lunes, 19 de octubre de 2026



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Minería. 13 muertos en un año y ocho trabajadores muertos en menos de un mes: los altos costos de trabajar en minería

La industria minera se llena la boca hablando de seguridad, pero las muertes se siguen acumulando. En menos de un mes, ocho trabajadores fallecieron en distintos accidentes mineros. No son cifras aisladas, detrás de cada tragedia hay una industria que debe responder por las condiciones en que se trabaja, los ritmos de producción y las ganancias que se generan a costa de la vida de quienes producen la riqueza.

Rosa Alfaro

Rosa AlfaroAgrupación de Trabajadores "Nuestra Clase”, Agrupación de mujeres y disidencias "Pan y Rosas"

Jueves 15 de octubre 02:35

8 trabajadores muertos en menos de un mes, ocho familias que se quedaron sin un ser querido, todo para seguir produciendo. Tan solo entre el 15 de septiembre y el 14 de octubre ocurrieron ocho accidentes en distintas faenas del país. La última muerte ocurrió en la mina Rajo Aguilucho, en Taltal, dejando en claro que nuestras vidas no valen nada frente a las enormes ganancias. Y ya van más de 13 accidentes fatales en lo que va del año.

Detrás de cada cifra hay una persona que salió de su casa para trabajar y no volvió. Hay familias, compañeros y compañeras de trabajo que cargan con una pérdida irreparable, mientras la industria continúa funcionando las empresas siguen teniendo como único objetivo mantener sus operaciones y cumplir sus metas productivas.

Frente a esta realidad, tenemos que preguntarnos: ¿alcanza con hablar de seguridad después de cada muerte? ¿Qué sucede con la realidad en que se trabaja? ¿Quién se hace responsable cuando las exigencias de producción chocan con la necesidad de cuidar la vida?

La seguridad en los discursos, la presión en las faenas
En la minería se habla de prevención, procedimientos, controles críticos, protocolos y campañas de seguridad. Se realizan charlas, se firman documentos y se repiten consignas sobre el autocuidado. Sin embargo, quienes trabajan en la minería y la industria conocen una realidad que no siempre aparece en esas presentaciones: la presión por cumplir los objetivos, sacar adelante las tareas y mantener la continuidad operacional.

En el trabajo cotidiano, las exigencias productivas no desaparecen. Las jefaturas deben responder por las metas, los equipos tienen que continuar funcionando y los trabajadores deben cumplir sus labores en los tiempos establecidos. Sin mencionar que en determinados puestos y sistemas de remuneración, la presión por alcanzar bonos e incentivos es pan de cada día, sacando el trabajo sea como sea.

Cuando el aumento en nuestro sueldo depende de alcanzar objetivos productivos, cabe preguntarse: ¿Qué pasa cuando una tarea requiere más tiempo del previsto? ¿Qué sucede cuando faltan insumos, herramientas o recursos adecuados para hacer el trabajo? ¿Qué ocurre cuando un procedimiento no se ajusta a las condiciones reales de la faena?

Los trabajadores saben que una cosa es lo que dicen los procedimientos y otra es lo que sucede en terreno. La falta de recursos, las deficiencias en la planificación y las presiones para terminar una tarea pueden aumentar la exposición a riesgos. No se trata de decir que nosotros somos responsables pero tampoco podemos aceptar que cada muerte se convierta en un hecho aislado, desligado de la organización del trabajo y de las responsabilidades de las empresas.

La seguridad no puede reducirse a exigirle al trabajador que esté atento, que se cuide y que cumpla las reglas. Las empresas organizan la producción, administran los recursos, fijan los plazos y establecen las condiciones en que se realizan las tareas. Por eso, la responsabilidad de prevenir los accidentes no puede descargarse sobre quienes ejecutan el trabajo.

Después de cada accidente fatal suelen anunciarse investigaciones, fiscalizaciones y nuevas medidas preventivas pero ¿basta con eso?. Siendo que la minera te mata y enferma.

Cuando la seguridad entra en contradicción con la producción
La minería mueve enormes cantidades de recursos y genera riqueza para las empresas y sus accionistas. Esa riqueza no aparece por arte de magia: la producen miles de trabajadores que operan equipos, realizan mantenciones, transportan personal, extraen mineral y sostienen el funcionamiento de las faenas.

Sin embargo, mientras las empresas miden resultados en toneladas, productividad y rentabilidad, los trabajadores enfrentan los riesgos concretos de cada jornada. La presión por mantener las operaciones puede convertirse en una carga sobre sus cuerpos y su salud, especialmente cuando las dotaciones, los tiempos y los recursos no responden a las necesidades reales del trabajo.

La minería también enferma
El peligro no termina cuando salimos de la faena sin haber sufrido un accidente, todos sabemos que trabajar en la minería también puede implicar una exposición prolongada a riesgos que afectan la salud y cuyas consecuencias pueden aparecer años después.

La exposición a sílice cristalina respirable, por ejemplo, puede provocar silicosis y aumentar el riesgo de cáncer de pulmón, otros agentes presentes en determinados procesos industriales también pueden generar enfermedades que muchas veces se desconocen ante las mutualidades, a esto se suman las exigencias físicas, los turnos, la fatiga y los efectos que el trabajo puede tener sobre la vida cotidiana.

No podemos aceptar que la alternativa sea morir en un accidente o enfermarse después de años de trabajo, el problema es que se produce para llenar los bolsillos de unos pocos y no para cubrir nuestras necesidades.

¿Quién gana y quién paga el costo?
Hay una contradicción que debemos poner en discusión: quienes producimos la riqueza no controlamos las decisiones sobre los ritmos, las dotaciones, los presupuestos y la organización de las faenas, esas decisiones se toman en estructuras empresariales donde la rentabilidad y la continuidad operacional ocupan un lugar central, nuestra vida y nuestro tiempo vale no vale nada.

Cuando ocurre una tragedia, una empresa puede detener temporalmente una operación, reparar un equipo y reorganizar una tarea. Una familia, en cambio, no puede recuperar a quien perdió. La producción puede retomarse; una vida no.

Por eso, la discusión sobre seguridad no puede separarse de la pregunta por las ganancias. ¿Quién decide cuánto tiempo se destina a una tarea? ¿Quién define los recursos disponibles? ¿Quién responde cuando las advertencias sobre riesgos no reciben una solución adecuada? ¿Por qué los trabajadores deberían cargar con las consecuencias de decisiones que no controlan?

Si la seguridad es realmente lo primero, debe estar por encima de cualquier meta productiva. Eso tiene que expresarse en recursos suficientes, dotaciones adecuadas, mantenimiento oportuno, planificación realista y el derecho efectivo a detener un trabajo inseguro sin sufrir represalias.

Organizarse para que nuestras vidas no sean el costo de producir
Las ocho muertes registradas en menos de un mes no pueden convertirse en una estadística más. Tampoco basta con lamentar cada tragedia y esperar hasta el siguiente accidente para volver a hablar de seguridad.

Es necesario fortalecer la organización de los trabajadores, impulsando comités de seguridad con total independencia de las empresas y capacidad real para intervenir en las condiciones de trabajo. Las advertencias que surgen desde las faenas deben ser escuchadas y resueltas antes de que ocurra una tragedia, no después.

Los trabajadores conocen las máquinas, los procedimientos y los riesgos que aparecen durante la jornada. Su experiencia no puede ser tratada como un obstáculo para la producción. Debe ser fundamental para decidir cómo y en qué condiciones se trabaja.

Pero, sobre todo, necesitamos discutir quién tiene el control sobre la producción y con qué objetivos se organiza. La minería no puede seguir presentándose como una industria segura mientras sus trabajadores enfrentan accidentes fatales y enfermedades laborales evitables. No basta con cambiar procedimientos si se mantienen intactas las presiones y las decisiones que condicionan cómo se realiza el trabajo.

No queremos que la seguridad sea una palabra más ni que nuestras vidas sean el precio de las ganancias. Queremos trabajar para vivir, no vivir arriesgando la vida para producir riqueza para otros. Porque ninguna tonelada de cobre, ningún bono y ninguna meta de producción valen más que la vida de un trabajador.

Resumen de los accidentes fatales en la minería chilena durante el 2026:
- Marco Monsalve Farfán falleció tras un accidente laboral ocurrido el 12 de enero en el Silo 4 de la Fundición Potrerillos (División Salvador).

– Heriberto Ossandón, fallecido en Sector El Huacho, Combarbalá, Región de Coquimbo el 10 de mayo.

– A principios de junio se registraron 3 accidentes fatales. En Mina El Aguilucho, comuna de Andacollo, Región de Coquimbo, en Mina El Delirio, comuna de Cabildo, Región de Valparaíso y en Mina Fresia, comuna de Tierra Amarilla, Región de Atacama.

– El 7 de agosto se registra un accidente en Mina Dulcinea, nuevamente en Tierra Amarilla, Región de Atacama.

– El 15 de septiembre, en Mina Zulema, ubicada en Taltal, Región de Antofagasta.

– El 23 de septiembre, un accidente en Minera Escondida (BHP), también en la Región de Antofagasta

– Una semana después el 1ero de octubre, en la división Radomiro Tomic, de Codelco, en la Región de Antofagasta.

– El 6 de octubre ocurre un accidente fatal en Compañía Minera del Pacífico (Mina Los Colorados), esto es en Vallenar, Región de Atacama.

– El 11 de octubre un alud en la división El Teniente de Codelco, en la Región de O’Higgins, cobra la vida de 2 trabajadores subcontratistas.

– El 13 de octubre en Planta Nueva California, en la comuna de Illapel, Región de Coquimbo.

– Finalmente, el más reciente registrado ocurre este 14 de octubre en minera Las Cenizas (Mina Rajo Aguilucho), en la comuna de Taltal, Región de Antofagasta.


Rosa Alfaro

Agrupación de Trabajadores "Nuestra Clase”, Agrupación de mujeres y disidencias "Pan y Rosas"

 

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