Francia. “No queremos vivir más así”: hablan los estudiantes secundarios que bloquean los colegios en la periferia de París
Miércoles 30 de septiembre Edición del día
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"No queremos vivir más así." Lo dicen los estudiantes de Saint-Denis que bloquean su colegio, en el marco de un enorme movimiento de la juventud secundaria de los barrios populares de Francia. Denuncian aulas hacinadas, falta de recursos, jornadas interminables, desigualdad social y violencia policial. Pero detrás de estos reclamos aparece algo más profundo: la sensación de que la sociedad no los escucha, y a la vez el descubrimiento de que juntos pueden hacerse oír. Frente a sus reclamos, la respuesta del gobierno y las autoridades fue la represión. Anasse Kazib, dirigente ferroviario y portavoz de Révolution Permanente, estuvo en el bloqueo y conversó con los estudiantes en un vivo para el diario Révolution Permanente, que es parte de la Red internacional de la Izquierda a Diario. Estas son sus voces. En este diálogo con Anasse Kazib, ponen en palabras algo que quizás recién comienza: el despertar de una generación que se rebela contra el lugar que esta sociedad le tiene reservado.
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¿Cómo se supone que tenemos que hacernos oír si no nos respetan y no nos escuchan en esta sociedad?
Esta pregunta es una estudiante secundaria de la localidad de Saint-Denis, en el conurbano parisino. Y atraviesa todo el reportaje que realiza Anasse Kazib en el Vivo de Révolution Permanente con las y los estudiantes desde la puerta del colegio Paul Éluard, donde estudian 2000 pibes y trabajan alrededor de 250 o 300 docentes y personal educativo. Es muy profunda porque apunta a cuestionar ¿qué lugar tiene la juventud en esta sociedad que parece no interesarse demasiado ni por sus condiciones de estudio y de vida ni por su futuro.
Las y los estudiantes salieron a denunciar el estado deplorable de sus escuelas, donde faltan docentes, faltan preceptores, no hay enfermería, estudian en aulas superpobladas, prácticamente hacinados, con paredes con filtraciones. “No tenemos enfermera, hace calor en los edificios nuevos, no hay profesores suplentes, no hay cuerpo de preceptores, no hay una sala para descansar, tenemos jornadas de 8 a 18 h, tenemos descansos muy cortos, y los profes tienen una sola hora para comer, y al director le importa un carajo.” “Tenemos una sola hora para comer, y vivimos demasiado lejos, sobre todo eso. Es muy, muy grave.”
Todo empezó el lunes 21/11, a tres semanas del inicio de curso, cuando los estudiantes de un colegio de Créteil, decidieron bloquear su escuela para visibilizar en qué condiciones estudian, lo degradadas que están, producto de la crisis educativa. Inmediatamente en todos los colegios de los suburbios de la periferia de París, empezó una ola de bloqueos, que llegó a ser de más de 300 colegios el día del paro del 29/09 de los estatales y el sector público en Francia hubo. Denuncian además que los edificios, son insalubres con amianto y ratas. Es muy fuerte la bronca con un gobierno que en vez de hacer inversiones estructurales, construyen aulas prefabricadas donde no se puede estudiar porque el calor es insoportable en verano, y el frío en invierno y encima hay cortes de electricidad comunes.
“Hoy vinimos todos a manifestarnos porque tenemos muchos problemas en el liceo Paul Éluard, y queremos que se resuelvan", dice un estudiante. “Tenemos una sola hora para comer, y vivimos demasiado lejos, sobre todo eso. Es muy muy grave” denuncia enojado un estudiante . “Venimos a manifestarnos, vino todo el mundo”.
“Tenemos todos los mismos derechos”
Los estudiantes cuestionan las profundas desigualdades entre los establecimientos educativos y la discriminacion y el racismo que viven los jóvenes de los suburbios. Un estudiante dice frente a cámara que habría que “agregar que hay diferencias entre los liceos, por ejemplo de París y los de Saint-Denis.” “Estamos en el 93, pero tenemos todos los mismos derechos.” “No hay recursos y nos tratan como animales, como personas que no tienen lugar, cuando en realidad somos todos iguales, tenemos todos los mismos derechos.”
Anasse señala que “son pibes de 15, 16, 17, 18 años escolarizados en esta escuela, que denuncian las condiciones de estudio, que denuncian la falta de futuro”. Señala la dimensión política que adquiere el movimiento: “Su miedo es ese: que los pibes de todos los otros liceos de Francia digan: ‘¿Y si nosotros también empezamos a bloquear?’” Mientras habla, llegan las fuerzas antidisturbios: “Hay que saber que acaban de pasar unos quince camiones de CRS. Imaginen el nivel de violencia que están organizando para impedir el bloqueo de Paul Éluard” -colegio desde donde están transmitiendo.
“Nos vamos a quedar, vamos a pelear”
Cuando los estudiantes salieron a reclamar, se encontraron con la policía: “Llegaron los policías y vimos cómo a un alumno lo reventaron, y eso no es nada lindo de ver.” “Sufrió una fractura de cráneo. Ya van dos veces, en dos manifestaciones, que alumnos sufren una fractura.”Anasse Kazib señala la magnitud de la represión:“Hay una represión brutal desde esta mañana. La comisaría de Saint-Denis está llena de pibes del colegio Suger y del colegio Paul Éluard.” Y explica la importancia de estar ahí: “Queremos visibilizar la bronca de la juventud de los barrios populares, la juventud secundaria que se está movilizando. Estamos acá para escuchar y para darles la palabra a estos pibes y pibas.” que a pesar de la represión continúan con los bloqueos. Un estudiante explica: “hoy estoy acá para decir que solo queremos hacer un bloqueo para reclamar nuestros derechos”
En este “dar la palabra” a los pibes un chico dice: “nos dan miedo. Pero nosotros no tenemos miedo”. Esta frase aparece en medio de los testimonios. Y tiene una enorme fuerza. Porque no significa que no tengan miedo. De hecho saben perfectamente lo que puede pasar. Han visto a compañeros golpeados, detenidos y gaseados. Incluso una estudiante denuncia que la policía golpeó a un compañero que terminó con una fractura de cráneo. Otro aclara que que ya hubo dos estudiantes con lesiones graves en las manifestaciones. Pero descubren algo. Que cuando están juntos, surge la fuerza, y algo empieza a transformarse y esto se ve y lo transmiten en el vivo en momento de aplauso, en cada ovación, en cada abrazo. Inspiran unión, que es algo que va a contar uno de sus profes. “Vamos a quedarnos, vamos a luchar y vamos a exigir que todos los derechos sean iguales a los de los otros liceos.”
“Los profesores nos apoyan”
Una de las escenas más impactantes es ver la cadena humana de los profesores y la solidaridad de las y los trabajadores de la educación. “Los profes lo dijeron: están a favor del bloqueo. Nos lo dijeron explícitamente.” “Nos dijeron que creían en esto, que tenían la misma causa que nosotros.” “Nos decían que peleamos por cosas justas. Y tienen razón.” El estudiante explica: “Trabajan en las mismas condiciones en las que estudiamos nosotros y, en el día a día, ven que las cosas no van bien.” Del otro lado de la reja, los docentes forman una cadena humana para proteger a los estudiantes. Yannick, un profesor explica: “Cuando la juventud de los barrios expresa su bronca, la única respuesta que dan las autoridades -ya sea institucional, prefectura, etcétera-, es represión.” Y agrega: “Los gasearon, los golpearon. Tiraron granadas.” Por eso afirma “estamos todos en huelga.” “Llamo a todo el mundo a movilizarse por condiciones dignas, tanto de trabajo como de enseñanza para nuestros alumnos. Llamo a la movilización.” Esta escuela tiene alrededor de 2.000 estudiantes y entre 250 y 300 trabajadores. Hay edificios deteriorados, prefabricados, problemas de seguridad, falta de personal y un déficit de recursos.
“No queremos vivir más así”
Detrás del conflicto por las condiciones de estudio, aparece una preocupación aún más importante: la preocupación por el futuro que les espera. Cuando Anasse pregunta cómo ven lo que viene, uno de los jóvenes responde: “Vamos a seguir hasta que nos escuchen y haya cambios.” “¡Cambios grandes!” Uno de los estudiantes habla de sus hermanos y de la violencia policial que atraviesa a los jóvenes de los barrios: “Pienso en todos mis hermanos a los que la policía revienta por nada, que se llevan golpes y quedan detenidos, a los que no les dan de comer, a los que golpean en custodia. Yo pienso en ellos.” Otro agrega: “Yo conozco a alguien que lo agarraron, lo golpearon en la celda, y me parece inadmisible.”
Y entonces vuelve el reclamo que atraviesa toda la jornada: “Y nosotros queremos cambios, queremos cambios, no queremos vivir más así.” La bronca aparece contando cuestiones de la vida cotidiana que está marcada por muchas violencia, familias con problemas de papeles, y del solo hecho de que tienen “una hora y media para llegar al liceo” y “tenemos una sola hora para comer”. “¿Cómo hacemos?”
Cuando un estudiante dice “no queremos vivir así”, no hace falta agregar demasiado, porque detrás de esa frase está todo: está el cansancio, está la bronca, la desigualdad, la violencia policial. Está la falta de recursos, el futuro incierto. Está la sensación de que la sociedad y quienes gobiernan toman decisiones, pero no los escuchan. Y también cuando un estudiante dice “no es normal” se escucha una generación que no acepta que todo esto sea normal. Cuando se preguntan por qué gastan 300.000 euros en cámaras para vigilarlos en vez de invertirlos en infraestructura y recursos para educación, apunta más allá, apunta a preguntarse ¿por qué vivimos en una sociedad donde hay dinero para controlar a los jóvenes pero no para garantizarles condiciones dignas? ¿Por qué cuando reclaman aparecen los policías? ¿Por qué cuando bloquean un liceo para hacerse escuchar son tratados como un “problema”?
“Me golpearon por nada”
Aparece la preocupación por las nuevas leyes represivas. “La ley ‘licencia para matar’. Nosotros no la queremos.” “Si ya a mi amigo lo golpean y le dicen que no diga nada, si esta Ley pasa, quiere decir que nos podrían matar, que podrían matar a quien quieran y no les va a pasar nada.” “Eso no es normal.” Otro estudiante dice: “A mí me parece grave, porque con la nueva ley nos van a disparar en cualquier situación.” Y otro habla de su hermano: “Yo tengo miedo por mi hermano, porque trabaja y, no nos vamos a mentir, tiene la piel oscura.” “Eso quiere decir que le van a disparar sin que haya hecho nada. Y lo mismo para mí y para mis amigos.” Los jóvenes no hablan de estadísticas ni de problemas objetivos. Hablan de sus amigos. De sus hermanos. Están preocupados por el rumbo que toma esta sociedad. “La violencia contra los jóvenes no es normal. Sobre todo de parte de la policía.” La denuncia es directa: “Vienen, cometen abusos, golpean a alguien a escondidas y después lo llevan a la comisaría.”
“Queremos cambios. !Cambios grandes!”: Una generación que empieza a descubrir su propia fuerza
"Queremos cambios. ¡Cambios grandes!" Con esa consigna, los secundarios de Saint-Denis siguen organizándose a pesar de la represión, las detenciones y las condiciones en las que estudian. No piden solo que arreglen una ventana o que pongan una enfermera o un profesor suplente: empiezan a discutir qué pasa con la sociedad y qué futuro quieren. Uno tarda una hora y media en llegar al liceo, otro habla de sus hermanos golpeados y detenidos, otro admite que el futuro le da miedo. Son una generación que todavía busca las palabras para decir lo que siente, y por eso el diálogo con Anasse resulta tan significativo: no les habla como a espectadores de la política, les acerca el micrófono y los deja contar. Las protestas de secundarios no son nuevas, señala, pero cada vez que los jóvenes de los barrios populares salen a reclamar, la respuesta es la misma: "¿a quién les mandan? A la yuta." Mientras detrás de él se acumulan los camiones antidisturbios, los pibes agradecen a los alumnos, a los preceptores y a todos los que los apoyan, y repiten: "Nos vamos a quedar. Vamos a pelear." No sabemos cómo van a desarrollarse los acontecimientos, pero entre el masivo paro del 29/09 y estas voces, algo empieza a moverse desde abajo. Es la voz de una generación que ve un futuro incierto, que siente que la sociedad no la escucha y que se pregunta por qué debería aceptar como inevitable la vida que le ofrecen. Una generación que dice: "Tenemos los mismos derechos." "La violencia contra los jóvenes no es normal." "No tenemos miedo." Todavía no sabemos qué forma tomará, pero cuando una juventud empieza a perder el miedo y a reconocerse como fuerza colectiva, no hay vuelta atrás. El reportaje de Anasse muestra algo que recién comienza a emerger: el despertar de una juventud que empieza a reconocerse como una fuerza colectiva. No sabemos todavía qué forma tomará. Pero cuando una generación empieza a perder el miedo y a preguntarse por qué tiene que vivir como vive, algo empieza a moverse.
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