miércoles, 4 de febrero de 2026


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Campesinos, cercas y diáspora

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«Yo, como hija de la diáspora nacida en la cultura del progreso, como mutante, necesité de Linebaugh, de Federici, de Moreno, Caballud, de Berger, de Marx y de Haraway para entender…»

Vaya por delante que Brigitte Vasallo (Barcelona, 1972) se reivindica como charnega y su posición es clara del lado de quienes son marginados, despreciados o ninguneados como si fuesen seres incompletos, les faltase algo, no respondiendo a las normas debidas según la visión de quienes, raza de señores, todo lo clasifican y lo jerarquizan, de quienes lo tienen todo claro y con tal claridad reparten carnets de primera o de segunda clase o… No se ocultan los nombres propios de algunos personajes de dicha calaña.

Antes de nada diré que llama la atención, al leer la solapa del libro la procedencia de la mujer y su falta de estudios universitarios, cuando por otra parte constan en el currículum que se ofrece diferentes ocupaciones laborales, entre ellas alguna académica, súmese que en la lectura de su «La fosa abierta. Anarchivo emocional de un milagro económico», editado por Anagrama, en su colección Argumentos, la acumulación de informaciones, referencias de ensayos, y de textos teóricos brilla por su deslumbrante y hasta apabullante presencia, presencia, que convierte las páginas del libro en un patchwork, en un collage, no sé, pero con un eje que las atraviesa con un clarísimo objetivo: denunciar el éxodo forzado de los habitantes de zonas rurales a urbanas en las que a la vez que cumplen funciones que nadie quiere cumplir, limpiar las mierdas y similares, son vistos y tratados con absoluto desprecio a pesar de que colaboran de manera sustancial en el enriquecimiento del lugar al que llegan: desde el vienen a robarnos el trabajo, al no son como nosotros, son incultos, no son civilizados como nosotros, analfabetos que no hablan, o al menos no dominan nuestra lengua, y si hablan en ella la destrozan con sus acentos imposibles, a la vez que vienen a delinquir y a acabar con nuestra buenas costumbres, las mejores. Es el discurso actual de los sembradores de odio y en mi mente resuena aquella copla de los chicos de Decibeliosel mejor siempre será el equipo local.

Vasallo entrelaza sus experiencias familiares y locales, de Chandrexa de Queixa, y la historia política hispana, con las leyes franquistas y transitorias que suponen diferencias entre ciudadanos y silenciamiento de las voces de algunos: digamos que de los de abajo. Con el eje señalado, avanza el libro ofreciendo páginas de historia, confesiones de diferentes protagonistas, cuitas familiares y de la aldea nombrada, sin faltar toda una retahíla de datos, fechas, leyes, historias e Historia, aportando cifras y etimologías varias acerca de las palabras que son usadas para estos seres a los que se les ha negado su identidad, su voz, sus costumbres, creándose en torno de ellos un vacío, un olvido y un desprecio.

Son visitadas diferentes épocas, leyes, de Montes, y disposiciones y los nombres propios de quienes las dictan (Jovellanos, Carlos III), cuyos nombres encabezan diferentes desamortizaciones (Madoz, Mendizabal) que de hecho dejaron absolutamente desamparados y vendidos a los más pobres que debían trabajar para otros, en régimen de servidumbre, al quedarse sin nada, lo que les hacía marchar a la ciudad donde les esperaba la mendicidad, en caso de no encontrar trabajo, y su represión con leyes como la de Vagos y Maleantes…Se desvelan las políticas franquistas, y la Iglesia como fiel acompañante, de cara al vaciamiento del campo y la emigración forzada de sus habitantes -podría decirse expulsión- y la deslocalización, en bolsas de no-lugares ajenos a los Lugares, con mayúsculas. Entre 1945 y 1975 hubo seis millones de desplazados en el estado español, fruto del milagro económico; al hablar de lugares no solamente ha de entenderse en el terreno topológico sino también cultural, moral (de mos, moris = costumbres), relacional, lingüístico, etc. Un mapa vacío, con una gramática imposible…y la pretensión aireada de de no hacernos víctimas, sino de hacernos sujetos de la historia.

Con una interrogación y su correspondiente respuesta, a modo de mantra, se inician diferentes entradas ¿Por qué éramos pobres? Y las contestaciones que son justificaciones, con resonancias de servidumbre voluntaria, de aceptación del estado de cosas: la tierra es muy mala, había mucha miseria, éramos ignorantes, nuestra familia siempre fue pobre, no teníamos tierras, teníamos muchos hijos, éramos pobres porque éramos pobres, tautología al canto.

Diferentes geografías son visitadas, la gallega, la catalana y la italiana, en especial, aportando informaciones sobre las diferencias /divergencias en presencia, y los diferentes calificativos para los recién llegados: xarnegos, coreanos, maketos, salvajes, paganos, tontos, paccchianos, analfabetos, inmorales, viciosos, raza degenerada, …y los epítetos despectivos y de animalización se amplían con recurso a celebridades varias como Voltaire, Thimoty Nourse y los siempre píos clérigos…emitiendo verbos rezumando caridad y amor al prójimo, como es debido. Resuena el origen del calificativo de bárbaros, surgido para designar a quienes no hablaban la koiné, el lenguaje común, bar bar bar…

Los rastreos por la historia son realizados con certero tino y los casos de trabajos forzados y la utilización de mano de obra esclava afloran y los nombres también, entre otros Banús, un verdadero negrero cuyo nombre corona el célebre puerto andaluz, que recibió las mayores condecoraciones y distinciones del reino. Y también se ven los procesos de desmantelamiento y colonización que supusieron cercamientos que ponían fin a la práctica del uso comunal de las tierras…asuntos documentados por especialistas como Tomás y Valiente, Xose Manuel Beiras, el Sergio Molino de la España vacía.

…Y visitas a barrios emblemáticos como la Bota y La Mina barceloneses, y otras geografías de la pobreza y la marginación; y siempre el telón de fondo de las clases, de los ricos y los pobres, de la especulación, del borrado de formas de vida y hasta de léxico que desaparecen en los cambios espaciales.

Queda señalado, mas no con la presencia debida en este fugaz resumen, las relaciones con su madre y con los vecinos de su pueblo gallego. Queda expuesta la ruptura con sus padres y se dedica especial atención a la relación con su madre, de quien oyó por primera vez ideas lesbófobas, ahora con su mente ausente (momento adecuado para hablar de ella sin su permiso: «soy la escritora que va a escribir un libro de ti sin tu permiso»), de quien trata de conocer sus andanzas parisinas, ya que ella nunca le explicó sus vivencias en la capital del Sena como bonne, para lo que escribe una y otra vez al hijo que cuidó en la casa de la señora, monsieur Gilles Charmat que, no sabe, nos contesta, no recuerda…no resultando charmant, precisamente.

Y conversaciones, muchas conversaciones con la gente de su pueblo en el que se retrata el paso del tiempo, las costumbres antiguas y los mil y un atropellos padecidos, los desprecios, los latrocinios sufridos y el abanico de vocablos de los que se siente obligado a pedir aclaraciones…del mismo modo que lo va a hacer en los laboratorios de memoria contadina en Brescia, Italia…Tampoco faltan algunas salpicaduras acerca de los orígenes de su apellido y un diseminado, e informal, árbol genealógico.

Todo ello con algunas ilustraciones que acompañan al discurso y a la singular presentación del comportamiento debido de las domestiques espagnoles, con sus ilustraciones, amén de varias fotos familiares…

Es obvio que me dejo muchas cosas en el tintero, en el teclado mejor, pero es que todo no se puede decir además de que como decía el otro, por decirlo en dos palabras, es im posible, más cuando la escritora /antropóloga/socióloga avanza, aunque en zigzag, lo hace como una apisonadora a la que no se les escapa ningún rincón, ni personal, ni colectivo.

En fin, un libro que se abra por donde se abra siempre hay tema ¡Así, Brigitte Vasallo!

Por Iñaki Urdanibia para Kaosenlared

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