En el marco del ciclo Diálogos internacionalistas, este viernes se realizó una entrevista internacional para analizar la ofensiva represiva del Servicio de Inmigración y Control de Aduanas de Estados Unidos (ICE), su vínculo con el declive del imperialismo estadounidense y las formas de organización desde abajo que han emergido como respuesta, particularmente en la ciudad de Minneapolis.
La conversación contó con la participación de Maddie Freeman, corresponsal de Left Voice en Estados Unidos, y fue moderada por Patricia Romo, docente e integrante de la agrupación Nuestra Clase. La transmisión fue realizada por La Izquierda Diario Chile a través de su canal de YouTube.
Durante el diálogo se abordó cómo la política migratoria impulsada por la segunda administración de Donald Trump ha profundizado la persecución contra comunidades inmigrantes, utilizando al ICE como un aparato central de control y represión. Lejos de expresar fortaleza, esta ofensiva se inscribe —según se analizó— en un contexto de debilidad del imperialismo estadounidense, de caída en la popularidad del gobierno y de creciente resistencia social.
Uno de los ejes centrales fue el proceso de autoorganización desde la base que se desarrolla en Minneapolis y las llamadas Twin Cities. Redes comunitarias, barriales y escolares se han articulado durante meses para alertar sobre la presencia del ICE, proteger a familias inmigrantes, asegurar alimentos y provisiones, acompañar a estudiantes y documentar las ilegalidades cometidas por los agentes federales. Estas prácticas han dado lugar a movilizaciones casi diarias y a una resistencia multirracial e intergeneracional.
En este punto, se estableció un diálogo directo con experiencias recientes de organización en Chile, particularmente durante la revuelta popular de 2019. Se destacó el caso de Antofagasta, donde, en medio del despliegue represivo del gobierno de Sebastián Piñera y la militarización de las calles, una asamblea abierta de docentes votó levantar un Comité de Emergencia y Resguardo desde la sede sindical del profesorado. Este espacio permitió articular a distintos sectores, sumar asambleas de otras áreas y coordinar respuestas frente a la represión, levantando acuerdos políticos comunes como la exigencia de una huelga general hasta que caiga Piñera. La comparación permitió subrayar que la autoorganización no surge de la nada, sino que se construye a partir de luchas previas, experiencias acumuladas y la decisión consciente de ampliar y centralizar la fuerza que emerge desde abajo.
Ve la entrevista completa aquí:
El sector educativo aparece como un actor clave en este proceso. Docentes, estudiantes, familias y comunidades escolares se han organizado frente a las redadas en escuelas, el ausentismo forzado por el miedo y la criminalización directa de estudiantes. En Minneapolis y St. Paul se conformaron comités en casi todas las escuelas, se impulsaron paros estudiantiles masivos y se desarrollaron redes de apoyo económico y comunitario, retomando experiencias previas de lucha como la huelga docente y el movimiento Black Lives Matter.
La entrevista también abordó los límites del rol de las direcciones sindicales y del Partido Demócrata. Si bien hubo respaldos formales a jornadas de paro como la del 23 de enero, se criticó la negativa de las dirigencias a convocar una huelga sostenida y a desplegar toda la fuerza organizada de la clase trabajadora. Asimismo, se señaló que el Partido Demócrata ha facilitado, por acción u omisión, la agenda de Trump en materia migratoria, represiva y social, buscando canalizar la indignación hacia salidas institucionales y electorales.
En ese marco, se planteó la necesidad de avanzar hacia una perspectiva independiente, que articule la autoorganización comunitaria con la fuerza de la clase trabajadora, con miras a una huelga general y a la abolición definitiva del ICE.
Desde una mirada antiimperialista, se subrayó la importancia de unir la lucha por los derechos de las personas migrantes con la oposición a las agresiones de Estados Unidos en Palestina, Venezuela y otros territorios.
Finalmente, se hizo un llamado a fortalecer la organización desde abajo y a construir una alternativa política propia de la clase trabajadora, capaz de enfrentar tanto a la ultraderecha como a las direcciones tradicionales que buscan contener y desviar la movilización social.
La experiencia de Minneapolis —en diálogo con procesos como los vividos en Chile— no es un hecho aislado, sino parte de una lucha más amplia, con lecciones concretas para quienes, desde distintos países, enfrentan políticas represivas, racistas y autoritarias.


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