miércoles, 11 de febrero de 2026



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Movilización del miércoles. 11 de febrero: EEUU va por los minerales críticos a costa de los Glaciares, hay que enfrentarlo




El gobierno nacional concretó un acuerdo internacional que entrega las “tierras raras” del país al dominio estadounidense. Estos minerales estratégicos yacen, en su gran mayoría, bajo el frío ancestral de glaciares y áreas periglaciares, ambientes que serán sacrificados en el altar de la extracción yanqui. Este 11 de febrero el Congreso definirá el destino de la reforma laboral y la ley de glaciares. Hay que pararlo.

​La ofensiva oficialista no se detiene en los portones de las fábricas, escala hasta las cumbres de los Andes. Con el intento de modificar la Ley de Glaciares y Ambientes Periglaciares, en sintonía con la reforma laboral, este 11 de febrero el Ejecutivo ha diseñado un traje a medida para el despojo ambiental y la servidumbre laboral. No existe el azar en este plan: mientras se eliminan derechos a quienes trabajan, se desprotegen las reservas estratégicas que custodian el agua, vital para los ecosistemas.

​El pasado 5 de febrero, la Argentina participó en una cumbre global liderada por Estados Unidos en relación a los minerales críticos. El objetivo fue consolidar un bloque dedicado a la exploración, mapeo y refinamiento de minerales críticos como el litio, cobre, uranio y cobalto (entre otros). La Argentina en esta cumbre firmó un Acuerdo Marco sobre Minerales Críticos ubicando al país como una cantera abierta a las necesidades estratégicas de Washington, proveyendo bienes comunes naturales que son el corazón de la industria bélica y tecnológica contemporánea.

​Este compromiso se sella apenas días antes de la sesión legislativa del 11 de febrero que, si bien en la agenda no se incluyó aún el proyecto de modificación, el gobierno lo puede incluir el mismo día de su tratamiento ya que tienen dictamen de comisión. La reforma busca amputar la protección de los entornos glaciarios y periglaciares para favorecer un extractivismo minero voraz.

La avanzada de Milei ya cuenta con el beneplácito de diversos gobernadores peronistas y de otras coalisiones como Raúl Jalil (Catamarca), Marcelo Orrego (San Juan), Gustavo Sáenz (Salta), Carlos Sadir (Jujuy), Claudio Vidal (Santa Cruz), Alfredo Cornejo (Mendoza), Ignacio Torres (Chubut) entre otros.

​El objetivo es claro: asegurar que las corporaciones norteamericanas obtengan el cobre, litio y otros minerales necesarios para sus engranajes industriales y militares. Poco importa si en el proceso destruyen glaciares y ambientes periglaciares y así asfixian las cuencas hídricas que dan vida a regiones donde el agua es escasa. En este esquema, la precarización del trabajador es el complemento ideal para el saqueo de la naturaleza.

​Las “tierras raras” en el centro de la disputa entre China y EEUU

​En la actualidad, diecisiete elementos químicos definen el campo de batalla por la hegemonía global. Son los ingredientes invisibles de la modernidad: habitan en la luz de las pantallas LED, en la inteligencia de cada microchip y en la autonomía de las baterías entre muchas otras aplicaciones. El orden económico y bélico del siglo XXI se erige como un rascacielos tecnológico cuyos cimientos descansan sobre estos minerales, hoy objeto de una guerra entre potencias.

​Aunque se las denomina “raras”, estas sustancias no escasean en la corteza terrestre; el desafío reside en su dispersión. Solo en concentraciones excepcionales resultan rentables para el capital, y es en estos lugares donde está la disputa.

​China ha dominado el escenario de extracción de minerales con una mirada de largo aliento. Mientras Occidente permanecía hipnotizado por el petróleo, Beijing declaró en 1990 a las tierras raras como un recurso nacional estratégico. Por ello, invirtió décadas en minas y plantas de procesamiento que hoy le otorgan una ventaja abrumadora con cerca de 10.000 minas repartidas a lo largo y ancho del país que le implican, sin embargo, grandes problemas ambientales.

​El punto de inflexión en cuanto a los minerales críticos y los conflictos entre los Estados ocurrió en 2010, tras el incidente en las Islas Senkaku, espacio de disputa entre China y Japón. El arresto de un capitán pesquero chino por patrullas niponas desató una respuesta drástica: un embargo de facto sobre las exportaciones de "tierras raras" hacia Japón por parte de China. Por aquel entonces, China controlaba el 95% de la producción mundial. Aquel sismo económico disparó los precios y dejó en evidencia la vulnerabilidad de las potencias tecnológicas, obligando a los departamentos de defensa a tratar la “seguridad energética” en tanto minerales como una prioridad de supervivencia nacional.

​La expansión China no se detuvo en sus fronteras. Incluso en suelo estadounidense, la mina de Mountain Pass en California, el único yacimiento de minerales críticos en EE. UU, estuvo bajo la influencia del consorcio MP Mine Operations, donde la firma china Shenghe poseía la exclusividad de compra para el procesamiento en suelo Chino, ya que EEUU no poseía la tecnología necesaria para el procesamiento de los minerales que se extraían. Recién en 2025, el Pentágono intervino con una inyección multimillonaria de fondos para intentar recuperar terreno y reducir la presencia asiática en su propio territorio.

La ofensiva del Pentágono se dió en el marco de la “guerra de aranceles” impulsada por Trump contra China que, ante el conflicto, Beijing decidió restringir la venta de minerales críticos a EEUU.

​Este escenario revela la urgencia de Washington y su retraso en este segmento muy importante de la economía internacional y explica por qué la Argentina es una pieza de sacrificio en el tablero de las grandes potencias.

El intento de reforma a la ley de glaciares y ambientes periglaciares se da en total sintonía con los intereses del Estado norteamericano que necesita acortar la brecha con China en el control de los minerales críticos globales y, parte de éstos minerales están en nuestra cordillera plagada de glaciares y ambientes periglaciares que tienen que destruir para su extracción.

​Vicuña Corp: El brazo extractivo de Wall Street en los Andes

​​Existen múltiples emprendimientos mineros que ya operan dejando una huella de degradación, como hemos detallado anteriormente en esta nota. Por solo tomar un ejemplo podemos posarnos en San Juan, epicentro de la actividad minera en el país, donde las miradas se posan sobre la canadiense Lundin Mining y la anglo-australiana BHP (el coloso minero más grande del globo). En 2025, ambas sellaron una alianza para crear Vicuña Corp, entidad que domina el "Distrito Vicuña", hogar de los megaproyectos Josemaría y Filo del Sol.

El Acuerdo Marco sobre Minerales Críticos que se firmó hace pocos días blinda estas inversiones, ya que las empresas nombradas están bajo las cadenas de valor globales controladas por los EEUU. Así, el gobierno de Milei junto con los gobernadores peronistas y de otras coalisiones están transformando la geografía argentina en una extensión de la seguridad nacional estadounidense.

​El costo ambiental: Glaciares en la mira

​La sed de cobre, litio y otros minerales ha chocado de frente con la Ley 26.639 de Protección de Glaciares y ambientes periglaciares. Emprendimientos como Josemaría se sitúan sobre áreas que el Inventario Nacional cataloga como intocables. Esta avanzada extractiva no solo desfigura la montaña, sino al dañar los ambientes glaciarios y periglaciares aportan a las ya grandes sequías que vive nuestro país y ponen en peligro escosistemas enteros.

​Desde General Motors hasta los gigantes de defensa, la industria norteamericana reclama litio y cobre para alimentar sus autos eléctricos y elementos bélicos. Hace años que estos capitales acechan las reservas argentinas para asegurar su suministro.

Además, la extracción de los minerales críticos es particularmente contaminante en la industria minera ya que durante la explotación y procesamiento se crean cantidades considerables de desechos tóxicos, radioactivos, gases y polvos que contaminan a la montaña de conjunto y atacan directamente contra la salud de los glaciares.

Obtener una tonelada de “tierras raras” produce alrededor de 9.000 a 12.000 metros cúbicos de gases tóxicos, una tonelada de restos radiactivos y cientos de miles de litros de agua acidificada y totalmente contaminada.

​Estamos ante un modelo de país donde se quiere retroceder 100 años en los derechos laborales y los bienes comunes se subastan a pedido de los EEUU. Mientras la clase trabajadora enfrenta leyes que pulverizan convenios colectivos, amplian la jornada laboral a 12hs y otras medidas regresivas, las corporaciones como BHP-Lundin se amparan en los privilegios del RIGI para no pagar impuestos. Es una transferencia escandalosa de recursos que entrega la "fábrica de agua" de nuestra región como son los glaciares en pos de los intereses del gobierno estadounidense.

​Este 11 de febrero, la cita es frente al Congreso de la Nación. Hay que frenar el intento de convertir a la Argentina en una zona de sacrificio colonial, custodiada por leyes de esclavitud laboral y la destrucción de nuestros hielos eternos. ¡Nos encontramos en las calles!


 

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