
La cifra de víctimas sigue creciendo mientras los bombardeos israelíes se intensifican sobre territorio libanés
La cifra de víctimas no deja de aumentar bajo los bombardeos del ejército israelí en Líbano. No se trata de “daños colaterales” ni de “operaciones selectivas”: estamos ante asesinatos sistemáticos de población civil en el marco de una ofensiva que ya ha forzado a más de un millón de personas a huir de sus hogares desde el pasado 2 de marzo.
Los datos del Ministerio de Sanidad libanés son contundentes: más de 1.300 personas han sido asesinadas y más de 4.300 han resultado heridas. En apenas 24 horas, decenas de nuevas víctimas se suman a una lista que no deja de crecer. Entre ellas, un número insoportable de niños: más de un centenar han muerto y cientos han sido heridos. No son cifras abstractas. Son vidas truncadas bajo las bombas.
Mientras tanto, decenas de miles de familias sobreviven hacinadas en refugios estatales, sin recursos suficientes, sin certezas, sin futuro inmediato. La destrucción de viviendas, la ocupación de tierras y la violencia continuada dibujan un escenario que va mucho más allá de una ofensiva militar: es un proceso de expulsión masiva y sostenida.
En el sur del país, los ataques no cesan. Localidades enteras siguen siendo bombardeadas, con un impacto directo sobre la población civil. En uno de los últimos episodios, un ataque en la zona de Sidón dejó varios muertos, incluidos menores, y numerosos heridos. No es una excepción, es la norma. Es la lógica de una guerra que golpea deliberadamente donde sabe que duele más: en la vida cotidiana, en los cuerpos más vulnerables.
El propio primer ministro libanés ha advertido del riesgo de una anexión de facto del sur del país. No es una exageración. La ocupación de tierras, la demolición de viviendas y el desplazamiento forzado están configurando una realidad en la que el retorno de la población se vuelve cada vez más improbable. Se destruye el presente mientras se bloquea el futuro.
Todo esto ocurre pese a un alto el fuego que, en la práctica, ha sido vaciado de contenido. Israel justifica sus ataques como acciones contra Hezbolá, pero sobre el terreno lo que queda es una población civil masacrada, territorios arrasados y una crisis humanitaria en expansión. Tanto el gobierno libanés como organismos internacionales han denunciado la continuidad de los bombardeos, sin que estas condenas se traduzcan en freno alguno.
La comunidad internacional observa, expresa “preocupación” y acumula declaraciones mientras la violencia continúa. Pero los hechos son claros: se está castigando colectivamente a una población, se están destruyendo sus condiciones de vida y se está sembrando un escenario de desarraigo permanente.
No es una crisis más. Es una política de muerte sostenida en el tiempo. Y mientras las cifras sigan creciendo, seguir hablando de “conflicto” sin nombrar los asesinatos solo contribuye a normalizar lo que nunca debería ser aceptable.
Imagen de portada: Julio Rodríguez – @Julio_Rodr_ en X
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