En un escenario mundial marcado por guerras, crisis y ofensivas de ajuste, el desafío de este Primero de Mayo es fortalecer el internacionalismo, enfrentar el gobierno de Kast y la ofensiva de la derecha y la extrema derecha, y avanzar en la construcción de un polo político independiente de los gobiernos, los empresarios y la oposición del régimen, que permita hacer frente a las alzas, los despidos y la ofensiva de los empresarios.

Daniel Vargas DowningAntofagasta, Chile
Elizabeth FernándezProfesora
Domingo 26 de abril 09:12

Cada primero de mayo los trabajadores de todo el mundo se dan cita para discutir en torno a los desafíos del movimiento obrero. Recordamos la importante gesta de los Mártires de Chicago, quienes, hace 140 años, tanto en Chicago como en otras ciudades de EEUU impulsaron la lucha por la jornada laboral de 8 horas, bandera que fue tomada por el movimiento obrero internacional. Hoy, a 140 años de estos hechos es necesario retomar y fortalecer esa tradición desde la perspectiva histórica del internacionalismo obrero y socialista contra la guerra y el imperialismo.
Este Primero de Mayo, Día Internacional de las y los trabajadores, no se desarrolla en el clima de aparente estabilidad neoliberal de los años noventa. El escenario mundial está marcado por guerras, crisis y una creciente inestabilidad que golpea directamente a las grandes mayorías. El 28 de febrero, Estados Unidos e Israel lanzaron una ofensiva militar a gran escala contra Irán, bombardeando instalaciones civiles, militares y nucleares, con miles de víctimas y abriendo un nuevo foco de tensión en Medio Oriente. A esto se suma la continuidad del genocidio contra el pueblo palestino y la extensión de las agresiones hacia el Líbano, en el marco de la estrategia del “Gran Israel”, profundizando un cuadro regional cada vez más explosivo.
Un escenario internacional marcado por tensiones y disputas
Las consecuencias de esta escalada no quedan confinadas a la región. El bloqueo del estrecho de Ormuz, incluso en medio de anuncios de “tregua”, presiona al alza los precios internacionales del petróleo y de bienes básicos, trasladando los costos de la crisis hacia las y los trabajadores y los pueblos del mundo. Es la lógica del imperialismo: descargar sus crisis y disputas sobre las espaldas de las mayorías.
Sin embargo, pese a los discursos triunfalistas de Donald Trump y Benjamin Netanyahu, Estados Unidos no ha logrado imponer una victoria clara. Todo indica que han enfrentado una primera derrota parcial, en un conflicto que sigue abierto. Esto vuelve a poner en evidencia que el imperialismo no es todopoderoso, que tiene límites, contradicciones y enfrenta resistencias.
Esa resistencia se ha expresado con fuerza en todo el mundo. Frente al genocidio en Palestina, se han levantado masivas movilizaciones, tomas de universidades y acciones de solidaridad internacional, donde el movimiento estudiantil ha jugado un rol destacado, exigiendo el fin de toda relación con el Estado de Israel. A esto se suman iniciativas como la de los portuarios de Génova, que al grito de “Blocchiamo Tutto” impulsaron acciones concretas de solidaridad, o el desarrollo de la Flotilla Global Sumud, que busca romper el bloqueo a Gaza.
Hoy, esa experiencia tiene un nuevo capítulo con una nueva flotilla que cruza el Mediterráneo con cerca de 70 embarcaciones y más de mil participantes, constituyendo la mayor misión civil marítima hacia Gaza. En ella participan activistas y trabajadores de distintos países, entre ellos Leandro Lanfredi, dirigente petrolero del MRT de Brasil; Iara Salerno, médica del PTS argentino; y Mariona Tasquer, de Contracorriente y la CRT en Catalunya.
Todo esto confirma la vigencia y la urgencia del internacionalismo. Frente a guerras, saqueo y represión que operan a escala global, la respuesta no puede ser nacional ni fragmentada. La solidaridad activa entre los pueblos, la coordinación de las luchas y la construcción de una perspectiva internacionalista de la clase trabajadora son tareas centrales para enfrentar al imperialismo.
Ante Trump y Netanyahu se arrodillan nuestros gobiernos, como los de Milei o de Kast, para garantizar el saqueo mundial subordinación ante los intereses norteamericanos, descargando, para ello, la crisis sobre los hombros de los trabajadores. En Bolivia el presidente Paz quiso cargar un gasolinazo sobre el pueblo. Al otro lado de la cordillera, Milei con su llamada “Ley Ómnibus” en Argentina y el programa de Kast en Chile no son fenómenos aislados, sino expresiones de una misma ofensiva de la clase capitalista en la región: mientras el primero impulsa un paquete masivo de privatizaciones, desregulación y superpoderes para gobernar por decreto, descargando el peso de la crisis sobre trabajadores y sectores populares, Kast ensaya su versión local con el alza de las bencinas y un llamado “plan de reconstrucción nacional” que, bajo el discurso de orden y crecimiento, apunta a reducir impuestos a los grandes empresarios, profundizar la mercantilización de derechos sociales y avanzar en recortes a salud y educación; en ambos casos, se trata de reorganizar el Estado al servicio de los grandes grupos económicos, fortaleciendo un régimen más autoritario para imponer estas medidas frente al descontento social, confirmando que la “libertad” que defienden es, en realidad, la libertad de los ricos para seguir lucrando a costa de las mayorías.
José Antonio Kast busca instalar una agenda abiertamente proempresa, combinando beneficios para los grandes grupos económicos con un giro cada vez más represivo frente a los problemas sociales. Bajo el discurso de “orden” y “seguridad”, impulsa medidas como su política migratoria o el proyecto de “Escuelas Protegidas”, que en realidad no protege ni a las comunidades educativas ni fortalece la educación pública: no hay recursos nuevos, no se enfrenta la precarización docente ni las malas condiciones de estudio, sino que se introducen lógicas de control, vigilancia y castigo dentro de los establecimientos. En lugar de atacar las causas estructurales de la crisis educativa, estas propuestas buscan disciplinar a estudiantes y profesores, generando un clima de enfrentamiento al interior de las escuelas, mientras se consolida un modelo que sigue funcionando al servicio del mercado y no de las mayorías.
El llamado “plan de reconstrucción nacional” de Kast muestra con cifras concretas a quién busca favorecer: propone bajar el impuesto a las grandes empresas del 27% al 23%, garantizarles invariabilidad tributaria por 25 años para inversiones millonarias y destinar cerca de 1.400 millones de dólares en subsidios e incentivos al empleo para el sector empresarial. Al mismo tiempo, impulsa exenciones y rebajas tributarias que reducen los ingresos del Estado, abriendo la puerta a nuevos ajustes en el gasto público. No es casual que amplios sectores perciban que estas medidas benefician principalmente a los más ricos: mientras se aseguran condiciones estables y millonarios apoyos para el gran capital, no hay un fortalecimiento real de la salud o la educación pública. Detrás del discurso de “reconstrucción”, lo que se consolida es una transferencia de recursos hacia los grandes empresarios, mientras la crisis sigue descargando sobre trabajadores, estudiantes y sectores populares.
Para enfrentar estas iniciativas no basta con confiar en la oposición parlamentaria, que ha demostrado una y otra vez los límites de su estrategia: reducir todo a votaciones en el Congreso, presentar indicaciones que no alteran lo sustancial y recurrir al Tribunal Constitucional. Se presentan como una oposición “responsable” y dialogante, dispuesta a colaborar para “defender lo ganado”, mientras en los hechos administran los tiempos del régimen y apuestan a esperar las elecciones del 2030. Pero ese calendario no es neutral: mientras tanto, el ajuste avanza y el golpe al bolsillo de las y los trabajadores se siente ahora.
Si no queremos que la crisis la sigan pagando las mayorías, es necesario que las grandes organizaciones sindicales y sociales, como la CUT, el Colegio de Profesores y la CONFECH, rompan con la pasividad y la ilusión del “diálogo social” con un gobierno que actúa en función de los grandes empresarios. Los ataques ya están en curso y no se pueden enfrentar con espera ni cálculos electorales. Es urgente que estas organizaciones, junto a coordinadoras sindicales, territoriales y de mujeres, pongan en pie una respuesta unitaria en las calles, que permita coordinar fuerzas desde abajo e impulsar un gran paro nacional activo, como punto de apoyo para derrotar el “bencinazo” de Kast y todo su plan de ajuste al servicio del gran empresariado.
En ese marco, también es clave concretar las convocatorias que ya están en curso. La ACES, Asamblea Coordinadora de Estudiantes Secundarios, ha llamado a una jornada de protesta nacional el próximo 14 de mayo. Se hace urgente que el conjunto de las organizaciones sindicales, estudiantiles y sociales se sumen activamente y pongan todas sus fuerzas en organizar esa movilización, como un primer paso para avanzar en una respuesta más amplia y coordinada.
En esa perspectiva, se vuelve central fortalecer una izquierda que no se adapte a los marcos de la política tradicional ni al discurso de la extrema derecha. Hace falta una izquierda revolucionaria, internacionalista y antiimperialista, que rompa con el ciclo del “mal menor” y la subordinación a proyectos progresistas que terminan administrando el mismo modelo. Una izquierda que se construya desde la organización independiente de la clase trabajadora y los sectores oprimidos, que luche por una transformación profunda de la sociedad, basada en la democracia directa de quienes producen la riqueza y sostienen la vida.
Para avanzar en ese camino, se hace necesario reagrupar fuerzas y dar pasos concretos en la construcción de un polo político independiente, de las y los trabajadores, que no esté subordinado ni al gobierno de turno, ni a los grandes empresarios, ni a una oposición parlamentaria que administra los límites del mismo régimen. Un polo con perspectiva internacionalista, que apueste a coordinar las luchas más allá de las fronteras y a enfrentar de manera común los planes de ajuste y ofensiva de la derecha y la extrema derecha.
En ese mismo sentido, se vuelve urgente levantar una respuesta decidida frente a las alzas del costo de la vida y la ola de despidos que golpea a distintos sectores. No se trata de fenómenos aislados, sino de parte de un mismo ajuste que busca descargar la crisis sobre las espaldas de las y los trabajadores. Enfrentar las alzas en combustibles, alimentos y servicios básicos, así como frenar los despidos y la precarización laboral, requiere organización desde abajo, coordinación entre sectores y la puesta en pie de acciones comunes que permitan golpear de manera efectiva estos ataques.
En ese marco se inscriben las distintas convocatorias impulsadas por el Partido de Trabajadores Revolucionarios, como espacios para encontrarnos, debatir, organizar y fortalecer una alternativa propia desde abajo.
En la Región Metropolitana se convoca a un gran acto político-cultural en Plaza Valdivieso, comuna de San Joaquín, desde las 13:00 horas, impulsado por el Partido de Trabajadores Revolucionarios.
La actividad contará con la presencia de Dauno Tótoro y busca ser un espacio de encuentro, organización y lucha, con artistas, feria, stands y actividades para las infancias.
A este llamado se adhieren el Movimiento Nuestra Clase, Vencer, Pan y Rosas y la Red de Trabajadores Precarizados. Asimismo, participarán trabajadores del Sindicato Akro y de Pacific Green, quienes han protagonizado recientes movilizaciones contra la empresa, compartiendo su experiencia de organización y lucha en esta jornada.
También, en Valparaíso se realizará una concentración durante la mañana, en un contexto marcado por la lucha por la reincorporación de Libertad Moiroux, trabajadora de la fábrica de alimentos Tres Montes, ubicada en pleno centro de la ciudad. Su despido ha sido denunciado como una represalia por su rol como delegada sindical y por exigir mejores condiciones laborales en la antesala de la negociación colectiva.
La empresa Tresmontes Lucchetti, perteneciente al grupo Nutresa, de capitales colombianos, ya ha sido denunciada por prácticas de persecución sindical. Solo en 2025 despidió a más de 100 trabajadores, mientras su nuevo controlador anuncia millonarias ganancias. Las y los trabajadores denuncian que estos despidos buscan reducir costos a costa de aumentar la sobrecarga laboral de quienes permanecen, exponiéndose a mayores niveles de estrés y a un incremento en los riesgos de accidentabilidad.
Tras la concentración, se compartirá un almuerzo en Casa Marx, ubicada en Ecuador #12, como instancia para seguir fortaleciendo la organización y la solidaridad activa con estas luchas.
Finalmente, en la región de Antofagasta se realizará un encuentro desde las 18:00 horas en la Casa Cultural Desierto Rojo, en el marco de la conmemoración del Primero de Mayo, como una instancia para reivindicar la tradición de lucha de la clase trabajadora y proyectarla frente a los desafíos actuales. Será un espacio para compartir, intercambiar ideas y debatir colectivamente cómo enfrentar los ataques en curso en una región marcada por el extractivismo, la precarización laboral y las múltiples luchas de trabajadores, comunidades y juventudes.
Este encuentro busca aportar a la articulación de esas experiencias, fortaleciendo la organización desde abajo y la coordinación entre distintos sectores, con una perspectiva independiente de los gobiernos y los grandes empresarios. En un día histórico para el movimiento obrero a nivel internacional, la apuesta es no solo conmemorar, sino también avanzar en la construcción de una alternativa política propia de las y los trabajadores.


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