lunes, 16 de febrero de 2026

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El miércoles 11 de febrero el Congreso de la Nación y sus alrededores se convirtieron en un pintura de la época que vivimos. Los grandes medios repitieron la rosca del Palacio, la moral de una burocracia en decadencia, el aire teñido de gases y teorías conspirativas. Pero, ¿cómo se vivió la previa en los lugares de laburo y estudio, la resistencia en el asfalto, cómo marcó a los que decidieron quedarse? Un relato sobre lo que vivimos y lo que viene.

Sábado 14 de febrero | Edición del día
Fotos: Enfoque Rojo
Fotos: Enfoque Rojo

El hombre toma aire y se recupera. Su camisa lleva el logo de La Serenísima. “Yo ya estoy jugado, en 2 años me jubilo. Estoy acá para ayudar, para pelear por los más jóvenes. No les voy a regalar 100 años de lucha así nomás”. Se limpia el gas y avanza. Dos metalúrgicos, que hacen los tubos para “Don Chatarrín”, levantan una bandera argentina que cayó al piso. Esquivan el primer chorro del hidrante. El segundo no. Sonríen. Y avanzan. Gustavo tiene 67 años. “Si venimos enfrentándolos todos los miércoles, mirá si esto nos va a amedrentar”. Una piba con chaleco verde sonríe y le cura el gas. “Gracias nena, ya puedo volver”. Cristian Jerónimo llega a una “asamblea” del aparato de seguridad de la CGT, a metros de la vallas de calle Yrigoyen. “¡Acá nadie hace quilombo!”. Salen a cazar tres pibes que golpeaban la chapa. Pero el ruido latoso se escucha cada vez más fuerte. Un grandote ordena la desconcentración. Una estudiante de la Universidad de Lanús le pregunta a un compañero: “¿Vos te querés ir?”. "Más vale que me voy a quedar, si ya estoy re jugado. Pedaleo 12 hs todos los días. ¿Qué más me van a sacar?". Cuatro metalúrgicos miran todo desde la plazoleta frente al Congreso. “Ahí voy” dice uno. Sale para adelante con algo en la mano. Vuelve con las manos vacías. Sus amigos aplauden. Una piba vuelve, en el segundo avance para recuperar la plaza. La aturde el ruido de las motos. “Estos hijos de yuta nos quieren asustar. Con toda esta gente al lado yo no me asusto”. Por calle Rivadavia avanza una columna, roja y azul. Llevan en sus manos una bandera: “No a los despidos”. La gente les abre paso. “Mirá, esos son los que salen en la tele. ¡Aguanteee Lustramax!”. Responden con el puño en alto y orgullo. Más cuando cruzan al grupo del Sindicato de Comercio de Zona Norte. Parece que a los delegados de base y laburantes no les importa si se enoja algún dirigente: aplauden con respeto. Es un homenaje a quienes se convirtieron en un globo de ensayo de la reforma esclavista pero también de cómo resistirla. Volverán dos horas más tarde a la 9 de Julio. Pero acompañados. Junto al SUTEBA Tigre, la agrupación Marrón docente, sus “hermanos” de MadyGraf y PepsiCo, la Mesa de Coordinación de Norte. La vieja guardia, los nuevos luchadores, las pibas y pibes se quedaron cantando en el Obelisco.

Uno de ellos agita un cartel: "Trabajadorxs, no esclavos".

El palacio y la calle

Son las 15:30 de la tarde. Dentro del recinto cien personas, bien pagas, definen el futuro de los millones que crean la riqueza. Quieren decidir cómo vamos a laburar y cómo vamos a vivir. Zas! De un saque borran 10 derechos. Zas! Otros diez. Según el orden del día, en 12 horas se proponen borrar 100 años de historia.

Los guionistas de Netflix miran la realidad argentina con envidia. Valijas voladoras, gobernadores que llegan con banca de los sindicatos pero votan con Milei, senadoras que creen que la ley no sirve pero la votan, denuncias encendidas con un final desmoralizador.

El aire es fresco, hay café y solo se escucha la voz de los oradores.

El clima afuera del palacio es otro. Desde el mediodía se va poniendo denso. Al calor de febrero hay que sumarle el de los miles que llegan, sueltos o encolumnados. ¿Ya votaron? ¿Se va a pudrir? ¿Y la CGT?

Un vendedor de banderas argentina con un gorro del escudo peronista contesta con esa sabiduría que da la calle.

-Hoy tendría que haber habido un paro general y meter un millón de personas. Yo le veo mala cara a esto, hoy se pudre. La gente vino decidida a todo.

Las columnas de los sindicatos no terminan de entrar. Los hombres que las conducen gritan “¡hasta acá!”. Algunas que llegan con el triunvirato quedan estacionadas en las calles aledañas, como si temieran algún “derecho de admisión”.

Si uno la compara con el 18 de diciembre pasado, hay más gente y con más bronca. Si lo compara con lo que está en juego y podrían mover los sindicatos, es poca. En la Argentina hay más de 17 millones de asalariados, la mitad con algún convenio sindical. Más de 4 millones de afiliados, buena parte en la zona metropolitana. Un paro general activo, o sea con movilización, podría “reventar la plaza”. Es sencillo. La plaza tiene 25 mil metros cuadrados libres. Con 100 mil personas se podía llenar Congreso y rodear el Palacio. Con 200 mil se puede ocupar toda la zona del centro político que concentra el parlamento, la casa de gobierno y los tribunales. Darle un mensaje al poder político y del capital.

Saben que le hablan a un micrófono de La Izquierda Diario pero algunos militantes de la columna cegetista no dan vueltas: “Tienen que salir a la calle, no sean tibios”. “Esto no termina hoy, hoy es una batalla”. “No alcanza, hay que pensar en un plan de lucha”.

La crisis que deja la traición de la CGT se siente en el terreno. El Frente de Sindicatos Unidos (UOM, ATE, Aceiteros) llega por otro lado para hacer su propio acto, pero no entra a la Plaza. Un dirigente aceitero reconoce con cara de desilusión que otros gremios críticos no se quisieron sumar. La CATT (transporte) y la corriente que encabeza Bancarios hablan con palabras duras pero siguen el libreto oficial. La lealtad al triunvirato puede más que la lealtad a sus afiliados.

¿Qué hubiese pasado si hubiesen paralizado, además de las aceiteras, los puertos, aeropuertos, subtes, trenes y camiones?

A las 15:45 la seguridad de la CGT siente que ha perdido cualquier control sobre la situación. Los responsables de la columna gritan “nos vamoooos”. A las 18, la mesa chica se reunirá en una oficina con aire. Están golpeados: el gobierno no “dialogó”, millones los odian porque salvaron sus cajas entregando derechos y encima tiene que huir con los gases. No les pedimos que lean a Lenin, pero por lo menos a Churchill: “el que se humilla para evitar la guerra tendrá las dos cosas: la humillación y la guerra”.

Las calles arden

Cuando la historia sea escrita como debe ser escrita,
será la moderación y la prolongada paciencia de las masas,
y no su ferocidad,
lo que ha de provocar el asombro de la humanidad.

C.L.R. James

A las 16, el retiro de las columnas de la CGT amenaza dejar mucho espacio. Pero el terreno se reconfigura. Porque en estos dos años de treguas y traiciones, la plaza nunca quedó vacía. Se fue haciendo de los que luchan.

El primer tanque de gas que cae es todo un mensaje: "Made in USA".

La mayoría de las columnas de la izquierda se queda en el lugar, como muchos suponían. Pero son parte de una multitud mucho más densa. Ahí están también las agrupaciones de jubilados y jubiladas, los grupos de hinchas, grupos de jóvenes con algún cartel. Están las agrupaciones clasistas y otras que se oponen a la burocracia en sus gremios. Y también esa corriente que crece mes a mes: el “pueblo peronista” que tras tanta desilusiones y borradas, llegan en banda o solos a hacer realidad esa famosa “resistencia” que les habían prometido.

Pero hay dos sectores que son claves para entender la resistencia del miércoles. Los cientos de laburantes que se desprendieron de sus “cuerpos orgánicos” para quedarse a acompañar. Y los cientos de pibes y pibas que querían estar en la primera línea.

Trabajadores con rabia, uníos

-Yo voté a Milei, pero no voté esto. No iba a venir a cagarme de calor para que la CGT arregle igual. Pero, sabés, anoche me acosté pensando qué le iba a decir a mi hijo cuando me pregunte “viejo, vos qué hiciste el día que se votó la reforma”. El hombre había venido con un centenar de compañeros de su fábrica.

El gremio se retira, pero muchos no suben a los bondis. “Se van re temprano amigo, yo me quedo. No podemos agachar más la cabeza”. Algunos de ellos son los que levantan aquella bandera frente al hidrante que recorrerá los diarios. Será una de las postales del subsuelo de la patria sublevada.

No son los únicos. Si la traición de la CGT los llena de odio, la tibieza de la UOM que habla más picante pero no entra a la plaza y se va antes, no los contiene. No solo a los que militan en el clasismo. Un delegado peronista de una fábrica de Zona Norte le pide a su amigo trosko “vamos adelante”. “Con los gases lo perdí, pero no se fue, lo encontré plantado al lado de la bandera del PTS. Le pregunté si quería que nos fuéramos más atrás y me dijo “ni en pedo”.

Los hijos de fierro siempre vuelven, como si la voz de Felipe Vallese o los mártires del Villazo les recorriera las venas.

La banda de GPS-Aerolíneas viene militando contra la reforma hace meses, pero además tiene algunos combates encima. Pero lo que más los envalenta es que en medio de los avances y retrocesos se encuentran con pibes afiliados a APA y Aeronavegantes. Sus dirigentes se habían tomado “el primer vuelo” cuando comenzó el “cachengue”. Al otro día en las covachas los que quedaron contarán con orgullo “nosotros estuvimos ahí”. “Vamos la próxima todos, loco”.

Cuando comenzó la retirada cegetista, algunos lograron colarse entre los cordones de seguridad gremiales. No se querían ir. De pronto, entre los pibes que enfrentaban los primeros gases, aparecían remeras “orgánicas”. Sanidad Celeste y Blanca, UOM Lista Rosa, Moyano Conducción, UOCRA Lomas de Zamora, Atilra General Rodríguez. Eran el anti-triunvirato. O al menos habían dicho que para negociar hay que golpear, mínimo.

Si la seguridad de la CGT echaba a algún pibe lleno de rabia, las columnas de la izquierda recibían con cariño a esas remeras gremiales. El grito de “¡unidad de los trabajadores!” prendía fuerte.

Entre esas remeras y pecheras están también “los de siempre”. Las agrupaciones clasistas que se pelean con las patronales todos los días, para mostrar así una alternativa a la burocracia sindical. ¿Cómo no iban a estar? Una delegación de 40 obreras y obreros de Mondelez y Georgalos “aguantaban los trapos” sobre Rivadavia. Las remeras de “La Bordó” se cruzaban con las de la Naranja Ferroviaria, que usaban las banderas como referencia para avanzar y retroceder. Camisas de Fate, Shell, Emova se mezclaban con pecheras marrones de estatales y docentes. Los eléctricos de Secco con la energía de siempre, cerca de las telefónicas de "La Violeta" que habían marchado antes con una columna de cerca de 1000 de su gremio.

La bandera de Ademys, el gremio educativo porteño, nunca se baja, rodeada de “leonas” que habían parado ese día para estar con los sectores combativos. Las de SUTEBA Tigre también están. Hicieron una colecta para los micros y en pocas horas juntaron 800 mil pesos. Así más de 180 docentes marchan primero con el gremio provincial, a donde fueron a llevar la propuesta de plan de lucha. Cuando Baradel ordenó la retirada, hicieron una asamblea. La mayoría votó quedarse.

Así se arma un bloque con militantes clasistas, de izquierda y organizaciones sociales, jubilados, hinchas y muchos pibes.

Primera línea

-Fue mi primera represión, estaba con la adrenalina a mil. Nos juntamos con los de la Marrón cuando empezaron a tirar gases. Había llevado las antiparras. Mi bautismo como parte del PTS, dice Ludmi. Es secu y llegó desde La Plata con muchos estudiantes.

Dos cosas iban a quedar grabadas en los relatos de muchos pibes y pibas. Por un lado, el orgullo de resistir, de no faltar a la cita ni irse con la CGT. El otro, la confianza que da el cuidado colectivo. “Nos tocó aguantar juntos la bandera del CESACO (Salud Comunitaria de la UNLA) en el momento más brutal de la represión. Aguante cómo nos organizamos y como nos cuidamos entre todxs” dice uno. “Capaz muchos no saben, pero fue mi primera represión, y realmente me sentí segura todo el tiempo. Tanto por los compañeros que estuvimos con el Centro como cuando empezamos a disolver y me cruzaba con otros compañeros para no quedarme sola”.

Es que los noticieros hacen loop de pibes resistiendo pero oculta esas cientos de pibas con rabia, desafiando a los escopeteros y las motos.

La ministra de Seguridad se quema las pestañas capturando rostros, se seca la garganta buchoneando gente. Su campaña del miedo es también un reconocimiento del suyo propio. ¿Qué hacemos si la próxima en vez de 1000 son 10.000 pibes haciendo bardo?

Lo mismo piensan del otro lado. Lo resume un repositor de Carrefour, que fue con estudiantes de Medicina porque el gremio no lo convocó. “Lo único que nos queda es lucha y confrontamiento. Y que seamos muchos. Lo único que queda es una rebelión popular, lo que dijo Miriam”.

Esa rabia quedó grabada en la mente (y los cuerpos), pero también en la calle. Insurrectxs Crew dejó otra de sus pintadas en el asfalto. Los drones ya deben tener una colección. “Abajo la reforma. Paro general” dice.

Contra el relato del individualismo que nos meten en la cabeza, donde la juventud es la más golpeada, esos gestos, esa valentía (o ese miedo aliviado por un compañero o un desconocido), son una terapia para el presente y el futuro. Que además es mucho más fuerte si se nutre de los combates de la juventud italiana que se rebela contra el genocidio, la de Estados Unidos que enfrenta al ICE, la que dejó lecciones en la revuelta chilena y el 2001 argentino.

Uno de los pibes que estuvo detenido hasta el jueves, dice algo en la comisaría que vale más que escucharlo en un bar: “quiero empezar a militar”. La misma moral que Bianca, que manda un mensaje para avisar que llegó bien a la casa: “Me voy con muchísima, muchísima, moral y más convencida de esta militancia revolucionaria”.

No hay tiempo que perder. Desde esa noche empezaron a poner en pie nuevos “comités contra la reforma” en las universidades y terciarios. “En Diputados tenemos que ser más. Y mejor preparados”.

Resistir, curarse, volver a resistir

La Posta de Salud y Cuidados sacó un comunicado al día siguiente contando que durante la movilización contra la reforma laboral fueron atendidas más de 250 personas heridas. Lo que no cuentan, lógicamente, es que la mayoría de ellas repetía casi lo mismo: “gracias, ¿ya puedo volver?”.

Un grupo de manifestantes les canta “La postaa” y uno los abraza: “gracias por estar loco”. La impulsan estudiantes de En Clave Roja y personal de Salud, no existen las divisiones que imponen los gobiernos, empresarios o burócratas en un hospital: enfermeras, camilleros, jefa de enfermería, médico, todos ponen sus conocimientos al servicio de las luchas. También las y los abogados del CeProDH, que asisten en el terreno y recopilan las denuncias contra la represión policial.

Muchas llegan junto a laburantes de la “Marrón de Salud” desde los hospitales de CABA o el Gran Buenos Aires.

La delegación del Hospital Posadas sabía que en este primer round se jugaba una parada importante. Por eso una de las trabajadoras, acostumbrada a estar en la primera línea en defensa de la salud planteó con seguridad: “nos tenemos que quedar aunque tiren gases,no podemos hacer como los sindicatos que se borran: yo vine preparada, tengo bicarbonato, limón y barbijos”.

Pero no solo curan. Vienen haciendo una campaña gigante contra la reforma, organizando contra los ataques a la salud en el Garrahan, el Posadas, los hospitales de la Zona Sur y La Plata. Sienten que el clima está cambiando no solo en esas calles. También en sus lugares de laburo, donde muchas de sus compañeras quieren sumarse a esas peleas.

Un régimen en crisis

-Loco, me dan vergüenza los senadores y los gobernadores, sobre todo los que se dicen peronistas y traicionan así.

Lo dice uno que tiene la remera de Atilra (Lecheros), pero la calentura se repite en montón de diálogos y carteles improvisados. O en ese hit que vuelve una y otra vez frente al palacio. “Que se vayan todooos”.

Los diputados de izquierda son los únicos que pueden salir del palacio y caminar la calle. “Myriam, sos la única que estás acá, te rebancamos”. La Rusa saluda, pero está más preocupada por el hostigamiento policial. Desde las motos siguen disparando, sacados. Una mujer grande viene con su cartel de cartón y le dice: “Myriam yo te cubro”. No era el mejor escudo pero lo importante es la actitud. Avanzan.

La gente no afloja. Se siente más envalentonada. Siempre los ve a Nico del Caño, al Chipi Castillo, Vilca, Vilma o Romina del Plá “donde hay que estar”.

La Federal no opina lo mismo, sigue tirando. No entienden nada. Al otro día Bregman aprovecha cada micrófono para llamar denunciar que los violentos son ellos y defender el derecho a la rebelión. Cientos de miles de likes, millones de reproducciones de video.

Una batalla tras otra

Mientras terminamos de escribir, los diarios hablan de que el gobierno quiere aprobar la reforma en pocos días y la CGT humillada discute (otra vez) si convocar o no un paro general. El tiempo corre rápido. Lo tiene que convocar ya y que sea activo, para que se pueda desplegar toda la bronca. Los sindicatos del FreSU ya lo lanzaron, hay que impulsarlos.

Todas las escenas que contamos no alcanzan para sentenciar lo que va a pasar en estos meses. Es cierto. Pero ayudan a darse una idea de la época que vivimos.

Una derecha prepotente que aprovecha su veranito electoral y financiero para lanzar golpes profundos que van más allá de lo que da la realidad, de las fuerzas que hay de cada lado. Un peronismo totalmente en crisis, porque fracasó como gobierno y como oposición, sumergido en un internismo digno de una casta. Una burocracia sindical desprestigiada que ha esmerilado hasta su propio poder de negociación y control. Una oposición social que crece golpeada por el ajuste y la inflación, pero también animada por cada ejemplo de resistencia en el que puede participar. Una izquierda que desde que asumió Milei y el FMI alentó la resistencia, estuvo en las calles y mostró una alternativa ante la desmoralización peronista.

Fue en ese clima que el PTS y sus agrupaciones obreras y estudiantiles lanzaron hace meses una campaña contra la reforma esclavista, como una de las principales batallas que tenía por delante el pueblo trabajador. En cientos de empresas, escuelas, universidades, barrios, balnearios. Convocando a la unidad a cualquiera que quiera derrotarla, pero empujando “coordinadoras” porque todo lo que logremos será con la fuerza desde abajo y jugándonos en cada conflicto como Lustramax, el Garrahan o Jubilados. Y en la calle junto a los que resisten, como este miércoles y cuando vayamos a Diputados. Porque estamos convencidos que “no basta con tomar partido con las consignas políticas; también es necesario tomar partido en la acción” (Lenin, Lecciones del Levantamento de Moscú).

Vamos a resistir, junto a miles. Pero no alcanza con eso. La crisis de la Argentina capitalista, que en su decadencia arrastra a quienes movemos el país, necesita un freno de emergencia. Por eso, al calor de estas batallas, queremos que esa experiencia que están haciendo miles de luchadores con la izquierda se haga carne en agrupaciones que ayuden a recuperar los sindicatos y centros de estudiantes, pero también a poner en pie un gran partido de la clase trabajadora que dirija estas batallas hasta cambiar la historia.



 

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