martes, 10 de febrero de 2026





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Rima Hassan: «Israel es un Estado colonial desde su creación»

Rima Hassan, eurodiputada por La Francia Insumisa, expone en esta entrevista su visión sobre la actualidad en Francia, Israel, Palestina y otros temas.

Rima Hassan, nacida en el campamento de Neirab (Siria) en 1992, es eurodiputada desde 2024 por La Francia Insumisa, partido adscrito al grupo The Left. Licenciada en Derecho francés y especializada en Derecho Internacional Público por la Universidad París 1, ha dedicado parte de su trayectoria al ámbito del derecho de asilo.

En 2019 fundó el Observatorio de Campos de Refugiados, una oenegé francesa dedicada al estudio científico de las condiciones de vida en los campos de refugiados. Ligada a sus raíces palestinas, en 2023 intensificó su actividad como activista por la causa palestina y posteriormente dio el salto a la política de la mano de La Francia Insumisa.

Hassan ha viajado en dos ocasiones en barco hacia la Franja de Gaza, junto a la activista sueca Greta Thunberg y, en la segunda, con nuestro redactor Néstor Prieto, como parte de la Global Sumud Flotilla.

Es una figura relevante del panorama político francés, especialmente desde el 7 de octubre de 2023, y una de las principales voces europeas contra el genocidio que, según denuncia, están llevando a cabo las autoridades israelíes. En definitiva, es un personaje público que genera un intenso debate en Francia.

[Esteve Alonso] Para empezar, hace unas semanas has regresado de la flotilla Global Sumud, después de haber sido detenida por Israel. ¿Qué mensaje queríais transmitir con esta acción al mundo, a las instituciones?

[Rima Hassan] Creo que el mensaje principal de la flotilla es mostrar que la ciudadanía se pone en movimiento frente a la inacción y la complicidad de nuestros dirigentes.

Esta mañana, al despertarme, [el viernes 6 de diciembre de 2025] he leído que Francia se ha opuesto al boicot a Israel en Eurovisión, mientras que varios países, entre ellos España, han anunciado que se retiraban por incompatibilidad de valores ante lo que Israel está haciendo en Palestina.

Vemos claramente que, cotidianamente, incluso hoy, se adoptan posturas, posiciones y decisiones que atestiguan una complicidad, una adhesión a lo que es y a lo que hace Israel.

Y nuestra responsabilidad como ciudadanos, como en la época del apartheid o de la guerra de Vietnam, es justamente esa: una responsabilidad ciudadana de oponerse y de asegurarse de que los gobiernos, nuestros gobiernos, sean coherentes con la defensa de los derechos humanos, coherentes con la protección del derecho internacional y de la justicia internacional. E Israel no puede ser la excepción.

Para ampliar: Sionismo religioso: de corriente minoritaria a pilar de la política israelí

En el Parlamento Europeo vamos ya por el decimoctavo paquete de sanciones contra Rusia. Y eso es algo positivo: Rusia ha violado efectivamente el derecho internacional y ha agredido a Ucrania. Pero Israel comete un genocidio. Un genocidio que está documentado.

Si uno hace el recuento de las fuentes que han calificado de genocidio lo que ocurre en Gaza, actualmente son treinta y cinco: treinta y cinco informes. Treinta y cinco fuentes muy serias, ya sean oenegés, comités de expertos, órganos de Naciones Unidas o incluso oenegés israelíes. Desde noviembre de 2023 he ido recopilando esas fuentes. Las primeras en hablar de actos genocidas y de intención genocida fueron las oenegés palestinas.

Y luego, progresivamente, se ha ido documentando el crimen de genocidio como tal, hasta llegar a esas treinta y cinco fuentes oficiales. Y más allá del genocidio, hay de todo: más allá del apartheid, existe una ocupación ilegal desde 1967; más allá de la ocupación, hay una colonización de asentamiento y crímenes que se cometen cada día en territorio ocupado.

Así que la flotilla es una reacción entre muchas otras. Es la acción que ha tenido más visibilidad, pero se inscribe en un conjunto más amplio de formas de resistencia: el bloqueo de empresas de armamento, el bloqueo de universidades, las campañas de boicot, las movilizaciones en la calle… Todas estas acciones persiguen el mismo objetivo, el acabar con la impunidad de Israel y exigir el estricto respeto del derecho internacional.

[E.A.] Ha mencionado que la Unión Europea o los Estados europeos no son coherentes con su discurso sobre los derechos humanos. Mi pregunta es: ¿por qué siente que la Unión Europea ha traicionado ese discurso? ¿Por qué precisamente ahora?

[R.H.] Lo que yo digo es que la Unión Europea ha traicionado sus compromisos, y eso es lo interesante en el caso israelí. Que Israel es un pedazo de Occidente en Oriente. Y la Unión Europea tiene igualmente una herencia colonial. Así que, en el fondo, el apoyo a Israel es casi natural. Es la prolongación de una historia colonial europea de la que Europa todavía no ha hecho realmente el balance, ni de sus crímenes ni de sus propias herencias.

Hace poco estuve en la conmemoración de la masacre de los tirailleurs senegaleses, soldados senegaleses que combatieron por Francia y que fueron masacrados porque reclamaban recibir los salarios que Francia no les había pagado. Y la primera vez que un jefe de Estado ha dicho que aquello fue una masacre ha sido el año pasado.

Los senegaleses llevan ochenta años pidiendo que se reconozca ese crimen, que está perfectamente documentado por los historiadores. Y Francia sigue sin presentar disculpas. El discurso del presidente Faye, durante esta conmemoración, venía a decir que Francia no ha presentado sus disculpas. Ni siquiera estamos hablando aún de reparaciones o indemnizaciones a las familias. Hace 81 años de los hechos y sigue sin haber disculpas.

Así que, en realidad, creo que hay dos elementos que explican el apoyo a Israel. Por un lado, están los intereses estratégicos. No hay que olvidar que la Unión Europea es el primer socio comercial de Israel. Hay intereses estratégicos. Y existe también, y hay que decirlo, una continuidad ideológica. Al final, Israel es una especie de espejo de lo que fueron los imperios coloniales.

Lo que hace Israel con los palestinos es lo que Francia hizo con los argelinos: una colonización de asentamientos, masacres cotidianas, privación de derechos, torturas… Encontramos la misma naturaleza de los crímenes y los mismos tipos de tortura. Es exactamente la misma lógica que se aplicó a los argelinos en tiempos de la colonización francesa y que hoy se hace a los palestinos.

Creo que hoy los Estados europeos tienen enormes dificultades para enfrentarse de verdad a su propia historia colonial y para defender de forma plena y coherente los derechos humanos, lo que implicaría ser coherentes también con el derecho internacional. Y la política israelí es incompatible con el derecho internacional.

En el fondo, esta es la crítica que yo formulo en el Parlamento Europeo. A veces tenemos una lectura de los derechos humanos que es “a la carta”, según los intereses europeos. Cuando es Rusia la que comete crímenes, entra dentro de nuestro interés defender a Ucrania, así que condenamos con mucha firmeza a Rusia.

Pero cuando es Israel quien viola los derechos humanos, eso ya no entra tanto en nuestro interés, así que minimizamos los crímenes que comete, no usamos la palabra genocidio, no exigimos rendición de cuentas a Israel…

Y todo eso, en última instancia, tiene un coste político y diplomático. Es decir, la política de la Unión Europea ya no se toma en serio en el resto del mundo, porque los demás Estados ven el doble rasero.

Cuando la Unión Europea va a decirle a tal o cual país: “Atención, si no respetáis los derechos humanos podría haber sanciones”, esos países les responden precisamente con ese doble rasero. Dejan de tomarse en serio el discurso europeo de defensa de los derechos humanos. Y eso es un juego extremadamente peligroso. Se escucha en todas partes, en lo que solemos llamar el Sur Global.

Cuando viajo, lo oigo constantemente. Que Francia, que los Estados europeos, en realidad defienden los derechos humanos con una geometría variable, según sus propios intereses, y que ya no son interlocutores fiables en esta materia. Y eso lo vamos a pagar. Nosotros, los europeos, vamos a pagar esta complicidad, la vamos a pagar en nuestras relaciones exteriores, la vamos a pagar en nuestra diplomacia.

[E.A.] Estos mismos debates que usted menciona, sacados a relucir por los países del Sur Global, ahora, donde el derecho internacional acaba siendo sobrepasado por la correlación de fuerzas entre potencias, ¿no nos dejan también a los europeos en un debate en el que, quizá, el derecho internacional no tiene un gran futuro?

[R.H.] El derecho internacional es indispensable para el multilateralismo. El derecho internacional no es un instrumento perfecto… En realidad, el derecho internacional es un instrumento bastante claro; lo que no es perfecto es el compromiso de los Estados. El derecho internacional es claro, hace consenso. Las convenciones han sido ratificadas, han sido negociadas, etcétera.

Lo que hoy plantea un problema es la relación de fuerzas entre los Estados y la falta de valentía de los Estados a la hora de pensar en el interés general, en lugar de en sus intereses particulares y estratégicos. Hay que diferenciar claramente lo que es el derecho internacional, de la aplicación –o no– de ese derecho internacional por parte de los Estados.

El Adara, una de las embarcaciones que participó en la Global Sumud Flotilla rumbo a la Franja de Gaza.
El Adara, una de las embarcaciones que participó en la Global Sumud Flotilla rumbo a la Franja de Gaza. Fuente: Néstor Prieto

Es lo que pasa, por ejemplo, con el mandato de la Corte Penal Internacional (CPI). El mandato de la CPI es detener a Benjamin Netanyahu. Y después Francia permite que Netanyahu sobrevuele cuatro veces su espacio aéreo sin ninguna sanción, después de haberse comprometido a detener a Vladimir Putin si sobrevolaba ese mismo espacio aéreo.

Estas son autorizaciones que se han dado al nivel de la Presidencia y del Ministerio de Asuntos Exteriores. Y ahí lo que tenemos es un obstáculo al derecho que debería aplicarse. Es decir, que Netanyahu debería haber sido detenido y entregado a la CPI.

Es la suma de estas infracciones que cometen los Estados, según sus intereses, contra ese bloque de derecho internacional, lo que acaba debilitando la fuerza de esta herramienta.

Y además estamos en la era Trump, que se posa literalmente sobre toda esta concepción del multilateralismo, del derecho internacional, de las instituciones de Naciones Unidas, y que mantiene una relación de aplastamiento con el resto de Estados, incluidos los europeos, para servir a su propia política.

[E.A.] Pero incluso dentro de la Unión Europea hay posiciones muy distintas entre Estados. Por ejemplo, España ha puesto en marcha un embargo de armas y ha hablado abiertamente de genocidio. ¿Por qué cree que Francia no ha dado ese paso o tiene estos discursos? En conclusión, ¿por qué no habla de genocidio o no adopta medidas contra Israel, por ejemplo?

[R.H.] Porque Francia se sitúa en una posición de complicidad con el Estado de Israel. Israel es un pedazo de Occidente en Oriente. Es, si se quiere, el bebé del imperialismo estadounidense y europeo. Es también, y hay que decirlo, la expresión de la culpabilidad y de la colaboración de los Estados europeos con el nazismo y su participación en la Shoá.

La defensa absoluta e incondicional de Israel se apoya en este hecho: Francia y otros Estados han participado en la masacre de judíos en Europa y, para “reparar” ese antisemitismo europeo, se instalan en una defensa absoluta de lo que consideran la única democracia de la región, etcétera, etcétera.

Pero hay que decirlo con claridad: los palestinos no son responsables del antisemitismo europeo. Los palestinos no son responsables de la Shoá. No les corresponde a ellos pagar con su vida lo que se hizo a los judíos en Europa por parte de los franceses, de los alemanes, por la colaboración de varios Estados europeos.

Tenemos que volver a la definición de lo que es Israel desde su creación: un Estado colonial que ha disfrutado hasta hoy de una impunidad total por parte de sus aliados europeos y estadounidenses. No hay que olvidar que fue Francia, en los años cincuenta y sesenta, quien permitió que Israel obtuviera el arma nuclear.

La historia y el grado de implicación de todos esos Estados en el desarrollo y la impunidad de Israel es alucinante. Se tiene casi la impresión de que Israel es un Estado europeo más: goza de todos los privilegios, de toda la impunidad, de toda la protección que se podría conceder a un país europeo aliado. Y Francia está realmente en una posición de complicidad.

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Quiero precisar además que la Convención para la Prevención y la Sanción del Delito de Genocidio es una convención de prevención. Eso significa que las obligaciones de los Estados no consisten en esperar a que se produzca el genocidio para luego comentarlo, sino en hacer todo lo posible para prevenir actos genocidas.

Así que, cuando la Corte Internacional de Justicia alerta, en enero de 2024, sobre el riesgo de genocidio, los Estados tienen la responsabilidad de asegurarse de que no están permitiendo que Israel cometa un genocidio. Es una obligación jurídica, lo que implica suspender –como mínimo– la cooperación militar.

Sin embargo, Francia ha seguido colaborando pese a esa alerta, pese a las treinta y tantas fuentes de las que hablábamos, pese a que recientemente un comité independiente de Naciones Unidas ha documentado el genocidio. Hoy sigue colaborando en el plano militar y también en el plano industrial.

El artículo 3 de la Convención precisa que la complicidad queda establecida cuando un Estado tiene conocimiento de la intención genocida. Los discursos israelíes son perfectamente claros y están documentados: Israel ha formulado intenciones genocidas contra los palestinos. Y el segundo elemento constitutivo de la complicidad es la ayuda logística o material, es decir, seguir entregando armas que permiten a Israel hacer lo que está haciendo en Palestina.

Estos elementos de complicidad van a alcanzar a los Estados europeos, que tendrán que rendir cuentas. Existen varios procedimientos en distintos países europeos, impulsados por ciudadanos y asociaciones, para pedir a los Estados que respondan por su complicidad con Israel. Y en Francia también hay un procedimiento, presentado por una asociación de juristas en derecho internacional, contra la política que está llevando a cabo Francia.

[E.A.] Lo que yo veo es que el debate permanece muy polarizado en Francia. ¿Cree que está siendo instrumentalizado para otras causas políticas? Es decir, ¿el debate sobre Palestina se está usando como arma en otras disputas políticas internas? Lo pregunto porque me da la impresión de que en Francia está mucho más polarizado que en otros países europeos.

[R.H.] Sí, en Francia hay una particularidad, que creo que tiene que ver con la historia del país como antiguo imperio colonial. Hay una gran dificultad para hacer el balance de su propia historia colonial con Argelia: todavía hay masacres que Francia ni siquiera ha reconocido, asesinatos de dirigentes argelinos que en el discurso oficial se presentan como suicidios. París sigue sin reconocer plenamente la magnitud de las masacres cometidas, ni siquiera existe una cifra oficial de víctimas.

A esto se suma un segundo elemento: no hay que olvidar que Francia colaboró con el régimen nazi. Por eso hay una defensa casi ciega, igual que en Alemania. Tengo la impresión de que Alemania es el país más represivo en Europa en lo que respecta a la solidaridad con el pueblo palestino; justo después viene Francia.

Son los dos Estados que, por su historia, contribuyeron al genocidio de los judíos y que hoy se muestran totalmente ciegos ante lo que realmente es Israel: un Estado que a su vez se ha convertido en un Estado genocida.

[E.A.] Al mismo tiempo, da la impresión de que entre parte de la juventud la situación es distinta de la de ciertos sectores políticos. ¿Cree que la juventud es, de algún modo, un referente en esta lucha por la liberación de Palestina, al menos en Francia? ¿La juventud tiene hoy un papel central en este debate en Francia?

[R.H.] Sí, por supuesto. Pero hay que mirarlo en perspectiva histórica. Si uno mira las movilizaciones contra la guerra de Vietnam o contra el apartheid en Sudáfrica, si ve los archivos, y le invito realmente a ver documentales sobre ello, ya entonces había bloqueos de universidades.

También en París, en las grandes ciudades, había bloqueos en las universidades. La juventud estuvo en primera línea de esas movilizaciones, y es exactamente lo que vemos hoy con Palestina en todo el mundo.

Yo ahora mismo [cuando se realiza la entrevista] estoy en Senegal, invitada por la Universidad Cheikh Anta Diop, y son las organizaciones estudiantiles de aquí las que han organizado la movilización por Palestina y las que organizan, muy regularmente, actos de solidaridad, manifestaciones y conferencias.

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Es realmente una tendencia internacional. Yo misma organicé en el Parlamento el Foro Estudiantil por Palestina, donde invité a asociaciones estudiantiles en apoyo a Palestina de toda Europa: de España, Irlanda, Alemania, Francia, Italia… Invitamos a una treintena de asociaciones que están movilizadas por Palestina, y fue muy enriquecedor ver hasta qué punto están en primera línea.

El informe de la relatora especial de Naciones Unidas sobre libertad de expresión y de reunión, Gina Romero, es muy revelador. Estudia una treintena de países, no sólo en Europa, también a nivel internacional, incluido Estados Unidos, sobre la represión de los movimientos estudiantiles en solidaridad con los palestinos.

Y documenta muy bien cómo todos estos movimientos han sido reprimidos, sobre todo en los países occidentales, precisamente por denunciar el genocidio en la Franja de Gaza. Así que creo que la juventud tiene un papel muy importante. Cuando la juventud se levanta, sobre todo con esta dimensión internacional, puede realmente cambiar las cosas.

[E.A.] Pero también hay una parte de la juventud que, al mismo tiempo, se está volviendo más conservadora. No sé si ha percibido ese fenómeno.

[R.H.] Sí, pero no necesariamente de manera uniforme. En Francia, efectivamente, lo vemos con el apoyo a Bardella, por ejemplo. Hay un sector de la juventud que apoya la figura de Jordan Bardella, de extrema derecha. En Estados Unidos también, es verdad, hay todo un giro ideológico impulsado por la juventud.

Creo que eso se inscribe en la crisis que atraviesan hoy las sociedades occidentales: una crisis identitaria y una crisis del sistema capitalista y neoliberal. Es lo que De Villepin llama la “desoccidentalización del mundo”.

Estamos asistiendo a un movimiento de pérdida de la hegemonía de Occidente sobre el resto del mundo. Y todo eso es instrumentalizado por ciertos sectores políticos, en particular la extrema derecha, con fines identitarios e ideológicos, que también movilizan a una parte de la juventud. Eso es cierto.

[E.A.] Usted hablaba de una crisis del sistema en Francia. Esa crisis, tal y como se materializa en la inestabilidad política, ¿beneficia únicamente a la derecha radical, o puede también beneficiar al otro lado del espectro ideológico y político?

[R.H.] ¿La crisis del sistema?

[E.A.] Sí.

[R.H.] No, no creo que beneficie sólo a un lado. Creo que, desde la izquierda, no podemos ser de izquierdas si no nos inscribimos en el estado real del mundo. Históricamente, la izquierda siempre ha alertado sobre las derivas del sistema capitalista, sobre los excesos de la globalización, sobre la explotación de lo vivo. Y hoy estamos en un mundo que se enfrenta a varias crisis simultáneas: crisis económicas recurrentes, crisis del propio sistema capitalista, crisis del multilateralismo.

Tenemos potencias que hoy quieren imponerse por la fuerza, Estados Unidos, Rusia, pero también la política que puede llevar, por ejemplo, Erdogan… Y tenemos casi un renacimiento de las ambiciones imperiales, por parte de ciertos dirigentes.

Creo que, desde la izquierda, tenemos una capacidad de reunir fuerzas para construir un mundo que se reequilibre: en la transición ecológica, en el multilateralismo, en el pilar del derecho internacional y también en una renovación del sistema actual, que es el del capitalismo y el neoliberalismo, que está destruyendo sociedades y, al mismo tiempo, nuestro planeta.

[E.A.] Y ya que habla de la izquierda, ¿cree que puede haber una unión de la izquierda de aquí a 2027 en Francia, o eso ya está roto?

[R.H.] Mire, yo lo deseo, porque como decía, las situaciones a las que nos enfrentamos son gravísimas: la crisis climática, la necesidad de que Francia tenga una diplomacia ambiciosa, que recupere una voz fuerte en el concierto de las naciones. Francia ha perdido muchísimo de su voz y de su peso diplomático a escala internacional. Se ve en la forma de actuar de Trump, en el dossier ruso-ucraniano, en el conflicto palestino.

Francia, además, está teniendo dificultades incluso en el continente africano. Pero yo lo deseo [la unión de la izquierda], es un deseo que expreso claramente. Ahora bien, nuestra línea es también muy clara: estamos dispuesto a llegar a compromisos, porque cuando se forman alianzas siempre hay una lógica de compromiso, pero no de renuncia a los principios.







Protestas contra la reforma de las pensiones en Francia, abril de 2023. Fuente: Esteve Alonso

Y hoy vemos también una izquierda, socialdemócrata si lo prefiere, el Partido Socialista, que traiciona de manera repetida los compromisos asumidos, en particular en el marco del Nuevo Frente Popular. Que no dudan en aliarse con el campo macronista y que trabaja, además, en la diabolización de La Francia Insumisa y de Jean-Luc Mélenchon.

Estas tensiones pueden bloquear, evidentemente, la posibilidad de una unión de la izquierda. Lo que sí está claro, a día de hoy, es que la candidatura más ambiciosa es la de Jean-Luc Mélenchon, la que tiene mayor capacidad de reunir a la izquierda. Lo vimos en las últimas elecciones presidenciales: Mélenchon superó el 24% de los votos, mientras que el Partido Socialista ni siquiera alcanzó el 10%.

[E.A.] Y una pregunta sobre un tema que nos interesa mucho a los españoles: ¿cree que la situación del Sáhara Occidental merece estar en primera línea de los debates dentro de la Unión Europea?

[R.H.] El Sáhara Occidental es un tema que, a mi juicio, se sitúa primero en el terreno del derecho internacional: hay un cuerpo de resoluciones de Naciones Unidas al que hay que remitirse. Desgraciadamente, la agenda de Trump también ha hecho avanzar la perspectiva de un plan de autonomía; recientemente hubo una votación en el Consejo de Seguridad para integrar el plan de autonomía marroquí como una de las posibles soluciones.

La condición que hay que imponer absolutamente es la de la consulta al pueblo saharaui. Las autoridades saharauis han dicho ellas mismas que pueden aceptar el plan de autonomía, pero a condición de que su pueblo pueda pronunciarse: es decir, que pueda decir si está de acuerdo o no con ese plan y dar, o no, su consentimiento.

Esa es, pues, una condición que hay que imponer, porque el pueblo saharaui, unas 300.000 persona aproximadamente, está repartido entre los territorios y los campamentos de Tinduf. Y creo que también hay una dimensión diplomática nada desdeñable: la del restablecimiento de las relaciones entre Argelia y Marruecos. Porque el pueblo saharaui se encuentra atrapado en las tensiones entre ambos.

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Hay que velar, en la política que puedan llevar otros países, España, Francia u otros, por que haya previamente una renovación de las relaciones entre Marruecos y Argelia, que es indispensable para el futuro del pueblo saharaui, ya que Argelia acoge a unos 180.000 saharauis en su territorio y, por lo tanto, también tiene algo que decir, dado el acogimiento que les ofrece.

Marruecos, por su parte, tiene una responsabilidad muy fuerte por la ocupación de los territorios del Sáhara. Y por tanto hay que tener muy presente que existe un requisito previo: tomar partido por uno u otro de manera burda no ayuda en absoluto al pueblo saharaui.

La responsabilidad política consiste en participar activamente en el apaciguamiento de esa relación, en la renovación de esos vínculos y, en ese nuevo marco, garantizar que el pueblo saharaui y sus autoridades puedan ser consultados sobre su futuro, ya sea en el marco de un plan de autonomía o en el ejercicio del derecho a la autodeterminación. En ambos casos, no se puede proyectar un plan sobre ese pueblo sin que pueda ser consultado.

[E.A.] Y una última pregunta: ¿qué futuro puede tener el pueblo sirio con este nuevo régimen y si sigue atrapado entre la injerencia de las potencias regionales y los bombardeos israelíes?

[R.H.] Sí, Siria es hoy un país completamente fragmentado. A esa fragmentación política, basada en la injerencia extranjera, Rusia, Turquía, Estados Unidos… se le suma una fragmentación religiosa. La hemos visto recientemente con el hecho de que los alauitas han sido percibidos como apoyos al régimen de Bashar al-Asad y han sido atacados. Lo mismo ha ocurrido con comunidades drusas.

Hay tensiones religiosas muy fuertes en un país que siempre fue multiconfesional, como el Líbano. Como prácticamente todos los países de la región. Palestina también ha sido siempre un país multiconfesional. Y, por desgracia, los años de guerra y de injerencia han contribuido a fragmentar aún más esa realidad religiosa y multiconfesional.

Es un momento de transición. Creo que, por ahora, es difícil pronunciarse sobre el futuro de Siria, porque el gobierno de Golani es uno de transición, y se ha presentado como tal. Es un gobierno de transición que intenta encontrar un equilibrio entre la renovación de las relaciones a nivel regional y el apoyo exterior: su visita a la Casa Blanca, a Francia…

Estamos realmente en un momento de transición en el que es difícil sacar conclusiones definitivas. Es un país de rodillas, debilitado, destruido, que acaba de atravesar una decena de años de guerra, con una dimensión de guerra civil, pero también de guerra por injerencia, porque Rusia está implicada, Turquía está implicada, milicias extranjeras están implicadas.

La aparición del Estado Islámico, que ha cometido una serie de masacres y ha movilizado a decenas de nacionalidades, también forma parte de esa historia. Por eso es indispensable observar primero cómo se va a desarrollar esta transición, con una prioridad urgente: ocuparse de la sociedad civil siria y preparar el regreso de los sirios.

Hay muchísimos sirios en los países vecinos que desean volver. Algunos ya han regresado, pero no todos pueden hacerlo porque su casa, su pueblo o su ciudad han sido destruidos. No puede haber, a mi juicio, un futuro fiable y viable para Siria mientras los sirios no puedan pronunciarse también sobre ese futuro. Es decir, mientras no puedan elegir democráticamente a sus representantes.

Pero para que puedan hacerlo, tienen que poder regresar al país y participar activamente. No hay que olvidar que millones de sirios se han visto obligados a abandonar el país, y que millones han sido desplazados al interior de sus fronteras. Hay que seguir muy de cerca esta transición política, esperando que los sirios puedan expresarse de manera democrática y elegir, de forma igualmente democrática, a los dirigentes que quieren que los representen.

[E.A.] Pues, señora Hassan, muchas gracias por habernos dedicado su tiempo y por responder a nuestras preguntas.

[R.H.] Gracias a usted. Muchas gracias.

 

Fuente: Descifrando la guerra

 

 

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