Solidaridad activa con el pueblo cubano, contra el bloqueo, la asfixia petrolera y la ofensiva de Trump. Publicamos a continuación la declaración de la Corriente Revolución Permanente - Cuarta Internacional.
Abajo el asedio imperialista sobre Cuba. Solidaridad activa con el pueblo cubano, contra el bloqueo, la asfixia petrolera y la ofensiva de Trump.
En los últimos días se ha abierto una nueva y alarmante agresión imperialista contra Cuba, que profundiza el ataque y bloqueo histórico a la isla. Las declaraciones de Donald Trump no son frases altisonantes ni exageraciones diplomáticas, representan un salto cualitativo en las amenazas concretas contra el pueblo cubano.
Tras el ataque a Venezuela y el secuestro de Maduro y Cilia Flores y las amenazas contra Groenlandia e Irán, Trump apuntó directamente contra Cuba. El presidente estadounidense ha afirmado que Cuba “no podrá sobrevivir” sin petróleo y ha impulsado medidas que autorizan la imposición de aranceles y represalias contra los países que suministren energía a la isla, en una escalada abierta de presión económica y política destinada a aislarla aún más y a cortar sus fuentes de abastecimiento vital.
A esta ofensiva, que tiene como uno de sus principales impulsores al secretario de Estado Marco Rubio, el “halcón” de la derecha ligado al exilio cubano, se suman figuras del Partido Republicano, en particular sectores del lobby “gusano” y anticastrista radicado en Miami, que han intensificado un discurso abiertamente beligerante. Como ejemplo de esto, el congresista Carlos Gimenez amenazó a México con sanciones económicas y con poner en cuestión acuerdos de integración y subordinación al imperialismo como el TMEC, si continúa enviando petróleo a Cuba. Estas presiones muestran el carácter abiertamente extraterritorial y coercitivo de la política de Washington, que desconoce toda noción de soberanía nacional cuando se trata de imponer su dominación.
Estamos ante una nueva fase de la ofensiva imperialista de Estados Unidos contra la isla, que combina el bloqueo ininterrumpido desde 1962 con mecanismos de guerra económica cada vez más agresivos, la coerción sobre terceros países y un objetivo político cada vez menos disimulado: forzar un colapso que abra paso a un “cambio de régimen” y consume la restauración capitalista.
Las amenazas recientes, la imposición de aranceles a quienes comercien con Cuba, la advertencia de cortar completamente los flujos energéticos y la utilización de sanciones como arma de disciplinamiento internacional, marcan un salto en el cerco. Es una política orientada a pauperizar más las condiciones de vida del pueblo cubano, utilizando el control imperial sobre el sistema financiero, el comercio mundial, las relaciones energéticas y la amenaza militar como verdaderas armas para someter a la isla.
La asfixia petrolera como arma central
El petróleo no es un insumo más en la economía cubana. Es la condición material de funcionamiento de la electricidad, del transporte, de la producción industrial, de los hospitales, del abastecimiento de agua y de la vida cotidiana de millones de personas. La ofensiva actual del imperialismo apunta exactamente a ese punto vital: cortar la energía para paralizar la sociedad.
Como antes lo hizo con Venezuela, Trump dijo que "Cuba constituye una amenaza extraordinaria para la seguridad nacional y la política exterior de EEUU, y por la presente declaro una emergencia nacional con respecto a esa amenaza", y anunció los aranceles a las importaciones de productos de países extranjeros que, "directa o indirectamente", vendan o suministren crudo a Cuba. La amenaza de aranceles y represalias contra los países que vendan petróleo a Cuba constituye una forma de bloqueo extraterritorial contra la isla.
Durante años, Venezuela fue un sostén energético clave para Cuba. La profunda crisis económica y social de Venezuela en el marco de la ofensiva imperialista contra ese país, las sanciones, y las políticas del propio gobierno de Maduro deterioraron su capacidad exportadora y redujeron drásticamente esos suministros; en la actualidad estos ya han sido cancelados por completo, lo cual muestra el nefasto rol del gobierno de Delcy Rodríguez, que mientras acepta las órdenes de EE.UU. para reformar la Ley de Hidrocarburos a la medida de los yanquis, se compromete a dejar de enviar petróleo a Cuba. En ese contexto, México pasó a ocupar un lugar central en el envío de hidrocarburos mediante contratos con la paraestatal PEMEX así como bajo la forma de “ayuda humanitaria”. La reciente suspensión del envío petrolero en el mes de Enero, muestra con claridad que el imperialismo no sólo castiga directamente a Cuba, sino que presiona y disciplina (aún más) a gobiernos de la región, los cuales, como el de Sheinbaum, colaboran decisivamente en su asfixia energética.
Esta estrategia adquiere una dimensión aún más grave si se considera el cuadro concreto de abastecimiento. Tras la disminución de los envíos desde Rusia y Argelia durante 2025 y la cancelación reciente por parte de Venezuela, los cargamentos mexicanos se habían convertido en el último suministro regular de importancia. La paralización de esos envíos dejó a la isla frente a una crisis energética extrema, con reservas limitadas y un escenario de apagones prolongados, racionamientos y parálisis de sectores productivos e infraestructurales ya debilitados. Pero esta ofensiva petrolera no ocurre en el vacío. Se inscribe en un patrón más amplio de injerencia militar, económica y geopolítica de Estados Unidos en Latinoamérica, y en la impotencia o directamente colaboración de todos los nacionalismos burgueses de la región. En este marco, la denuncia de una intervención militar directa de EE.UU. en Venezuela y el secuestro de Nicolás Maduro y Cilia Flores es un salto cualitativo en los métodos del imperialismo en América Latina. Confirma un patrón que combina guerras económicas prolongadas, bloqueos, sanciones, asfixia financiera y desestabilización, con acciones de fuerza abierta cuando esas presiones no logran el “cambio de régimen” buscado.
Venezuela ha sido un laboratorio de esta estrategia, inscrita en una reactualización de la Doctrina Monroe, donde Washington pretende reafirmar que ningún país que intente sostener márgenes de autonomía energética o geopolítica está a salvo de sanciones, coerción o intervención. Un mensaje disciplinador para toda la región, con presiones abiertas sobre gobiernos como los de Brasil, México o Colombia, y las formulaciones abiertamente neocolonialistas sobre territorios estratégicos (como Groenlandia), buscan reforzar su control sobre lo que considera su “zona de influencia” más inmediata, en el marco de sus disputas con potencias como China y la Unión Europea por recursos, mercados y posiciones geopolíticas.
En esa estrategia neocolonial, América Latina y el Caribe vuelven a ser tratados como patio trasero, y los gobiernos burgueses del subcontinente no ofrecen prácticamente ninguna resistencia seria para enfrentarla.
El objetivo declarado: destruir todo vestigio que queda de la revolución cubana
Cuba ocupa un lugar particularmente sensible. La política imperialista no busca sólo asfixiar económicamente a la isla para forzar un colapso gubernamental. Busca liquidar el significado histórico de la revolución cubana. Cuba no es simplemente un país con dificultades económicas: llegando a constituir el primer Estado obrero del continente, surgido de una revolución que expropió al capital, expulsó al imperialismo estadounidense y se mantuvo durante décadas a escasas millas de la mayor potencia del planeta. Su mera existencia, a pesar de la burocratización de su régimen político, el alto grado de descomposición del estado surgido de la revolución y el retroceso de las conquistas económicas y sociales, constituye una afrenta política y simbólica para la soberbia imperialista.
Por eso el bloqueo criminal no fue desmontado anteriormente por ningún gobierno estadounidense, ni republicano ni demócrata, lejos de eso se ha mantenido como política de Estado y hoy se profundiza. La asfixia petrolera es una pieza central de una estrategia histórica orientada a derrotar, por hambre, apagones y desgaste social, lo que no lograron destruir por invasiones directas.
Aunque no se puede negar la centralidad del bloqueo como causa estructural de la crisis cubana, las reformas impulsadas por el gobierno ahora encabezado por Díaz-Canel han apuntalado tendencias fuertemente procapitalistas, profundizando desigualdades sociales que erosionan conquistas populares y degradan aún más las condiciones de vida.
Asimismo, se continúa restringiendo la organización independiente de los trabajadores y jóvenes, lo cual es un obstáculo para la resistencia al imperialismo, y se profundiza la represión contra manifestaciones de trabajadores y sectores populares ante el agravamiento de la crisis social. Esto es lo que ocurrió en 2021 y en años posteriores, donde la burocracia gobernante profundizó la opresión política contra los trabajadores y jóvenes que se movilizaron por reclamos legítimos, con cientos de presos políticos obreros y populares que no tenían ninguna relación con fuerzas contrarrevolucionarias o imperialistas.
Nuestra oposición tanto a las nuevas medidas de Trump como al bloqueo criminal que ya lleva 64 años es incondicional. Esto lo planteamos desde una posición independiente del régimen burocrático cubano, que implica enfrentar las medidas de restauración capitalista y los ataques a los derechos democráticos de los trabajadores y sectores populares, exigiendo legalidad para los partidos que defiendan las conquistas sociales de la revolución.
En este contexto, el rol de los gobiernos de la región es canallesco y de sumisión a los dictados del imperialismo, cuya mayor expresión es el gobierno de Javier Milei en Argentina y otros gobiernos derechistas. En el caso de la actitud de los gobiernos autodenominados “progresistas” se subordinan a las políticas criminales de Washington contra Cuba. El gobierno de Lula, en Brasil, celebra ampliamente sus buenas relaciones con Trump, y -mas allá de algunas críticas puntuales-, facilita los objetivos trumpistas en la región. En el caso del gobierno de Claudia Sheinbaum en México, la suspensión de envíos petroleros vitales confirma un salto en la subordinación a Washington que viene mostrando desde el inicio de su mandato, y la convierte en cómplice de la brutal agresión imperialista (lo cual busca maquillar hablando de que continuará una “ayuda humanitaria” que no tiene fecha ni cantidad, cuando la crisis energética cubana es cada vez más catastrófica). Las políticas de estos “progresismos” refuerzan la subordinación a los dictados de la potencia hegemónica y son opuestos a la movilización antiimperialista que se requiere con urgencia.
Tampoco defenderán a Cuba, potencias como Rusia o China, como pretenden los defensores de una supuesta alianza benéfica del "sur global" y la multipolaridad para enfrentar a EE.UU., como ya lo demostraron en su absoluta inacción ante los bombardeos a Venezuela.
Por todo ello, reafirmamos que la respuesta ante la actual ofensiva contra Cuba debe ser una movilización antiimperialista de la clase obrera y los sectores populares de todo el continente, que denuncie la ofensiva de Trump y la complicidad de los gobiernos derechistas.
Al mismo tiempo, el gobierno de Cuba debe dejar de reprimir, perseguir y encarcelar a quienes denuncian las desigualdades, la opresión política, a quienes luchan por mantener las conquistas heredadas de la revolución que aún se mantienen en pie, ante la avanzada de las medidas que buscan restaurar el capitalismo. Por eso, exigimos libertad plena de los trabajadores y jóvenes presos por protestar, así como plenas libertades de organización y manifestación para el pueblo cubano, lo cual es imprescindible para defenderse de los ataques del imperialismo y luchar junto con los trabajadores y los pueblos de todo el continente contra los planes de Trump.
La solidaridad con el pueblo cubano debe expresarse en acciones concretas: las organizaciones sindicales, populares, estudiantiles y de izquierda de todo el continente y en todo el mundo deben impulsar movilizaciones masivas contra el bloqueo y las sanciones y una gran campaña internacional que denuncie la violencia económica y geopolítica del imperialismo yanqui contra la isla y por la unidad antimperialista en todo el continente; bajo esa perspectiva es que llamamos a las centrales sindicales de la región a impulsar un gran Paro Continental contra la agresión imperialista a Venezuela y Cuba. A la par, en los Estados Unidos, es esencial articular las importantes movilizaciones contra ICE en ciudades como Minneapolis, donde el movimiento obrero y la auto-organización juegan un papel esencial para enfrentar la persecución de los inmigrantes, con la construcción de una movilización antiimperialista contra los ataques y la injerencia en Venezuela, y contra las amenazas y la asfixia energética de Trump contra Cuba.
La crisis que atraviesa Cuba no es un accidente histórico ni un episodio menor. Es el resultado de la ofensiva imperialista que combina coerción económica, amenazas militares y geopolíticas, a lo que se suma la presión sobre terceros Estados para que se ajusten a sus políticas neocoloniales para imponer una mayor subordinación y dependencia, y terminar de liquidar las conquistas sociales que subsisten en Cuba. Por eso, hoy más que nunca, debemos decir con firmeza:
- ¡Abajo el bloqueo imperialista contra Cuba! ¡Fuera yanquis de Guantánamo! ¡Alto a las sanciones y las agresiones del gobierno de Trump! ¡No a la asfixia petrolera!
– ¡Por la movilización internacional, obrera y popular, contra las amenazas de Trump y la agresión impperialista contra Cuba! ¡Solidaridad activa con el pueblo cubano!
– Por los Estados Unidos Socialistas de América Latina
31 de enero de 2026
Corriente Revolución Permanente - Cuarta Internacional

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