
En Irlanda del Norte
Tal como habían programado y anunciado, la veterana editorial italiana, nueva de Pirineos abajo, las nuevas publicaciones van apareciendo con la regularidad prevista: tras el doblete inicial de El doctor Zhivago de Borís Pasternak y Principio, medio, fin de Valeria Luiselli (https://kaosenlared.net/feltrinelli-se-estrena-de-pirineos-abajo/), otros libros han ido viendo la luz: de Richard Ford, una lúcida conferencia en la que relaciona literatura y política, y ahora de Liadan Ni Chuinn, Todos siguen aquí.
El libro, recoge seis relatos de la joven escritora irlandesa que firma con el seudónimo de Liadan Ni Chuiin. El libro es el primero que publica la mujer y desde luego sorprende por la solidez mostrada, que se traduce en su capacidad de reflejar vivencias personales, familiares e íntimas en las que el peso del pasado conflictivo marca a los protagonistas; en una deriva en que los problemas del pasado avanzan en paralelo con los problemas familiares. Conste que es de mala educación señalar con el dedo, y la escritora no lo hace, sino que de manera sutil abre paso a la huella que el enfrentamiento vivido por aquellos pagos de dios ocupa en la identidad de los protagonistas de sus cuentos.
Los cuentos tienen como escenario Irlanda del Norte, si bien el segundo de los presentados, ya desde su propio título, Amalur, nos lleva al País Vasco. Historias varias y variadas en las que asoman madres y padres, hijos y hermanas, y también seres ajenos a tal conjunto, que viven su existencia de todos los días de su presente con la intromisión no buscada de las hondas huellas del pasado, son marcas que, se quiera o no, perduran en el ser de esas personas. A través de las historias somos llevados a temas como el duelo, el silencio, la pérdida y las heridas abiertas de la memoria que no acaba de sanar, entrelazándose, reitero, lo personal con lo colectivo. En algunas de las historias las referencias al pasado son más explícitas, como es el caso del último relato, Daisy Hill, en el que se nombra una extensa lista de víctimas reales de la violencia en Irlanda del Norte, de los años de The Troubles; sin lugar a dudas es el relato más cañero y más explícito en lo que hace a retratar casos y episodios del conflicto norirlandés.
El primer relato, Vamos todos, asistimos con el joven protagonista a una cruda clase de anatomía, en la que los cuerpos diseccionados y los cadáveres son manejados por los estudiantes, en una atmósfera realmente desasosegante, el protagonista, Jackie queda como hipnotizado ante el cadáver que le toca estudiar, del mismo modo que por su mente le ronda el asalto que sufrieron sus padres, Michael y Paula. No faltan tampoco el recuerdo de algunos familiares y conocidos que sufrieron encierro por sus ideas y sus actos; seres que pagaban con sus impuestos el ejército que se los llevó. Entre medio se va viendo la vida habitual del protagonista con sus amigos del barrio y de estudios.
El segundo, al que he aludido, Amalur, sorprende por su ubicación en Euskalherria, Si, como decía, el propio título sorprende de entrada, los nombres propios que aparecen (Berezi, Aitor, Ihintza, Xixili, Lur,…) y el desarrollo de la historia nos sitúan ante algunas escenas, en que entramos en la vida de una familia, en la que a la narradora y a su novio-cuya familia es de Euskadi-, les rebota el comportamiento brutal del cuñado del chico que maltrata a algún perro y que trata de manera realmente tosca a su mujer e hijos…ciertas pinceladas son esparcidas sobre la mitología vasca y el idioma, euskera, quedando patente las limitaciones y prohibiciones abiertas que han padecido los euskaldunes en el uso de su lengua y en el propio nombrar de algunos lugares, del que sus nombre habituales fueron borrados, o cambiados, como si el uso habitual supusiera un nombrar demoníaco.
Otros relatos siguen como el que muestra a Mary que se pasa el día entero en un autobús de dos plantas; chiquilla que destaca por su carácter solitario lo que no quita para que sus ocurrencias sorprendan, viniendo de ella, a sus compañeros y a los adultos que con ella se cruzan. O el otro en el que se nos muestra un museo en el que aparecen, de la noche a la mañana, ramos de flores; o también ese otro en el que una madre muere dejando una mancha en la alfombra aunque nadie la señale, todos saben que está ahí; reflejo de la existencia misma en aquellos lares en el que todos son conscientes de la violencia desencadena, durante años de represión, aun no habiéndola vivido directamente. Conflicto que se cruza con los conflictos cotidianos, familiares, de cada uno de los personajes de las singulares historias.
«Hay palabras que nunca dirás, ni siquiera en susurros. ¿De qué sirve saber lo que son las cosas, lo que subyace a su apariencia? No es nada hasta que se dice. No es nada si no se nombra». Precisamente en euskera existe un dicho que conserva cierto aire de familia: izanak izena dauka (o sus variantes: Izena duen guztia omen da / izena duenak izana du) que da a entender que lo que tiene nombre existe, o viceversa…discutible realmente al dotar una capacidad creadora a las palabras, pudiéndose dar casos en que se nombran seres inexistentes: dios, seres mitológicos y otras yerbas…tema – el de la separación entre el ser y el nombrar- que dejo para otra ocasión.
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