lunes, 19 de octubre de 2026



https://www.laizquierdadiario.cl/De-las-huelgas-educativas-a-los-comites-para-organizar-desde-abajo-la-huelga-general-de-la-vivienda

De las huelgas educativas a los comités para organizar desde abajo la huelga general de la vivienda

Los comités de huelga comienzan a organizarse. Las huelgas del sector público, del sector privado y las que reivindican causas sociales tan profundas para la clase trabajadora como la huelga general de la vivienda el 11N, auguran una nueva situación de agudización de la lucha de clases que nos preparará en mejores condiciones para lo que vendrá después de las elecciones anticipadas del 29N.

Cynthia LubBarcelona | @LubCynthia

Viernes 16 de octubre Edición del día

Porque cuando la clase trabajadora lucha y se organiza, no escucha las ideas racistas, misóginas y reaccionarias de la extrema derecha. Y a la vez, está más alerta a las falsas promesas de los gobiernos progresistas, tras 8 años de desahucios, aumento de la precariedad, desmantelamiento de los servicios públicos o leyes de extranjería racistas que atacan a la clase trabajadora migrante.


La huelga general del 11N que no cae del cielo

UGT, CCOO, CGT, Co.bas, Solidaridad Obrera y la Confederación de Sindicatos de Inquilinas han convocado una huelga general por el derecho a la vivienda, los salarios y el coste de la vida para el 11 de noviembre. Y se han sumado los sindicatos vascos LAB y ELA y los gallegos CIG y CUT, y los sindicatos autonómicos de otros territorios como Catalunya.

UGT y CCOO dieron el paso tras el rechazo del Congreso a los decretos ley de vivienda y después de que miles de personas de diferentes territorios se manifestaran bajo el lema “hacia la huelga general”. Pedro Sánchez adelantó las elecciones generales al 29 de noviembre. Los dos sindicatos mayoritarios, que llevan desde el 2012 garantizando la paz social a favor del PSOE, se suman obligados por la presión desde abajo.

El 11N será la huelga del legado que nos dejan Maricarmen de Madrid y Olga de Barcelona. Maricarmen era una vecina de 87 años que murió el 7 de octubre, dos semanas después de ser desahuciada el 23 de septiembre de la vivienda en la que había vivido 70 años en Madrid, con un 50% de discapacidad reconocida. La propietaria del inmueble, la inmobiliaria Urbagestion Desarrollo e Inversiones, le exigía una subida del 275%, hasta los 1.650 euros, y llegó a amenazar al Sindicato de Inquilinas con una querella criminal para defenderla. Olga se quitó la vida el pasado mes de septiembre en L’Hospitalet, cuatro meses después de ser desahuciada por el Banc Sabadell y el fondo Cerberus, y a pesar de haber avisado que si la echaban de casa lo haría.

Quienes han acabado de matar a Maricarmen y a Olga son los fondos buitre, el gobierno de Ayuso, pero también el gobierno “progresista” que durante 8 años no ha hecho absolutamente nada ni por ellas ni por las personas desahuciadas en todo el Estado.

Pero la huelga del 11N no cae del cielo y abraza todo un curso de huelgas y de conflictos sociales como las manifestaciones y concentraciones antirracistas en decenas de ciudades contra la violencia racista y exigiendo traslado y acogida de las personas migrantes de Ceuta. Abraza a la juventud que se viene movilizando en las calles por Palestina contra el genocidio del Esado de Israel, en apoyo a las huelgas educativas y contra el racismo y la extrema derecha.

Una juventud que se levanta por todo Europa junto a la clase trabajadora en Francia, en Bélgica, Portugal, Alemania y el Estado español. Porque mientras los gobiernos destinan presupuestos descomunales a la guerra y el rearme, atacan los servicios públicos y reprimen en las fronteras. La juventud y la clase trabajadora, no puede más.

Abraza también el malestar de las trabajadoras de la educación, que evidencia una crisis de múltiples dimensiones que se viene expresando desde Catalunya y el País Valencià, el 03 de Madrid y nuevas convocatorias de huelgas educativas en Andalucía el 12 de noviembre y docentes de Madrid este 14 de octubre. Abraza a todas las huelgas de sanidad con profesionales que no pueden más tras años de privatización y explotación laboral. Las del sector social en varias ciudades, las de bibliotecas de Barcelona, los bomberos en los “puntos de fuego” del Estado o de FCC Limpieza Viaria en Zaragoza. Y también, las del sector privado como la gran huelga de Airbus y otros conflictos en el sector de la logística.


La lucha por el derecho a la vivienda atraviesa todas las reivindicaciones de la clase trabajadora

Y si la huelga general del 11N abraza todas estas luchas, es porque la lucha por el derecho a la vivienda es una lucha histórica y sostenida durante décadas, gobierno tras gobierno, que atraviesa los grandes problemas de la clase trabajadora que no llega a fin de mes porque tiene que pagar un alquiler con el 80% de su salario casi congelado.

¿Cómo pueden vivir en un techo digno, las trabajadoras del 03 con salarios de menos de 1.100 euros por mes? O las personas migrantes, con viviendas extremadamente precarias, porque están en una situación de precariedad laboral con contratos basura o situaciones de pluriempleo. Tampoco la gran mayoría de la juventud se puede independizar y, si lo hace, tiene que elegir entre pagar altísimas matrículas para estudiar o trabajar sólo para pagar un alquiler, por supuesto también en condiciones de precariedad y salarios bajísimos. Y no olvidemos que alrededor del 70% de las familias trabajadoras están hipotecadas de por vida con la banca, otros de los usurpadores que exprimen los bolsillos con intereses siderales en los créditos de vivienda.


Cómo construir una huelga desde abajo: comités de huelga en cada centro de trabajo, de estudio y en los barrios

La pregunta ahora es cómo se construye una huelga capaz de paralizar la producción, el funcionamiento del transporte, de los servicios públicos, los centros de estudio y de la vida cotidiana en todo el Estado de manera real y efectiva. El propio movimiento ha empezado a responder llamando a organizar comités de huelga en los centros de trabajo, estudio, barrios y territorios, para construir la huelga desde abajo mediante la autoorganización. De este modo, lograremos que nuestra lucha pueda tener continuidad y no termine el día de la huelga.

Ahora bien, ¿cómo comenzamos? es otra de las preguntas y debates en las asambleas que ya vienen en curso, como es el caso de la educación. La plataforma de Catalunya “Ens costa la vida”, que reúne a todos los sindicatos combativos y sectores en lucha, plantea cómo “los últimos meses hemos vivido cosas esperanzadoras. La comunidad educativa ha hecho huelgas históricas. El campesinado ha conseguido paralizar autopistas y puertos para decir basta. Y las manifestaciones por la vivienda han conseguido obligar a los gobiernos a hacer leyes que no querían hacer. Estos meses hemos visto como solo luchando podemos conseguir mejorar nuestras vidas. Ahora es la hora de redoblar la lucha”.

Y en su manifiesto, explican, “La vivienda se ha convertido en un bien inaccesible para muchos de nosotros: hoy, el coste medio para acceder a un hogar supera el 50% de los ingresos. Mientras los grandes especuladores concentran cada vez más propiedades, las trabajadoras somos condenadas a unos alquileres impagables, a vivir endeudados, a sufrir pisos en mal estado o la imposibilidad de independizarnos. Esta ofensiva se para en la vivienda y los salarios, también se extiende sobre los servicios públicos que sostienen la vida cotidiana. El sistema sanitario y la educación pública sufren un proceso de desmantelamiento progresivo: infrafinanciación crónica, precarización de las plantillas y procesos crecientes de externalización, mientras el negocio privado gana terreno. Mientras tanto, el dinero público se dedica al aumento del gasto militar para librar guerras que hacen subir todavía más los precios”.

Todo ello ha ido creando las condiciones para que el movimiento educativo de Catalunya comenzara a reflexionar, desde las asambleas de centro y zonas, la idea de fortalecer la coordinación con otros sectores en lucha, construyendo comités de huelga unitarios, junto al movimiento estudiantil, las familias en los barrios y las plataformas por el derecho a la vivienda. En Catalunya se están organizando cientos de jóvenes, trabajadoras y vecinos en más de un centenar de comités de huelga por todo el territorio. En las universidades también los estudiantes han confluido con otros sectores de trabajadores en lucha para formar comités de huelga unitarios.


¿Por qué la crisis de la vivienda nos afecta cómo colectivo educativo?

Al iniciar las huelgas del curso anterior en Catalunya, debatimos en las asambleas especialmente sobre la reivindicación por el aumento de salarios y llegamos a la conclusión que iba mucho más allá de la nómina. Muchas trabajadoras señalaban la necesidad de compartir piso al no poder hacer frente al coste de un alquiler de forma individual. Otras comentaban que, aun contando con dos ingresos en el hogar, resultaba imposible reunir los ahorros requeridos para solicitar una hipoteca, ya que la totalidad de los ingresos se destina a cubrir el día a día del núcleo familiar.

Estas situaciones no constituyen casos aislados, sino que reflejan un problema estructural: cuando un porcentaje desproporcionado del ingreso se canaliza hacia la vivienda (alquiler o hipoteca), queda al descubierto tanto el elevado precio de los inmuebles como la insuficiencia de los salarios. Del mismo modo, el poder de compra real empeora cuando aumentan los gastos en desplazamientos al trabajo, cuando se recurre a la sanidad privada ante los tiempos de espera de la pública, o cuando la atención y actividades de los hijos e hijas suponen un esfuerzo financiero elevado, aunque el sueldo bruto no varíe. Por estos motivos, sostenemos que el ajuste salarial no debe limitarse al IPC oficial. Este indicador no mide con precisión el coste real de la vida, en particular en zonas donde la vivienda exige una porción sustancial de los ingresos familiares. Los salarios deben fijarse en función del coste de vida real.

Pero además, la crisis de la vivienda afecta directamente al colectivo educativo y otros sectores: una parte cada vez más grande de la riqueza producida por las trabajadoras y los trabajadores es absorbida por el coste de la vivienda, por la privatización de los servicios esenciales y por el aumento constante del coste de la vida. La vivienda es una problemática nodal para los nombramientos que nos obligan a trasladarse a centros alejados de los territorios donde vivimos. Y lo es cuando para las trabajadoras de la educación precarias, como las del 03, externalizadas como las monitoras de patio y comedor para quienes una vivienda digna es un lujo.

Por otro lado, en Catalunya el colectivo educativo viene desde hace años organizándose en la plataforma “Docentes por el Derecho a la Vivienda”, porque no se puede desligar del derecho a la educación, ya que la vida en los centros educativos es el espejo de los grandes problemas sociales: alumnado sin recursos, familias en situación de vulnerabilidad, problemas de vivienda o alimentación.

Así lo explica la “Plataforma 080” (en referencia al código postal de Barcelona) en su manifiesto: "Cada vez más familias de nuestros centros educativos viven en infraviviendas o en habitaciones realquiladas, dándose situaciones de hacinamiento y/o de carencia de suministro (agua, gas y luz). La emergencia habitacional y la preocupación para cubrir las necesidades básicas son factores que incrementan el riesgo de sufrir problemas de salud mental. La mayoría de familias desahuciadas son alojadas temporalmente en hoteles/albergues/pensiones lejos de su escuela, o incluso en otros municipios, lo cual compromete el derecho a la educación de los menores".


De la autoorganización de las huelgas educativas a los comités de huelga general del 11N

El colectivo de la educación viene organizando asambleas en sus centros de trabajo, coordinados en zonas y territorios. Este proceso tiene diferentes ritmos en cada territorio, pero de conjunto está viviendo un malestar de carácter multidimensional que explica por qué la conflictividad se ha extendido prácticamente con las mismas reivindicaciones en Catalunya o el País Valencià, Andalucía o Madrid.

Este malestar tan profundo dibuja los contornos de un movimiento educativo que, lejos de limitarse a una reclamación salarial, engloba una profunda erosión de sus condiciones laborales, emocionales y de vida que podemos sintetizar en: primero, la infrafinanciación y precariedad laboral y abandono de la educación inclusiva. Segundo, la falta de democracia en los centros, burocracia y los decretos verticalistas. Tercero, las políticas punitivas y represivas que abren la puerta a la extrema derecha en la educación, siendo el País Valencià y Aragón laboratorios de las políticas más reaccionarias y racistas. Cuarto, el impacto de la crisis social hacia los centros y en las vidas mismas de las trabajadoras. Por último, la necesidad de “dignificar la profesión” en un sector altamente feminizado que se siente menospreciado por las instituciones.

Este 14 de octubre ya ha empezado una huelga indefinida del profesorado madrileño que puede marcar un antes y un después en la educación pública en esta comunidad, en un contexto muy convulso y con la acampada en Sol en la cual las trabajadoras del 03 también estuvieron presentes. Este conflicto puede actuar de catalizador para que la huelga general del 11N comience a organizarse desde abajo, coordinando las asambleas de centros con los comités de huelga de los barrios, el movimiento estudiantil y otros sectores en lucha.

Catalunya es un ejemplo de la unidad en la calle y en las reivindicaciones de todos los sectores de la educación que rompió con la conciencia corporativa e individualista de “luchar sólo como docentes”; un profundo proceso de autoorganización en asambleas de centros, coordinadas por zonas hasta la AEC (Assemblea Educativa de Catalunya); una organización que pone límites a la posible intención de los sindicatos a negociar sin consulta y que preocupa al govern del PSC y a los medios de comunicación que hablan del “contrapoder de las asambleas”.

La huelga general del 11N puede ser la continuidad y fortalecimiento de los espacios de autoorganización construidos en las huelgas del curso pasado y las que están por venir, uniendo y coordinando con otros sectores en verdaderos comités de huelga, que continúen organzanizados más allá de la misma huelga del 11N y las elecciones del 29N ¡Gobierne quién gobierne! Porque el PP y Vox quieren llegar a la Moncloa para redoblar las políticas racistas contra la migración, las mujeres y la clase trabajadora. El peligro de la derecha es real y tenemos que enfrentarla, porque ya gobierna en varias comunidades autónomas. Pero conviene recordar quién gobierna el Estado desde hace ocho años y, si continúan gobernando, no cabe duda que continuaremos en las calles, contra los desahucios, la privatización de los servicios públicos, la precariedad y la explotación laboral.

¡Ni negocio con la educación ni negocio con la vivienda! Coordinemos las luchas de toda la clase trabajadora, junto a las estudiantes y las plataformas por el derecho a la vivienda: ¡Organicemos la Huelga General desde abajo!



 

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