miércoles, 20 de mayo de 2026

https://www.diario-red.com/articulo/internacional/cnn-desvela-que-buque-ruso-hundido-frente-costas-murcia-finales-2024-habria-transportado-reactores-nucleares-corea-norte/20260514191133069594.html

La CNN desvela que el buque ruso hundido frente a las costas de Murcia a finales de 2024 habría transportado reactores nucleares para Corea del Norte








Buque de carga en el mar Negro - Europa Press/Contacto/Nina Liashonok

Una investigación de la CNN publicada el pasado 12 de mayo apunta a que el carguero ruso Ursa Major, hundido el 23 de diciembre de 2024 a unas 62 millas náuticas de la costa murciana, transportaba componentes para dos reactores nucleares de submarinos atómicos con destino a Corea del Norte y a que su hundimiento podría haber sido resultado de una operación militar occidental, no de un accidente en la sala de máquinas como sostuvo la versión oficial española.

El barco, de 142 metros de eslora y propiedad de SC-SOUTH LLC, subsidiaria de la empresa estatal rusa Oboronlogistics —sancionada por Estados Unidos y la Unión Europea por prestar servicios de transporte al Ministerio de Defensa de Rusia—, había zarpado el 11 de diciembre del puerto de Ust-Luga, en San Petersburgo. Su rumbo oficial era Vladivostok, en el extremo oriental ruso, pero según una fuente de la investigación española citada por CNN, el capitán, Igor Vladimirovich Anisimov, admitió que el plan real era desviar el carguero hasta el puerto norcoreano de Rason.

Según el documento elaborado por la Capitanía de Cartagena y el Centro Nacional de Coordinación de Salvamento, remitido por el Gobierno al Congreso el 23 de febrero de 2025 en respuesta a una pregunta parlamentaria registrada por el Partido Popular, el capitán reconoció ante las autoridades españolas que dos supuestas “tapas de pozo” incluidas en el manifiesto de carga eran en realidad “componentes de dos reactores nucleares similares a los utilizados en submarinos”. Anisimov sostuvo, eso sí, que el material “no portaba combustible nuclear”, un extremo imposible de verificar con el pecio descansando a 2.500 metros de profundidad.

La hipótesis del ataque cambia por completo el relato oficial. Fuentes de la investigación citadas por CNN sostienen que el Ursa Major pudo ser alcanzado por un torpedo, mientras que otros expertos consultados por la cadena apuntan a la detonación de una mina lapa adherida al casco. El propio capitán describió un orificio de 50 por 50 centímetros en uno de los costados, posiblemente provocado por “munición no identificada”. La empresa propietaria, Oboronlogistics, calificó el suceso como “ataque terrorista selectivo”. El Kremlin, por boca de su portavoz Dmitri Peskov, se limitó a responder: “No hemos visto esa información. No tenemos nada que comentar”.

La secuencia del hundimiento contiene además elementos difícilmente compatibles con un simple fallo mecánico. El buque emitió la llamada de socorro a las 12:53, después de haber reducido drásticamente su velocidad en las 24 horas previas. Cuando los equipos españoles de Salvamento Marítimo acudieron al rescate —operación en la que se salvó a 14 de los 16 tripulantes, los otros dos siguen desaparecidos—, un buque de guerra ruso se presentó en la zona y asumió el control de las operaciones invocando la Convención de la ONU sobre el Derecho del Mar. Lanzó pirotecnia con paracaídas. Cinco minutos después se apagaron las luces del Ursa Major. A las 23:20 desapareció bajo el agua.

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Una semana más tarde, el Yantar —buque de investigación ruso señalado en numerosas ocasiones por labores de espionaje submarino sobre cables atlánticos— permaneció cinco días sobre el pecio. Durante esa vigilia se detectaron otras cuatro explosiones que, según fuentes españolas citadas por la cadena estadounidense, habrían tenido como objetivo eliminar evidencias en el lecho marino. Por su parte, las Fuerzas Armadas estadounidenses enviaron en dos ocasiones, en agosto de 2025 y en febrero de 2026, un avión WC-135R, aeronave especializada en la detección de partículas radiactivas en la atmósfera, a sobrevolar la zona del hundimiento.

El Ursa Major zarpó apenas dos meses después de que Kim Jong-un enviara al menos 10.000 soldados norcoreanos a la región rusa de Kursk para apoyar la guerra del Kremlin en Ucrania, y solo unas semanas antes de que el régimen de Pionyang presentase en su centro de desarrollo de Sinpo el casco de lo que asegura será su primer submarino de propulsión nuclear. La transferencia de tecnología atómica para sumergibles entre Moscú y Pionyang —dos potencias sancionadas y aliadas frente al bloque occidental— constituiría un salto cualitativo en el reequilibrio militar del Pacífico que Estados Unidos lleva años intentando frenar.

El comportamiento del Gobierno español ante este episodio merece un escrutinio aparte. Pese a que el incidente se produjo a apenas 110 kilómetros de Cartagena, el Ejecutivo se ha limitado a remitir una respuesta técnica al Congreso y a mantener silencio público sobre lo que, si las informaciones de CNN se confirman, sería un acto de guerra ejecutado por una potencia extranjera —presumiblemente aliada en la OTAN— en aguas próximas a la costa española y con un cargamento nuclear a bordo. La secretaria de Estado de Defensa, María Amparo Valcarce, despachó en comisión parlamentaria la posibilidad de acceder al pecio calificándola de “técnicamente” posible pero “inviable”. España, sencillamente, ha optado por no querer saber.

Cabe preguntarse por qué un incidente militar de esta gravedad —una explosión provocada deliberadamente contra un carguero con material nuclear a 62 millas de las playas de Murcia, seguida de operaciones encubiertas en el lecho marino y de sobrevuelos estadounidenses con detectores de radiación— no ha recibido una cobertura mediática proporcional a su magnitud. La mayoría de los grandes medios ha tratado el asunto como una curiosidad de espionaje, sin interrogar al Gobierno sobre el silencio mantenido durante casi año y medio ni sobre la complicidad pasiva ante operaciones militares occidentales ejecutadas a tiro de piedra de la costa.

Y cabe preguntarse, sobre todo, si la participación de España en la OTAN y su alineamiento con el furor bélico de la actual dirección de la Unión Europea —subordinada por completo a los intereses estratégicos de Estados Unidos— no está convirtiendo al país en escenario y blanco potencial de operaciones militares que se libran por encima de su soberanía. El Ursa Major se hundió en aguas internacionales, sí, pero a una distancia que no permite mirar hacia otro lado. Si lo que ocurrió aquella noche frente a Cartagena fue, como sostienen las fuentes de la CNN, un torpedeo occidental contra un buque con reactores nucleares a bordo, el precedente que se sienta es de una gravedad enorme: las potencias atlánticas se sienten autorizadas a librar batallas encubiertas en el Mediterráneo occidental sin contar con el país ribereño, y el Gobierno español parece dispuesto a aceptarlo en silencio.


 

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