En un show montado a la medida de Trump, para intentar capear la severa crisis de popularidad que arrastra su Gobierno, el presidente prometió un "dividendo" de 5000 dólares si los republicanos ganan las elecciones de medio término de noviembre. Una jugada desesperada en tiempo de descuento.

Juan Andrés Gallardo@juanagallardo1
Jueves 10 de septiembre Edición del día

A poco más de 50 días de las elecciones de medio término de noviembre, un acorralado Donald Trump encabezó una inédita reunión de dos días del Partido Republicano en el American Airlines Center de Dallas, Texas. En lo que fue un show montado a la medida del mandatario para intentar capear la severa crisis de popularidad que arrastra su gobierno, el plato fuerte de la cita fue su extenso discurso, que volverá a repetir este jueves junto al vicepresidente JD Vance.
En un gesto que analistas e incluso varios republicanos calificaron como una maniobra desesperada, Trump prometió pagar un "dividendo" directo de 5.000 dólares a cada ciudadano adulto estadounidense si los republicanos logran retener el control de la Cámara de Representantes y del Senado.
En su mensaje, el presidente buscó personalizar completamente la contienda legislativa exigiendo a las bases su apoyo: “Les pido que finjan que estoy en la boleta de votación. Estoy en la boleta, solo una vez más”. Inmediatamente después, lanzó su delirante propuesta financiera: “Si los republicanos ganan, ustedes ganan con nosotros y reciben 5.000 dólares. Se llamará el Dividendo Trump”. En otro tramo del discurso agregó: “Emitiré un dividendo a cada ciudadano adulto de Estados Unidos de América por 5.000 dólares, muy parecido a como una empresa exitosa hace una distribución en efectivo a sus accionistas”.
Este anuncio implicaría un desembolso estatal calculado entre 1,2 y 1,35 billones de dólares para cubrir a los aproximadamente 240 a 270 millones de adultos del país. Pese al volumen astronómico de la cifra, Trump no aclaró en ningún momento de dónde saldría el dinero para financiar semejante gasto en medio de un déficit fiscal que ya roza los 1,8 billones anuales y una deuda nacional que bajo Trump llegó al récord de 40 billones de dólares.
Posteriormente, el vicepresidente JD Vance intentó justificar la promesa afirmando que el dinero provendría de la recaudación de los aranceles internacionales, aunque economistas y analistas señalan que los ingresos arancelarios están a años luz de cubrir un cheque de esa magnitud, más aún cuando Trump tuvo que retroceder en la mayoría de sus amenazas en materia arancelaria y el resto no llega a cubrir sus déficit recurrentes.
Esta reunión partidaria en Texas no fue una convención nacional propiamente dicha —las cuales se celebran únicamente en los años de elecciones presidenciales para oficializar las candidaturas a la Casa Blanca y la plataforma del partido—. Se trató, en cambio, de una escenografía orquestada para atizar el clima de campaña y apuntalar la debilitada figura del presidente. Las encuestas muestran un panorama sumamente adverso para el oficialismo republicano, proyectando un claro avance demócrata en la Cámara Baja y un escenario sumamente disputado en el Senado, impulsado por un índice de aprobación presidencial colapsado entre el 35% y el 38%.
Las causas detrás del declive trumpista, y republicano, sos múltiples. En primer lugar la intervención militar desatada de manera conjunta con Israel xontra Irán no logró sus objetivos y mostró la debilidad estratégica de Washington en Medio Oriente. La guerra provocó una severa perturbación en el suministro energético que disparó el precio del petróleo por encima de los 100 dólares por barril, derivando en un alza generalizada de la nafta en los surtidores estadounidenses (alcanzando promedios de 4,10 dólares por galón) que rápidamente se trasladó a los precios del costo de vida, generando un profundo malestar en la población.
En segundo lugar, las operaciones militares y las exenciones impositivas empujaron la deuda pública estadounidense a superar la barrera histórica de los 40 billones de dólares, una cifra récord que golpea la línea flotante de un gobierno que prometió sanear la economía.
Trump tampoco navega en aguas calmas dentro de su propio partido. La guerra en Irán y la alianza incondicional con Israel dinamitaron la coalición de apoyo a Trump, profundizando la brecha entre la facción aislacionista de "America First" y el sector militarista de la agenda MAGA.
Finalmente, Trump también ha venido enfrentando una reciente resistencia social tanto ante sus políticas más brutales y autoritarias como hacia la cacería desatada contra los migrantes en todo el país. Su política bonapartista de deportaciones masivas mediante los métodos represivos del Servicio de Inmigración y Control de Aduanas (ICE) provocó una ola de indignación popular. Estas medidas fueron respondidas con movilizaciones multitudinarias como las marchas "No Kings" —que convocaron a millones de manifestantes en todo el país— y por procesos de huelga y organización obrera e comunitaria en ciudades como Minneapolis, Esto sin embargo no evitó que Trump insista en mantener estas redadas extremando la violencia en estados donde actúa en sintonía con los poderes locales.
Ante este sombrío panorama, el recurso de prometer cheques electorales no representa más que un acto de desesperación. No es la primera vez que el magnate apela a estos anuncios: a comienzos de su segundo mandato prometió un "dividendo DOGE" de 5.000 dólares derivado de los recortes impulsados por Elon Musk; luego insinuó la entrega de cheques de 2.000 dólares financiados por los aranceles; y posteriormente calificó como "dividendo guerrero" un pago de 1.776 dólares a los militares que no era más que una asignación de vivienda ya aprobada previamente por el Congreso. Ninguna de las promesas de dinero en efectivo a la población civil llegó a concretarse jamás. Trump se ha convertido en un experto en promesas que no culmple o de las cuales retrocede rapidamente.
La propia convención dejó al descubierto las crecientes fracturas dentro del Partido Republicano. Varios legisladores y candidatos en distritos competitivos optaron por ausentarse del evento en Dallas para no quedar pegados a la devaluada imagen de Trump a pocas semanas de abrir las urnas.
La desesperación exhibida en Texas refleja la realidad que enfrenta la Casa Blanca: de concretarse los pronósticos y perder el control de una o ambas cámaras del Congreso en noviembre, Trump quedará convertido en un verdadero "pato rengo" por el resto de su mandato. Se trata de un escenario de pesadilla para un líder con pretensiones autoritarias que intenta mostrarse omnipotente ante el mundo, pero que se ve obligado de manera recurrente a recalcular y retroceder ante la resistencia de otras potencias mundiales, la oposición social interna, y las contradicciones de su propia gestión.

Juan Andrés Gallardo
Editor de la sección internacional de La Izquierda Diario
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