La izquierda antiimperialista en Estados Unidos debe convocar urgentemente a movilizaciones masivas para derrotar esta agresión imperialista.
El presente artículo fue publicado originalmente en inglés en el sitio Left Voice, parte de la Red Internacional La Izquierda Diario y de nuestra organización internacional la Corriente Revolución Permanente.
El ataque conjunto de Estados Unidos e Israel contra Irán es un acto de guerra imperialista. Los ataques con misiles contra ciudades de todo Irán ya han matado a cientos de civiles, incluidas niñas de una escuela primaria. Este ataque se produce tras años de sanciones de "máxima presión" y diversos intentos de cooptar las protestas populares en Irán para un cambio de régimen, con el imperialismo estadounidense e Israel instrumentalizando las protestas de diciembre, que fueron duramente reprimidas. Los ataques militares anteriores contra Irán, en particular la Guerra de los Doce Días, fueron más limitados, con el objetivo de socavar su capacidad militar como potencia regional capaz de desafiar el dominio estadounidense e israelí en Oriente Medio.
Trump persigue una agenda maximalista de cambio de régimen, exigiendo que Irán abandone por completo su programa nuclear. Tales exigencias despojarían a Irán de cualquier atisbo de soberanía. Sin embargo, Trump parece carecer de un plan estratégico claro ahora que Jamenei y otros altos líderes iraníes han sido asesinados, pero el régimen parece capaz de mantener el control. Irán ahora está tomando represalias contra los países del Golfo que albergan bases militares estadounidenses.
A falta de una estrategia estadounidense más amplia, algunos analistas sugieren que Israel ha ganado más libertad para dictar la escalada militar contra Irán, lo que refleja una tendencia en la que las potencias regionales están tomando mayor iniciativa ante la decadencia de la hegemonía estadounidense.
El asesinato de Jamenei es, sin embargo, una victoria táctica para Trump, que podría aumentar la presión sobre el Partido Demócrata antes de la votación sobre los poderes de guerra. Durante el fin de semana, importantes sectores de los medios estadounidenses, como el Wall Street Journal, comenzaron a aceptar o incluso a elogiar abiertamente la operación.
A nivel regional, el régimen iraní es una importante potencia militar y también económica (con vastas reservas de petróleo y el control del Estrecho de Ormuz). Sin embargo, sigue oprimido por el imperialismo estadounidense. Estados Unidos mantiene vastos activos militares, bases y tropas en toda la región, mientras que Israel actúa como un perro de ataque con armas nucleares, liderado por un gobierno decidido a derrocar al régimen de Irán. Además, Estados Unidos emplea la guerra económica para subordinar a Irán. Irán se ha visto aún más debilitado por las victorias tácticas (pero no estratégicas) de Israel sobre aliados iraníes clave, como Hezbolá en el Líbano, Hamás y el régimen de Assad en Siria, aunque Hezbolá parece estar cada vez más involucrado en el actual conflicto militar.
Tras lanzar la "Operación Furia Épica", Trump instó a los iraníes a derrocar su régimen. Sin embargo, dado que no se ha producido un levantamiento claro en Irán y que el régimen, según se informa, se mantiene firme, Trump parece estar impulsando negociaciones para poner fin a la guerra rápidamente. Irán ha rechazado estas propuestas, buscando escalar el conflicto y convertirlo en una guerra regional de mayor envergadura, lo que probablemente incrementará los costos para Trump e Israel. El ataque y el asesinato de Jamenei lo han convertido en un mártir, fomentando una mayor unidad nacional en Irán e incitando protestas más allá de sus fronteras en Pakistán, Irak y Cachemira.
Una guerra prolongada podría ser contraproducente para Trump, ya que el ejército estadounidense se ve sobreextendido. Tanto Estados Unidos como Israel cuentan actualmente con bajos arsenales de misiles. Mientras tanto, Trump debe sortear las tensiones de su estrategia imperialista, intentando afirmar su dominio estadounidense sin verse envuelto en diversos conflictos. Estas tensiones se hicieron evidentes cuando no pudo desplegar rápidamente activos navales estadounidenses en Irán durante las recientes protestas, debido a la concentración de fuerzas en el Caribe. Incluso antes de estos ataques, el principal portaaviones estadounidense sufrió retrasos debido al mal funcionamiento de los sanitarios. Todo esto refleja la capacidad militar estadounidense al límite.
A pesar de estas debilidades, el equilibrio de fuerzas sigue favoreciendo a Estados Unidos, que aún ostenta el mayor ejército del mundo (superando con creces al de Irán) y una importante influencia económica. Estados Unidos también goza de apoyo internacional para su agresión, con regímenes árabes que actúan para interceptar los contraataques iraníes a bases estadounidenses y un coro de líderes europeos que denuncian de inmediato la "agresión" de Irán, como si el país no acabara de ser atacado. Francia, el Reino Unido y Alemania incluso han ofrecido recursos militares y apoyo para las operaciones "defensivas" de Estados Unidos. Otros aliados, como Canadá y Australia, se han alineado inequívocamente con Estados Unidos. China y Rusia han condenado el ataque estadounidense-israelí y han buscado proteger diplomáticamente a Irán, pero no llegan a brindar respaldo militar directo para evitar un conflicto frontal con el imperialismo, proteger sus intereses económicos y preservar a Irán como un socio útil pero prescindible.
En general, existe un amplio consenso estratégico entre los demócratas sobre la contención de Irán y la preservación de la supremacía estadounidense, pero esto no equivale a un fuerte apoyo al ataque actual. Es probable que el establishment demócrata utilice al Congreso para limitar las acciones militares de Trump y contener el sentimiento antibélico. El New York Times informó que las encuestas indican una contradicción en la opinión pública: sólo alrededor del 21 % de los estadounidenses está a favor de un ataque estadounidense contra Irán, pero aproximadamente la mitad describe el programa nuclear iraní como una amenaza "extrema" o "muy" grave, y aproximadamente seis de cada diez ven a Irán como un enemigo. Esto sugiere que, si bien hay poco interés en otra guerra, amplios segmentos de la población aún aceptan la narrativa de seguridad central que presenta a Irán como una amenaza permanente, lo que los hace desconfiar del criterio y los métodos de Trump en lugar de oponerse directamente al dominio estadounidense. Todas las declaraciones de los demócratas se mantienen dentro del marco general del régimen bipartidista, instando al Congreso a "ejercer sus poderes de guerra" sin cuestionar fundamentalmente el consenso de seguridad más profundo que presenta a Irán como una amenaza permanente, justificando así la acción ofensiva estadounidense.
Entre quienes expresan su descontento con la política de Trump se encuentran Marjorie Taylor Greene y Tucker Carlson, quienes reflejan una facción dentro del movimiento MAGA (Hacer a América Grande Nuevamente) cansada de las guerras posteriores a las de Irak y Afganistán. Este resentimiento no se basa en el internacionalismo, sino en la frustración por "financiar" guerras que se perciben como intereses extranjeros, sumada a la creencia nacionalista de que la fuerza estadounidense debe reservarse para la defensa directa de los "verdaderos estadounidenses". Si bien actualmente no se percibe una gran oposición contra la guerra en las calles, un conflicto prolongado y el aumento de las bajas podrían fácilmente ser contraproducentes para Trump, creando una mayor división con algunos sectores de su base.
La izquierda antiimperialista en Estados Unidos debe convocar urgentemente a movilizaciones masivas para derrotar esta agresión imperialista. Este movimiento debe abarcar a todos los sectores que se organizan contra Trump, incluyendo a los millones de personas movilizadas en torno a las protestas de No Kings, el movimiento por Palestina, las ONG y las comunidades que se oponen al ICE, así como otros grupos que resisten a la extrema derecha. Necesitamos un movimiento antibélico y antiimperialista en nuestras calles, lugares de trabajo y escuelas, que se oponga a la ofensiva imperialista contra el pueblo iraní. La movilización en las calles, con el protagonismo de los trabajadores, es crucial para contrarrestar la postura del Congreso como un supuesto freno al imperialismo. Dentro de un movimiento más amplio, la izquierda socialista debe desarrollar una perspectiva de independencia de clase que abogue por la derrota militar de Estados Unidos, manteniendo al mismo tiempo una total independencia de la agenda política del régimen iraní.



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