que jugaron las brigadas y colectivos de salud, o las comisiones de abogados y DDHH que protegieron a las y los manifestantes tanto en las calles como en las comisarías.
Para enfrentar los ataques de Kast sin ser carne de cañón y desterrando toda confianza en las desgastadas instituciones del Estado, necesitamos multiplicar estos ejemplos, con más planificación y coordinación previa. Debemos impulsar la autoorganización desde las bases, en asambleas territoriales y lugares de trabajo, levantando comités de defensa y resguardo que protejan nuestro legítimo derecho a la protesta.
Nadie dice que será fácil, pero la pasividad frente a la extrema derecha solo asegura nuestra derrota. Necesitamos levantar una gran coordinación nacional, por un paro activo y en las calles, con la clase trabajadora al frente, porque si nosotros producimos todo, nosotros podemos paralizarlo todo.
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