Por Sergio Meneses

La revista estadounidense señala que la guerra ha sido un error estratégico por sus costos globales desproporcionados y la falta de un objetivo claro y alcanzable.

En un artículo publicado en Foreign Policy, Ravi Agrawal, editor en jefe de la revista estadounidense, sostiene que, tras poco más de un mes de conflicto, Estados Unidos está perdiendo la guerra contra Irán, mientras que la República Islámica está ganando simplemente por sobrevivir. Aunque Washington y el régimen de Israel han infligido daños significativos, Teherán ha logrado objetivos estratégicos clave que generan costos enormes a nivel global y debilitan la posición estadounidense.

Daños infligidos vs. objetivos no alcanzados

Ravi Agrawal reconoce que EE.UU y el régimen de Israel han logrado éxitos tácticos importantes, como el asesinato del líder supremo Alí Jamenei, la destrucción de gran parte de la fuerza aérea y naval iraní, el retroceso en el programa nuclear, la degradación de las capacidades de misiles balísticos o golpes severos a Hezbolá en Líbano.

Sin embargo, los objetivos maximalistas de la administración Trump —cambio de poder, neutralización total de milicias aliadas de Irán, fin de la amenaza de misiles y prevención definitiva de un Irán nuclear— no se han cumplido. Irán ha reemplazado a líderes clave, mantiene capacidad de misiles, Hezbolá sobrevive (aunque debilitado), los hutíes han entrado en acción y Teherán conserva reservas de uranio enriquecido. La geografía iraní y la resiliencia del gobierno han impedido una victoria.

El poder de la supervivencia y el daño económico

La tesis central del artículo es que “un mes después, la República Islámica está ganando simplemente por sobrevivir”. Irán ha logrado cerrar o perturbar gravemente el Estrecho de Ormuz, ruta clave para el 20% del GNL mundial, un tercio del helio y fertilizantes, lo que ha provocado alzas dramáticas en los precios: +120% en combustible de aviación, +87% en el crudo Brent y +70% en gas natural en Europa.

Estos efectos se traducen en disrupciones en cadenas de suministro globales (chips, alimentos, etc.) y costos económicos masivos que afectan no solo a adversarios, sino también a aliados y a la propia economía estadounidense. Además, Irán ha atacado infraestructuras en el Golfo (incluido un campo de gas en Qatar) y ha mantenido presión sobre Israel con misiles persistentes, obligando a la población a refugiarse en búnkeres.

Desaprobación interna e internacional

La gestión del conflicto por parte de Trump enfrenta un fuerte rechazo en la opinión pública estadounidense. Según una encuesta del Centro de Investigación Pew publicada el 25 de marzo, el 61% de los estadounidenses desaprueba cómo el presidente está manejando el conflicto, frente a solo el 37% que lo aprueba. La división es profundamente partidista: el 69-70% de los republicanos lo aprueba, pero solo el 10% de los demócratas. Además, el 59% considera que la decisión inicial de usar la fuerza militar fue equivocada.

En el plano internacional, EE.UU se encuentra aislado (con Israel como principal aliado), la relación transatlántica se ha debilitado y encuestas en países como Egipto, Kenia, Nigeria, Pakistán, Arabia Saudita y Sudáfrica muestran que más personas culpan a EE.UU e Israel que a Irán por los costos del conflicto.

Consecuencias estratégicas negativas

El autor destaca varios efectos contraproducentes: EE.UU levantó sanciones a Irán y Rusia, lo que ha aumentado los ingresos diarios de Teherán y ha proporcionado recursos adicionales a Moscú para su guerra en Ucrania; China evita enredos directos pero se beneficia indirectamente; En el Congreso republicano hay resistencias crecientes a aprobar fondos adicionales (se habla de 200.000 millones de dólares) y oposición explícita a enviar tropas terrestres.

Agrawal advierte que la mera supervivencia del régimen iraní lo vindica, lo llena de espíritu de venganza y podría llevarlo a reconstruir su arsenal o, incluso, a acelerar un programa nuclear al estilo de Corea del Norte. La guerra, concluye, ha sido un error estratégico por sus costos globales desproporcionados y la falta de un objetivo claro y alcanzable. Trump subestimó tanto la
resiliencia y las ventajas geográficas de Irán.

Ravi Agrawal cierra con una nota de compasión hacia los civiles afectados en Irán, Líbano, Israel y los países del Golfo, y se pregunta cuál es el propósito real del conflicto si solo conduce a más inestabilidad y posibles guerras futuras. Aunque la situación podría cambiar con nuevos desarrollos, por ahora la capacidad de Irán para resistir y dañar la economía global le ha dado una mano mejor de la esperada.