miércoles, 28 de enero de 2026

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República Dominicana. Sobre-explotando y mintiendo

En la Feria Internacional del Turismo (FITUR) sonaron las trompetas de la Superintendencia de Pensiones (SIPEN) de la República Dominicana, dominada por grandes bancos privados, anunciando que en este país “los/as trabajadores/as lideran la inversión en sector turismo” y proclamando a la vez “que las inversiones realizadas con fondos de pensiones de los trabajadores dominicanos los han convertido “en los principales inversionistas institucionales y mayores beneficiarios” del negocio.

La verdad es que hay que tener cachaza o callos en el corazón para presentar de esa manera este tema, puesto que las élites capitalistas de las corporaciones de servicios turísticos han liderado la destrucción de la mitad de los manglares, cuyo valor es inmenso; han diezmado los corales, afectando significativamente flora y la fauna marina, han privatizado a su favor las mejores playas del país y sobre-explotado la clase trabajadora.

Sus propietarios y operadores amasan enormes fortunas en ese y en múltiples negocios conexos, mientras los salarios de gran parte de los 250 mil trabajadores y trabajadoras que emplean, son salarios de miseria.

Los/as trabajadores/as que devengan los salarios mínimos del sector son la gran mayoría de los 250 mil que emplean sus hoteles, restaurantes y bares; y la verdad es que reciben ingresos que no llegan a la mitad del costo promedio de la canasta familiar, aun sumándole el último aumento de un 30% a los hoteleros y de un 25 % a los empleados de bares y restaurante.

Ese aumento es en dos partidas, una el año que pasó y otra este año, todavía pendiente. A los trabajadores hoteleros, con el primer aumento del 2025, le sube a 19, 320 pesos mensuales; y a los de bares y restaurantes, les sube a 16 mil pesos; y si se calcula el alza de los alimentos, alquileres, transporte, medicina, agua en los meses comprendido dentro del aumento anterior y el presente, no es difícil de apreciar que este anuncio tiene demasiado de farsa, dado que la canasta familiar ya supera los 49 mil pesos mensuales y sigue subiendo.

En la tasa cambiaria actual 62 peso valen un dólar.

El país aporta las playas, el clima, el mar, las montañas, las bellezas naturales y muchos privilegios como incentivos… y el estado no es co-dueño de las empresas.

Ni el estado, ni los/as trabajadores/as son accionistas y gestores de las empresas, ni la clase trabajadora participa de sus altas ganancias. Sueldos miserables y bajos impuestos rigen el sistema. A los magnates no se les cobra el valor de sus delitos ambientales, ni se les sanciona.

Encima de todo esto, los gestores de las leoninas Administradora de Fondos de Pensiones AFP privadas (entidades de los grandes bancos privados, que dominan la Superintendencia de Fondos de Pensiones (SIPEN), dispusieron, sin consultar a los trabajadores, entregarle a los magnates del turismo todo lo acumulado de sus cuotas mensuales, que dan para pensiones individuales ciertamente miserables, pero que sumadas nutren en grande el capital de las corporaciones turística manejadas exclusivamente por sus dueños criollos y extranjeros, sin participación de la clase obrera, ni en su gestión ni en sus beneficios. Además de grandes explotadores, son grandes mentirosos (en criollo “jabladores”).

Royalton Punta Cana
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https://kaosenlared.net/chile-comunidades-mapuche-lafkenche-de-los-rios-denuncian-obstruccion-del-estado-en-reconocimiento-de-su-espacio-costero-marino/


Chile. Comunidades Mapuche-Lafkenche de Los Ríos denuncian obstrucción del Estado en reconocimiento de su espacio costero marino

por Equipo Comunicaciones Mapuche

La Asociación de Comunidades Lafkenche Wadalafken, por medio de una declaración, ha denunciado públicamente un patrón de obstrucción, discriminación y negación de sus derechos ancestrales por parte de la Comisión Regional de Uso del Borde Costero (CRUBC) de Los Ríos. Este organismo ha rechazado, en la práctica, más del 97% de la superficie solicitada como Espacio Costero Marino de Pueblos Originarios (ECMPO) Wadalafken, un área que fue previamente acreditada por CONADI como espacio de uso consuetudinario tras más de siete años de tramitación.

La decisión más reciente de la CRUBC, conocida en enero de 2026, resolvió acoger solo parcialmente un recurso de reclamación, manteniendo el rechazo casi total de la solicitud original presentada para las comunas de Valdivia, Corral y La Unión. La Comisión fundamentó su fallo en informes sectoriales y criterios de “proporcionalidad espacial y funcional”, asegurando que su actuar se ajustó a la legalidad y buscó equilibrar el uso ancestral con “intereses públicos sectoriales estratégicos”. Sin embargo, el resultado efectivo es un mosaico fragmentado de pequeñas áreas dispersas, ajeno a la lógica territorial de las comunidades.

Sergio Quinan, werken de la Asociación Wadalafken, expuso las graves inconsistencias del proceso: “El argumento que se usó para rechazar completamente el ECMPO fue la pesca artesanal… pero en la parte sur del ECMPO no existe esa pesca. Entonces, al final lo que hizo el equipo técnico… es presentar la propuesta a la CRUBC”. Quinan cuestiona la arbitrariedad: “Si se hubiese empleado [ese argumento] en otros lugares no hubiera ECMPO porque en todas partes se pesca”.

En una declaración pública fechada el 22 de enero de 2026, las comunidades solicitantes detallaron cómo presentaron propuestas concretas al Gobierno Regional para garantizar la coexistencia con otras actividades como la seguridad marítima, el turismo y la propia pesca artesanal, llegando incluso a desafectar amplios sectores de su solicitud. “Sin embargo, el Gobierno Regional, a través de esta comisión… no consideró ninguno de nuestros planteamientos”, acusaron.

Quinan denunció la dinámica interna de la CRUBC, donde priman intereses particulares: “La opinión del servicio de la pesca… impone sus términos dentro de las mesas técnicas de la CRUBC: “Donde no está sobre la mesa la ley Lafkenche como centro para debatir por qué debería ser lógico, por qué se está discutiendo ECMPO está la ley de pesca.  Todas las discusiones que se realizan en la CRUBC giran en base a la ley de pesca. Entonces eso ya es desviar completamente la naturaleza de lo que se discute”. Este enfoque, según las comunidades, margina el espíritu de la Ley Lafkenche.

La declaración pública de Wadalafken es contundente al calificar los argumentos de la CRUBC como “falsos, discriminatorios e incluso racistas”. Señalan que usar la pesca artesanal como excusa es un acto de mala fe, ya que existen múltiples ECMPO vigentes en regiones donde ambas actividades conviven. “El Estado de Chile, una vez más, no está cumpliendo los acuerdos asumidos con los pueblos originarios”, sostienen.

El werken Sergio Quinan resumió la sensación de desilusión y la falta de voluntad política: “Nosotros ya perdimos toda credibilidad en estas instituciones… No hay argumentos basados en leyes… Son solamente opiniones. Opiniones que buscan negar nuestros derechos”. Además, criticó el mensaje que envía el Estado: “Acá en la región de Los Ríos oponte a dialogar y vas a ganar”, esto en base a la campaña de propaganda de un dirigente de la pesca artesanal, presidente de una federación: “Esta persona se dedica a hacer propaganda contra la ECMPO dentro de los sindicatos y también a hacer lobby dentro de los servicios. Nosotros hemos buscado el diálogo, le hemos propuesto conversar y si ellos tienen la prevención en la pesca artesanal, nosotros les decimos que firmemos acuerdos para garantizarles sus derechos. Pero ellos se han negado todo tipo de diálogo. Y lo que ha hecho el Estado, les ha dado razón a ellos, a los que no quieren dialogar. Entonces el mensaje del Estado también es ese, acá en la región de Los Ríos”.

Ante este escenario, la CRUBC solo ha accedido a revisar técnicamente dos zonas acotadas –Calfuco y el tramo sur entre Punta Galera y el río Bueno–, encargando un nuevo informe al Comité Técnico en un plazo de 30 días, pero aclarando que esto “no implica aprobación anticipada”. Asimismo, Quinan comenta sobre dicha medida: “Aclarar que el polígono Calfuco es solo un ajuste producto de un acuerdo con la Universidad y no excede la media hectárea”.

Al respecto, Sergio Quinan señala: “Esta próxima semana hay un tercer comité técnico para poder definir también ese polígono, que todavía no se ponen de acuerdo, porque también la pesca ahora está diciendo que también se hace uso en ese sector, por lo tanto tampoco quieren hacerlo. Y así está el tema”.

Resalta que existen opiniones que buscan negar los derechos: “Lamentablemente se pierde una oportunidad en esta región de llegar a acuerdos, de compatibilizar y de aplicar la ley, porque aquí no existe la amenaza y la presión y el lobby y todo el poder político que tiene la Salmonera en la región de Los Lagos. Puede ser algo parecido a lo que ha pasado en la región de La Araucanía, donde se han podido nombrar aquí la apuesta de ECMPO. Pero acá no ha existido la voluntad de diálogo. Nosotros hemos buscado la voluntad de diálogo y no existe. No se quiere”.

Cabe mencionar, que en este actuar de la CRUBC de Los Ríos y de los propios organismos del Gobierno Regional, se omitió la Resolución Exenta N°2.456 del Ministerio del Interior (30 de octubre de 2024), que establece instrucciones para la tramitación de Espacios Costeros Marinos de Pueblos Originarios (ECMPO), siendo enfática en declarar la plena compatibilidad entre estas áreas y la pesca artesanal. El documento establece que la Ley Lafkenche (20.249) y su reglamento «salvaguardan los derechos de la pesca artesanal» en todas las etapas del procedimiento, garantizando que ni la tramitación ni la creación de un ECMPO afecten sus actividades habituales. Además, subraya que solo será necesario un nuevo plan de manejo si se pretende extraer nuevos recursos, reafirmando que la normativa «hace compatibles, a todo evento, el ejercicio de la pesca artesanal con la creación de los ECMPO».

Las comunidades Wadalafken han anunciado que no descansarán en su defensa y llevarán el caso hasta las últimas instancias, denunciando que la CRUBC ha abdicado de su mandato legal de armonizar los distintos intereses en el borde costero para convertirse en un espacio de obstrucción.

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fuego, argentina

Argentina. Fuego en la Patagonia: brigadas comunitarias y vecinos organizados sostienen lo que el Gobierno abandona

Las brigadas solidarias se articulan con juntas vecinales, centros culturales y movimientos campesinos para actuar frente al fuego que se alimenta de la inoperancia de los gobiernos locales y del “dejar hacer” por parte del Ejecutivo Nacional. Entre las organizaciones de familias productoras está la Unión de Trabajadores y Trabajadoras de la Tierra que, desde Río Negro y Chubut, da cuenta del panorama.


Los incendios vuelven a arrasar la Patagonia y no es una tragedia natural: es una consecuencia de malas decisiones políticas. En este comienzo de 2026, más de 12.000 hectáreas de bosque nativo ya fueron quemadas en la zona del Lago Epuyén, en la provincia de Chubut. Mientras familias pierden sus casas y comunidades enteras se organizan para resistir el fuego, el Estado nacional recorta: el Servicio Nacional de Manejo del Fuego tendrá en 2026 una caída real del 69% de presupuesto.

Mientras el gobierno local busca culpables, el Gobierno Nacional desfinancia la Ley de Bosques y la Ley de Manejo del Fuego, y empuja cambios en la Ley de Tierras para habilitar negocios sobre territorios incendiados. No es descoordinación: es una política que prepara el escenario para la catástrofe y la entrega, abriendo la puerta a negocios inmobiliarios, mineros y extractivistas sobre territorios devastados.

Fuego en la Patagonia: brigadas comunitarias y vecinos organizados sostienen lo que el Gobierno abandona

 

“Hoy las brigadas comunitarias, vecinas y vecinos organizados y familias productoras locales sostenemos lo que el gobierno abandona”, sostienen desde la UTT de Chubut. «En el paraje El Desemboque el fuego subió, hay mucho humo. La situación es compleja, al parar el viento el fuego empieza a bajar por las laderas», detalla Agustín Mavar, productor campesino e integrante de la organización. «Tenemos más de 2.000 hectáreas afectadas, varias casas, zonas productivas, chacras, y vemos cómo el fuego se expande por la montaña. Es un lugar de mucho bosque nativo y seguramente el incendio se propague», detalla Juan Pablo Acosta, también de la UTT. «Seguimos esperando que el gobierno nacional aparezca y lleguen los recursos», agrega Agustín, porque “la solidaridad no puede reemplazar políticas públicas”. Los incendios son la expresión de una crisis socioambiental que se profundiza con cada ajuste y cada desregulación.

Fuego en la Patagonia: brigadas comunitarias y vecinos organizados sostienen lo que el Gobierno abandona

 

“Frente a este modelo de saqueo, es urgente implementar una política pública forestal integral basada en prevención, restauración y combate real del fuego”, plantean desde la organización. Proponen erradicar especies exóticas como el pino, restaurar el bosque nativo, fortalecer brigadas con salarios y equipamiento, impulsar la educación ambiental y acompañar a los pequeños productores que habitan los territorios. “No se puede esperar más. 𝐄𝐥 𝐟𝐮𝐭𝐮𝐫𝐨 𝐝𝐞 𝐧𝐮𝐞𝐬𝐭𝐫𝐨𝐬 𝐛𝐨𝐬𝐪𝐮𝐞𝐬 y de nuestras comunidades 𝐞𝐬𝐭𝐚́ 𝐞𝐧 𝐫𝐢𝐞𝐬𝐠𝐨”, alertan.

 

Fuente: Tiempo Argentino

 

 

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Hondureños rechazan toma de posesión de Nasry Asfura como presidente

Sectores movilizados cuestionaron la legitimidad de Asfura y recordaron denuncias por actos de corrupción durante su gestión como alcalde del Distrito Central. Las marchas partieron desde el Parque de la Libertad, tradicional punto de encuentro de la Resistencia Popular, y se extendieron a otras plazas públicas del país. 


Sectores populares y organizaciones sociales manifestaron este martes su rechazo a la juramentación del presidente impuesto por Estados Unidos, Nasry Asfura, cuya toma de posesión se realizó a puertas cerradas en el Congreso Nacional, con la presencia de diputados oficialistas y algunas delegaciones nacionales e internacionales, en medio de un fuerte despliegue de seguridad.

Según reportes desde la capital, Tegucigalpa, efectivos militares y policiales resguardaron el Poder Legislativo e impidieron el acceso de integrantes del Frente Nacional de Resistencia Popular (FNRP) y de organizaciones campesinas, que intentaron expresar su oposición mediante movilizaciones pacíficas.

Los manifestantes fueron contenidos en sectores como el Palo de Hule, en Comayagüela, un punto históricamente vinculado a protestas sociales, mientras recordaban que Asfura fue impuesto por el presidente estadounidense, Donald Trump, quien cometió injerencia al interferir en las elecciones y amenazó con tomar represalias con las remesas si los hondureños no votaban por el candidato del Partido Nacional.

Las marchas partieron desde el Parque de la Libertad, tradicional punto de encuentro de la Resistencia Popular, y se extendieron a otras plazas públicas del país. De acuerdo con dirigentes sociales, el rechazo ciudadano se ha hecho visible en distintas regiones del territorio nacional, con plantones y concentraciones contra la narcodictadura.

Los sectores movilizados cuestionaron la legitimidad de Asfura y recordaron denuncias por actos de corrupción durante su gestión como alcalde del Distrito Central, en la que fue acusado durante el mandato de Xiomara Castro por el desvío de al menos 40 millones de lempiras (más de 1.500.000 dólares).

También advirtieron que su llegada al poder representa el retorno de estructuras vinculadas al narcotráfico, en referencia al indulto otorgado por el presidente estadounidense Donald Trump al expresidente Juan Orlando Hernández  (2014–2022), lo que —afirman— podría reactivar redes criminales.

Asimismo, organizaciones sociales expresaron preocupación por anuncios atribuidos al nuevo Gobierno sobre una posible privatización del sistema de salud y del sector energético, así como cambios en la administración pública que pondrían en riesgo programas sociales implementados durante la reciente gestión de Xiomara Castro.

La llegada de Asfura al poder también se concretó gracias a un colosal fraude electoral, apoyado por la derecha y por autoridades electorales. Sectores populares consideran que ello lo convierte en un presidente de facto.

Fuente: teleSUR

 

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El informe B’Tselem documenta agresiones sexuales y hambruna sistemática de presos en prisiones israelíes

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Un informe reciente del grupo israelí de derechos humanos B’Tselem reveló testimonios de presos palestinos liberados que documentan su exposición a duras prácticas de violencia dentro de las prisiones israelíes, incluyendo agresiones sexuales sistemáticas y amenazas de carácter sexual.

El informe indicaba que los presos fueron severamente golpeados y humillados durante los periodos de interrogatorio y detención, lo que en algunos casos provocó lesiones graves y quemaduras causadas por abusos físicos deliberados.

El informe destacaba una política deliberada de hambre, mediante un racionamiento severo de agua y cantidades de alimentos, donde la comida a veces se limita a pan y pepinos estropeados, permitiéndose solo una botella de agua al día.

También señaló la privación de tratamiento médico y atención sanitaria, además de las duras condiciones de vida que incluían la falta de agua y la ausencia de requisitos mínimos de higiene.

En el mismo contexto, la Oficina de Información para Presos de Hamás confirmó que estas prácticas forman parte de una política sistemática de tortura contra los presos palestinos.

La Oficina instó a la comunidad internacional a tomar medidas urgentes para responsabilizar a la ocupación, detener las violaciones en curso y proporcionar la protección necesaria a los presos.

Las prisiones israelíes son objeto de repetidas críticas a los derechos humanos en el contexto de violaciones contra presos palestinos, ya que los informes continuos documentan el uso de la humillación física y psicológica, así como la privación de alimentos, agua y tratamientos, en violación del derecho internacional y de los derechos humanos básicos.

Diario Al-Quds Libération صحيفة القدس ليبراسيون – 

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https://kaosenlared.net/la-leccion-de-rojava-lo-que-los-kurdos-deben-aprender-ahora/


La lección de Rojava: lo que los kurdos deben aprender ahora

Jan Ilhan Kizilhan

El noreste de Siria (Rojava) no es un episodio marginal de la historia reciente, ni un conflicto local que pueda explicarse únicamente en términos militares. Rojava es una lupa. En ella se ponen de relieve las decisiones históricas, los intereses geopolíticos y las debilidades estructurales de la política kurda. Quien vea Rojava simplemente como una escalada militar pierde de vista su significado más profundo. Rojava fue un experimento político y, precisamente por eso, se convirtió en un objetivo.

La vulnerabilidad de este proyecto no comenzó con la guerra de Siria. Desde el Tratado de Lausana de 1923, el Kurdistán no ha existido como sujeto político, sino como un problema gestionado. La división de los territorios habitados por kurdos entre Turquía, Irak, Siria e Irán no fue un accidente histórico. Fue un orden geopolítico deliberado. Un pueblo fragmentado es más fácil de controlar que uno unido. Esta lógica nunca ha desaparecido. Todos los logros kurdos siguen siendo locales, aislados y , por lo tanto, atacables.

Al mismo tiempo, el Kurdistán está lejos de ser una región periférica. El petróleo, el gas, el agua y los recursos minerales estratégicos lo convierten en un espacio geopolítico clave. Las fuentes del Éufrates y el Tigris se encuentran en las regiones kurdas. Las principales rutas energéticas y de tránsito atraviesan el territorio kurdo. Una entidad política kurda con control real sobre estos recursos cambiaría las relaciones de poder regionales e internacionales. Que la autodeterminación kurda sea, por tanto, apoyada retóricamente pero bloqueada en la práctica no es una contradicción, sino la expresión de una política impulsada por los intereses.

Rojava cruzó una línea roja. No militarmente, sino políticamente. Demostró que es posible un orden más allá de los modelos estatales autoritarios: plural, multiétnico, con igualdad de género y participativo. Esta alternativa social, a pesar de las numerosas críticas, es lo que hizo peligroso a Rojava, no para la población local, sino para los Estados y actores cuyo poder depende de la homogeneidad, el control y el miedo.

Esta lógica se hace especialmente visible en el comportamiento de los Estados occidentales. Mientras Rojava, como proyecto democrático, se veía cada vez más aislada, los gobiernos occidentales invirtieron considerables esfuerzos en hacer que un gobierno de transición sirio y su presidente fueran aceptables a nivel internacional, a pesar de un pasado bien documentado que incluía la participación en actos violentos, masacres y estructuras terroristas. Las normas morales se aplicaron de forma selectiva. Una vez más, los valores occidentales demostraron ser condicionales: la democracia, los derechos humanos y la autodeterminación solo se defienden cuando sirven a intereses estratégicos y no generan costes políticos.

Los valores son negociables. Los intereses no.

En este proceso, los kurdos fueron abandonados. No porque fracasaran, sino porque se volvieron políticamente inconvenientes. Rojava ya no encajaba en el orden regional deseado. Complicaba las negociaciones, los acuerdos de poder y los compromisos geopolíticos. Esta experiencia no es nueva. En ninguna de las cuatro partes del Kurdistán los kurdos han sido tratados como socios estratégicos por Occidente. Eran aliados temporales, actores militares, zonas de amortiguación, pero nunca socios iguales con una agenda política independiente.

Rojava deja esta realidad muy clara. La relevancia militar genera atención, pero no lealtad. La calidad democrática genera simpatía, pero no protección. Las alianzas surgen de la utilidad y terminan con ella. Confundir la solidaridad con la política basada en intereses conduce a un autoengaño estratégico.

Al mismo tiempo, Rojava revela una debilidad interna kurda. Las reacciones a la escalada fueron solidarias, comprometidas y emocionales, pero fragmentadas. No existían estructuras globales capaces de poner en común información, coordinar posiciones políticas o influir de manera eficaz en las respuestas internacionales. Había visibilidad, pero no impacto. La indignación moviliza, pero no protege.

No se necesita un Congreso Nacional, sino un Consejo Kurdo de Crisis y Estrategia.

Un Congreso Nacional tradicional no habría protegido Rojava. Estos congresos son lentos, pesados y están profundamente marcados por las rivalidades entre partidos. Reaccionan cuando los hechos ya se han producido. Generan simbolismo en lugar de capacidad operativa. En crisis agudas, suelen ser expresiones de impotencia política más que instrumentos de intervención eficaz.

Lo que se necesita no son grandes actuaciones nacionales, sino estructuras flexibles, transnacionales y permanentemente operativas. Un Consejo Kurdo de Crisis y Estrategia podría desempeñar esa función. No como un gobierno en el exilio, ni como un Estado en espera, ni como un competidor de los partidos existentes, sino como un centro político funcional.

Dicho consejo reuniría a la política, la sociedad civil, la religión, la economía, la cultura, el mundo académico y la diáspora. Su tarea no sería la representación, sino la coordinación: el intercambio rápido de información, el posicionamiento político conjunto, la creación de redes internacionales, el compromiso diplomático y la respuesta estratégica a las crisis, antes de que la escalada militar cree hechos irreversibles.

No reaccionar cuando todo ya ha terminado. Actuar mientras aún existe espacio político.

Otra lección fundamental de Rojava se refiere a la fijación en el territorio. Los proyectos de autonomía territorial siguen siendo vulnerables mientras no estén respaldados por redes políticas y diplomáticas más amplias. El territorio genera responsabilidad, pero también previsibilidad y, por lo tanto, vulnerabilidad. Un futuro político basado únicamente en el control espacial se vuelve militarmente calculable.

La respuesta agresiva de los Estados autoritarios, especialmente Turquía, es particularmente reveladora. La política hacia Rojava ha estado impulsada menos por preocupaciones concretas de seguridad que por un miedo profundamente arraigado a que una entidad política kurda que funcione pueda socavar las narrativas de identidad nacional. Este miedo no es racional, pero es políticamente poderoso. Produce un estado de emergencia psicopolítico permanente en el que la agresión se enmarca como autodefensa.

Rojava no fue atacada porque fuera inestable, sino porque funcionaba. Porque demostró que la diversidad, la participación y el autogobierno no son debilidades. Para los sistemas autoritarios, esta es la verdadera amenaza.

Por lo tanto, la lección de Rojava no es un lamento moral ni un argumento para la resignación. Es un llamamiento a la madurez política. Rojava muestra lo mucho que se puede lograr y lo peligrosos que siguen siendo los proyectos políticos cuando no están respaldados institucionalmente. La cuestión decisiva no es si Rojava se ha perdido. La cuestión decisiva es si su experiencia se tomará en serio.

Una cosa es segura: la próxima crisis llegará. Y volverá a revelar si los kurdos han aprendido las lecciones adecuadas de Rojava o si la historia se repetirá.

El Dr. Jan Ilhan Kizilhan es psicólogo, autor y editor, experto en psicotraumatología, trauma, terror y guerra, psiquiatría transcultural, psicoterapia y migración.

 

Fuente: Rudaw

 

 

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El Consejo de Paz Global: Un nuevo marco para la gestión de los intereses de Estados Unidos

Yahya Al Sadiq señala en su artículo que la creación del «Consejo Mundial de la Paz» no parece reflejar un cambio hacia un orden internacional más justo, sino que representa más bien un nuevo eslabón en el camino de reconfigurar los instrumentos de legitimidad para adaptarlos a los intereses de las potencias dominantes.

El papel desempeñado por Estados Unidos dentro del sistema de la Organización de Naciones Unidas (ONU) desde su fundación nunca fue neutral ni estuvo regido exclusivamente por las normas del derecho internacional.

Por el contrario, en múltiples momentos se caracterizó por el usar como instrumento los mecanismos institucionales de la ONU al servicio de las prioridades de la política estadounidense y de sus intereses estratégicos.

Esto se manifestó con particular claridad en el bloqueo recurrente del funcionamiento del Consejo de Seguridad, especialmente en las cuestiones relacionadas con el conflicto árabe-israelí, donde el derecho de veto fue utilizado de manera sistemática para impedir la aplicación de resoluciones internacionales existentes o la adopción de nuevas que pudieran imponer obligaciones jurídicas a «Israel».

Junto a este bloqueo, las décadas posteriores a la creación de la ONU estuvieron marcadas por una serie de intervenciones militares estadounidenses realizadas al margen del mandato explícito del Consejo de Seguridad, o amparadas en interpretaciones laxas del principio de «legítima defensa» o del llamado «intervencionismo humanitario».

Estas prácticas contribuyeron progresivamente a debilitar la posición del Consejo, transformándolo de un órgano concebido como referencia suprema para el mantenimiento de la paz y la seguridad internacionales en un escenario de confrontación entre grandes potencias, o en una herramienta selectiva que solo se activa cuando sus resultados coinciden con los intereses de determinados Estados.

En este contexto, las medidas adoptadas por la administración del presidente Donald Trump respecto de la organización de las Naciones Unidas abren una nueva etapa en la relación ya conflictiva entre Estados Unidos y el sistema multilateral internacional.

Desde la retirada de diversas agencias y organismos dependientes de la ONU, pasando por el cuestionamiento público de la utilidad de la propia institución, hasta la propuesta de crear lo que se denominó el «Consejo de Paz Global», la política estadounidense parece haber dejado de conformarse con debilitar el sistema para avanzar hacia su superación y sustitución por marcos alternativos más acordes con el equilibrio de poder vigente.

La propuesta del Consejo que precedió a la guerra de genocidio librada por «Israel» contra la Franja de Gaza, volvió a poner de relieve la limitada capacidad de las Naciones Unidas, y del Consejo de Seguridad en particular, para imponer un cese inmediato de las operaciones militares o proteger a la población civil, en un contexto de profunda división internacional y de uso del veto estadounidense para bloquear cualquier resolución vinculante.

En sus inicios, la idea del Consejo pareció responder a una clara aspiración israelí de establecer una autoridad transitoria encargada de administrar la Franja de Gaza en la etapa posterior a la guerra, separada tanto del movimiento Hamas como de la Autoridad Nacional Palestina.

Sin embargo, la propuesta evolucionó rápidamente, y Washington pareció identificar en ella una oportunidad más amplia que la mera gestión del escenario gazatí.

Según las concepciones promovidas posteriormente, la propuesta dejó de limitarse a la administración de una fase transitoria en Gaza para asumir, al menos en teoría, funciones más amplias relacionadas con el «establecimiento de la paz» y la consecución de la seguridad y la estabilidad en otras regiones del mundo, a partir de definiciones vagas de estos conceptos y mediante mecanismos que no fueron sometidos a un debate serio dentro de los marcos institucionales existentes de la ONU.

La peligrosidad de esta orientación se manifiesta en dos dimensiones fundamentales. La primera reside en el intento de consolidar el nuevo Consejo como una alternativa práctica o, como mínimo, un competidor, del Consejo de Seguridad internacional.

Pese a las evidentes deficiencias estructurales que padece el Consejo de Seguridad y a su urgente necesidad de reformas profundas que lo hagan más representativo y eficaz, este sigue siendo el único marco internacional dotado de una legitimidad jurídica reconocida y capaz de reflejar, aunque sea parcialmente, equilibrios internacionales que limitan la capacidad de una sola potencia para decidir unilateralmente el destino de las grandes cuestiones globales.

El sistema de votación del Consejo de Seguridad, así como la presencia en su seno de grandes potencias con intereses contrapuestos, como China y Rusia, por un lado, y Estados Unidos y sus aliados occidentales, por otro, impone un cierto grado de equilibrio y restringe la posibilidad de que cualquier actor imponga sus proyectos sin resistencia.

Asimismo, la rotación de los diez miembros no permanentes permite, al menos en teoría, que los Estados pequeños y en desarrollo hagan oír su voz y dispongan de un margen, aunque limitado, para presentar sus problemas e intereses ante la comunidad internacional.

La pregunta que se impone aquí es evidente: ¿por qué no se opta por reformar el Consejo de Seguridad en lugar de sortearlo? La respuesta radica en la naturaleza de los intereses occidentales, y en particular de los intereses estadounidenses.

Una reforma sustancial del Consejo, ya sea mediante la ampliación de los miembros permanentes para incluir potencias emergentes como India o Brasil, o mediante la limitación del derecho de veto, reduciría el margen de hegemonía del que gozan las potencias occidentales en su seno.

Por esta razón, la mayoría de las propuestas de reformas han sido, durante décadas, rechazadas, bloqueadas o simplemente ignoradas, sin que se haya producido un debate serio al respecto.

La segunda dimensión de la peligrosidad del Consejo propuesto se relaciona con su previsible modo de funcionamiento. Los indicios iniciales apuntan a una hegemonía estadounidense casi absoluta sobre sus decisiones y orientaciones, ya sea mediante la financiación, del control de la agenda o del ejercicio de una influencia política directa.

En tal escenario, el Consejo no sería más que una institución estadounidense revestida de un barniz internacional formal, independientemente de la participación, o no, de otras grandes potencias.

La experiencia histórica demuestra que este tipo de estructuras pierde rápidamente su credibilidad ante la primera prueba práctica, cuando sus decisiones proclamadas entran en conflicto con los intereses directos de Estados Unidos.

En este marco, surge un interrogante fundamental sobre la capacidad de este Consejo, en caso de crearse, para oponerse a futuras intervenciones estadounidenses o incluso para criticarlas.

También se cuestiona hasta qué punto los Estados que participen en él estarán dispuestos a enfrentar orientaciones contrarias a la legalidad internacional, especialmente si su adhesión se produce bajo presión política o económica, o por temor al aislamiento internacional.

En lo que respecta a la Franja de Gaza, la creación de un Consejo de este tipo no parece responder a una necesidad humanitaria o jurídica urgente, sino que refleja más bien un intento de gestionar las consecuencias de un fracaso militar y político evidente.

A pesar del enorme nivel de destrucción sufrido por el territorio, «Israel» no logró, a lo largo de dos años de operaciones militares, alcanzar sus objetivos declarados, ni eliminó a las facciones de la resistencia ni impuso un control total sobre la Franja.

De ahí que la idea del Consejo surja como un mecanismo para imponer una forma de mandato estadounidense encubierto, bajo una cobertura internacional, presentado formalmente como un proceso de reconstrucción y empoderamiento de la población local.

En términos prácticos, la etapa posterior a la guerra debería haberse gestionado conforme a los principios del derecho internacional, y garantizar el derecho de los palestinos a administrar sus propios asuntos, y limitar el papel de la comunidad internacional al apoyo político, económico y técnico, así como a la disuasión de futuras agresiones.

Sin embargo, el historial de la comunidad internacional durante los años de guerra no sugiere una disposición real a alinearse con estos principios, especialmente a la luz del prolongado silencio o de la mera retórica frente a lo ocurrido en la Franja.

Al mirar todo lo anterior, la creación del llamado «Consejo de Paz Global» no parece expresar una transición hacia un orden internacional más justo, sino que constituye un nuevo eslabón en el proceso de reconfiguración de los instrumentos de legitimidad internacional para adaptarlos a los intereses de las potencias dominantes, un proceso que difícilmente contribuirá a la consecución de una paz sostenible, ni en Gaza ni en otras regiones en conflicto.

 

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