sábado, 28 de febrero de 2026




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Mujeres y disidencias. Este 8 de marzo: ¡A organizar la resistencia contra la ultraderecha desde abajo!








Durante años, el movimiento de mujeres se ha sostenido en las calles cada 8 de marzo como una tradición de organización, lucha y resistencia. Un movimiento que levanta demandas históricas como igual salario por igual trabajo, el derecho al aborto libre, legal, seguro y gratuito, y el fin de toda forma de violencia machista. Esta persistencia no es casual: expresa la fuerza de un movimiento que ha sabido abrirse paso frente a gobiernos e instituciones que intentan relegar nuestras demandas.

Miércoles 11 de febrero | 07:59

Hoy este papel se vuelve aún más urgente. En los últimos años hemos visto el avance de la derecha y la extrema derecha en distintas partes del mundo y del continente, con figuras como Trump en Estados Unidos, Kast en Chile y Milei en Argentina. Esta ofensiva reaccionaria no solo busca profundizar planes de ajuste contra la clase trabajadora, sino que también impulsa políticas abiertamente antimujeres antimigrantes y antidisidencias sexuales.

Frente a este escenario, la lucha internacional en solidaridad con Palestina, las huelgas generales en Italia, la organización y defensa de migrantes en Estados Unidos, son ejemplos importantes que nos muestran hacia dónde avanzar. Como movimiento de mujeres y disidencias tenemos que proponernos ser un actor central en la resistencia y en la construcción de una alternativa que enfrente a la derecha y extrema derecha, por un movimiento de mujeres y disidencias antiimperialista, anticapitalista y de la clase trabajadora.

Trump, por ejemplo, ha sido noticia no solo por la brutal persecución a las comunidades migrantes en Estados Unidos, con redadas masivas y una política de terror impulsada por el ICE, institución que asesinó a Renee Nicole y Alex Pretti, sino también porque, frente a esto, han sido las mujeres —profesoras, trabajadoras de la educación y de otros sectores— quienes han estado a la vanguardia de importantes procesos de organización y de movilización, como la organización desde las escuelas para defender a niñeces migrantes perseguidas por la policía, o las huelgas generales que se han desarrollado en Minneapolis.

Al mismo tiempo, Trump y su entorno han quedado expuestos por los vínculos con las redes de abuso y explotación sexual organizadas por Jeffrey Epstein, que involucraron vejaciones, violaciones, trata y prostitución infantil. Estos hechos no son aberraciones aisladas, sino una expresión extrema de la cultura machista y misógina promovida y protegida por los grandes personeros del capitalismo y por quienes representan los intereses del imperialismo a nivel mundial.

En Chile, José Antonio Kast representa los mismos intereses de esta internacional reaccionaria. No es casualidad que Donald Trump se refiriera a él como “un tipo agradable”: no se trata de una simpatía personal, sino de la expresión de los profundos lazos ideológicos, políticos y económicos que los unen. Ambos encarnan proyectos que buscan reforzar el orden neoliberal, profundizar el autoritarismo, atacar los derechos de las mujeres y las disidencias sexuales, y descargar los costos de la crisis sobre la clase trabajadora.

Así lo vemos tras los dichos de la futura ministra de la mujer Judith Marín, quien planteó cerrar el Ministerio de la Mujer y ha sido históricamente una férrea opositora al derecho al aborto, incluso acotado a las tres causales. El ascenso de Kast se da además en un marco de fortalecimiento de la impunidad como sucedió con Claudio Crespo, y la reedición de montajes por parte de la Fiscalía, como sucede actualmente con Julia Chuñil.

El feminismo institucional del Frente Amplio y el Partido Comunista se propuso enfrentar estas políticas conservadoras fundamentalmente desde las urnas, el parlamento y el poder ejecutivo. Fracasaron y terminaron abriéndoles camino. En cada uno de estos espacios el gobierno se encontró con oposición (naturalmente) y optó por rebajar su propio programa, abandonando demandas históricas del movimiento de mujeres, como el derecho al aborto libre, seguro y gratuito o la educación sexual integral.

Esta orientación no solo implicó renuncias programáticas, sino que tuvo como consecuencia la pasivización del movimiento de mujeres y de las disidencias sexuales, al subordinar la lucha a los tiempos y límites de la institucionalidad y fortalecer las herramientas represivas frente a próximas movilizaciones. No impulsaron ni una sola movilización por el derecho al aborto libre, mantuvieron la militarización del Wallmapu, legislaron leyes hechas para la persecusión a los movimientos populares como la Ley Antitoma o la Ley Naín Retamal.

Durante distintos ciclos electorales, un sector del movimiento de mujeres y disidencias ha llamado a enfrentar a la derecha mediante la lógica del “mal menor”. Así lo reflejaron las campañas impulsadas por la Coordinadora Feminista 8 de Marzo, primero respaldando a Gabriel Boric y luego a Jeannette Jara, incluso cuando esta última avanzó en acuerdos con la Democracia Cristiana y giró sus propuestas hacia posiciones más conservadoras. Este viraje puso en el centro la agenda securitaria, relegando demandas históricas como los derechos sexuales y reproductivos.

La defensa de los derechos democráticos se vuelve hoy una tarea urgente. Sin embargo, esta pelea difícilmente puede sostenerse subordinada a sectores del oficialismo que han optado por negociar con el gran empresariado. Tras cuatro años de gobierno del Frente Amplio y el Partido Comunista, la experiencia parece confirmar que las promesas de transformación chocaron con los límites de un proyecto dispuesto a administrar el orden existente.

Frente al avance del conservadurismo y al fortalecimiento de sus instituciones y partidos, se hace necesario levantar una salida independiente.

Por un movimiento de mujeres y feminista internacionalista, antiimperialista, anticapitalista y de la clase trabajadora

Si bien este momento nos encuentra con un movimiento de mujeres y de disidencias sexuales desarticulado, es una tarea urgente generar la mayor fuerza social de unidad entre mujeres, disidencias sexuales, trabajadoras y trabajadores, juventud, pueblo mapuche y comunidades migrantes. Solo a partir de esta unidad será posible reorganizar el movimiento de mujeres sobre bases sólidas, ancladas en los lugares de trabajo, de estudio y en los territorios, recuperando su carácter masivo y combativo, junto a nuestros compañeros.
Se trata de volver a construir un movimiento con fuerza en las calles, independiente de los gobiernos de turno, capaz de enfrentar tanto a la derecha y la extrema derecha y como una alternativa a los límites del feminismo institucional, retomando la lucha por nuestras demandas históricas.

Hoy es necesario que las organizaciones de las y los trabajadores y del movimiento estudiantil —como la CUT, el Colegio de Profesoras y Profesores, la FECH, la CONFECH, la FEUSACH y otras federaciones y sindicatos— tomen una posición clara y activa frente al escenario actual convocando a marchar este 8 y a paralizar en nuestros lugares de estudio y trabajo el lunes 9 de marzo impulsando diversidad de iniciativas: desde paro total, hasta paro de brazos caídos, clases abiertas, asambleas intersectoriales, jornadas de agitación, entre otras. Estas organizaciones deben convocar ampliamente a sus bases y promover su iniciativa, mediante asambleas democráticas, comisiones de mujeres, para debatir y levantar un programa común de oposición al gobierno de Kast y a su agenda reaccionaria.

Un programa que exprese las demandas de la clase trabajadora, de las mujeres, de las disidencias sexuales y de la juventud, y que sirva como herramienta para organizar la lucha desde abajo, con independencia política y con fuerza en las calles.

Sería criminal que organizaciones no se pronuncien desde el día uno como oposición activa al gobierno de Kast proponiéndose organizar desde ya la resistencia.

Levantemos un bloque en la calle antiimperialista y con independencia de clase.

Marcha con Pan y Rosas

Desde el año pasado, distintos sectores del movimiento feminista, del activismo medioambiental, de la defensa de los derechos humanos y de la solidaridad con el pueblo palestino nos hemos venido articulando y movilizando en unidad para enfrentar a la derecha y luchar por la conquista de nuestras demandas. Estas experiencias muestran que existe una base real para avanzar en una coordinación más amplia y permanente de los sectores en lucha.

Este 8 de Marzo se da en el contexto de la asunción del gobierno de Kast, con una derecha casi mayoritaria en el parlamento y una izquierda institucional ( PC/ FA) que se plantea, en palabras de Jara como “oposición respetuosa”.
En este escenario es preciso que desde el movimiento feminista busquemos desde abajo que este vuelva a fortalecerse, levantando comisiones de mujeres en cada lugar de trabajo y estudio, articulándonos en base a la defensa y a la lucha de demandas fundamentales como lo son el derecho al aborto legal, libre seguro y gratuito, a la educación sexual integral. Al derecho por un sueldo acorde a la canasta familiar desde los 850 mil pesos; por la reducción de la jornada laboral, el derecho a la salud, la vivienda y a la educación.
Para este desafío resulta clave el papel de organizaciones como la Coordinadora Feminista 8 de Marzo, su rol puede ser decisivo para promover una articulación amplia, con independencia política de los partidos tradicionales y del régimen, que permita reagrupar fuerzas frente a la ofensiva conservadora. En sus orígenes, la coordinadora 8M era un espacio donde se convocaban federaciones estudiantiles, centros de estudiantes, sindicatos de trabajadoras y organizaciones feministas, hoy es necesario retomar esa tradición poniendo la organización de base al frente.

Este 8 de marzo creemos que es imprescindible volver a unificar nuestras fuerzas en las calles: Coordinadora Por Palestina, Acción Global, Asamblea por Julia Chuñil, y organizaciones del movimiento estudiantil, migrantes y sindical que se declaren independientes del gobierno y de oposición a Kast. Desde Pan y Rosas sostenemos la necesidad de levantar un bloque antiimperialista en la calle, con total independencia política del gobierno de Boric, como una herramienta amplia de organización y lucha, que permita enfrentar a la derecha, a la extrema derecha y al próximo gobierno de Kast y su agenda reaccionaria.

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