martes, 22 de septiembre de 2026


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Terremoto político en Alemania. La victoria de Die Linke en Berlín y el avance de la extrema derecha profundizan la crisis del gobierno de Friedrich Merz



El doble turno electoral en Berlín y Mecklemburgo-Pomerania Occidental ha sacudido de manera drástica el mapa político alemán. Los resultados muestran un país polarizado y un gobierno central sin apoyo.

Domingo 20 de septiembre Edición del día

La crisis del gobierno central alemán liderado por Friedrich Merz se profundiza, abriendo un escenario de inestabilidad política e institucional en la principal potencia europea, luego de los resultados de este domingo en Berlín, donde ganó La Izquierda de Die Linke, y en la región de Mecklemburgo-Pomerania Occidental, donde volvió a ganar la extrema derecha de Alternativa por Alemania (AfD) y el CDU, la derecha socialcristiana de Merz, directamente quedó fuera del parlamento regional al sacar menos del 5% de los votos.

En la capital alemana, Berlín, Die Linke (La Izquierda por su nombre en alemán) logró un triunfo histórico al convertirse en la fuerza más votada con el 25,8% de los votos. La candidata de Die Linke, Elif Eralp, superó claramente al candidato oficialista de la derechista Unión Demócrata Cristiana (CDU), Stefan Evers, que quedó relegado al segundo lugar con un 18,8%.

Tras las elecciones estatales en Sajonia-Anhalt, donde la AfD obtuvo una mayoría casi absoluta con el 43,8% de los votos, el resultado electoral en Berlín refleja la otra cara de la polarización política en este país: muchos consideraron que votar por el Partido de la Izquierda (Die Linke) era un voto contra la derecha, tanto contra la AfD como contra la CDU. En consecuencia, la victoria del Partido de la Izquierda fue mucho más contundente de lo previsto en las encuestas. El partido socialdemócrata (SPD) y Los Verdes también intentaron capitalizar este sentimiento en la recta final, aunque con menor éxito (14,4% los verdes y 12 % el SPD).

Esto no puede ocultar el hecho de que la AfD obtuvo, con diferencia, su mejor resultado hasta la fecha en la Cámara de Representantes de Berlín con 16% y existen fuertes indicios de que la AfD obtuvo resultados superiores al 20% en algunos de los distritos periféricos.

Por su parte, en Mecklemburgo-Pomerania Occidental, la extrema derecha de la AfD se impuso como primera fuerza con el 37,9%-38,0% de los votos según las estimaciones iniciales, lo que representa un crecimiento del 21,3% respecto a las elecciones de 2021, en segundo lugar quedó el SPD de la ministra presidenta Manuela Schwesig con un 35,7%-36,5% dejando la definición del futuro gobierno de la región en una gran incógnita. La gran derrotada de la jornada fue el oficialista CDU del candidato Daniel Peters, que sufrió un colapso al desplomarse por abajo del 5,0% (perdiendo más de 8% en comparación con 2021) y quedando sin representación parlamentaria regional, mientras que Die Linke cayó al 6,5% (desde los casi 10 puntos de 2021).

En conjunto, la suma de los partidos tradicionales que forman la coalición federal de gobierno (CDU y SPD) perdieron un 14,8% en Berlín y un 12,2% en Mecklemburgo-Pomerania Occidental.

La elección en Berlín y la victoria de Die Linke ¿Una alternativa o una nueva conciliación con los que aplican el ajuste?

El triunfo de Die Linke en Berlín, encabezado por la candidata Elif Eralp, se apoyó en un voto de rechazo masivo hacia la derecha de la AfD y la gestión ajustadora de la CDU. La campaña de la izquierda institucional conectó con el descontento popular al centrarse en la crisis habitacional, prometiendo topes a los alquileres y la expropiación de los grandes consorcios inmobiliarios.

Die Linke no solo llevó a cabo una campaña contra la AfD, sino que, con su campaña por una "metrópolis roja" (en alusión a la victoria electoral del alcalde de Nueva York, Zoran Mamdani, a finales del año pasado), prometió abogar por alquileres más bajos y la expropiación de empresas inmobiliarias, un transporte público más asequible y comedores de barrio. Dadas las medidas de austeridad cada vez más estrictas planeadas por el gobierno federal, destinadas a financiar el histórico programa de rearme, esta alternativa resultó atractiva para muchos. La victoria de Die Linke fue mucho más contundente de lo previsto en las encuestas.

Sin embargo, la cúpula de Die Linke ya se orienta a entablar negociaciones para formar un gobierno de coalición con el SPD y Los Verdes (Coalición llamada Rojo, Rojo, Verde). El SPD y Los Verdes son los pilares del rearme imperialista, la militarización y los recortes presupuestarios en el gobierno federal. Para facilitar el entendimiento con estas fuerzas, la candidatura de Eralp recortó de su plan de cinco puntos la expropiación de consorcios inmobiliarios como Deutsche Wohnen & Co e intervino contra las agrupaciones solidarias con Palestina para someterse a la "razón de Estado". La experiencia histórica demuestra que las anteriores gestiones de coaliciones como las que se propone con el SPD y Los Verdes en Berlín terminaron aplicando recortes y ajustes, impulsaron privatizaciones y traicionaron los mandatos populares.

El Partido de Izquierda no puede apoyar simultáneamente la huelga estudiantil contra el servicio militar obligatorio y, al mismo tiempo, asumir las consecuencias financieras del rearme militar aleman. El ejemplo de los gobiernos estatales de Bremen y Mecklemburgo-Pomerania Occidental también lo demuestra: en 2025, los ministros del Partido de Izquierda votaron en el Bundesrat (Consejo Federal) a favor de los préstamos de rearme del gobierno federal en nombre de una mayor "inversión".

Lo mismo ocurre en la lucha contra la AfD: un vistazo a Turingia, donde el Partido de la Izquierda ocupó el cargo de Ministro-Presidente hasta hace dos años, muestra que la coalición Rojo-Rojo-Verde no solo no logró frenar el ascenso de la AfD, sino que sus políticas gubernamentales allanaron el camino para su ascenso. Hoy, la AfD obtiene en las encuestas de Turingia niveles similares a los de Sajonia-Anhalt.

Frente a esta perspectiva, sectores críticos y juveniles —como la Linksjugend [’solid], el ala juvenil de Die Linke en Berlin, y también la juventud en Neukölln— señalan que es necesario oponerse a este acuerdo de coalición con los verdes y socialdemócratas. También lo plantearon, aunque desde una posición más ambigua candidaturas rebeldes como la de Vedi Emde en el distrito de Neukölln.

Como señalan nuestros compañeros y compañeras de Klasse Gegen Klasse, parte de la red internacional La Izquierda Diario en Alemania: "quienes se oponen a la entrada del Partido de Izquierda en un gobierno de este tipo deben asegurar que las negociaciones de la coalición se discutan y voten exhaustivamente en todos los grupos locales y organizaciones de base del Partido de Izquierda. Es necesaria una campaña enérgica para que el mayor número posible de miembros del Partido de Izquierda vote en contra de la aceptación del acuerdo de coalición en la votación interna. Todos los candidatos del Partido de Izquierda elegidos a la Cámara de Representantes con una campaña "rebelde", como la de Vedi Emde, deben declarar públicamente que votarán en contra de un Gobierno de coalición con verdes y socialdemócratas".

¿Qué está pasando con la extrema derecha? El avance de la AfD

El avance de la AfD no se limita a Berlín —donde superó el 20% en los distritos periféricos—, sino que consolida una hegemonía reaccionaria en el este de Alemania. Tras rozar la mayoría absoluta en Sajonia-Anhalt con un 43,8%, la AfD vuelve a ganar en Mecklemburgo-Pomerania Occidental con cerca del 38% de los votos, lo que llevó a su líder estatal, Alice Weidel, a proclamar que la ultraderecha es ya la fuerza más consolidada.

Este crecimiento es el producto directo de las políticas de ajuste, militarismo y persecución contra la inmigración implementadas por los partidos de gobierno. En Mecklemburgo-Pomerania Occidental, aunque la campaña del SPD del "voto útil" contra la extrema derecha logró evitar una mayoría absoluta de la AfD, el SPD perdió 47.000 votos que migraron directamente hacia la ultraderecha. Cinco años de gobierno conjunto entre el SPD y Die Linke en ese estado no sirvieron para detener a la AfD, sino que terminaron desgastando a la propia izquierda institucional (Die Linke cayó al 6,7%) por su adaptación a la gestión del Estado.

El resultado electoral deja a Merz acorralado y la crisis de la coalición de gobierno

El resultado electoral asesta un nuevo golpe al canciller Friedrich Merz (CDU). El hundimiento de la CDU en Mecklemburgo-Pomerania Occidental y la derrota en Berlín dejan su liderazgo sumamente debilitado, reabriendo las especulaciones sobre una crisis de gabinete, un recambio de canciller o el colapso prematuro de la coalición de gobierno con el SPD. Aunque ocho ministros de la CDU salieron a respaldarlo públicamente, la fragilidad del Ejecutivo es máxima.

A pesar de calificar los resultados como un "desastre", Merz compareció ante los medios para ratificar su plan de ajuste contra la clase trabajadora bajo la consigna "las reformas tienen que llegar". Su programa busca elevar la edad de jubilación, flexibilizar la jornada laboral y recortar el gasto en salud y prestaciones sociales, pretendiendo cínicamente presentar este ajuste como un "antídoto contra el veneno autoritario".

Respaldado por el ministro socialdemócrata Lars Klingbeil, Merz intenta sostener a un gobierno que opera como un verdadero "zombie político", acorralado por el descontento de las masas golpeadas por la inflación y la guerra.

Los resultados electorales confirman el avance de la extrema derecha, que no puede ser frenado con pactos de despacho junto a los partidos del ajuste y la guerra como el SPD o Los Verdes. La contundente votación a Die Linke en Berlín refleja la disposición de miles de trabajadores y jóvenes a enfrentar a la derecha y la extrema derecha. Sin embargo, esa energía no debe dilapidarse administrando los recortes y ajustes desde las instituciones del Estado.

La tarea del momento es construir una oposición combativa desde abajo, organizada en los lugares de trabajo, escuelas y universidades. Las próximas jornadas de lucha —como la acción nacional del sindicato metalúrgico IG Metall para el 21 de septiembre, la huelga escolar contra la conscripción y el servicio militar el 25 de septiembre, y las manifestaciones contra los recortes sociales el 26 de septiembre— pueden ser el punto de arranque de un movimiento en las calles para frenar los ataques de Merz-Klingbeil y derrotar a la extrema derecha.





 

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