La decisión anunciada este miércoles 16 de septiembre por Donald Trump de retirar a Venezuela de la lista de países que, según Washington, incumplen sus obligaciones en la lucha contra el narcotráfico se enmarca en el profundo viraje operado desde el 3 de enero y en el lugar que ocupa el gobierno que encabeza Delcy Rodríguez en su papel de cipayos de Estados Unidos. Un paso a su integración al "Escudo de las Américas".
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Miércoles 16 de septiembre Edición del día

Venezuela deja de figurar entre los países que Estados Unidos considera que "han incumplido demostrablemente" sus compromisos antidrogas. En esa categoría permanecen Afganistán, Bolivia, Birmania y Colombia. Pero Venezuela continúa apareciendo en la lista de 23 países que Washington considera grandes territorios de producción o tránsito de drogas ilícitas. En otras palabras, lo que ha cambiado es la valoración de Washington sobre la conducta del gobierno venezolano para sumarse a su dispositivo de seguridad.
El propio Trump explicó la modificación apelando a la "cooperación" de Venezuela con Estados Unidos. Que, en última instancia, viene a ser lo mismo, pues es Estados Unidos quien decide las políticas fundamentales de Venezuela con la colaboración de Delcy Rodríguez. El gesto político de la Casa Blanca no responde a un repentino éxito técnico, sino al pleno afianzamiento del protectorado imperialista que Washington viene consolidando en el país.
Tras la recomposición política en Venezuela y el rol abiertamente colaboracionista asumido por el gobierno que encabeza Delcy Rodríguez, el imperialismo estadounidense premia la docilidad del gobierno cipayo alineado a sus intereses geopolíticos y económicos. La señal política es que el gobierno de Delcy Rodríguez está siendo reconocido por Washington en la medida en que cumple las funciones que el nuevo orden impuesto por Estados Unidos requiere.
No es "guerra contra las drogas", es militarización y control territorial
Históricamente, las certificaciones y listas emitidas unilateralmente por Washington no han sido más que un instrumento geopolítico de chantaje y presión coercitiva sobre la soberanía de los pueblos. La pretendida "lucha contra el narcotráfico" funciona únicamente como una fachada política para justificar la injerencia directa, el control territorial y el despliegue de las Fuerzas Armadas estadounidenses en América Latina. Ahora, lo que está haciendo Donald Trump es llevar esta política a una nueva escala.
La reciente gira de Marco Rubio por Colombia, Ecuador y Perú mostró que el combate al narcotráfico funciona como uno de los principales lenguajes de la nueva arquitectura de seguridad regional. Colombia, Ecuador y Perú están integrándose al llamado Escudo de las Américas, una coalición impulsada por Washington para coordinar inteligencia y operaciones contra organizaciones criminales transnacionales. Perú formalizó su incorporación durante la visita de Rubio, sumándose a una estructura que ya reúne a más de 15 países.
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No es casual que esta decisión de la Casa Blanca de retirar a Venezuela de los países que "incumplen sus obligaciones" se desarrolle simultáneamente con una política de fortalecimiento de los gobiernos aliados de Washington, y luego de la propia gira de Rubio por los países de la región. En este contexto, la salida de Venezuela de la lista de países que "fallan" en la lucha contra las drogas adquiere un significado mayor. Washington está incorporando al gobierno venezolano a su propio esquema de seguridad.
El movimiento resulta coherente con lo que venimos denunciando desde La Izquierda Diario: después de la intervención estadounidense del 3 de enero y la instalación de un régimen tutelado por Washington, Venezuela está siendo incorporada progresivamente a un orden político, económico, energético y militar definido desde Estados Unidos, bajo el protectorado neocolonial.
Washington profundiza su control sobre los recursos energéticos venezolanos, como el petróleo, y sobre las principales decisiones económicas y políticas, al tiempo que se multiplican los acuerdos con empresas estadounidenses y extranjeras. Ahora pasa a la incorporación de Venezuela al dispositivo de seguridad hemisférica estadounidense.
El documento de la Casa Blanca habla de las "oportunidades históricas" abiertas por los cambios políticos producidos en Sudamérica durante el último año para profundizar la cooperación estadounidense con los gobiernos de la región. Ese es el punto central. Trump está construyendo una red de gobiernos subordinados o estrechamente alineados con Washington, articulados alrededor de seguridad, narcotráfico, migración, inteligencia, energía y defensa. El "Escudo de las Américas" es una expresión de ese proyecto.
Fuera el imperialismo de Venezuela y América Latina
Que Washington retire a Venezuela de una lista de países que considera incumplidores expresa el reconocimiento de que el gobierno de Venezuela está colaborando con las prioridades estratégicas de Estados Unidos. Este "reconocimiento" de Washington no es más que el afianzamiento del dominio colonial y de la capitulación de las cúpulas gobernantes locales ante los dictados de la Casa Blanca.
Por eso, estas políticas son celebradas también por la oposición que igualmente se subordina a Washington, como Delcy Rodríguez y todo su combo político; son opositores a Delcy Rodríguez porque no son ellos los que administran el coloniaje, pero son disciplinados con Washington.
El llamado Escudo de las Américas forma parte de una arquitectura de seguridad bajo dirección estadounidense que busca reforzar el control de Washington sobre el continente y disputar posiciones estratégicas frente a otras potencias. Frente a esto, no alcanza con denunciar la intervención de Estados Unidos mientras se acepta la tutela imperialista sobre el país, como hacen sectores del chavismo que critican esta política de Washington en Venezuela, pero no al gobierno de Delcy.
Desde abajo, trabajadores, jóvenes y sectores populares debemos rechazar la dominación imperialista estadounidense. Fuera Trump de Venezuela. No al saqueo imperialista y a la entrega del petróleo venezolano. Abajo el protectorado neocolonial y el colaboracionismo del gobierno de Delcy Rodríguez y de sectores como María Corina Machado. Por la soberanía nacional y contra toda forma de tutela y dominio imperialista.
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