
Transmasculinidades y el laberinto del acceso a la salud en México
En los últimos cinco años, se ha fortalecido el marco legal para el acceso de las personas trans a la salud. Actualmente 21 estados cuentan con leyes de identidad de género, además de la Ley Federal para Prevenir y Eliminar la Discriminación.
Específicamente en temas de salud, desde 2020 existe el Protocolo para el Acceso sin Discriminación a la Prestación de Servicios de Atención Médica de las Personas Lésbico, Gay, Bisexual, Transexual, Travesti, Transgénero e Intersexual. Es un documento donde se recuperan los Principios de Yogyakarta, los cuales establecen que las personas trans, entre otras cosas, tienen “elderecho al disfrute del más alto nivel posible de salud, así como el derecho a la protección contra abusos médicos”.
Sin embargo, estas regulaciones parecen no tener el efecto deseado en la práctica del personal médico, tanto de instituciones públicas como privadas. La constante son distintas formas de patologización y estigmatización que se expresan a través de la negación del servicio, la malgenerización (una forma de transfobia que consiste en tratar a las personas trans como si fueran de un género que no es el suyo), y otras violencias.
El resultado de este tipo de barreras es que las personas trans dejan de utilizar los servicios médicos, teniendo el riesgo de obtener diagnósticos tardíos o la falta de tratamiento en general, lo que tiene importantes efectos en su salud y su calidad de vida. “La discriminación y la estigmatización en el ámbito médico son barreras importantes que impiden que las personas trans y de género diverso (TGD) busquen atención médica. Las experiencias negativas, como el trato irrespetuoso, la falta de conocimiento por parte de los profesionales de la salud y la negación de servicios, son comunes”, sostiene la doctora Daniela Muñoz en un informe emitido por la comunidad de atención médica Transsalud, este año.
Este es el caso de Kiki, quien ha tenido constantes experiencias de malgenerización y violencia por parte de médicos privados, haciéndole sentir incómode e insegure de acudir de nuevo a este tipo de servicios, “A mí me da pavor ir a cualquier tipo de doctor, incluso al Simi [red de Farmacias Similares], cuando iba a que me inyectaran, me decían cada mamada. No tienen idea de qué es ser una persona trans”, relata Kiki, carpinterx trans no binarie que habita en las afueras de la ciudad de Oaxaca.

El acceso a servicios de salud ginecológica es especialmente complicado para las personas transmasculinas, y resulta en una serie de violencias, como nos cuenta Manuel, estudiante radicado en Querétaro: “Se han negado a atenderme en el área de ginecología y a hacerme estudios para prevenir el cáncer de mama, diciendo que los hombres trans no pueden tener cáncer de mamá porque toman hormonas”.
Acceso al tratamiento de remplazo hormonal
Además de la atención médica general, las personas transmasculinas se enfrentan a una serie de retos al querer acceder a procesos de afirmación de género. Sobre este punto, es importante aclarar que llevar tratamiento de remplazo hormonal no es sinónimo de ser una persona trans, existen personas trans que deciden llevarlos a cabo y otras que deciden no hacerlo, así como existen personas trans que tienen la posibilidad de tener el tratamiento, y otras que no.
De acuerdo a las personas entrevistadas para este reportaje, así como a la información promovida por Transsalud, un proceso de afirmación de género para hombres trans o personas no binarias transmasculinas, idealmente, tendría que ser un tratamiento integral y personalizado que incluya diversas áreas de atención del cuerpo, entre las que destacan la endocrinología, la dermatología, la cardiología y la nutrición, siendo complementadas con cualquier tipo de atención específica que requieran las personas a partir de sus experiencias de vida, genética y otras manifestaciones específicas del efecto del tratamiento en sus cuerpos.
Además, es necesario el monitoreo constante a partir de consultas y exámenes médicos. Este proceso también tendría que ser acompañado por atención psicológica no patologizante y la posibilidad de compartir experiencias entre pares.
En la realidad, las experiencias que tienen los hombres trans y otras personas transmasculinas dependen mucho del acceso que tengan a todos estos tipos de atención, lo que a su vez depende principalmente del lugar donde radican y su clase social. En la mayor parte del país, no existen instituciones públicas de salud que atiendan especializadamente a las personas trans o que brinden acompañamiento para el tratamiento de remplazo hormonal u otros procedimientos de afirmación de género, por lo que en la mayoría de los casos, el costo y la gestión de estos procesos recaen en las personas mismas.
Aunque existe el marco legal y, en teoría, instituciones como el IMSS (Instituto Mexicano de Seguridad Social) y el ISSSTE (Instituto de Seguridad y Servicios Sociales de los Trabajadores del Estado) tendrían que proveer estos servicios a sus derechohabientes, en la realidad no lo hacen, salvo en casos muy específicos donde las personas libran una batalla legal con la institución, como es el caso de una mujer trans que, en marzo de este año, en Chihuahua, logró que un juez ordenara al IMSS proveerle de tratamientos de afirmación de género.
El procedimiento es largo y desgastante y generalmente implica denuncias ante las instancias gubernamentales que trabajan contra la discriminación y en defensa de los derechos humanos. Sobre esto, André, estudiante de Veracruz, comenta: “No he accedido a mi derecho público porque los trámites son muy transfóbicos y cero informados, es muy cansado ir a pedir atención como persona trans”.
Esta negativa, además de la evidente transfobia que contiene, responde a que los tratamientos y procedimientos alrededor de la afirmación de género para personas trans se conciben desde las instituciones de salud tradicionales como procedimientos estéticos, no como necesidades reales de la población que tendrían que atenderse como parte de su derecho a gozar de una salud plena.

Es por esta razón que la mayoría de las personas transmasculinas que deciden iniciar el tratamiento de remplazo hormonal lo hacen a través de servicios médicos privados, o que son facilitados por asociaciones civiles o redes de profesionales de la salud solidaries, como son Transsalud e Impulso Trans, solo por mencionar dos. En algunos casos, el acompañamiento se hace de forma integral, por medio de clínicas especializadas, en otros, mediante la atención de profesionales específicos.
La autogestión del tratamiento, aunque tiene ventajas como poder elegir a qué servicios acudir, y no tener que pasar por filtros y trámites institucionales, es poco accesible por sus costos elevados, al mismo tiempo que representa una serie de riesgos para las personas que lo reciben, ya que el proceso requiere monitoreo constante y se necesita del diálogo entre las distintas especialidades médicas, así como de una comprensión global del proceso. Si existe alguna condición crónica o vigente previa, debe monitorearse, y partir de las consultas, cada persona debe recibir dosis adecuadas y en ocasiones tratamientos alternos.
En el caso específico de las transmasculinidades, los riesgos más conocidos tienen que ver con el agravamiento de condiciones previas como la resistencia a la insulina, el aumento de colesterol, condiciones dermatológicas y problemas cardiovasculares. Sin embargo, también pueden presentarse diversas reacciones y condiciones que es imprescindible atender. Es por esto que la atención integral se vuelve relevante, sobre todo una atención no estigmatizada que trascienda la tendencia a culpar a las personas o cuestionar sus decisiones sobre el tratamiento.
La omisión y la negligencia son una constante en la atención a personas transmasculinas que presentan alguna complicación, o cualquier problema de salud en general, esté relacionado o no con el tratamiento, como relata Manuel que le ha pasado en varias ocasiones:
“De parte de mi endocrinólogo todo prefecto, pero al tener problemas de salud, todo lo relacionan con la terapia de reemplazo hormonal, no hacen seguimiento, ni estudios para llegar a un diagnóstico adecuado. El primer caso fue cuando me dijeron que tenía un tumor en el hígado y que, si seguía tomando testosterona, este se iba a convertir en cáncer. Al final tuve que ir con un especialista en oncología y me explicó que era un nódulo, algo de nacimiento, y que la testosterona no generaba cáncer en el hígado. El primer doctor nunca contestó mis mensajes, me canceló mi cita de seguimiento y al final todo fue un mal diagnóstico”.
Además de la falta de acompañamiento integral, la autogestión en el tratamiento de remplazo hormonal es complicada por los altos costos que implica. Dependiendo de los servicios a los que pueda acceder, una persona transmasculina que autogestiona su tratamiento de remplazo hormonal en México gasta entre 1,500 y 6,000 pesos mensualmente entre medicamentos, suplementos, consultas, estudios de laboratorio y otros servicios. De esta manera, hay quienes tienen las posibilidades económicas de llevar un tratamiento integral, mientras otres lo llevan de manera parcial, y muches de elles cubren lo más esencial.
Esta desigualdad provoca que, ante la falta de atención médica adecuada, muchas personas transmasculinas sostengan tratamientos de remplazo hormonal con poca o nula supervisión médica, o que, ante cambios de residencia o empleo, tengan que interrumpir sus tratamientos, con los respectivos riesgos a la salud que esto implica. Un riesgo adicional es la circulación de medicamentos de origen dudoso y la poca regulación que existe sobre ellos.
Opciones desde el servicio público
Sam tiene 29 años, es originarie de Oaxaca y estudia en la Ciudad de México. Como persona trans no binaria lleva, desde hace poco más de un año, acompañamiento y tratamiento de remplazo hormonal en la Unidad de Salud Integral para Personas Trans (USIPT). Esta instancia le provee, además de las dosis del tratamiento, seguimiento endocrinológico, dermatológico y acompañamiento psicológico.
Los servicios son brindados por personas trans y sexodisidentes, lo que, para Sam, hace toda la diferencia en la atención. “Eso cambia completamente, porque además de vivir desde su corpo-sentir, siempre están tomando talleres de sensibilización respecto a identidades trans, personas no binarias, etc. Sin romantizar, pero en mi experiencia, en su trato no son violentxs. Para mi es muy chido, y me hace sentir en un lugar seguro, que al llegar haya una mujer trans en la mesa de registro, por ejemplo”, comenta Sam.

Otra de las ventajas que ofrece esta clínica, fundada en 2021, es que es un centro de salud integral, donde también se llevan a cabo actividades entre pares, lo que permite el diálogo entre personas sobre sus distintos procesos, y talleres para familiares y redes de apoyo. De igual manera, las personas trans pueden ser atendidas por complicaciones de procedimientos anteriores no seguros, sin ser juzgadas.
La USIPT, junto con otras dos clínicas que ofrecen algunos de los mismos servicios, son las únicas instituciones de salud pública que ofrecen acompañamiento para la afirmación de género en México, y las tres se encuentran en la capital del país.
Entre los límites y retos de estas instituciones se encuentra que para el ingreso solicitan como requisito no contar con seguro social, algo que obstaculiza a las personas trans en el acceso a una salud integral. No toma en cuenta que la atención para personas trans y no binaries con seguro social, en el IMSS e ISSSTE, no cuenta con los protocolos necesarios e implica una serie de violencias y omisiones para las personas que quieran acceder a ella, ya que, como afirma Sam: “Si la atención fuera en el seguro no sería sensible, sería a partir de la patologización”.
Otro reto es la amplia demanda que tienen las clínicas, lo que hace que las consultas deban ser muy espaciadas, o que los estudios sean entregados de manera tardía, lo que a veces implica que las personas usuarias tengan que acudir a servicios privados para mantener la constancia en sus tratamientos. Por último, y al igual que los servicios privados, la información que reciben las personas no es completa o siempre oportuna: “Aunque parece que el tema trans ya está en la agenda pública, al menos en la CDMX, hay cosas que no te dicen sobre los cambios que vas vivir, algunos cuidados que tienes que tener, y tampoco hay información clara disponible, es un poco como ir a ciegas, es ir descubriendo cómo reacciona tu cuerpo”, comenta Sam.
Redes de apoyo frente al estigma
Como nos muestran estas experiencias de transmasculinidades en diversas partes del país, la salud de las personas trans en México no se ha colocado aún como un tema en la agenda de salud pública, más allá de la atención a las enfermedades de transmisión sexual. Esto se hizo evidente en 2021 y 2022, cuando la crisis del desabasto de testosterona puso en riesgo la continuidad de los tratamientos de miles de personas transmasculinas en el país, ante los ojos omisos del gobierno y las instituciones de salud.
Los logros en las demandas de la población sexodisidente son visibles, junto con el surgimiento de actores en la sociedad civil que proveen alternativas, sin embargo, estos servicios siguen concentrados en la Ciudad de México, y aunque se han convertido en una opción muy importante para cierta población, hay mucho camino que recorrer hasta que existan las condiciones para que los hombres trans, las personas transmasculinas y en general las personas sexodisidentes de otros Estados puedan ejercer su derecho a la salud de forma segura y libre de violencia.
Por otro lado, autogestionar un tratamiento de remplazo hormonal desde la periferia, donde no hay servicios públicos, ni oferta de clínicas especializadas, implica que las personas transmasculinas dependan del autocuidado y de procurar para sí mismes y sus cuerpos, procesos de cambio seguros. “A veces las personas trans tenemos mucha más conexión con nuestro cuerpo y sus necesidades de cuidados y de salud, porque le ponemos mucha más atención a nuestros deseos y necesidades, que las personas cis. Entonces, pensando en la gente que piensa que lo que hacemos a nuestro cuerpo es dañarlo, pues al contrario, estamos mucho más al pendiente de nuestra salud”, afirma Ari, persona trans no binaria de Oaxaca, quien desde hace años trata de llevar un proceso integral, adecuado a sus posibilidades, que le permita cuidar su cuerpo y su salud.
Ante la ausencia de servicios públicos de salud, personas transmasculinas dependen también de las redes de apoyo que van construyendo, lo que muchas veces les provee, además de cuidados, de información relevante en sus procesos y contención emocional. “Antes de empezar con las hormonas, para mi fue importante hacer red, tener amix que estuvieran en las mismas, o algo similar, que estuviéramos en esos procesos y pudiéramos hablarlo, y compartir información, compartir cómo nos sentíamos”, comenta Kiki.
Fuente: Avispa Midia
* Imagen de portada: Ari, retrato por Tyara Rebeca Pérez Olvera.
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