
El espantajo del armamento iraní: cómo Israel lo utiliza para intensificar la agresión en Cisjordania
Con el anuncio israelí, de forma intermitente, del lanzamiento de una amplia operación militar en Cisjordania —especialmente en el norte, en particular en Nablus y Tubas, y recientemente en Hebrón, en el sur, hace apenas unos días— vuelve a la escena una serie de informes que habían ocupado a los medios israelíes y occidentales durante el último trimestre del año 2025, en torno a lo que se afirmó como una implicación iraní en el contrabando de armas avanzadas hacia Cisjordania. El periódico Washington Free Beacon publicó el 11 de noviembre de 2025 un informe destacado basado en información emitida por la Fundación para la Defensa de las Democracias (FDD) y el Instituto David para la Política de Seguridad, dos centros de investigación conocidos por su cercanía a los círculos de toma de decisiones en Washington y Tel Aviv.
Los medios de comunicación y el ámbito político en Israel trataron estos datos como “pruebas” del aumento de la amenaza iraní que emana desde el interior de Cisjordania, advirtiendo que lo que ocurre podría abrir la puerta a la repetición de un escenario similar al ataque del 7 de octubre, pero esta vez desde el corazón de las ciudades cisjordanas. Hoy, con la expansión de las operaciones militares en Nablus y Tubas, esta narrativa vuelve a ser evocada para proporcionar una cobertura explicativa y política a la acción sobre el terreno.
Este trabajo tiene como objetivo deconstruir este discurso desde una perspectiva política y de seguridad: cómo Israel construye la narrativa de la “amenaza iraní” dentro de Cisjordania, por qué la activa precisamente en este momento en simultaneidad con sus operaciones militares, y qué impacto tiene dicha narrativa en el refuerzo del control sobre el terreno, la obtención de legitimidad interna y el aseguramiento del respaldo internacional a los movimientos del ejército.
Resumen de lo expuesto en el informe
El análisis de la Fundación para la Defensa de las Democracias (FDD) señala un aumento del papel iraní en el apoyo a grupos armados dentro de Cisjordania, mediante una financiación y un suministro de armas organizados, supervisados por unidades afiliadas al Cuerpo de la Guardia Revolucionaria Islámica (IRGC). La fundación vincula la ola de violencia iniciada en marzo de 2022 con este respaldo iraní, acusando al régimen iraní de inundar la región con armas con el objetivo de avivar la inestabilidad en materia de seguridad y reforzar la influencia de lo que se conoce como el “Eje de la Resistencia” en los territorios palestinos.
El informe emitido por la FDD el 8 de octubre de 2025 indica que Israel frustró importantes operaciones de contrabando de armas desde Irán hacia Cisjordania, señalando que el ejército israelí interceptó la semana pasada un dron que transportaba diez piezas de armamento y distintos tipos de armas mientras se dirigía desde Jordania hacia Cisjordania. También mencionó la interceptación de otro cargamento en octubre pasado que incluía un arsenal diverso de explosivos, drones y misiles antiblindaje, compuesto por cinco misiles antitanque, 29 artefactos explosivos, cuatro drones armados y una variedad de armas de fuego. Las investigaciones israelíes —según el informe— revelaron la implicación de unidades iraníes especializadas en el contrabando. Asimismo, la fundación vincula estas actividades con una red más amplia de 19 organizaciones terroristas respaldadas por Irán en las fronteras de Israel, considerando que el objetivo iraní consiste en transformar Cisjordania en una plataforma de amenaza directa contra Israel, utilizando la frontera jordano-israelí como una de las rutas para el contrabando de armas.
La estructura propagandística de la narrativa israelí
El relato israelí se apoya en tres elementos interrelacionados:
Irán como fuente de una amenaza regional renovada: El discurso político y mediático israelí ha presentado a Irán como un actor regional expansionista que busca extender su influencia a través de redes y agentes en todo Oriente Medio, de modo que Cisjordania aparece como el eslabón más reciente de la cadena conocida como el “Eje de la Resistencia”. Esta representación no se limita a una caracterización de seguridad local, sino que traslada el debate a un nivel geopolítico más amplio, en el que lo que ocurre en Cisjordania se vincula con la seguridad de la región en su conjunto, y en particular con la seguridad de Israel como parte del sistema de seguridad occidental. De este modo, la confrontación con las facciones palestinas deja de ser un conflicto local para transformarse en una disputa de dimensiones internacionales que justifica el refuerzo de la coordinación en materia de seguridad y el apoyo político a Israel por parte de las potencias occidentales.
Cisjordania como un frente emergente: La caracterización de Cisjordania como una “nueva Gaza potencial” contribuye a preparar a la opinión pública internacional para aceptar cualquier operación militar israelí de gran envergadura dentro de ciudades como Yenín, Nablus o Tulkarem. A través de este discurso, las acciones israelíes no se presentan como una escalada ni como una ocupación, sino como una medida defensiva preventiva frente a un peligro terrorista en expansión. Esta imagen busca generar la impresión de que lo que ocurre en Cisjordania no es sino una extensión de una batalla más amplia contra el terrorismo regional, lo que otorga a Israel un mayor margen político y moral para justificar el uso de la fuerza ante la comunidad internacional y reducir las posibles críticas a sus operaciones sobre el terreno.
Fuentes de inteligencia exclusivas: Todos los informes publicados en este contexto se basan principalmente en filtraciones o declaraciones procedentes de los aparatos de seguridad israelíes, sin recurrir a fuentes independientes ni a documentación directa sobre el terreno. Este patrón de dependencia de la información oficial confiere al discurso un carácter de secretismo y una credibilidad aparente, al presentarse al lector como sustentado en “información de inteligencia especial” difícil de cuestionar. De este modo, se refuerza la confianza en la narrativa israelí pese a la ausencia de pruebas públicas verificables, lo que contribuye a consolidar el relato oficial de seguridad y a debilitar cualquier versión alternativa o crítica de su veracidad.
El contexto sobre el terreno en Cisjordania
Mientras la narrativa del “contrabando de armas iraníes hacia Cisjordania” ocupaba los titulares, la realidad sobre el terreno experimentaba una peligrosa escalada de la violencia de los colonos israelíes contra la población civil palestina, bajo la protección del ejército israelí. Informes de las Naciones Unidas y de organizaciones de derechos humanos como OCHA y Human Rights Watch documentaron un aumento sin precedentes de los ataques contra civiles palestinos, que incluyeron agresiones físicas y disparos, la apropiación de tierras agrícolas, la quema de propiedades y cultivos, así como la expansión de los puestos de asentamiento.
Por otra parte, la Autoridad Palestina enfrenta desafíos de seguridad que dificultan la imposición de un control efectivo sobre todas las áreas de Cisjordania. Estos desafíos son consecuencia directa de las políticas israelíes que restringen el movimiento de los aparatos de seguridad palestinos en las zonas B, les impiden operar en las zonas C y llevan a cabo incursiones militares repetidas en las zonas A, que teóricamente se encuentran bajo control de la Autoridad. Este es precisamente el escenario que Israel busca promover para mostrar a la Autoridad Palestina como incapaz y así justificar su intervención de seguridad permanente en Cisjordania.
El informe se alinea con la narrativa israelí al criticar a la Autoridad Palestina, acusándola de incapacidad y fracaso en el mantenimiento de la seguridad y el orden dentro de sus áreas de influencia. Señala que el ejército israelí se ve obligado a adoptar medidas para frenar las actividades terroristas, incluida la realización de redadas destacadas contra depósitos de armas, debido a la imposibilidad de la Autoridad Palestina de impedir que agentes iraníes los establezcan —o a su falta de voluntad para hacerlo— según la expresión utilizada en el propio informe.
De este modo, el discurso israelí explota el escenario existente para promover una narrativa que vincula la debilidad de la Autoridad Palestina con el creciente peligro del armamento iraní, en un intento de presentar a Israel como la única parte capaz de imponer la estabilidad y garantizar la seguridad en Cisjordania.
Los posibles objetivos políticos y de seguridad de la narrativa
Asegurar legitimidad internacional para ampliar las operaciones militares en Cisjordania: Al destacar una amenaza externa, Israel puede justificar la intensificación de su actividad de seguridad en Cisjordania, especialmente en Yenín, Tulkarem y Nablus, bajo el pretexto de la lucha contra el terrorismo. Cada incursión o escalada se presenta como parte de la “prevención del armamento iraní a las facciones”.
Desviar el foco de atención internacional: En momentos de aumento de la violencia de los colonos, el discurso israelí reorganiza las prioridades mediáticas. Una cobertura dominada por titulares sobre el contrabando de misiles y drones procedentes de Irán reduce la visibilidad de las historias de violaciones cotidianas en Cisjordania y limita el debate al “derecho de Israel a defenderse”.
Alimentar el discurso del peligro iraní en Occidente: Vincular Cisjordania con Irán añade una nueva dimensión al expediente nuclear y regional iraní. En lugar de considerar el conflicto en Cisjordania como una cuestión de ocupación y asentamientos, pasa a formar parte de una guerra global contra el terrorismo iraní, lo que facilita a Israel mantener un respaldo estadounidense-europeo cohesionado y reduce cualquier llamado a imponer restricciones a su actividad militar.
Redefinir la relación con la Autoridad Palestina: Al presentar a la Autoridad como incapaz de impedir el flujo de armas o de contener a las células armadas, se margina la idea de un Estado palestino viable, mientras que la alternativa israelí aparece bajo la forma de un control de seguridad permanente, con el pretexto de evitar la repetición del 7 de octubre en Cisjordania.
El impacto del discurso en la postura occidental
Algunos círculos políticos y mediáticos occidentales recibieron la narrativa israelí con un alto grado de aceptación, especialmente en un entorno dominado por la preocupación ante la expansión de la influencia iraní.
No obstante, en otros ámbitos de investigación se observaron interrogantes sobre la ausencia de pruebas independientes del contrabando a gran escala y sobre la concentración de la información en una única fuente israelí, lo que plantea dudas acerca de las motivaciones del momento elegido y de la naturaleza del uso político de los datos de seguridad.
En este contexto, el sitio People’s Dispatch señaló que la narrativa israelí suscita especulaciones sobre la preparación de Israel para una nueva acción militar contra Irán o para la ampliación de sus operaciones en Cisjordania bajo el pretexto de combatir el contrabando. De este modo, la magnificación del expediente sirve a objetivos políticos que incluyen la incitación de la opinión pública occidental contra Irán y la justificación de la expansión militar israelí en Cisjordania, especialmente en Yenín, Tulkarem y Nablus.
En consecuencia, puede afirmarse que el discurso israelí logró generar preocupación política, pero no alcanzó un consenso analítico en torno a la veracidad plena de su narrativa.
Lectura crítica de las contradicciones
Exageración desproporcionada entre el peligro y la información: La magnitud de las armas anunciadas en los comunicados israelíes es relativamente limitada en comparación con el discurso alarmista que sugiere la existencia de un “segundo gran frente”.
Omisión del componente interno del conflicto: La narrativa de seguridad se centra en el “peligro externo” e ignora el papel de las propias políticas israelíes en la exacerbación de las tensiones dentro de Cisjordania.
Ausencia de transparencia en materia de inteligencia: A pesar de la publicación de imágenes de las supuestas armas, Israel no presentó pruebas verificables sobre su origen real ni sobre las rutas de contrabando, lo que convierte la narrativa en un relato basado en la confianza más que en la demostración empírica.
Implicaciones mediáticas y de seguridad
A nivel mediático, el acontecimiento pone de manifiesto la capacidad de Israel para transformar cuestiones locales en expedientes regionales e internacionales, mediante lo que puede denominarse la internacionalización estratégica de la amenaza.
En el plano de la seguridad, el discurso israelí proporciona una cobertura política para cualquier escalada sobre el terreno en el norte de Cisjordania y debilita las presiones internacionales vinculadas a las violaciones cometidas por los colonos.
Políticamente, este replanteamiento refuerza la posición de Israel dentro de la ecuación estadounidense, de modo que continúe siendo un socio indispensable en la confrontación con Irán, lo que limita la capacidad de Washington para ejercer una presión real en relación con los asentamientos o con la creación de un Estado palestino.
Conclusión y recomendaciones
El análisis del discurso israelí sobre el armamento iraní en Cisjordania demuestra que este trasciende su carácter de informe de inteligencia para convertirse en una herramienta política de múltiples funciones:
Justificar el control sobre el terreno en Cisjordania.
Asegurar el respaldo occidental frente a Irán.
Desviar la atención de la violencia de los colonos y del progresivo debilitamiento del proyecto de un Estado palestino.
Sin embargo, la continuidad de este patrón discursivo profundiza la politización de la seguridad y socava cualquier posibilidad de abordar de manera estructural las causas reales de la tensión en Cisjordania.
Por ello, corresponde a los observadores internacionales y a los medios independientes distinguir entre la información de seguridad y su función política, así como seguir de cerca la manera en que el peligro es reproducido en el discurso público para convertirse en una justificación de la hegemonía y el control, en lugar de constituir un punto de partida hacia una seguridad compartida.
Rasem Bisharat es Doctor en Estudios de Asia Occidental
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