Primer 11 de septiembre bajo el gobierno de Kast, un presidente que defendió el Sí, que visitó a Krassnoff y que ha sido abierto defensor del dictador. Su propósito como gobierno es profundizar la herencia de Pinochet. El nuestro, debe ser hacerle frente, y en esa disputa, fortalecer la lucha por el socialismo desde abajo. Ese es el mayor homenaje que podemos hacerle a las y los caídos.

Dauno TótoroSantiago
Jueves 10 de septiembre 06:54

Este año hacemos memoria del pasado. Conmemoramos a los jóvenes, trabajadores y pobladores que dieron su vida combatiendo la dictadura. Aquellos que fueron traicionados por el pacto de transición que sentó las bases para la continuidad de la herencia de Pinochet, y que dejó en pie los pilares de la misma, con el dictador a la cabeza de las Fuerzas Armadas y luego cómodamente sentado en el Senado.
Conmemoramos la historia. Esa historia de revolución y rebeldía de aquellos que en los 70 en Chile se atrevieron a tomar el destino en sus propias manos, esa generación que estuvo dispuesta a tomar el cielo por asalto.
Reivindicamos la memoria de los cordones industriales, aquellos gérmenes de poder de los trabajadores que la prensa de la burguesía y el propio dictador llamó “cordones de la muerte”, demostrando tanto el desprecio como el terror que generó en los dueños de Chile la capacidad de autoorganización de la clase trabajadora.
Los cordones, si se extendían, si se organizaban centralizadamente y se unían a pobladores, comunidades y otros sectores, podrían haber constituído un poder de la clase trabajadora alternativo al Estado, una fuerza poderosa que podría haber derrotado el golpe y la contrarrevolución sangrienta que ya se gestaba desde 1970 entre empresarios, militares y el imperialismo norteamericano.
De hecho, desde aquellos sectores avanzados de la clase trabajadora chilena de los 70, comenzaron a cuestionar incipientemente la estrategia institucional de Allende, su permanente búsqueda de acuerdos con la Democracia Cristiana, e incluso la represión que vivieron en carne propia durante la Unidad Popular, que finalmente fue utilizada como preparación represiva por parte de las fuerzas policiales y armadas.
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Si ese proceso se profundizaba, podría haber cambiado la historia del país, y por qué no, de la región. Contra ellos fue la dictadura: contra la clase obrera más consciente de América Latina.
En esta fecha el presente nos interpela. Hoy, los más fieles herederos de Pinochet están en el gobierno. Kast y los dueños del país vienen impulsando una verdadera ofensiva antipopular. Se expresa en la megarreforma tributaria y sus regalías para los grandes empresarios, la contrarreforma laboral esclavista que están preparando, y la reforma constitucional que incluye medidas peligrosas y aberrantes como el Estado de Excepción Constitucional por seguridad pública que busca otorgarle facultades dictatoriales al Presidente para reprimir la movilización y a las disidencias políticas. Además de ataques graves como el bencinazo que afectó severamente el bolsillo de las familias.
Su mandato es claro: defender los intereses de los poderosos del país, profundizar el legado del dictador y aumentar los niveles de saqueo al medioambiente y superexplotación a las y los trabajadores.
Y esto no es sólo un fenómeno nacional: es parte de los gobiernos de extrema derecha en América Latina. Lo vimos gráficamente con la patética presentación de Milei en el Foro Madrid reivindicando el golpe y la dictadura.
Kast, Milei, De La Espriella, Fujimori, sus objetivos son comunes hacia el continente, son enemigos de los pueblos y de las clases trabajadoras. Son la punta de lanza de un proyecto de saqueo y miseria, que representa los intereses reforzados del imperialismo norteamericano en la zona, con Trump y su doctrina “Donroe” a la cabeza. Quieren tener mayor control de su “patio trasero” para aumentar la ganancia de los capitalistas.
Pero esto no es debido a su fortaleza, sino por debilidad. Hoy asistimos a una crisis del capitalismo a nivel global. La farsa del crecimiento armónico a demostrado sus límites, la disputa entre potencias cada vez es más abierta, la economía no crece a los ritmos de antaño y el propio imperialismo se concentra en su “hemisferio de influencia” porque se sabe incapaz de mantener su hegemonía mundial. La derrota o empantanamiento en su guerra criminal contra Irán lo demuestran de manera clara.
El capitalismo enseña que no tiene más que ofrecer que mayor explotación, destrucción medioambiental, guerras y genocidios como ocurre en Palestina.
Pero si actúan como bravucones y provocadores, Trump, Milei, Kast y compañía, es porque saben que son más débiles de lo que parecen. No sólo porque las elecciones han sido reñidas en Perú y Colombia, no sólo porque la desaprobación de sus gobiernos crece cada mes y el descontento se amplía, sino también porque poco a poco comienza a aparecer en escena un elemento mucho más profundo: la lucha de clases, la lucha de las clases trabajadoras, populares y de la juventud, en América Latina y el mundo.
Este 11 de septiembre conmemoramos para prepararnos para el futuro. Estos gobiernos de extrema derecha están cruzados de contradicciones, y la lucha de clases vuelve a entrar en escenas.
Ya se vio en la región con la heroica rebelión popular en Bolivia. En Estados Unidos ha habido masivas protestas contra Trump y todavía pesa el recuerdo reciente de las luchas en Minneapolis contra ICE y la represión. El movimiento por Palestina y contra el genocidio ha marcado el despertar de una generación que desarrolla una consciencia anti imperialista.
En Chile, poco a poco, la juventud viene levantándose y organizándose para resistir a Kast y sus ataques. Ha sido la juventud históricamente quien ha enfrentado la herencia del dictador: lo hizo el 2019 en la rebelión popular, en la lucha estudiantil del 2011 que hizo temblar a Piñera, en las movilizaciones pinguinas del 2006 e incluso combatiendo la dictadura en los 80.
Y junto con la lucha de clases, emergen diversas expresiones por izquierda a nivel internacional. Parte de esos mismos fenómenos es el de Myriam Bregman en Argentina, que lleva semanas siendo la política mejor evaluada. Myriam es diputada y parte de nuestra corriente internacional Corriente Revolución Permanente, y con la fuerza de su impacto político, nuestros compañeros del PTS en Argentina vienen levantando comités por Myriam organizando a cientos y miles para hacer frente a Milei.
Nos hermana a ambos lados de la cordillera la lucha contra la extrema derecha y contra el imperialismo. Compartimos esa perspectiva común, pero también una mucho mayor y más profunda, somos parte de una misma corriente internacional que lucha por el socialismo desde abajo, por la emancipación de la humanidad toda, la liberación del mundo de las garras del capitalismo, tal como luchó esa generación de trabajadores y jóvenes en los 70 y que estuvieron dispuestos a dar sus vidas por enfrentar este sistema.
Luego de cuatro años de gobierno de Boric que le abrió el camino a la extrema derecha, que gobernó con la agenda de la derecha en materia de seguridad, vemos la urgencia de construir una alternativa política independiente, que no alimente ilusiones en la institucionalidad de este Estado, que lo úncio que terminan haciendo es desmoralizar a las grandes mayorías y permitir que avancen personajes como Kast.
A 53 años del golpe buscamos ser hilo de continuidad de aquellos trabajadores de los cordones que comenzaban a cuestionar la dirección oficial de la Unidad Popular, y que se podrían haber propuesto construir un poder de la clase trabajadora para derrotar a la contrarrevolución y abrir el camino hacia el socialismo desde abajo.
En esta fecha reafirmamos entonces nuestra lucha para que la clase trabajadora tenga su propia herramienta de liberación, que conquiste un partido político de la clase obrera, que sea socialista, revolucionario, internacionalista y clasista.
Porque es justamente la organización política común, el partido, la herramienta que puede vincular, tejer y unir el pasado, con el presente y el futuro, ser el canal para condensar las lecciones de los tiempos pasados que nos permita fortalecernos de cara a los desafíos que se aproximan, para que en un próximo momento decisivo, tal como ocurrió en los 70, esta vez tengamos la fuerza necesaria, la experiencia suficiente, el aprendizaje colectivo para doblarle la mano a la historia, al destino que nos han querido imponer, y que podamos vencer, y abrir el horizonte hacia una sociedad libre de explotación, miseria y opresión, una sociedad comunsita.
Esa pelea colectiva cotidiana, es, siempre, el mayor homenaje a las y los caídos, que en esta fecha, a 53 años del golpe, conmemoramos como banderas de nuestra propia lucha.

Dauno Tótoro
Dirigente del Partido de Trabajadores Revolucionarios (Chile), y ex candidato a diputado por el Distrito 10.
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