de un malestar incubándose a fuego lento
Pablo Torres
El desgaste profundo de Kast y la apertura de un malestar incubándose a fuego lento
Pablo Torres
El autoritarismo neoliberal de Kast avanza pero sufre un desgaste acelerado
El petit Bonaparte alemán —hijo de un clan de cobardes nazis y pinochetistas— lleva un poco más de seis meses en el gobierno y se ha manifestado a ojos de millones como un gran fraude. Su agenda es pura y simplemente ajustar a las familias trabajadoras y beneficiar a los grandes empresas, transnacionales y multimillonarios. Apenas asumió descargó un “bencinazo” sobre las clases laboriosas, aprobó su reforma tributaria bajando impuestos al capital y mutiló programas sociales en educación, salud y vivienda. Ahora anuncia medidas de seguridad que refuerzan el autoritarismo y recortan libertades públicas con la demagogia populista del combate a la delincuencia y se propone nuevos ataques como son las reformas laborales.
No obstante ni siquiera tener oposición parlamentaria —ya por colaboracionismo del centro y el progresismo o porque otro sector se dedica a las pataletas testimoniales en los medios— su proyecto político está herido pues es cada vez más minoritario. Hoy todas las encuestas le otorgan un amplio rechazo y un nivel muy bajo de apoyo: según Criteria sólo un 27% apoya a Kast y un 64% lo desaprueba; según Cadem (de la propia derecha) la aprobación cayó a su nivel más bajo con un 32% y un 63% de desaprobación. El repudio a su imagen quedó evidente con los gritos de “chúpalo Kast” en las fondas de fiestas patrias. En amplias franjas de la clase trabajadora y de las clases medias, de donde vino su voto en segunda vuelta, el rechazo es creciente. También según Criteria, un 66% rechaza reducir el presupuesto de ciertos programas sociales y un 76% se opone a reducir bonos y subsidios. Lo cualitativo es que se trata de un rechazo y desgaste muy acelerado y profundo.
Las preocupaciones ciudadanas han cambiado la agenda. Hoy la preocupación central es el desempleo, la precarización y el alza del costo de la vida. En las personas y las empresas predomina el pesimismo económico. La economía está estancada y la previsión de crecimiento es cerca del 1% este año. La lluvia de inversiones prometida no permite un salto orgánico, pese a la ofensiva gubernamental contra la protección del medioambiente. Los salarios están estancados.
Tras la aprobación de la reforma tributaria, quedó sin agenda, y el impulso de una reforma constitucional seguridad que buscaba instalar una especie de estado de excepción dictatorial recibió un amplio repudio, de amigos y enemigos.
Kast se transformó en un fraude a ojos de millones. Su debilidad abre condiciones de posibilidad de nuevas crisis en las alturas y de irrupción de los de abajo. Sin embargo, el petit Bonaparte sudaca intentará implementar su agenda neoliberal recargada y apostar al doble, pues la pérdida de expectativas y el aumento del rechazo todavía no se traducen en una oposición social generalizada.
¿Se está incubando un nuevo malestar social?
Según Alberto Mayol la revuelta juvenil en Francia puede anticipar fenómenos de luchas en nuestro país. Ante la pregunta de si hay un clima para que emerjan protestas en este momento, señaló:
“Lo que puedo decir es que el número que nosotros manejamos de algo que está ya listo para que explote no está, pero sí factores relevantes para una crispación, o sea aquellas variables que conducen a crispación, ya se movieron conjuntamente en la dirección correspondiente. Entonces hay un pre-clima. (…) No estamos en eso que uno llama técnicamente momento constituyente (…) estamos antes todavía de eso, pero ya hay variables que se dirigen a ese camino, pero con un poco de ayuda, no de los mismos sectores que están a favor de eso sino que al contrario, con un poco de ayuda de los rivales, es decir con errores potenciales de un gobierno, entonces eso se puede complicar.” (Alberto Mayol, Turno AM 07/10).
Ese “pre-clima” parece notarse en el ambiente. Las pifias y el “chúpalo Kast” son expresiones dispersas de ese fenómeno. Siguiendo esta línea no estaríamos aún en las condiciones de una gran oposición social con movilización generalizada contra el Gobierno, pero sí ante señales de una pérdida de adhesión que engendra las condiciones de posibilidad de nuevos procesos de luchas. Hay una especie de malestar pasivo cocinándose a fuego lento.
Pero como dice la frase atribuida a Galileo Eppur si muove —Y, sin embargo, se mueve—. El grado de actividad lo coloca la juventud, sobre todo las/os secundarios y los cursos iniciales de las universidades que han iniciado un proceso de resistencia, luchas parciales, recomposición subjetiva y nuevos procesos de organización, fenómeno que va más allá del propio terreno educativo —es ideológico, cultural, internacional.
El 01 de octubre se convocó un paro nacional de la Confech, al cual adhirieron varios sectores. Más de 20.000 estudiantes se movilizaron en Santiago, sufriendo la represión policial, y en varias regiones se movilizaron miles. Miles de activistas paralizaron sus carreras y universidades. En Antofagasta la semana pasada, motivado por el rol de la izquierda revolucionaria, siete liceos de la ciudad impulsaron un “mochilazo” denunciando que no hay recursos, que despiden a sus profesoras/es, que falta infraestructura, que la alimentación es mala e insuficiente, que aplican recortes, que no hay respaldo en salud mental, que aumenta la precarización, que las aulas se llueven o están con problemas.
Son ejemplo de una juventud que puede patear el tablero contra cualquier resignación. Se trata de un proceso inicial, desigual y todavía limitado, pero de relevancia política porque aparece en un país donde la juventud ha jugado un papel central en la apertura de ciclos de lucha e impugnación a las clases dominantes y sus gobernantes. Quizá más importante es el hecho de que según Cadem un 52% estuvo de acuerdo con la marcha mientras un 41% en desacuerdo. Si bien denota una tendencia a la polarización, hace mucho tiempo que no veíamos que el respaldo a la protesta (pacífica) es mayor que su rechazo.
Pero hay una energía en latencia y el problema es cómo desarrollarla para que se transforme en una oposición social de lucha y en procesos de autoorganización desde abajo que puedan alterar el equilibrio actual en beneficio de las mayorías y frenar los ataques, construyendo una nueva relación de fuerzas.
La irrupción de una juventud combativa que lucha por un futuro digno y cuestiona un capitalismo que ya no tiene nada que ofrecer
Una rebelión juvenil sacude Europa en un verdadero “otoño caliente” que hace recordar las escenas de aquel glorioso mayo del 68. Son los jóvenes secundarios de liceos de la periferia en Francia, abusados por la policía y por el sistema; la juventud del Estado Español con paros, acampadas y movilizaciones en apoyo a los más humiles que sufren los desahucios de los especuladores y rentistas que se enriquecen con la vida de la gente humilde y trabajadora, como era Maricarmen; es la juventud que en Bélgica y en Italia ocupan escuelas y liceos con su lema “hagamos como en Francia”. Han irrumpido en un levantamiento denunciando que mientras los capitalistas, las clases dominantes y los gobiernos recortan gastos en salud, educación y vivienda, aumentan los presupuestos militares para prepararse para un futuro de guerras de rapiña y saqueo imperialista.
La generación Z, lejos de la apatía que siempre se señala, está impactando a las clases trabajadoras de Europa y están diciendo basta a tanto sufrimiento y opresión. Son un llamado de atención de que aquellas imágenes de lucha pueden impactar en diversas partes del globo y constituir un ejemplo para amplias multitudes. Los ciclos de movilizaciones como el 2011 o el 2019 en nuestro país fueron refracción interna de una oleada de luchas internacionales como fue la primavera árabe o la oleada de revueltas. Actualmente dicho proceso estar preanunciando nuevas olas que pueden impactar en Chile y América Latina, en el marco de un giro a la derecha en los nuevos gobiernos del continente y vasallos de Trump.
La juventud en Chile ha jugado un rol central en cuestionar al sistema: 1998 el mochilazo, 2001 luchas estudiantiles, 2005 la gran lucha universitaria contra los créditos usurarios. El 2006 la revolución de los pingüinos, el 2011 el movimiento de lucha nacional por la educación gratuita y el 2019 la revuelta con la juventud secundaria prendiendo la mecha son claros ejemplos de ello. Fueron varias generaciones sin miedo que despertaron a las viejas generaciones e inspiraron a otros sectores sociales a luchar: trabajadores del sector exportador como mineros subcontratistas, forestales y salmoneros, portuarios, profesores y públicos; los levantamientos y revueltas regionales como fue en Punta Arenas 2010, Aysén 2012, Freirina 2013 o Tocopilla 2015; el movimiento de mujeres y su lucha contra el fin de la violencia patriarcal, por educación no sexista y por el derecho al aborto. La juventud ha inspirado numerosos movimientos, y si bien la historia no se repite, rima.
El peligro de la fuerza represiva y del Escudo de las Américas
La llegada al gobierno de Kast entronca con un proceso de derechización de los gobiernos y los regímenes políticos en toda América Latina, y en el marco de una ofensiva del imperialismo de Estados Unidos —la doctrina “Donroe”— que busca someter a su viejo “patio trasero” mediante la presión, el sometimiento y subordinación. La decadencia hegemónica de Estados Unidos y su pérdida de peso relativo en la región las últimas décadas han tenido como consecuencia el aumento de la influencia y del poder económico y político de China en la región. La competencia geopolítica y estratégica ha significado un giro de EE.UU. en que, a costa de la pérdida hegemónica, refuerza la tendencia a la dominación pura y dura mediante la fuerza y el chantaje.
La alianza con Trump se trata de un nuevo vasallaje para entregar al país y sus recursos estratégicos. Las declaraciones del embajador buscando someter la soberanía del país a sus dictados no hacen más que evidenciar que el sometimiento será creciente, y ahora que Kast se ha unido al Escudo de las Américas, no es descartable maniobras militares como ya se está haciendo en otros países, con el uso de drones militares en Ecuador y Colombia, la asfixia sobre el pueblo cubano, y el protectorado en Venezuela —en este caso, con el vergonzoso sometimiento de lo que queda del chavismo—.
Esta política entreguista, de saqueo y dominio debe ser denunciada y debe unirse a la lucha para derrotar los ajustes de Kast y todo su programa mediante la movilización, la coordinación y el impulso de la autoorganización de masas uniendo a la juventud con el movimiento obrero.
Por una nueva rebelión estudiantil. Por una nueva organización de la juventud contra Trump-Kast y por la revolución socialista
La irrupción del movimiento estudiantil no es un dato cierto, sino una batalla a dar. Hay bronca contra Kast y la extrema derecha, pero debe desarrollarse en función de ganar las calles y abrir un camino de lucha de clases, única forma de derrotar la agenda de Kast y generar una relación de fuerzas que permita que se desarrolle una gran oposición social a su gobierno y a los capitalistas. Como mostró el 01 de octubre, sin una gran fuerza social la juventud será presa de la violencia policial y la persecución gubernamental y estatal.
Hay que coordinar a los sectores desde las bases con asambleas en lugares de estudio y trabajo, en buscar unificarse con otros sectores como son los trabajadores y en desarrollar formas de autoorganización desde abajo que amplíe la participación de diversos sectores. Los miles de activistas que empiezan a surgir con descontento frente a la situación actual pueden y deben tomar en sus manos la denuncia de sus condiciones de vida, estudio y trabajo, en organizar las luchas y en mostrar ejemplos que puedan masificarse buscando la unidad entre la juventud, las mujeres y el movimiento sindical y de trabajadores. Cada sector peleando por su propio lado reduce las posibilidades de triunfo, como muestran los hechos represivos o las dificultades de muchos trabajadores en sus huelgas.
Hay que avanzar hacia paro nacional efectivo de todos los sectores, denunciando el plan de entrega y saqueo de Kast y en el camino de la huelga general para derrotar sus reformas y conquistar recursos para educación, salud, vivienda, trabajos dignos.
Las reuniones de coordinación por arriba y los llamados generales a la unidad que muchas veces hacen sectores como la CUT o la Confech no ayudan a transformar la rabia y el malestar en lucha de clases si no se traducen en asambleas y deliberación, campañas de agitación masivas para la lucha, en procesos como paros y tomas y que se desarrollen formas de autoorganización de masas en lugares de trabajo y estudio. Sin la intervención activa de las bases, la coordinación puede convertirse en una negociación entre aparatos que buscan administrar el descontento para desgastar a Kast y ser una posible salida electoral ¡Esperando 3 años más mientras los ataques pasan ahora!
El anuncio de Bachelet que estaría abierta a una nueva candidatura presidencial tiene el objetivo de unir a la oposición burguesa y la izquierda institucional para mantener el desgaste por arriba de Kast pero a la vez impedir el desarrollo de una lucha de clases independiente, masiva y que se auto organice. Se trata de un intento deliberado de nuevo engaño por parte de los antiguos falsos amigos del pueblo de la vieja Concertación. No es casual que mientras agitan con la mano izquierda, con la mano derecha varios Diputados del PPD, PS y DC han acordado una nueva reforma de seguridad con la extrema derecha.
La izquierda institucional del Frente Amplio y el PC, que contribuyó a la pasivización durante el Gobierno de Boric, busca ahora reubicarse frente a Kast. Su oposición puede adoptar un lenguaje más directo, pero continúa depositando sus expectativas en el régimen de la democracia de los ricos y en los mecanismos de negociación política con un gobierno autoritario y que de ningún modo frenará su agenda.
Las incipientes formas de coordinaciones de estudiantes son un puntapié clave para buscar desarrollar formas de autoorganización que sobrepasen a las conducciones tradicionales e inspiren ejemplos de lucha. Las organizaciones que nos reclamamos revolucionarias somos más débiles, pero empiezan a aparecer nuevas organizaciones y colectivos con ideas de ruptura que intentan proyectar una oposición desde las calles y una transformación radical de las vidas. La pregunta es si estas iniciativas podrán desarrollar una organización que supere la presión a la institucionalidad y emerja como una alternativa política revolucionaria que organice a miles de jóvenes con un programa y una estrategia de lucha de clases, de unidad con el movimiento obrero y de autoorganización desde las bases en la pelea por impulsar un movimiento de lucha masivo en las calles, en la perspectiva de la huelga general que derrote a Kast y su agenda.
Las condiciones actuales y el ejemplo de las luchas en Europa plantean la necesidad que surja una nueva organización de la juventud que quiera combatir de forma consecuente al imperialismo de Trump y la extrema derecha, que busque superar la estrategia institucional de reformismo y las burocracias y que tenga como objetivo la revolución socialista para poner fin a este sistema de explotación y opresión.
Hay que partir por coordinar un bloque que impulse una lucha decidida contra este gobierno a la vez de iniciar una discusión para que emerja una nueva organización que agrupe a miles de jóvenes y trabajadores. Campañas en común de agitación, acciones de frente único, debates y discusiones, podrían ser un factor de impulso para que miles que están despertando a la lucha y a la vida política se empiecen a organizarse buscando una salida para poner fin a este mundo de guerras y opresiones y abrir paso a nuevas revoluciones.
El malestar no se convertirá espontáneamente en una fuerza capaz de enfrentar al Gobierno. Hay que construir una oposición política y social y organizarse de forma permanente contra los capitalistas y su Estado. La experiencia de las últimas décadas de gobiernos “progresistas” como el de Bachelet y Boric y mostraron los límites de una política que administra el neoliberalismo y posterga las demandas fundamentales en nombre de la gobernabilidad capitalista.
Es hora de poner manos a la obra para que surja una nueva organización revolucionaria que agrupe a la juventud y a los trabajadores en la perspectiva de frenar los ataques, conquistar nuestras demandas y abrir el camino a un futuro socialista desde abajo.
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