
Científicos alertan de que más de 1.500 buques inmovilizados en el estrecho de Ormuz podrían propagar especies invasoras por todo el mundo
Investigadores alertan de un posible evento global de bioinvasión marina por organismos adheridos a buques retenidos durante meses en Ormuz.
🔬 Más de 1.500 buques inmovilizados durante meses.
🌊 Acumulación de algas, mejillones y percebes en los cascos.
🚢 Reanudación del tráfico marítimo, riesgo de dispersión mundial.
🐚 Especies invasoras, amenaza para ecosistemas costeros.
⚠️ Impacto ecológico y económico difícil de revertir.
🌍 Coordinación internacional, prioridad para evitar una bioinvasión.
Un problema silencioso que podría viajar con los barcos
Cuando se habla del cierre del estrecho de Ormuz, la atención suele centrarse en el petróleo, el comercio internacional o la geopolítica. Sin embargo, un grupo internacional de científicos acaba de advertir sobre una consecuencia mucho menos visible y que podría tener efectos durante décadas: la posible expansión masiva de especies marinas invasoras transportadas por barcos que han permanecido inmóviles durante meses.
La investigación, publicada en la revista Biological Invasions y liderada por el University of Maryland Center for Environmental Science (UMCES) con la participación del Woods Hole Oceanographic Institution (WHOI), señala que la acumulación excepcional de embarcaciones en el golfo Pérsico tras el cierre del estrecho ha creado unas condiciones inéditas para la proliferación de organismos adheridos a los cascos.
Los investigadores estiman que más de 1.500 buques comerciales han permanecido fondeados durante largos periodos. Esa inmovilidad favorece el crecimiento de comunidades muy densas de algas, percebes, mejillones, ascidias y otros invertebrados marinos, capaces de sobrevivir al viaje cuando los barcos retomen sus rutas habituales.
El casco de un barco también es un ecosistema
A simple vista, el casco de un carguero parece una superficie metálica lisa. En realidad, cuando permanece mucho tiempo sin navegar puede convertirse en un auténtico arrecife flotante.
Este fenómeno, conocido como biofouling o incrustación biológica, consiste en la colonización progresiva de superficies sumergidas por microorganismos, algas y pequeños animales marinos. El proceso comienza con una fina película de bacterias y continúa con organismos cada vez más complejos hasta formar comunidades muy resistentes.
En condiciones normales, el movimiento constante del barco, junto con los programas de mantenimiento y las pinturas antiincrustantes, limitan ese crecimiento. Sin embargo, meses de inactividad permiten que esas comunidades alcancen un desarrollo mucho mayor del habitual.
Cuando la embarcación vuelve a navegar, muchos de esos organismos permanecen adheridos durante miles de kilómetros o liberan larvas en los puertos de destino, donde algunas especies encuentran condiciones adecuadas para establecerse.
Una amenaza que ya ha cambiado ecosistemas en todo el mundo
La expansión de especies invasoras a través del transporte marítimo no es un fenómeno nuevo. De hecho, constituye una de las principales vías de dispersión de organismos marinos entre continentes.
En numerosas regiones del planeta, especies transportadas accidentalmente por barcos han alterado profundamente los ecosistemas costeros. Algunos mejillones invasores, determinados cangrejos, ascidias o algas exóticas han desplazado especies autóctonas, modificado cadenas tróficas y afectado incluso a actividades económicas como la pesca, la acuicultura o el turismo.
Una vez establecidas, estas poblaciones resultan extraordinariamente difíciles de eliminar. En muchos casos, las administraciones optan por estrategias de contención porque la erradicación completa deja de ser técnicamente viable.
Los científicos participantes en el estudio recuerdan precisamente ese aspecto: prevenir la introducción siempre resulta mucho más eficaz y menos costoso que intentar controlar una invasión una vez consolidada.
Un escenario nunca visto por su magnitud
Lo que convierte esta situación en especialmente preocupante no es únicamente la existencia de organismos adheridos a los barcos. Lo realmente excepcional es la combinación de dos factores.
Por un lado, el número de embarcaciones afectadas, muy superior al observado en interrupciones anteriores del comercio marítimo.
Por otro, el tiempo prolongado de inmovilización, suficiente para que los organismos completen varias fases de crecimiento e incluso desarrollen comunidades maduras sobre los cascos.
Los autores del estudio consideran que esta combinación genera un escenario sin precedentes documentados, con capacidad para convertirse en un auténtico evento superdispersor de bioinvasiones marinas cuando el tráfico marítimo vuelva a normalizarse.
La gestión del biofouling gana protagonismo
En los últimos años, la Organización Marítima Internacional (OMI) ha impulsado recomendaciones para mejorar la gestión del biofouling como complemento a las medidas ya implantadas para controlar las aguas de lastre.
Aunque ambos mecanismos pueden transportar especies invasoras, actúan de forma diferente. Las aguas de lastre trasladan organismos en el interior de los tanques del barco, mientras que el biofouling lo hace directamente sobre las superficies externas.
Actualmente existen pinturas antiincrustantes de nueva generación, programas de inspección periódica, robots submarinos capaces de limpiar cascos bajo el agua y sistemas de monitorización mediante imágenes e inteligencia artificial que ayudan a detectar acumulaciones antes de que se conviertan en un problema ambiental.
El estudio plantea que estas herramientas deberán utilizarse con mayor intensidad cuando las embarcaciones retenidas comiencen a abandonar la región.
Vigilancia internacional para reducir el riesgo
Los investigadores proponen reforzar la cooperación entre autoridades portuarias, operadores marítimos, organismos reguladores y gestores ambientales.
Entre las medidas prioritarias destacan la mejora del seguimiento de los movimientos de los buques, la identificación de los puertos con mayor riesgo de recibir especies exóticas, el incremento de las inspecciones de cascos y el desarrollo de protocolos de respuesta rápida cuando se detecten organismos potencialmente invasores.
La utilización de modelos predictivos basados en rutas marítimas y condiciones oceánicas también puede ayudar a anticipar qué regiones presentan una mayor probabilidad de recibir nuevas especies y concentrar allí los esfuerzos de vigilancia.

Qué impacto puede tener en el medio ambiente
Las consecuencias de una expansión masiva de especies invasoras van mucho más allá de la biodiversidad.
Muchas especies introducidas compiten por el alimento y el espacio con organismos autóctonos, alterando el equilibrio ecológico de bahías, estuarios y arrecifes. Algunas modifican los fondos marinos, otras reducen la diversidad biológica y determinadas algas invasoras pueden transformar completamente hábitats costeros en pocos años.
También existen efectos económicos importantes. Las invasiones biológicas generan costes asociados a la limpieza de infraestructuras portuarias, la pérdida de productividad en instalaciones acuícolas, daños en artes de pesca y gastos continuos de seguimiento ambiental.
Además, unos ecosistemas menos diversos suelen ser más vulnerables frente al cambio climático, las olas de calor marinas y otros fenómenos extremos. La combinación de estas presiones puede acelerar el deterioro de zonas costeras especialmente sensibles.
Más información: Mario N. Tamburri et al, Closure of the Strait of Hormuz may trigger a bioinvasion super-spreader event, Biological Invasions (2026). DOI: 10.1007/s10530-026-03893-5
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