sábado, 7 de febrero de 2026


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Medio Oriente.  Negociaciones en la cuerda floja entre Estados Unidos e Irán








La reciente ronda de conversaciones en Omán entre Irán y Estados Unidos puso sobre la mesa la gravedad de una crisis que amenaza con desbordarse. Bajo la mediación del diplomático omaní Badr al-Busaidi, ambas delegaciones mantuvieron reuniones separadas que, por ahora, solo abordaron el programa nuclear iraní, pese a los intentos de Washington de ampliar el temario a los misiles balísticos y el apoyo iraní a grupos armados.

Viernes 6 de febrero | Edición del día

Las negociaciones

El ministro de Asuntos Exteriores de Omán , que medió en las conversaciones, expresó su optimismo de que las negociaciones continuarán.

En una publicación en X, Sayyid Badr Albusaidi dijo:

Hoy en Mascate se celebraron conversaciones muy serias de mediación entre Irán y Estados Unidos. Fueron útiles para aclarar las ideas tanto iraníes como estadounidenses e identificar posibles áreas de progreso. Esperamos volver a reunirnos a su debido tiempo, y los resultados se analizarán cuidadosamente en Teherán y Washington.

Por su parte el ministro de Asuntos Exteriores de Irán, Abbas Aragchi , dijo que las conversaciones indirectas con funcionarios estadounidenses en Omán fueron "un muy buen comienzo", pero que los negociadores ahora deben hablar con sus líderes.

Todavía no hay opiniones desde el lado estadounidense pero un dia antes la secretaria de prensa de la Casa Blanca, Karoline Leavitt declaraba que:

“Mientras se llevan a cabo estas negociaciones, quisiera recordarle al régimen iraní que el presidente tiene muchas opciones a su disposición, además de la diplomacia, como comandante en jefe del ejército más poderoso en la historia del mundo”, dijo a los periodistas.”

Contexto

Estas negociaciones llegan después de un ataque estadounidense en junio en la llamada “Guerra de los 12 dias” contra instalaciones nucleares iraníes y el asesinato de altos mandos militares. El clima es de máxima tensión: EE.UU. desplegó aún más fuerzas navales en la región, y Trump amenaza con una ofensiva militar si no hay avances. Irán, por su parte, dejó claro que respondería atacando a Israel o a bases estadounidenses si es agredido.

La administración Trump, con figuras como el magnate Steve Witkoff y el senador Marco Rubio a la cabeza, ha transformado la mesa de negociación en un tribunal de guerra. Lo que Washington denomina "diplomacia" es, en realidad, un ejercicio de diplomacia coercitiva que exige la rendición soberana de Irán bajo tres pilares innegociables:

Cese total y absoluto del enriquecimiento de uranio: Una demanda que anula cualquier desarrollo tecnológico propio.

Entrega inmediata del material existente:
 El despojo de las reservas estratégicas que Teherán ha custodiado en secreto.

Desmantelamiento del programa de misiles balísticos: El verdadero nervio de la defensa iraní.

Existe una divergencia táctica significativa entre los aliados. Mientras Washington proyecta operaciones de "presión quirúrgica" para forzar concesiones, el gabinete de Benjamin Netanyahu ejerce una presión constante para que Estados Unidos actúe como "punta de lanza" en una campaña de decapitación masiva. El objetivo de máxima de Tel Aviv es la eliminación de Irán como rival sistémico, no simplemente la contención de su programa nuclear. Aunque está claro que es un objetivo irrealizable teniendo en cuenta los antecedentes de los últimos enfrentamientos, donde la fuerza militar iraní, demostró que tiene capacidad de afectar las defensas de Israel, en particular, de atravesar el sistema llamado Domo de Acero.

La administración Trump intenta forzar a Irán a negociar temas más allá de lo nuclear y busca sumar a otros aliados regionales (Qatar, Emiratos Árabes Unidos, Egipto, Arabia Saudita) a la mesa, algo que Teherán rechaza de plano ante el temor de que su seguridad dependa de potencias hostiles.

La posición iraní es firme: su derecho a enriquecer uranio es innegociable, aunque se dejaría la puerta abierta a suspender este proceso por un período fijo. Circula la posibilidad de un consorcio regional para el enriquecimiento de uranio, lo que podría convertir la cuestión nuclear en un proyecto civil para toda la región. Irán también exige el levantamiento de sanciones a cambio de aceptar nuevas inspecciones de sus sitios nucleares.

El trasfondo económico es brutal: tras los ataques israelíes, el rial iraní se desplomó y la hiperinflación golpeó al país entero. Este ahogo económico fue el detonante de las recientes protestas, respondidas con una represión sangrienta por parte del régimen teocrático.

Sobre la situación económica en Irán esto decía Scott Bessent el Secretario del Tesoro norteamericano: “Creíamos que la moneda iraní estaba al borde del colapso... pusimos máxima presión... y ha funcionado porque en diciembre su economía colapsó. Vimos caer a un banco importante, el Banco Central ha empezado a imprimir dinero... por eso la gente salió a la calle. Esto es política económica de Estado, sin disparar un solo tiro".

El conflicto ha dejado de ser una disputa regional para transformarse en una batalla por el control del suministro energético global, con China como objetivo colateral.

El Riesgo Sistémico de Ormuz: El estrecho es el punto de paso del 20% del crudo mundial. Un bloqueo iraní en respuesta a una agresión militar desencadenaría una catástrofe económica en 2026, con un choque de oferta que desestabilizaría los mercados financieros occidentales.

Una pulseada de intereses y represión

El imperialismo yanqui pretende mantener su hegemonía en Medio Oriente con sanciones y amenazas militares, mientras que el régimen iraní, lejos de representar una alternativa para los pueblos oprimidos, utiliza el enfrentamiento externo para justificar la represión interna y sostener sus privilegios.

El objetivo del régimen iraní es revertir las sanciones impuestas por Occidente, pero lo hace sin dejar de reprimir brutalmente a su propio pueblo y sin ofrecer ninguna mejora real para las masas. A su vez, Estados Unidos y sus aliados regionales—con Israel a la cabeza—no buscan más que resguardar sus propios intereses y debilitar a su competencia.

La única salida progresiva comienza por rechazar la injerencia imperialista y enfrentarse también a los regímenes locales que oprimen y ajustan. Ni con el imperialismo ni con los regímenes teocráticos: la alternativa, como siempre, está en la organización independiente de la clase trabajadora y los pueblos oprimidos.


TEMAS

Irán    Imperialismo    Medio Oriente    Israel    Estados Unidos    Internacional




 

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