Video. Bolivia: una rebelión contenida, una crisis abierta
Tras semanas de huelga, bloqueos y movilizaciones masivas, el pacto de la COB con el gobierno evitó un posible levantamiento nacional. Pero la situación es inestable. La derecha avanza con una ley antibloqueos mientras crece el malestar en la base obrera y popular.
Bolivia atravesó tres o cuatro semanas de una intensa movilización que estuvo a punto de transformarse en un gran levantamiento nacional. Luego de la movilización del lunes 5 de enero, en la que se estima que participaron entre 400 y 500 mil personas, la tendencia al bloqueo de caminos y al paro de labores comenzó a profundizarse.
Este proceso llevó a que el gobierno de Rodrigo Paz se viera empujado a negociar con la Central Obrera Boliviana la abrogación del decreto 5503. La abrogación de este decreto, un paquetazo al estilo Milei, fue festejada por la Central Obrera Boliviana como un triunfo. Sin embargo, la situación que queda en el país es muy contradictoria, ya que existe un profundo malestar en sectores de la vanguardia obrera, estudiantil y en los sectores más avanzados del campesinado. Esto se debe a que, si bien se produjo la abrogación del decreto 5503, lo cierto es que el gobierno de Paz, junto con toda la derecha parlamentaria, se encuentra políticamente envalentonado.
De hecho, el día de ayer el Senado boliviano aprobó una ley antibloqueos que pretende penalizar con hasta 13 años de cárcel a quienes, en el marco de manifestaciones de protesta, decidan bloquear calles o rutas. Esta situación está enrareciendo el clima político y profundizando una inestabilidad creciente.
Podríamos decir que, si bien el acuerdo entre la COB y el gobierno logró evitar el levantamiento nacional, la relación de fuerzas entre las clases no está resuelta. Todo quedó, en términos sencillos, atado con alambre: los equilibrios de la situación política actual son extremadamente precarios. Mientras la derecha envalentonada afirma que avanzará sin titubeos en la aplicación de la ley antibloqueos, distintos sectores del mundo sindical comienzan a manifestar la posibilidad de un nuevo ciclo de levantamientos, un nuevo round de movilizaciones contra los decretos que viene aplicando Rodrigo Paz y contra la política ofensiva de la derecha en la Asamblea Legislativa.
A tono con lo que sucede en toda América Latina, el imperialismo norteamericano presiona —como lo hemos visto en Venezuela, Honduras y actualmente en Cuba— para reordenar lo que considera su patio trasero. En ese marco, el proceso de lucha vivido en Bolivia en las últimas semanas constituye un inicio de resistencia continental de enorme importancia. El plan de Rodrigo Paz y de toda la derecha boliviana es convertirse en ejecutores del proyecto imperialista en el país.
Estamos, entonces, frente a un contexto internacional muy dinámico, donde lo más destacado es la ofensiva norteamericana para reordenar la región en su disputa con China. Esto comienza a provocar crecientes manifestaciones de protesta y resistencia popular. La huelga general boliviana de los últimos días fue el primer round de un combate que promete ser largo, no solo en el país sino en todo el continente, combinado con la resistencia que se preanuncia frente a la ofensiva de Milei y de la derecha argentina, en particular con la nueva reforma laboral en marcha.
En todo el continente se desarrolla un proceso desigual, pero con claras tendencias a la movilización. De lo que se trata es de llevar esas tendencias hasta el final: contribuir a la organización de los trabajadores y trabajadoras de base, forjar la más amplia y democrática unidad de quienes luchan, e imponer no solo a las centrales sindicales un verdadero plan de lucha y medidas de fuerza capaces de derrotar los planes de ajuste. Al mismo tiempo, es necesario comenzar a discutir una salida de fondo, que solo puede ser una salida socialista, impulsada por la lucha y al servicio de la clase obrera, el campesinado, los pueblos indígenas y el movimiento de mujeres.
El día de ayer realizamos una reunión de la Olla Común Anticapitalista, un organismo surgido por iniciativa de distintos colectivos que se organizaron para contribuir y solidarizarse con la huelga general. Con la participación de unas 50 personas hicimos un primer balance y definimos la necesidad de evitar la desorganización y la desmovilización impulsadas por la traición de la cúpula de la Central Obrera Boliviana, y de fortalecer estos organismos democráticos y unitarios para preparar el segundo round de la lucha, que parece estar más cerca que lejos.
Participaron organizaciones universitarias como Combate Rojo, integrantes de Sendero Whiphala, el colectivo Domitila Barrios —ambos de Senkata— y diversos activistas independientes que contribuyeron activamente durante estas semanas de lucha a la huelga general y a la construcción de la Olla Común Anticapitalista.
Un balance positivo que deja este proceso es que el movimiento obrero y el movimiento de masas no están derrotados. Han demostrado que pueden unificarse rápidamente y salir a las calles, poniendo en evidencia que existen fuerzas suficientes para derrotar el plan de ajuste. De lo que se trata ahora es de construir organismos democráticos que impidan que la burocracia sindical vuelva a rifar, en una mesa de negociaciones, el esfuerzo de cientos de miles de personas movilizadas.

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