¿Cuál es la estrategia de Rusia en la guerra de Oriente Medio?
Moscú adopta una postura prudente y formalmente neutral en el conflicto en Oriente Medio para evitar una mayor escalada, ya que no le interesa socavar sus relaciones con Irán ni con los países del golfo Pérsico, señala el politólogo ruso Nikolái Sujov en su artículo.
"La postura neutral del Gobierno ruso ante la crisis militar en torno a Irán no se explica por un deseo de distanciarse de la región, sino por la estructura de los intereses rusos en Oriente Medio [...]. En estas circunstancias, involucrarse en el conflicto del lado de una de las partes pondría en riesgo directo todo el sistema de lazos rusos en la región", explicó.
¿Qué significa la guerra para Moscú?
Según el experto, el conflicto tiene varias dimensiones para Rusia. La primera es la seguridad regional. Cualquier expansión de las hostilidades afecta no solo a Irán, sino también a Irak, Siria, Líbano, Yemen, así como a las aguas del golfo Pérsico y a las rutas marítimas clave.
La segunda es la económica. Los ataques a la infraestructura energética, las amenazas a la navegación y la incertidumbre sobre el suministro de petróleo impactan directamente en los precios, los seguros, la logística y los presupuestos de los países exportadores.
La tercera es política. El conflicto se considera parte de una transformación más amplia del orden mundial, en la que las crisis regionales se entrelazan cada vez más con la rivalidad entre las grandes potencias. "La línea rusa se basa en una tarea sencilla: mantener canales de comunicación con todos los actores clave y evitar que una escalada regional destruya los mecanismos de interacción. Esto se aplica sobre todo al sector energético", subraya Sujov.
El experto señala que una de las tareas principales de Moscú es evitar una mayor escalada, y en este sentido sus contactos tanto con Irán como con las monarquías árabes pueden desempeñar un papel importante. "De ahí surge una tarea clave para la política rusa: mantener las relaciones con Irán sin que se conviertan en un obstáculo para el diálogo con las monarquías árabes".
Aclara que esto requiere una diplomacia cautelosa y un ajuste preciso de las señales. "Rusia debe demostrar que sus vínculos con Teherán no están dirigidos contra los países del Golfo y que pueden utilizarse para prevenir escenarios peligrosos. Para Moscú, se trata no solo de una cuestión de reputación política, sino también de mantener el acceso económico a la región", añadió.
Las oportunidades de Moscú tras el conflicto
Sujov considera que, una vez finalizada la crisis, los países del golfo Pérsico buscarán diversificar sus socios en materia de seguridad. Para Rusia, en su opinión, esto implica la necesidad de "pasar de una presencia simbólica a una utilidad práctica".
Entre las posibles vías de cooperación se encuentran los proyectos energéticos y de infraestructura, que pueden resultar comprensibles y aceptables para los inversionistas del Golfo, así como la cooperación industrial y tecnológica, con la propuesta de crear empresas conjuntas.
"De este modo, la visión rusa de la guerra en torno a Irán se basa en la comprensión de que una escalada regional puede afectar a los mecanismos económicos clave de los que dependen tanto la presencia rusa como la estabilidad de los países del Golfo", señala Sujov.
"La conclusión final para la política rusa es bastante clara: solo se puede mantener una posición relevante en el Oriente Medio a través de la utilidad práctica para la región. Esto implica apoyar la estabilidad del mercado petrolero, participar en la defensa de los intereses económicos de los socios, estar dispuesto a la cooperación industrial y ser capaz de mantener un diálogo con los distintos centros de poder", concluye el experto.



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