Mientras millones de trabajadores y trabajadoras deben enfrentar las dificultades que acarrea el aumento del combustible y el costo de la vida, los sectores más acomodados de la casta política parecen vivir una realidad paralela. En medio de un discurso en la comuna de Pudahuel, José Antonio Kast dejó en claro que su noción de “ajustarse el cinturón” no tiene nada que ver con la realidad que enfrentan las grandes mayorías que viven de sueldos precarios.

Camilo Jofré CañipaProfesor, militante del PTR e integrante de la agrupación de trabajadores de la educación Nuestra Clase.
Domingo 29 de marzo 09:27
“A mi padre le tocaron varias crisis. En cada crisis nos reunía y decía: ‘bueno qué hacemos’. Uno no podía ir a estudiar al extranjero, el otro no podía salir de vacaciones, todos teníamos que reemplazar a los colaboradores en las vacaciones”.
Estas palabras cayeron como un balde de agua fría que desataron las críticas en las redes sociales de forma inmediata. Hablar de no poder estudiar en el extranjero o suspender las vacaciones como un “sacrificio” es una burla para la mayoría de la población que hoy debe elegir entre pagar el transporte o llegar a fin de mes. Para la realidad que viven las y los trabajadores del país, la crisis no está en suspender un viaje a Europa o las vacaciones a Miami, sino que se vive en el hacinamiento de las listas de espera en salud, y el ver como el sueldo que tienen no alcanza para llegar a fin de mes.
Austeridad para el pueblo, privilegios para los de arriba
Esta desconexión no es solo retórica ni un mal ejemplo del mandatario: se traduce en políticas concretas. Mientras el gobierno impulsa ajustes que golpean directamente la educación, salud y vivienda —con recortes en infraestructura, programas y personal—, empuja a millones a sortear la crisis. Todo esto contrasta con los privilegios otorgados a los sectores empresariales y a la casta política que vela por sus intereses.
En el mismo instante que propone subir el precio al combustible, donde las empresas como Copec, Shell o Aramco serán los grandes beneficiados, se bajarán los impuestos para los grandes empresarios y las familias más ricas del país. A esto se le suma un aumento significativo en el monto destinado a los asesores presidenciales, con sueldos que han escalado de forma obscena mientras se le pide "paciencia" a los trabajadores.
Además, hace unos días se dio a conocer el gasto en alimentación del presidente en La Moneda, que supera los 160 millones de pesos mensuales en la compra de fruta y verduras frescas. Un lujo que resulta un insulto cuando en las poblaciones muchas veces se debe recurrir a las ollas comunes para subsistir.
Una realidad paralela y una vida de lujos gracias a la dictadura
El desapego de Kast no es casualidad, sino que la fortuna de la familia se obtuvo gracias a que durante la dictadura militar, tuvieron privilegios y beneficios quienes contribuyeron con Pinochet y la junta militar. En este sentido, la familia del presidente consolidó su imperio económico bajo la protección de las botas militares, siendo completamente serviles a las políticas de ajuste que tuvo que vivir y sufrir el pueblo trabajador.
Por otro lado, el actual presidente ha pasado décadas en el Parlamento ganando una dieta parlamentaria que hoy supera los 7 millones de pesos líquidos (más de 15 veces el sueldo mínimo actual). Ninguna de sus propuestas parlamentarias fue en favor de las grandes mayorías, aprobando siempre medidas a favor de los grandes empresarios.
De la rabia a la organización: ¡Hacia el Paro Nacional!
La caída en la aprobación que viene experimentando el gobierno, refleja que el discurso del “orden” ya no logra tapar la verdad que esconden estos personajes. Pero la rabia e indignación no bastan, es necesario transformar ese descontento en organización que surja desde abajo.
Por eso es clave que las centrales sindicales como la CUT(Central Unitaria de trabajadores) o el CdP(Colegio de profesores), la Confech (Confederación de estudiantes de Chile), junto a los movimientos sociales y coordinadoras territoriales, pasen a la acción. No podemos permitir que quienes gobiernan para el 1% de la población y desatan la crisis sobre los hombros de las familias trabajadoras, no tengan resistencia en sus planes de ajuste.
Es necesario levantar una red de coordinación por el paro nacional, que unifique las luchas contra quienes quieren que la crisis recaiga sobre los bolsillos de las y los trabajadores. Que sirva para la coordinación de un plan de lucha para enfrentar el bencinazo, y los ajustes a nuestras condiciones de vida, con movilización y organización, para poder así golpear con un solo puño.
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