
Es una cumbre facha
Ricard Sánchez Andrés
Tengo muy claro que la cumbre convocada por Marco Rubio contra el “terrorismo de extrema izquierda” es una maniobra represora que revive los fantasmas del fascismo del siglo XX con un nuevo rostro. Bajo el pretexto de una amenaza global, lo que vemos es un ataque clasista y una caza de brujas contra cualquiera que se oponga al orden establecido por el gobierno de Trump. El discurso del “miedo rojo” y el clasismo.
La retórica de Rubio es un claro ejemplo de esto. En su discurso, no dudó en calificar a la izquierda como “los débiles y los cobardes que luchan contra los fuertes y los buenos (capitalistas)”. Esta no es una crítica política, sino una declaración de guerra de clases que divide a la sociedad entre “buenos” (los poderosos) y “malos” (los trabajadores que luchan contra la explotación). Es la misma lógica que utilizaron los fascismos del siglo pasado para justificar la represión, solo que ahora el chivo expiatorio son los comunistas, anarquistas y anticapitalistas.
Para justificar sus progromos a antifascistas tienen que retroceder hasta 1971 pese a haber eliminado un estudio del departamento de justicia de 2024 que mostraba que el terrorismo de extrema derecha se disparaba y era la principal amenaza interna… Rubio ha citado a los Tupamaros, las FARC, el ELN y Sendero Luminoso, pero no los crímenes y terrorismo de Estado cometidos por las dictaduras sangrientas latinoamericanas amparadas por EEUU, a cuyos torturadores formaba en la Escuela de las Américas. Rubio también ha hablado de las Brigadas Rojas, la Fracción del Ejército Rojo y la organización griega 17 de Noviembre, pero no los asesinatos de las dictaduras europeas fascistas alentadas por Washington, como la española, griega o portuguesa.
Quieren crear una red transnacional con un objetivo claro. La cumbre, a la que asistieron 66 países (incluyendo España), busca internacionalizar esta cruzada.
Rubio habla de una “red transnacional” de militantes de “Antifa” que operan con “pisos francos” y “canales encriptados”. Sin embargo, no presenta pruebas de estructura, y diversas fuentes indican que estas afirmaciones son falsas o exageradas. El objetivo real: debilitar a la disidencia.
Esta ofensiva tiene consecuencias concretas. Designaciones terroristas: se ha designado a grupos como “Antifa Ost” o “Justicia Proletaria” como organizaciones terroristas extranjeras. Recompensas millonarias: se ofrecen hasta 10 millones de dólares por información que desarticule sus finanzas. Presión internacional: se busca forzar a otros países a alinearse con esta visión, poniendo en la diana a movimientos sociales de todo tipo desde ecologistas a defensores de los derechos humanos y el derrocar gobiernos progresistas.
El objetivo no es la seguridad, sino la persecución de cualquier ideología que cuestione el statu quo. Una condena que trasciende fronteras. Esta maniobra ha sido duramente criticada. Políticos, intelectuales y conocidos activistas por la paz y los derechos humanos lo han denunciado como un intento de fundamentar una amenaza contra “fuerzas progresistas, organizaciones de izquierda y anarquistas, movimientos sociales y todo el que luche contra la opresión, la explotación, el racismo, la guerra, la intervención y la brutalidad imperialista”.
El propio análisis de las palabras de Rubio revela frases de “matriz fascista”, como la necesidad de “aplastar este mal para siempre”.
Conclusión: un espejismo de seguridad para una caza de brujas. La cumbre de Marco Rubio no es una respuesta a una amenaza real, sino una cortina de humo para criminalizar la disidencia. Es un paso que busca replicar el autoritarismo del pasado, reemplazando el miedo al “otro” ideológico por la cooperación internacional contra un enemigo inventado. Defender la libertad de pensamiento y la justicia social es hoy más importante que nunca para que no gane el fascismo.
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