
Por Anita Rius del Rio. Periodista, Licenciada en Comunicación Social y MBA mención en Comunicación Estratégica
Esta historia está ficcionada. Cualquier similitud con la realidad es pura coincidencia.
Laura tiene más de veinte años de carrera, formación de pre grado, post grado y una credencial de discapacidad. Un día la contrataron para un cargo directivo. Desde la postulación explicó qué ajustes razonables necesita para trabajar. Los reitera el primer dia, al darse cuenta de que nadie sabía. Le dicen que «lo van a ver».
Pasan las semanas y no hay noticias. Laura pregunta, recuerda, insiste. Al final, hace lo que ha hecho toda su vida: resolverlo sola. Averigua, cotiza, coordina, deja todo listo. A la institución sólo le queda una tarea: pagar.
Cuando llega la hora de pagar la implementación de un estacionamiento para personas con discapacidad, le piden la renuncia. Nadie levanta la voz. Nadie menciona la discapacidad. Nadie dice lo que Laura, escucha con total claridad: Maldita lisiada.
Las 27 horas
Antes de que alguien se ofenda: a la Teletón, Laura no le discute nada. Lleva 48 años rehabilitando a niñas, niños y jóvenes en 15 institutos a lo largo de Chile. Ha sostenido lo que el Estado nunca terminó de asumir. Este año busca superar los 44 mil millones de pesos, y ojalá los pase por lejos.
Tampoco le discute al que dona.
El depósito tranquiliza. Se hace en la caja del banco, se llora con la historia del niño símbolo de este año, se canta en el Estadio Nacional. Y el lunes, en la reunión de selección, alguien dice que la candidata es muy buena, pero que tiene una discapacidad.
Los/as niños/as de la Teletón crecen, estudian, se titulan y un día llegan a una entrevista laboral. Ahí dejan de emocionar. Un/a niño/a con discapacidad conmueve. Un/a adulto/a con discapacidad que busca un empleo y pide sueldo “de mercado” acorde a su formación y capacidades, incomoda.
Nadie dice lo que Laura, escucha con total claridad: Maldita Lisiada.
Las otras 8.733
Un año tiene 8.760 horas. La Teletón dura 27. Las otras 8.733. Hoy Laura las pasa buscando trabajo. No está sola.
Según el último Estudio Nacional de la Discapacidad, en Chile hay 2,7 millones de adultos/as con discapacidad. Solo el 40% tiene empleo. Con discapacidad severa, la cifra cae a 31,8%, y el ingreso promedio baja de $600 mil a $394 mil pesos mensuales.
Ser mujer lo empeora. En el mercado laboral participa el 39,7% de las mujeres con discapacidad. Y el 19,5% de las personas con discapacidad define su lugar de trabajo como una barrera.
En el hall de la siguiente empresa, hay un pendón: «Aquí donamos a la Teletón». Al lado, un sello de empresa inclusiva y el “Great Place to Work”. No hay ascensor, y la entrevista es en el tercer piso. Laura informa que no puede subir y realizan la entrevista en el piso 1. Le va bien. Para la segunda entrevista pide por correo lo único que necesita: estacionamiento y no usar escaleras. La Convención de la ONU los llama ajustes razonables. La empresa los llama «déjame ver y te confirmo». Tres semanas después llega la respuesta: buscaban un perfil que se ajustara más a los requerimientos del cargo, le dijeron.
Un mes más tarde, la invitan a un panel sobre liderazgo inclusivo, en un hotel. El escenario tiene tres escalones y ninguna rampa. Dos personas de la producción se ofrecen a subirla. Al terminar, la aplauden de pie y un gerente se le acerca a decirle que es un ejemplo, que admira su fuerza. Conversaron e intercambiaron solicitudes de amistad en Linkedin. Ella le comenta que busca una oportunidad laboral, él le pide que le mande el CV. Sigue esperando. Nadie dice lo que Laura, escucha con total claridad: Maldita Lisiada.
Una ley con vuelto
Desde 2018, la Ley 21.015 obliga a las organizaciones con 100 o más trabajadores a reservar el 1% de sus puestos para personas con discapacidad o pensionadas por invalidez. Uno de cada cien. No parece una revolución.
Ocho años después, según datos oficiales que cita Fundación ConTrabajo, solo el 44% cumple. El 45,7% de las 7.829 empresas obligadas no registra ni un contrato bajo la cuota: más de 3.500 empresas. En 2025 se multó a siete por no contratar. Siete.
El Estado tampoco da el ejemplo: en 2024, apenas el 38,9% de las instituciones públicas obligadas cumplió, según el Servicio Civil citado por el abogado Felipe Flores.
Y entrar no es quedarse. Laura lo sabe. De los 150.311 contratos registrados hasta marzo de este año, solo el 38% sigue vigente. En el sector privado, las mujeres con discapacidad representan un tercio de esos contratos.
La ley, además, trae salida de emergencia. Con «razones fundadas», una empresa puede cumplir subcontratando servicios o haciendo una donación. Limosna con certificado. La reforma de la Ley 21.690 prometió subir la cuota a 2%, pero solo cuando el 80% de las obligadas cumpla el 1%. Traducción: mientras más empresas incumplan, más lejos queda la exigencia. Al ritmo actual, Fundación Wazú estima que el cumplimiento pleno podría tardar hasta 28 años. Laura no tiene 28 años para esperar.
Nadie dice lo que Laura, escucha con total claridad: Maldita Lisiada.
La mesa donde se decide
A nadie le parece raro que el Ministerio de la Mujer lo encabece una mujer. Es de toda lógica. Entonces, ¿por qué no esperamos lo mismo de Senadis? ¿Por qué no exigimos que lo dirija una persona con discapacidad?
La pregunta alcanza a la propia Teletón. Según su memoria de 2024, su directorio reúne a nueve personas: ingenieros, médicos, un contador, una periodista, un comunicador. Trayectorias notables. Ninguna de las biografías publicadas allí menciona una discapacidad. ¿Dónde está la discapacidad en esa mesa? ¿Dónde está por ejemplo el/la ex paciente que hoy tiene 40 años, un título y una opinión sobre cómo se cuenta su historia en cámara?
En esa misma memoria, Mario Kreutzberguer escribe que las personas con discapacidad «no necesitan nuestra compasión; necesitan oportunidades». Tiene razón. Una silla en el directorio también es una oportunidad.
La corporación que administra los institutos, fundada en 1947, sigue llamándose Sociedad Pro Ayuda del Niño Lisiado. Llevamos 79 años ayudando lisiados/as, pero aún no los/as sentamos a decidir.
Nadie dice lo que Laura, escucha con total claridad: Maldita Lisiada.
Lo que pide Laura
Dona a la Teletón. Pero el lunes. haz otro ejercicio:
- ¿Cuántas personas con discapacidad trabajan en tu empresa. Cuántas siguen ahí después de un año. Cuántas son mujeres. Cuántas ganan lo mismo que sus pares. Cuántas son jefas, gerentas?.
- Instala el ascensor antes de imprimir el pendón.
- Implementa los ajustes razonables antes de dar la bienvenida.
- Pon la rampa antes de declararte inclusivo/a.
- Capacita en Diversidad e Inclusión
- Y si llega una candidata que es la mejor, no la admires. Contrátala.
Como Laura, este fin de semana millones de personas verán el espectáculo televisivo y donarán en esta importante campaña nacional. Sin embargo, finalizadas las 27 horas, Laura, seguirá escuchando con total claridad: Maldita Lisiada.
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