
La guerra asimétrica y la flota de mosquitos en el estrecho de Ormuz
En el discurso político contemporáneo, figuras como el expresidente Donald Trump han afirmado en diversas ocasiones que la fuerza naval iraní fue «completamente destruida» por las fuerzas estadounidenses. Si bien es históricamente cierto que durante la Operación Praying Mantis en 1988 Estados Unidos hundió o dañó gravemente la mayor parte de la marina de guerra convencional de Irán, la realidad operativa actual es muy distinta. Lejos de quedar anulado, Teherán respondió a aquella derrota abandonando el modelo de armada tradicional para construir una fuerza de guerrilla naval: la «flota de mosquitos».
Bajo la dirección del Cuerpo de la Guardia Revolucionaria Islámica (CGRI), Irán ha desplegado miles de embarcaciones rápidas armadas con tecnología de misiles y torpedos. Esta estrategia se basa en la «doctrina del enjambre», diseñada específicamente para bloquear el Estrecho de Ormuz. Mientras que los destructores estadounidenses están diseñados para el combate en mar abierto, estas pequeñas unidades utilizan la geografía costera para permanecer invisibles ante satélites y radares de largo alcance. Su táctica de «golpear y huir» permite atacar buques mercantes o militares y retirarse de inmediato a refugios rocosos ocultos.
La efectividad de esta flota se sustenta en modelos altamente especializados y producidos localmente:
El modelo Ashura representa la masa crítica de la flota. Basado en el diseño estadounidense Boston Whaler, estas lanchas de 1,3 toneladas pueden alcanzar los 70 nudos. Su versatilidad les permite portar desde ametralladoras pesadas hasta lanzacohetes de 107 mm y misiles ligeros.
La clase Zolfaghar, derivada de diseños norcoreanos, añade una capacidad de ataque más pesada. Con un desplazamiento de casi 14 toneladas y una velocidad de 52 nudos, están equipadas con misiles antinavío Nasr-1, una versión local del C-802 capaz de infligir daños críticos a buques de gran calado.
La embarcación Seraj destaca por ser un desarrollo nacional de alta velocidad que combina la agilidad de una lancha de carreras con la potencia de fuego de sistemas MLRS de 107 o 122 mm, lo que las convierte en plataformas de saturación de artillería muy efectivas.
La flota se complementa con una dimensión submarina difícil de contrarrestar. Los mini-submarinos de las clases Ghadir y Nahang operan en las aguas poco profundas del estrecho con una firma acústica casi nula. Su función principal no es solo el ataque directo con torpedos, sino el sembrado de minas navales inteligentes que pueden ser activadas selectivamente. A esto se suman drones marítimos suicidas y el Bavar, un hidroavión de ataque que vuela a ras de agua para evadir los sistemas de defensa aérea tradicionales.
La narrativa de la «impotencia» frente a esta flota surge del hecho de que el Pentágono se enfrenta a un enemigo fraccionado y numeroso que no ofrece un blanco único y claro. Al controlar el flujo en el Estrecho de Ormuz mediante esta fuerza asimétrica, Irán mantiene una capacidad de disuasión que neutraliza, en la práctica, parte de la superioridad tecnológica de las fuerzas convencionales de Estados Unidos, convirtiendo cada centímetro del estrecho en una zona de riesgo constante.
Fuente: Guerras y geopolítica
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