lunes, 9 de marzo de 2026


https://www.laizquierdadiario.cl/Por-la-derrota-de-Estados-Unidos-e-Israel-Abajo-la-guerra-imperialista-de-Trump-y-Netanyahu-contra


Declaración internacional. ¡Por la derrota de Estados Unidos e Israel! ¡Abajo la guerra imperialista de Trump y Netanyahu contra Irán!






Publicamos a continuación la declaración internacional de la Corriente Revolución Permanente - Cuarta Internacional (CRP-CI). Ante el acto de guerra imperialista orquestado por Donald Trump y Benjamin Netanyahu contra Irán, es necesario defender la derrota de la agresión militar imperialista de Estados Unidos e Israel.

La ofensiva militar coordinada entre Estados Unidos y el Estado colonialista de Israel contra Irán, mediante bombardeos aéreos y ataques en múltiples ciudades, es una guerra de agresión imperialista. Estamos ante un cambio de estrategia por parte de Donald Trump, antes reservada a objetivos limitados sobre el programa nuclear iraní, y ahora dirigida a imponer una durísima derrota y someter al pueblo iraní a las órdenes de la Casa Blanca.

Los ataques combinados de Washington y Tel Aviv, los mismos responsables del genocidio del pueblo palestino en Gaza, ya han asesinado a cientos de civiles iraníes (incluyendo decenas de niñas en una escuela del sur del país), destruido decenas de activos de infraestructura en Teherán y en el resto del país, así como provocado el asesinato del ayatolá y líder supremo iraní Ali Khamenei. Junto a ello, se eliminó un contingente de la cúpula política y militar del régimen, incluyendo al consejero del ayatolá, Ali Shamkhani, al jefe de las Fuerzas Armadas Abdolrahim Mousavi, al ministro de Defensa Aziz Nasirzadeh y al comandante de la Guardia Revolucionaria de Irán, Mohammad Pakpour.

Se abre con ello una dinámica imprevisible, con consecuencias profundas y potencialmente desestabilizadoras para todo Oriente Medio, con tendencias abiertas a una guerra regional. Tanto más que Pete Hegseth, ministro de guerra de Trump, afirmó que no hay un ’fin a la vista’ para la agresión. Israel ha lanzado una campaña de ataques sobre el Líbano y su capital, Beirut, causando decenas de muertos en pocas horas, mientras las milicias de Hezbolá lanzan misiles contra Israel como respuesta al asesinato de Khamenei. Por el lado de la economía, la alza de los precios del petróleo a más de 10% dan una idea de los efectos sociales más generales.

Desde el inicio del ataque, uno de los objetivos manifiestos de Trump era, por primera vez, operar con medios militares un cambio de régimen (regime change), asumiendo para sí elementos de la catastrófica política neocon empleada en las guerras imperialistas contra Irak y Afganistán a comienzos de los años 2000. Del lado de los imperialistas europeos, Francia, el Reino Unido y Alemania han manifestado su intención de participar activamente en los ataques contra Irán y en la escalada imperialista, auxiliando Trump desde una posición subordinada, como señalan diversos analistas.

Esta agresión imperialista es la continuidad directa de la política de genocidio y limpieza étnica cabal contra el pueblo palestino, llevada adelante por Netanyahu con el apoyo incondicional de Estados Unidos. La justificación del ataque contra Irán —tras semanas de negociaciones que se desarrollaban bajo la amenaza de la concentración en la región de la más importante marina de guerra desde la Guerra de Irak en 2003— es la negativa de Irán a aceptar el desarme completo del país. EE. UU. exigía no solo la desactivación del programa nuclear nacional sino incluso el abandono de los misiles balísticos, que constituyen la única defensa eficaz del país persa. Esta exigencia de rendición total de una nación oprimida, asediada durante décadas por Washington con duras sanciones económicas, está al servicio también de que el Estado terrorista de Israel pueda consolidar su posición militarmente hegemónica en Oriente Medio. Para terminar de redibujar el mapa regional a su imagen y semejanza, en medio del genocidio palestino y el robo de las tierras de Palestina mediante el avance de los asentamientos colonizadores sobre Cisjordania, Israel necesita debilitar y condicionar a Irán, ya sea mediante un gobierno amigo y proimperialista, ya sea mediante un destino similar a la fragmentación estatal de Siria.

Además, se trata de una agresión imperialista que sigue al acto de guerra colonialista-extractivista de Estados Unidos contra Venezuela, parte de la nueva doctrina de Seguridad Nacional estadounidense, que exige el control absoluto del “Hemisferio Occidental”. Junto a la guerra contra Irán, tales expresiones del belicismo imperialista tienen como telón de fondo el intento reaccionario de revertir la acelerada decadencia hegemónica de Estados Unidos, en medio de la disolución del viejo orden liberal y del llamado “orden internacional basado en reglas”. Se busca enviar una advertencia a todos los pueblos del mundo que piensen en desafiar los dictados de Washington. No en vano, Trump busca también asfixiar la economía de Cuba, habiendo ya prohibido el envío de petróleo venezolano, declarado un boicot petrolero imponiendo sanciones a países que envíen hidrocarburos, y ahora intentando disminuir las entregas petrolíferas iraníes a la isla, con el objetivo de extinguir lo que queda de las conquistas de la Revolución Cubana de 1959.

También busca, si tiene éxito, ir cortando las vías de suministro de petróleo de China, con la cual el régimen de los ayatolás ha tenido históricamente una relación especial.

Por todo ello es imperioso levantar, categóricamente, la derrota política y militar de Estados Unidos e Israel en Irán . La izquierda antiimperialista, socialista y revolucionaria debe defender incondicionalmente la derrota de Estados Unidos e Israel (así como de las potencias europeas que los apoyan), es decir, estar inequívocamente en el campo de la nación oprimida contra la nación opresora .

Nosotros, de la Corriente Revolución Permanente, defendemos esta postura antiimperialista con la más absoluta independencia de clase frente al régimen antiobrero, represivo y reaccionario de los ayatolás. Porque ninguna emancipación ni libertad para la clase obrera, las mujeres y el pueblo iraní podrá venir de la mano de las bombas o las intervenciones del imperialismo y el Estado de Israel, que lleva adelante un genocidio.

El régimen político teocrático y ultraconservador, hasta ahora liderado por Ali Khamenei, es un enemigo implacable de las masas trabajadoras y populares de Irán, responsable de la persecución a las mujeres (emblemáticamente simbolizada en el asesinato de la joven kurda Mahsa Amini en 2022), a los kurdos y de la represión a las huelgas obreras en el país. En enero, Khamenei orquestó una masacre contra miles de manifestantes, ahogando en sangre las protestas por demandas legítimas, contra los efectos de la miseria, el hambre y la crisis económica nacional que recayeron sobre las masas. Efectivamente, la dictadura teocrática de los ayatolás surgió de la expropiación política de la Revolución Iraní de 1979, el más orgánico de los procesos revolucionarios en Oriente Medio, que derrotó a Mohammad Reza Pahlevi y a los EE. UU., dando origen a los shorás (consejos obreros), que en su desarrollo podrían haber abierto una nueva situación regional, pero que fueron brutalmente reprimidos por el aparato represivo clerical.

Esta es la raíz de este régimen y de su accionar represivo contra las masas como método de sustentación en el poder. Esta conducta ha perjudicado sistemáticamente la preparación del enfrentamiento y de la resistencia antiimperialista en Irán. Es mucho más difícil para la población trabajadora iraní, las mujeres y la juventud, enfrentar al imperialismo estadounidense y al sionismo colonialista, las fuerzas más contrarrevolucionarias de la actualidad, teniendo sobre sí la represión sistemática del reaccionario régimen de los ayatolás. Por eso, la derrota de Estados Unidos e Israel sólo puede llevarse adelante con total independencia política frente al gobierno y las burguesías regionales.

Como escriben distintos analistas, Irán no es Venezuela. Está situado en una región convulsiva, minada por décadas de destrucción orquestadas por Estados Unidos, Israel y el imperialismo europeo (Francia, Inglaterra, Alemania, Italia, Estado español), asediado por la crisis migratoria y con un largo historial de enfrentamientos contra intervenciones imperialistas. Además, Irán, que es asfixiado por Estados Unidos con duras sanciones económicas desde la Revolución de 1979, cuenta con más recursos militares y geopolíticos que Venezuela, aunque hayan sido degradados desde 2023, en especial las milicias pro iraníes. Fruto de los ataques sionistas-estadounidenses, Irán respondió con el lanzamiento de misiles balísticos contra Israel y numerosas bases militares de EE.UU. —Al Udeid en Qatar, Al Dhafra en Emiratos Árabes Unidos, Ali Al Salem en Kuwait, Erbil en Irak, así como el cuartel general de la V Flota en Baréin— y realizó ataques contra barcos en el Estrecho de Ormuz, vía estratégica para el petróleo del Golfo. Misiles iraníes destruyeron edificios en Tel Aviv y provocaron la muerte de israelíes en Beit Shemesh, así como de militares estadounidenses. Además, miles de manifestantes salieron a las calles en Irán para protestar contra los ataques imperialistas, y embajadas y consulados de EE.UU. sufrieron ataques de la población en países como Pakistán, Irak e India.

En otras palabras, la dinámica de la guerra y sus resultados dependerán del nivel de resistencia y represalia en curso por parte de Irán. Trump hizo una apuesta arriesgada. En ningún lugar del mundo, y mucho menos en Oriente Medio, Estados Unidos logró estabilizar operaciones de “cambio de régimen” confiando exclusivamente en ataques aéreos. Donde invadió con tropas terrestres, como en Irak y Afganistán, sufrió derrotas históricas, además de haber generado fuerzas hostiles a la presencia estadounidense en la región. En Irán, entrar con “botas en el terreno” no es una opción simple para Trump: aunque no se pueda descartar, la vastedad del territorio iraní, la posibilidad de cierre del estratégico Estrecho de Ormuz, los recursos internos disponibles y el odio regional hacia EE.UU. dificultan aún más una operación semejante. Internamente, existe un rechazo aplastante en la población estadounidense (inclusive en la base republicana) contra cualquier invasión militar. Más aún, teniendo en cuenta el debilitamiento del propio Trump dentro de EE. UU., con el débil desempeño de la economía y especialmente con las protestas nacionales y la huelga general de Minneapolis contra el ICE y su política antiinmigratoria, responsables de la primera derrota del gobierno en el terreno de la lucha de clases. Que Trump haya pasado de prometer “terminar con todas las guerras” a involucrarse en una guerra a gran escala en Medio Oriente, puede profundizar esas contradicciones.

En este escenario, algunos dentro de la izquierda ponen al mismo nivel la intervención imperialista y el régimen reaccionario de Irán —como hace el NPA-L’Anticapitaliste francés— sin entender que, más allá de una cuestión elemental del marxismo (la diferencia entre países opresores y oprimidos), es una obligación de los revolucionarios posicionarse en el campo de los oprimidos, a pesar del carácter reaccionario de su dirección. Otros se limitan a exigir el fin de la guerra, como los Democratic Socialists of America (DSA), sin levantar la bandera imperiosa de la derrota del propio imperialismo, Estados Unidos, e Israel. Además, sugieren el “retorno de EE.UU. a la diplomacia”, como si este medio de extorsiones y chantajes alegadamente institucionales de Trump fuese una salida para las miserias del pueblo iraní, oprimido por décadas por la misma diplomacia económica y política de Washington.

Es urgente desarrollar la movilización internacional de los trabajadores y de los pueblos oprimidos, en Oriente Medio y en todo el mundo, por la derrota de Estados Unidos e Israel, por el triunfo de la nación oprimida, con total independencia política frente al régimen iraní. Se trata de una tarea de primera orden para la unificación en la acción de la izquierda antiimperialista y socialista, del movimiento pro-Palestina y de la lucha antiimperialista en todo el mundo. En especial en Estados Unidos (cuya población hizo retroceder a Trump en su política anti inmigratoria) y en todos los países centrales. Tal política es una pieza indispensable para luchar por la expulsión del imperialismo estadounidense de Venezuela y de Cuba, así como por el fin del genocidio en Palestina.

¡Abajo la guerra imperialista contra Irán! ¡Por la derrota de Estados Unidos e Israel! ¡Por la retirada total de las tropas estadounidenses de la región! ¡Abajo el genocidio del pueblo palestino! ¡Por un gran movimiento mundial contra la agresión imperialista, con la clase trabajadora y la juventud de todo el planeta!

2 de marzo de 2026
Corriente Revolución Permanente - Cuarta Internacional


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