martes, 15 de septiembre de 2026


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Educación. Mochilas transparentes y cuentas bancarias polarizadas: Se promulga Ley de Escuelas Protegidas mientras la educación sigue desfinanciada






El pasado martes el presidente Kast llegó al colegio Nueva Zelandia en Independencia a emitir el discurso de promulgación de la Ley de Escuelas Protegidas frente a estudiantes, autoridades y diputados que apoyaron la iniciativa. Para la derecha, hay un actor específico de quién proteger las escuelas: los estudiantes. Estas medidas no están hechas para mejorar la convivencia escolar sino para disciplinar al movimiento estudiantil.

Viernes 14 de agosto 08:42

El pasado martes el presidente Kast llegó al colegio Nueva Zelandia en Independencia a emitir el discurso de promulgación de la Ley de Escuelas Protegidas frente a estudiantes, autoridades y diputados que apoyaron la iniciativa. Antes de iniciar, expuso un artículo que para su sector vendría a simbolizar y sintetizar la nueva Ley: una mochila transparente.

La Ley de Escuelas Protegidas se traduce precisamente en una mochila transparente, lo cual deja claro que, para la derecha, hay un actor específico de quién proteger las escuelas: los estudiantes. Para la derecha y la burguesía ellos son la amenaza para las escuelas.

Paradójicamente, en su discurso, Kast comienza su preámbulo haciendo honor a “los líderes” de los estudiantes presentes, el presidente del Centro de Alumnos y presidentes de curso. Kast les tira flores al reconocer que en sus últimos años de básica no sabía lo que era la política, pues estaba preocupado de jugar. Normal, pues los colegios que se alinean con su pensamiento siempre han obstaculizado la organización estudiantil. Su adultocentrismo les impide comprender que los niños, además de jugar, también pueden tener pensamiento político.

Mucho cuidado deben tener estos líderes de tomarse en serio su rol. No se les vaya a ocurrir convocar algún paro en contra de las condiciones precarias en los colegios. Esto porque la ley establece como causal de afectación grave de la convivencia escolar los actos que tengan como consecuencia la interrupción total o parcial de clases o que alteren la jornada escolar. Y la sanción por esta causal es la expulsión y la cancelación de matrícula.

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Es más que una ley para los estudiantes, es un estilo de vida.

Después de hacer un circunloquio sobre las buenas costumbres en el colegio, Kast empieza con el tema de seguridad. “El que nada hace nada teme” argumenta para invitar a los alumnos a que muestren sus mochilas frente a sospechas. Invitar es para el discurso, es obligatorio en realidad. Y es problemático porque está sujeto a diversas arbitrariedades. Un alumno que sea conocido por ser más desafiante con las políticas de un colegio, muy probablemente será blanco de reiteradas revisiones de mochila.

No es más que la traducción del control de identidad desde la calle hacia dentro de los colegios. Una buena ilustración de cómo se usan este tipo de medidas se encuentra en la ridícula pelea que tuvo Kast con un niño en Villarrica, tras lo cual se hizo control de identidad a su madre quedando detenida. No se puede desafiar a la autoridad, ni dentro ni fuera de las escuelas. Esa es la política de Kast.

Estas son muestras de que estas medidas no están hechas para mejorar la convivencia escolar. Son diseñadas para disciplinar a los estudiantes en particular y al movimiento estudiantil en general. En su discurso Kast tiró una que otra pista, “… es más que una ley para los estudiantes, es un estilo de vida”. La filosofía del que nada hace nada teme, desde el colegio hasta el trabajo.

Sin embargo, cuando se trata de corruptela política o de lavado de dinero, y se propone levantar el secreto bancario, mágicamente ya no hay más “el que nada hace nada teme”. Ahí sí prima la privacidad de las personas. Si no fuera por los Panama Papers por ejemplo, jamás habríamos sabido que Kast era accionista de empresas en tierras panameñas.

Kast continúa su discurso intentando convencer que la ley es para que la escuela sea un “lugar seguro (…) Para que no haya temor de que me digan algo, de que se fijen en alguna característica”. Curioso, viniendo del líder que envió una ley que explícitamente indica la prohibición del uso de accesorios o vestimentas que promuevan, hagan apología o alusión a la violencia.

Es decir, alguna alusión a la resistencia palestina, a ideologías como el comunismo o el anarquismo en la vestimenta o en accesorios, bastaría para que, en palabras de Kast, el colegio deje de ser seguro para estudiantes que los usen.

Para despejar cualquier tipo de dudas, esta ley tampoco transformaría la escuela en un espacio seguro para estudiantes que sufran bullying o acoso, pues las denuncias por convivencia, al promulgar esta ley, quedan sujetas a agotar todas las instancias de gestión colaborativa. Además, la misma indica sancionar las presentaciones sin fundamento, bajo el pretexto de evitar la sobrecarga administrativa. Incluso el discurso de “desengrasar el Estado” queda con mayor prioridad que la convivencia escolar.

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Dividir a profesores y estudiantes

Para el caso de los profesores, esta ley viene a imponer el “fortalecimiento de la autoridad docente”. Más precisamente habría que hablar de seducir a los docentes con la ilusión de autoridad, sobre todo al recordar los episodios de violencia extrema en colegios del norte del país. Sin embargo, hay un trasfondo de falta de salud mental, condiciones dignas de educación, transporte, de hogar, etc. Condiciones que no han hecho más que agravarse últimamente.

Pretenden dar la imagen de estar protegiendo a los profesores, facilitando la toma de medidas administrativas, disciplinarias, preventivas y correctivas por parte de ellos. Esto se podría traducir en que un profesor pueda acusar estudiantes, o seleccionarlos para revisión de mochilas, etc. Así, es fácil ver que la ley viene a crear más y peores situaciones de enfrentamiento entre profesores y estudiantes. Por lo tanto, su aplicación muy probablemente traerá mayores episodios de violencia en vez de reducirlos.

De qué autoridad para los profesores se puede hablar si ni siquiera hay guiños en mejorar sus condiciones laborales, al contrario. Los cambios en las asignaturas de los colegios solamente preparan más precariedad laboral y desempleo docente, situaciones que contribuyen al abandono de la profesión. La única autoridad que las clases dominantes están dispuestas a dar a los profesores precarizados, es la de oprimir a estudiantes igual de precarizados. Por supuesto que sin pago de más horas.

Todos sabemos que el fondo del problema de convivencia ni siquiera se alcanza a rasguñar con una ley como esta. Todo lo contrario, viene a perjudicarla gravemente. Una ley que vuelve gendarme a los profesores que se dejen engañar por estas ideas, solamente logrará ponerlos en una posición aún más antagónica con los estudiantes de lo que venía siendo hasta el momento.

Es muy necesario que los profesores vean a través de las intenciones de Kast (que no son transparentes) y reconocer que las conquistas de mejores condiciones laborales son solamente a través de la unión con los estudiantes y demás miembros de la comunidad educativa, y no contra ellos. Lo mismo aplica viceversa.

De mochilas transparentes y cuentas bancarias polarizadas

A simple vista parece bien que dejemos que revisen todo de nuestra vida, pues el popular refrán “el que nada hace, nada teme” parece el argumento absoluto. Quiere decir básicamente que quien cumple la ley, no debería temer la vigilancia. El problema con esta estrecha visión del mundo, es que asume que la ley y la vigilancia son conceptos neutrales existentes en una sociedad de iguales, proposición que tiene al menos 2 grandes mentiras.

Cuando la ley, la autoridad y la vigilancia está completamente en manos de una clase social, se convierten en parte de los medios empleados para oprimir al resto de las clases. Por ello, nunca existió “el que nada hace, nada teme”. Siempre se trató de un “sométete, o teme”. La ley y la vigilancia jamás han constituido razones por las que las clases dominantes deban temer, actúen como actúen.

¿Pero qué veríamos si las mochilas de Kast, de Quiroz, de Hermosilla y de Ponce Lerou fueran transparentes? Solo podemos especular, pues probablemente nunca lo sabremos. Pero lo que sí se puede saber ahora es que, dentro de la lucha que mantenemos con esos sectores, no tiene sentido constreñirnos a reglas a las que la burguesía jamás se va a atar.

Que el pueblo se obligue a atenerse a estándares de pureza, ética y no violencia mientras sus opresores viven de ser unos canallas, no es más que ponerse una soga al cuello. No hay que dejarse llevar por el discurso del que “nada hace, nada teme” si quien lo invoca es el primero de la lista que tiene mucho que esconder.

Kast ya tiene amplio rechazo en las encuestas, al igual que sus reformas impuestas. Sin embargo, por sí solo esto no alcanza para derrotarlo. En el caso de Argentina, Milei viene de hace meses con caída en las encuestas, y algunos procesos de lucha, varios de ellos aislados. Allá el ambiente recién muestra signos de cambio tras derrotar la Ley de Extranjerización de Tierras mediante el rechazo popular, la movilización del pasado 6 de agosto y el resultante retroceso entre los colaboracionistas del gobierno. El cambio en la percepción de la fortaleza del gobierno ha permitido continuar la lucha planificando una Gran Marcha de la Bronca contra Milei.

En Chile solamente estaremos más cerca de derrotar el plan de Kast una vez se haya echado abajo alguna de sus contrarreformas, con la participación activa de las masas. Ese es el camino y es completamente contrario a esperar que las leyes del gobierno sigan empeorando la vida de las masas trabajadoras, hasta que mágicamente salgan a la calle.

La estrategia de los partidos de oposición es todo lo contrario al camino necesario. Es más, cada vez que dejan pasar una ley manteniendo la pasividad entre sus bases, debilitan una posible respuesta de los trabajadores. Esto pues, gran parte de las leyes apuntan a un disciplinamiento de los sectores más estratégicos o más resueltos e influyentes de la clase, como el movimiento estudiantil.


Seba R.

Docente de geociencias.



 

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