domingo, 23 de octubre de 2011

LA EDUCACION ISLAMICA DE LOS NIÑOS.

PUNTA ARENAS 23 DE OCTUBRE DEL 2011

SEÑOR

EDITOR DE MEDIO DE COMUNICACION Y DIFUSION PUBLICA

PRESENTE

HACEMOS LLEGAR A SU RESPETABLE MEDIO-- 


LA EDUCACION ISLAMICA DE LOS NIÑOS.


Los valores del islam, presentados de forma sencilla


 

Niño indonesio estudiando
Niño indonesio estudiando

La honestidad

Alguna gente no ve nada de malo en mentir para ocultar un error que han cometido, sacar partido de algo, salir de una situación difícil o para que otros hagan lo que ellos quieren. A pesar de que saben que lo que hicieron está mal y que se puede descubrir su mentira en cualquier momento, recurren a este reprochable comportamiento. No recuerdan que darán cuenta de todo lo que hagan o digan en el Día del Juicio Final.

Sin embargo, los creyentes nunca comprometen su honestidad. Saben que deben ser honestos bajo cualquier circunstancia, tal y como Dios ha revelado en el Corán:

¡Oh vosotros que habéis llegado a creer! Manteneos conscientes de Dios, y hablad [siempre] con voluntad de manifestar [sólo] lo que es justo y verdadero.

(Sura La coalición 33: 70)

Obedecen este mandato con minuciosidad cada día. Por ejemplo, como dijimos con anterioridad cuando tratábamos otro tema, no recurren a las mentiras para tapar un error. Piden perdón inmediatamente por la equivocación que han cometido e intentan remediarla. No dicen mentiras para lograr un mayor respeto o para que los demás los aprecien más. No importa cual sea el motivo, no ven la mentira como una solución.

Por esta razón, una persona que vive según las enseñanzas del Corán, en su quehacer diario, no necesita preocuparse por decir una mentira o que dicha mentira se descubra. Lleva la buena, segura y pacífica vida que traen consigo la honestidad y la sinceridad. Alguien que adopta este comportamiento digno de elogio en este mundo recibirá una recompensa incluso mayor en el más allá. Dios da esta buena noticia a los que actúan correctamente:

[Y en el Día del Juicio] Dios dirá: “Hoy su veracidad beneficiará a todos los que han sido veraces: tendrán jardines por los que corren arroyos, en los que residirán más allá del cómputo del tiempo; Dios está complacido con ellos y ellos están complacidos con Él: este es el triunfo supremo."

(Sura El ágape 5: 119)

Actuar de manera justa

Los creyentes no se quedarán indiferentes ante cualquier injusticia que observen, oigan o sobre la que reciban información indirecta. Las enseñanzas del Corán según las que viven les indican que se opongan a cualquier clase de crueldad, que defiendan los derechos de los que han sido agraviados y que intervengan en su nombre. En el sura Las mujeres Dios describe el elevado sentido de la justicia de los creyentes:

¡Oh vosotros que habéis llegado a creer! Sed firmes en establecer la justicia, dando testimonio de la verdad por Dios, aunque sea en contra vuestra o de vuestros padres y parientes. Tanto si la persona es rica o pobre, el derecho de Dios está por encima de los [derechos] de ambos. No sigáis, pues, vuestros propios deseos, no sea que os apartéis de la justicia: porque si alteráis [la verdad], u os evadís, ¡ciertamente, Dios está bien informado de todo cuanto hacéis!

(Sura Las mujeres 4: 135)

Los creyentes pondrán todo su empeño en prevenir la injusticia. Incluso aunque la mayoría de la gente actúe de modo contrario, su dejadez e inconsciencia no les hará desfallecer. Saben que, en la otra vida, se les preguntará sobre los esfuerzos que han hecho en favor de la justicia y sobre lo que han hecho para prevenir la injusticia. No intentarán escapar de su responsabilidad como tanta gente hace diciendo que no han visto, oído o notado nada. Recuerdan que si actúan despreocupadamente, no sólo ellos serán los perdedores sino todos aquellos a los que les afecta la injusticia y que, si actúan en conciencia, no sólo serán ellos los que obtengan una recompensa en el más allá, sino que también se beneficiarán todos los oprimidos y agraviados. Por este motivo nunca serán observadores desinteresados de la injusticia. Si saben de alguna, nunca la ignorarán sumiéndose en sus propios asuntos y pretendiendo que no han visto nada.

Incluso aunque las enseñanzas del Corán se opongan al beneficio del individuo, e incluso aunque esto sea duro de aceptar, se debe aplicar la justicia sin distinción entre madre, padre, amistades, extraños, ricos o pobres. Por este motivo, un creyente intenta no cometer ninguna injusticia durante el día y evita enérgicamente cerrar los ojos ante la injusticia. Intenta dar a cada uno lo que merece.

Por ejemplo, cuando pase en frente de una cola de gente que está esperando el autobús, no será irrespetuoso y no mirará a otro lado si otro lo es. Intervendrá de modo que sea adecuado a un carácter noble y sin crear tensiones. En una competición, intentará ensalzar a todos aquellos que lo merezcan al recibir su premio. Defenderá a todos aquellos que tengan razón sin hacer distinciones entre ellos y sus amigos. Si él o un amigo íntimo cometen un error, lo admitirá abiertamente si ha causado algún mal a otra persona y hará todo lo posible por resarcirla del mal causado.

La abnegación

Aquellos que piensan que la vida se restringe a esta vida terrenal no se molestan en hacer algo por los demás a menos que vayan a sacar algún provecho de ello y no tomarán la iniciativa para ayudar a alguien que lo necesite. Esto es así porque no se dan cuenta de que recibirán una recompensa en la otra vida adecuada al bien o al mal que hayan hecho. En algunas aleyas del Corán, Dios llama nuestra atención sobre esta perversa forma de pensar:

En verdad, el hombre ha sido creado inquieto.

(Sura Las vías de ascenso 70: 19)

¿Has considerado alguna vez a ese que da la espalda [a Nuestro recuerdo, y se afana sólo por la vida de este mundo], y que da tan poco [de sí mismo para el bien de su alma], y tan mezquinamente?

(Sura El despliegue 53: 33-34)

A los que son avaros e incitan a los demás a la avaricia, y ocultan lo que Dios les ha dado de Su favor; y para los que así niegan la verdad hemos preparado un castigo humillante.

(Sura Las mujeres 4: 37)

Una persona debe eliminar de sí los sentimientos de egoísmo y mezquindad. En este sentido, nuestro Señor revela lo siguiente:

Sed, pues, todo lo conscientes de Dios que podáis, escuchad[-Le] y obedeced. Y gastad en limosnas por vuestro propio bien: pues, los que están a salvo de su propia codicia - ¡ésos, precisamente, alcanzarán la felicidad!

(Sura Pérdida y ganancia 64: 16)

Por esta razón, una persona que vive según las enseñanzas del Corán evitará ser egoísta y hará un esfuerzo durante el día para compartir lo que tiene con los que le rodean. Por ejemplo, le agradará compartir su comida con el hambriento. Se sentirá feliz de dar sus preciadas posesiones a alguien que las necesita más que él. Dará lo que exceda a sus necesidades a los necesitados (Sura La vaca 2:219). Sabe que recibirá una recompensa mayor en el más allá. En el Corán, Dios nos muestra el comportamiento ejemplar en este sentido de los Compañeros de nuestro Profeta:

Y [les será ofrecida, también, a los pobres de] aquellos que, antes que ellos, estaban establecidos en este territorio y en la fe – [esos] que aman a los que acuden a ellos buscando refugio, y no abrigan en sus corazones rencor alguno por lo que se ha dado a esos, y los prefieren a sí mismos, aunque ellos vivan en penuria: pues, los que están a salvo de su propia codicia - ¡ésos, precisamente, alcanzarán la felicidad!

(Sura La concentración 59: 9)

Los creyentes disfrutan sabiendo que su sacrificio sirve para que otros sean felices. Viven con la paz interior que proviene de actuar de buena fe y sabiendo que agradan a Dios. Incluso cuando ellos mismos estén necesitados, dejarán sus derechos a un lado sin pensarlo. Nunca mencionarán los sacrificios que hacen, no actuarán así para que se les elogie o ensalce e intentarán que la otra parte no se sienta obligada a devolver el favor que se les ha hecho.

Evitar el sarcasmo

Una actitud sarcástica es algo bastante común entre un segmento de la población que vive su vida alejado del Corán. Entre la gente ignorante, hay quienes ridiculizan los defectos de los demás, sus errores, las deficiencias físicas, el vestido, la falta de posesiones materiales, la dejadez, el comportamiento, el modo en que se expresan y, en resumen, casi cualquier cosa. Para reírse de alguien, utilizan cierto vocabulario y gestos o imitan ciertas expresiones faciales. A las personas que se ríen de los demás no les importa herir los sentimientos de los otros, ni que se entristezcan, enojen, molesten o angustien. Lo importante para ellos es alimentar su propio orgullo y humillar el objeto de su ridiculización.

En el Corán Dios prohíbe tajantemente que se ridiculice a los demás:

¡Oh vosotros que habéis llegado a creer! No os burléis unos de otros: puede que esos [de quienes se burlan] sean mejores que ellos; ni las mujeres unas de otras: puede que esas [de quienes se burlan] sean mejores que ellas. Y no os difaméis unos a otros, ni os insultéis con motes [ofensivos]; mala es toda imputación de iniquidad después de [haber alcanzado] la fe; y los que [siendo culpables de ello] no se arrepientan - ¡ésos, precisamente, son los malhechores!

(Sura Las habitaciones privadas 49: 11)

En otra aleya, nuestro Señor advierte: "¡Ay de todo aquel que difama, que critica!" (Sura El difamador 104: 1) y avisa a quienes actúan de este modo perverso, que no viven de acuerdo con las enseñanzas del Corán y que no piensan en las cuentas que tienen que rendir en el más allá.

No se permite ninguna forma de ridiculización a los creyentes. Ellos saben que es nuestro Señor quien ha otorgado a todo el mundo su riqueza, belleza, inteligencia, talentos y otras cualidades. Se deleitan en las buenas cualidades que observan en los demás y, puesto que buscan lograr la aprobación de Dios y no satisfacer su ego, no manifiestan nada de la arrogancia y envidia que caracteriza a la sociedad ignorante. Por este motivo los creyentes son siempre tolerantes, positivos y modestos con los demás.

Al mismo tiempo, los creyentes saben que los defectos que observan son pruebas que provienen de Dios. Por esta razón no llaman la atención sobre ellos sino que los compensan actuando positivamente. Evitan con sumo cuidado la más ligera expresión, gesto o palabra que pueda sugerir que están ridiculizando a alguien.

Evitar las conjeturas y la difamación

En las sociedades ignorantes algunas personas tienen hábitos que han llegado a ser parte inseparable de sus vidas, tales como alimentar sospechas sobre los demás, entrometerse en los asuntos de otros o intentar enterarse de asuntos privados que no les conciernen y calumniar: cotillear y hablar de los demás a sus espaldas. Estos comportamientos van normalmente unidos porque alguien que calumnia a otro lo hace porque alberga pensamientos indignos sobre esa otra persona. De igual manera, alguien que se entromete en los asuntos de otro lo hace porque desconfía de él.

En las enseñanzas del Corán no hay lugar para esta clase de comportamiento impropio y Dios ordena a los creyentes que lo eviten:

¡Oh vosotros que habéis llegado a creer! Evitad la mayoría de las conjeturas [sobre otra gente] – pues, ciertamente, una parte de [esas] conjeturas es [en sí] pecado; y no os espiéis unos a otros, ni murmuréis unos de otros. ¿Le gustaría a alguno de vosotros comer la carne de su hermano muerto? ¡Os resultaría repugnante! Y sed conscientes de Dios. ¡Realmente, Dios acepta el arrepentimiento y es dispensador de gracia!

(Sura Las habitaciones privadas 49: 12)

Las aleyas de Dios están siempre en la mente de un creyente que evita cuidadosamente actuar de modo que no Le plazca. No intenta recopilar información sobre otra persona con malas intenciones; no dice nada desagradable, nada sobre lo que no esté seguro o nada que hiera los sentimientos de otro. No caerá en conjeturas envidiosas sobre una persona a la que no conoce. Siempre pensará positivamente sobre alguien que no conozca; sólo hablará del lado positivo- bueno y atractivo- de la misma. Por tanto, tomando como ejemplo las reacciones de los creyentes hacia una calumnia dirigida a las mujeres, Dios dice en el Corán que un creyente que no está seguro sobre la veracidad de un asunto que concierne a otra persona debe pensar de modo positivo sobre ello:

¿Por qué los creyentes y las creyentes al oír algo así, no piensan lo mejor unos de otros y dicen: “Esto es claramente mentira”?

(Sura La luz 24: 12)

Un creyente intenta pensar siempre positivamente sobre su familia, amigos y los que le rodean, hablar de temas edificantes e intentar que otros hagan lo mismo. Sin embargo, los humanos son olvidadizos por naturaleza como parte de las pruebas a las que se les somete en esta vida y pueden cometer errores, aunque cuando se dan cuenta de lo equivocado de su comportamiento, se refugian en la misericordia de Dios y piden perdón.

El egoísmo

Una de las cualidades negativas de la naturaleza humana es el egoísmo y Dios nos dice en el Corán que debemos evitarlo:

… el ánimo es siempre propenso al egoísmo. Pero si hacéis el bien y sois conscientes de Él – ciertamente, Dios está en verdad bien informado de todo lo que hacéis.

(Sura Las mujeres 4: 128)

El egoísmo de algunas personas se manifiesta como envidia porque otros son superiores material o espiritualmente o porque poseen algo que ellos no tienen. Por ejemplo, si se encuentran con alguien más bello o atractivo, sienten envidia. Otros envidian a los ricos, a los que tienen éxito, sabiduría, cultura, a los que son trabajadores o tienen bonitas casas. El prestigio, la fama o la posición pueden ser causa de envidia. Sin embargo, hay un hecho importante que la gente envidiosa ignora y Dios nos lo recuerda en el Corán:

¿O es que envidian a otra gente por lo que Dios les ha concedido de Su favor?

(Sura Las mujeres 4: 54)

Nuestro Dios es el Poseedor de todas las cosas. Proporciona a quien quiere todo lo que quiere. El ser humano no tiene influencia sobre lo mucho o poco que se le otorga. El Poseedor absoluto de la belleza, las propiedades, posesiones y superioridad es Dios. Un creyente lo sabe, así que no sentirá envidia, no importa las cosas atrayentes con las que se tropiece a lo largo del día y no le pertenezcan. Si ve a alguien más rico o atractivo que él pensará en Dios, el único Poseedor de la riqueza y la belleza. Sabe que Dios ha elegido lo que ha querido para quien ha querido, que ha otorgado los dones que le ha querido a quien ha querido otorgárselos y que la elección y decisión son únicamente Suyas. El creyente actúa reconociendo que Dios lo ha creado todo del modo mejor y más beneficioso y que los diversos dones que existen en el mundo se conceden a los seres humanos como prueba, que el verdadero mundo es el que está por llegar y que, en presencia de Dios, la valía se mide en términos del comportamiento que a Él le agrade.

No es egoísta al compartir lo que tiene con los demás o al donar sus posesiones. Por ejemplo, no le perturba dar una de sus posesiones favoritas como regalo o dejar que otra persona la utilice. Dios recomienda a los creyentes esta clase de comportamiento en el Corán:

[En cuanto a vosotros, oh creyentes,] no alcanzaréis la verdadera piedad mientras no gastéis en otros de aquello que os es más preciado; y lo que gastéis – ciertamente, Dios tiene pleno conocimiento de ello.

(Sura La casa de Imrán 3: 92)

Un creyente sabe que todos los bienes que se le han concedido en esta vida terrenal son para utilizarlos durante un cierto periodo de tiempo y constituyen una prueba; sabe que los rasgos negativos como el egoísmo y la envidia están equivocados.

Evitar la ira y las discusiones

Las discusiones son causa de que la gente se enfade, convirtiéndose en discrepancias, lucha y conflictos. Si una pequeña disputa entre dos amigos se hace mayor, la ira sustituye a todos sus sentimientos positivos. En el versículo 54 del sura La cueva (18) Dios llama nuestra atención sobre esta cualidad negativa y dice que los seres humanos son, sobre todo, discutidores. Por este motivo los creyentes deben evitar a toda costa cualquier tipo de discusión que pueda debilitar o destrozar su espíritu de unidad, compañerismo y hermandad. Dios prohíbe claramente este tipo de comportamiento:

Y obedeced a Dios y a Su Enviado y no disputéis entre vosotros, no sea que os desaniméis y vuestra fuerza moral os abandone…

(Sura El botín 8: 46)

Las disputas minan la fuerza de los creyentes, no ofrecen ninguna solución a los problemas, no son beneficiosas y ocurren a instancias del demonio. Aunque una persona de buena conciencia ve las discusiones y peleas como algo malo e inaceptable, aún así sus más bajos instintos lo empujan hacia las discusiones y conflictos. Por esta razón, alguien que toma el Corán como guía y siempre actúa de acuerdo con su conciencia nunca dejará que le invadan las ganas de discutir. Incluso si surge alguna disputa como resultado de un momento de descuido, recobrará el dominio de sí mismo, recordará los mandatos de Dios, se dará cuenta de que no Le está agradando y abandonará ese comportamiento.

Una persona que tiene fe puede encontrarse con todo tipo de gente a lo largo del día pero evitará a toda costa cualquier disputa. Por ejemplo, mientras está de compras no se enzarzará en discusiones con el tendero sobre los precios, o con el conductor del autobús porque llega tarde, o con un guardia de tráfico que no da paso a la cola en la que está esperando. Si se encuentra en una situación donde piensa que se le trata injustamente, no se enfadará y comenzará una pelea sino que elegirá resolver el problema actuando positiva e inteligentemente. En el Corán, Dios dice que un creyente no debe enfadarse:

Aquellos que gastan [en Su causa] en tiempos de prosperidad y en tiempos de estrechez y refrenan su ira, y perdonan al prójimo porque Dios ama a quienes hacen el bien.

(Sura La casa de Imrán 3: 134)

Éste fue también el consejo del Mensajero de Dios, la paz y las bendiciones de Dios sean con él, cuando un hombre le pidió ayuda y simplemente le dijo: “No te enfurezcas”.

(Los cuarenta hadices, Imam an-Nawawi)

Alguien que vive de acuerdo con las enseñanzas del Corán no cambiará su modo de actuar según el comportamiento de la persona que encuentre. Puede que esta última se ría de él, utilice un lenguaje desagradable, se enfade, se vuelva insultante o incluso agresiva, pero la amabilidad, modestia, misericordia y dulzura de un creyente nunca cambian. No insulta a una persona que le ha insultado primero o ridiculiza a alguien que le ha ridiculizado o contesta a la ira con ira. Si alguien se enfada con él, se tranquiliza y se domina y actúa como nuestro Profeta, la paz y las bendiciones de Dios sean con él, le ha aconsejado en uno de sus hadices:

"Teme a Dios dondequiera que estés, y devuelve una mala acción con una buena y esto la borrará, y compórtate bien con la gente”.

(Los cuarenta hadices, Imam an-Nawawi)

Un creyente sabe que cada momento y cada cosa ha sido creada para probarle. Por este motivo, en vez de discutir con alguien, prefiere utilizar un buen lenguaje y paciencia para sobreponerse a la ira que se le dirige. Sabe que éste es el tipo de comportamiento que agrada a Dios, cuya aprobación pretende lograr.

La paz y el respeto mutuo

Cuando los creyentes se encuentran a lo largo del día, se expresan sus más sinceros deseos, es decir, se desean la paz. Haciendo esto cumplen con la recomendación de Dios: "Si os saludan con un saludo [de paz], corresponded con un saludo aún mejor, o [al menos] con otro igual..." (Sura Las mujeres 4: 86) En otra aleya, Dios aconseja a los creyentes que pronuncien sus deseos de paz cuando entren en una casa:

… siempre que entréis en casas, saludaos unos a otros con un saludo bendecido y excelente, como Dios manda. De esta forma os aclara Dios Sus mensajes, para que [aprendáis a] usar vuestra razón.

(Sura La luz 24: 61)

Cuando un creyente sale de casa, desea con amabilidad a los vecinos que se encuentra que pasen un buen día y la paz y la misericordia de Dios. Saluda a los que se encuentra por la calle, a sus amigos de la escuela y a otros de igual manera. Si alguien le saluda, no importa quien sea, se da por saludado y le responde incluso de mejor modo. Este comportamiento es una de las cosas bellas que nos trajo el Corán y la Sunna con respecto a las relaciones humanas. Al ofrecer un saludo de paz, la atmósfera fría y tensa que existe entre gente que no se conoce se disipa. Las personas se acercan y se crea un ambiente cálido entre ellas incluso aunque no se conozcan.

Sin embargo, en la sociedad actual, el saludo de la paz se hace como costumbre. Algunas personas saludan sólo a quienes saben que les van a beneficiar o que pueden obtener beneficio de ellos. A veces no responden al saludo de las personas que piensan que tienen un rango inferior al suyo, o fingen que no les han oído para humillarles. Y, lo que resulta aún más grave, este comportamiento es algo que se ve como normal en ciertos círculos.

La hospitalidad

En las aleyas donde se describen las atenciones que Abraham (que Dios esté complacido con él) tiene con sus invitados, el Corán muestra cómo ser un buen anfitrión:

¿Ha llegado a tu conocimiento la historia de los honorables huéspedes de Abraham? Cuando le visitaron esos [emisarios celestiales] y dijeron: “¡Paz!” Respondió: “¡[Y con vosotros la] paz!” – [y decía para sí:] “Son gente desconocida”. Luego se volvió discretamente a su familia y vino con un ternero cebado [asado] que puso delante de ellos, diciendo: “¿No vais a comer?”

(Sura Los vientos que arrastran 51: 24-27)

Los creyentes que toman la hospitalidad de Abraham (que Dios esté complacido con él) como ejemplo darán a sus invitados una cálida bienvenida y les harán sentirse a gusto mostrándoles respeto y amor. Luego, pensarán en lo que pueden necesitar y se lo proporcionarán sin que tengan que pedírselo o insinuárselo. Además, intentará ofrecérselo sin demora porque es una costumbre de los musulmanes basada en el ejemplo personal del Mensajero de Dios, la paz y las bendiciones de Dios sean con él, que se les debe ofrecer a los invitados la mejor comida que haya en casa.

A pesar de esto, algunos individuos no abren la puerta cuando alguien llama, incluso aunque les conozcan y, en contra de su voluntad, se ven forzados a entretener a sus invitados. Sólo los reciben por la costumbre o por quedar bien. Su comportamiento cambia según la posición social de sus invitados: cuando se trata de una persona pobre, intentan contentarla sin ofrecerle nada especial; pero si su invitado es rico e influyente, se extralimitan ofreciéndole pequeños detalles y se esfuerzan todo lo posible por brindarles la mejor comida y servicio.

Cuando un anfitrión trata a sus invitados fríamente y con indiferencia hacia sus sentimientos, hace que se sientan incómodos y molestos. Esto lleva a que ambas partes quieran que la visita acabe pronto. El invitado lamenta haber venido y el anfitrión siente haber gastado comida y tiempo.

Para concluir, la hospitalidad y buenos modos, la unidad y la cooperación únicamente pueden propagarse entre las personas practicando las enseñanzas del Corán y emulando el noble y generoso comportamiento del último Mensajero, la paz y las bendiciones de Dios sean con él, y el comportamiento de los musulmanes que actúan correctamente.

La consideración

En una sociedad en la que los valores del Corán no son los que imperan, hay gente grosera, maleducada, desconsiderada e irrespetuosa. Pero los creyentes evitan cuidadosamente esta manera de ser y comportarse; cuentan con un carácter irreprochable, educado, sensible y considerado. Éstas son también cualidades de los Mensajeros de Dios. En el Corán se menciona la sutil forma de pensar de Moisés (que Dios esté complacido con él):

Y cuado llegó a los pozos de Madián, encontró allí a un grupo numeroso de hombres que abrevaban [sus rebaños]; y encontró a cierta distancia de ellos a dos mujeres que mantenían alejado a su rebaño.

[Les] preguntó: “¿Qué os pasa?”

Respondieron: “No podemos abrevar [nuestros animales] hasta que los pastores se hayan ido [con los suyos] – pues [somos débiles y] nuestro padre es un hombre muy anciano.”

Abrevó, entonces, por ellas [su rebaño]; y luego se retiró a la sombra y oró: “¡Oh Sustentador mío! ¡En verdad, estoy necesitado de cualquier bien que hagas descender para mí!”."

(Sura La historia 28: 23-24)

Como era un hombre sensible, Moisés (que Dios esté complacido con él) se dio cuenta inmediatamente de que las mujeres que se encontró necesitaban ayuda y las auxilió sin pérdida de tiempo. Esta característica de Moisés (que Dios esté complacido con él) se elogia en el Corán y la gente que tiene fe lo sigue como ejemplo en su quehacer diario. Cuando ven que alguien se encuentra en una situación difícil o angustiosa inmediatamente hacen todo lo que pueden por ayudar. Además, intentan animarles para crear un ambiente bello y feliz, y actúan noblemente para agradarles.

Alguien que es considerado actúa de modo que los demás no se sientan incómodos. Una persona que está con la familia y mantiene los lugares y zonas comunes limpios y ordenados evita hablar alto o poner la música fuerte donde pueda molestar a otros, se fija en si la persona con la que quiere hablar no tiene nada que hacer en ese momento, y no importuna a alguien que tiene prisa por terminar alguna cosa. Éstos son ejemplos de la consideración con la que a veces nos encontramos en nuestro devenir diario.

Otro indicio importante de que la persona con la que tratamos es respetuosa es que reconoce la prioridad de los demás. Podemos poner como ejemplos una conversación en la que dos personas están dialogando sobre algo que ambos conocen y uno de ellos deja hablar al otro o alguien que deja que otro coma el último bocado que queda en el plato. Además, ceder tu asiento en el autobús a alguien que lo necesita o dejar que alguien pase antes que tú para pagar en la caja cuando has terminado de comprar son modos de hacer que las personas se acerquen unas a otras y de establecer buenas relaciones. Aquellos que son considerados con los demás establecen relaciones sólidas basadas en el amor y el respeto. Además, disfrutarán de la vida en vecindad y les agradará verse.

Por el contrario, en un ambiente en el que todo el mundo intenta hacer cosas por los demás únicamente por el provecho o beneficio que puedan obtener no puede existir la verdadera amistad. Darse aires de importancia durante una conversación o comportarse de modo artificial evita que se creen lazos de amistad. Las charlas banales y el sarcasmo crean una atmósfera tensa y nadie quiere estar en estos lugares donde no se piensa en Dios.

Las buenas palabras

Algunas personas, incluso aunque su conciencia les dicte que deben perdonar a alguien que les ha causado algún mal o hablar con amabilidad a quien se ha dirigido a ellos en un tono poco amable, prefieren no hacerlo y responder al insulto con uno mayor. Según esta forma de pensar tan equivocada, ostentar un tono de irritación, ridiculizar a otra persona con palabras arrogantes e insultos y responder con insolencia y falta de respeto es un signo de superioridad.

Ni qué decir tiene que estas ideas son del todo contrarias al Corán. En él, Dios nos pone los siguientes ejemplos de la bendición que supone hablar con amabilidad y cómo resulta siempre beneficioso para los seres humanos:

¿No ves cómo Dios propone la parábola de una palabra buena? [Es] como un árbol bueno, firmemente enraizado, [que extiende] sus ramas hacia el cielo, y que da sus frutos en cada estación con la venia de su Sustentador. Y [así es como] Dios propone parábolas a los hombres, para que reflexionen [sobre la verdad]. Y la parábola de una palabra mala es un árbol malo, arrancado [de sus raíces] sobre el suelo, totalmente incapaz de resistir. [Así,] Dios da firmeza a quienes han llegado a creer por medio de la palabra de firmeza inquebrantable en esta vida y en la Otra; pero deja que se extravíen los malhechores: pues Dios hace lo que quiere.

(Sura Abraham 14: 24-27)

Como podemos inferir de esta aleya, una persona que utiliza palabras edificantes y vive según ellas, hallará una gran belleza y dones incomparables en este mundo y en el que está por llegar. Por otro lado, una persona que usa palabras poco adecuadas y vive según las mismas, camina sobre una oscura carretera que le conducirá al Infierno.

Un creyente se dirige con palabras correctas y sabias a todo el que se encuentra en el transcurso del día. Dondequiera que esté, habla de la religión de Dios, da consejos que provienen del Corán, pronuncia palabras que recuerdan a Dios y el buen carácter del Mensajero de Dios, la paz y las bendiciones de Dios sean con él, y habla a los demás con respeto. Para animar a sus amigos, elogia sus buenas cualidades que son las que nos enseña el Corán y la Sunna y conversa de modo que ayude a los demás a pasar el día de forma más alegre y animada. Podemos comparar este comportamiento que muestran los creyentes con el buen árbol frutal de la aleya anterior.

Sin embargo, algunos prefieren no destacar las buenas cualidades de otros, sino humillarles exponiendo sus errores y defectos. Como ya hemos señalado, en las aleyas del sura Abraham, nuestro Señor nos previene sobre este modo de actuar y compara el lenguaje utilizado con un árbol malo que no da fruto. Así como una mala palabra destruye una buena relación, también enfría el entusiasmo de la otra parte y es causa de pena y remordimiento.

Por otro lado, cuando un creyente habla con alguien dándole un consejo sobre cómo remediar sus defectos o señalando sus errores, tendrá cuidado en elegir las mejores palabras. Al hacerlo así, cumplirá el siguiente mandato de Dios:

Y di a Mis siervos que hablen [a esos que no comparten sus creencias] con suma amabilidad: ciertamente, Satán está siempre dispuesto a sembrar la discordia entre los hombres – pues, ¡en verdad, Satán es enemigo declarado del hombre!

(Sura El viaje nocturno 17: 53)

Tal y como dice Dios en esta aleya, el demonio intenta que no nos digamos cosas buenas unos a otros y, de este modo, hacer que nos enemistemos. Cuando se dice algo negativo, el demonio intenta, inmediatamente, introducir sospechas para entrometerse y enemistar a las dos partes. Una persona que se siente incómoda porque se han dirigido a ella de modo desagradable se verá influenciada por las insinuaciones que el diablo le hace y responderá a la otra del mismo modo. Esto dañará o incluso destruirá su amistad. Sin embargo, una palabra positiva evitará el peligro de que Satán nos induzca a error. Por este motivo, los creyentes intentan hablarse del modo más positivo posible para que el demonio no tenga ni la ocasión ni la oportunidad de interferir entre ellos. Tal actitud será el modo de estrechar sus lazos de amistad. Nuestro Profeta, la paz y las bendiciones de Dios sean con él, ha ordenado que los creyentes mantengan siempre una conducta elevada y que hablen elogiando a los demás.

"No os envidiéis, no os odiéis, no os deis la espalda y no os vendáis barato unos a otros, sino sed, oh siervos de Dios, hermanos.”

(Muslim)

"Saludar a una persona es un acto de caridad. Actuar justamente es caridad. Una Buena palabra es caridad."

(Bukhari y Muslim)

"No hay nada que pese más en la balanza que el buen carácter."

(Imam Ahmad y Abu Dawud)

La paciencia

En casi todas las sociedades hay personas que no son creyentes pero que viven, más o menos, según los valores que Dios ha descrito en el Corán. Cuando es necesario, estas personas se pueden comportar de forma amable, gentilmente y con abnegación, misericordia y justicia. Pero no importa la elevada moral que manifiesten, seguro que hay momentos en los que no mantienen este comportamiento. Por ejemplo, alguien que tiene que hacer un examen importante se queda dormido por la mañana porque se le ha estropeado el despertador. Cuando se despierta va corriendo a la escuela y se queda atrapado en un atasco. Quiere llamar a la escuela para decirles que llegará tarde, pero la línea está ocupada. Si, en ese momento, un amigo que esté sentado a su lado le hiciese una pregunta, le contestaría con un tono de irritación o se le quedaría mirando enfadado sin responderle. Esta persona cree que es amable y comprensiva pero, en una situación como la descrita, podemos decir que su paciencia se ha agotado y que se comporta de modo poco amable.

Un creyente tiene la firme determinación de actuar según los valores del Corán en cualquier situación y bajo cualquier circunstancia. Se muestra paciente con los que dicen o hacen cosas equivocadas o desagradables.

Por ejemplo, con alguien que le empuja para subir primero en el autobús, con un amigo que le insulta lleno de rabia, con un conductor descuidado que le llena de barro cuando camina por la acera. Podemos poner infinidad de ejemplos. Una persona que adopta las enseñanzas del Corán se da cuenta de que todo esto ha sido creado así porque es su destino y nunca se comportará de manera impropia, ni se irritará ni se pondrá de mal humor. Por supuesto, intentará que algo así no le vuelva a suceder y hará todo lo que pueda por evitar aquello que le pueda hacer enfadar. De acuerdo con las enseñanzas del Corán, incluso en el caso de que ocurra algo que le lastime, una persona debe tener paciencia con los demás y, si es posible, devolver con un bien el mal comportamiento. En el Corán, Dios llama nuestra atención sobre el hecho de que, con paciencia, los creyentes pueden repeler amablemente las malas acciones:

Pero [como] el bien y el mal no pueden equipararse, repele [el mal] con algo que sea mejor - ¡y, he ahí, que aquel entre el cual y tú existía enemistad [se volverá entonces] como si [siempre] hubiera estado cercano [a ti], un verdadero amigo! Sin embargo, no es dado [conseguir] esto sino a los que acostumbran a ser pacientes en la adversidad: ¡no les hes dado sino a los sumamente afortunados!

(Sura Expuestos con claridad 41: 34-35)

Comprensión, tolerancia y perdón

Según los dictámenes de Dios: "…Y haced el bien a vuestros padres, a los parientes, a los huérfanos, a los pobres, al vecino que es de vuestra gente y al vecino que es un extraño, al compañero que tenéis al lado, al viajero y a aquellos que vuestras diestras poseen (los esclavos)" en la aleya 36 del sura Las mujeres (4), los creyentes se comportan bien con aquellos que tienen a su alrededor. No son pendencieros, tercos ni negativos sino que se relacionan con los demás positiva y correctamente. Puesto que viven según las enseñanzas del Corán, muestran un carácter conciliatorio y abierto. Saben que la ira, las disputas y las discusiones de los que no siguen la religión no tienen lugar en lo que nos enseña el Corán. Por este motivo, perdonan, son tolerantes e intentan ver el lado bueno de los demás. En el Corán, Dios llama nuestra atención sobre esto y lo califica de expresión de la superioridad de carácter:

Pero, aún así, si uno es paciente en la adversidad y perdona - ¡ciertamente, he aquí algo que requiere en verdad de la mayor determinación!

(Sura La consulta 42: 43)

Dios nos ordena ser comprensivos, tolerantes y perdonar a los demás. Lo hace en la siguiente aleya:

Así pues, [aunque hayáis sido víctimas de la difamación,] que aquellos de vosotros que hayan sido agraciados con el favor [de Dios] y una vida acomodada no se muestren reacios a ayudar a [los infractores de entre] sus parientes, a los necesitados, y a aquellos que han abandonado el ámbito del mal por la causa de Dios, sino que perdonen y sean tolerantes. ¿No deseáis que Dios perdone vuestros pecados?

(Sura La luz 24: 22)

Por esta razón, un creyente cuida de tratar con comprensión y tolerancia a cualquier creyente con el que se encuentre a lo largo del día. Por ejemplo, será indulgente con un creyente que hace ruido y le despierta por la mañana. Sabe que actúa así por decreto de Dios; Él quiere que se levante en ese preciso momento y la persona que hace ruido es Su instrumento. Es una manera de ver las cosas. Sin embargo, lo dicho puede ser motivo para que alguna gente se irrite y pelee. Un creyente se esfuerza por actuar correctamente con otros creyentes que le ocasionan algún mal por accidente. No importa lo grave de la situación; no se enfada, ni pierde la compostura, ni molesta a los que se encuentran a su alrededor. Espera el mismo comportamiento de los demás cuando él cometa un error. Como dijimos con anterioridad, espera que Dios, con Su infinita misericordia, le perdone sus equivocaciones. Si no intenta dar ejemplo con su propio comportamiento del atributo de Dios que dice que es “indulgente”, sabe que su actitud le conducirá a actuar en contra de las enseñanzas del Corán.

Una persona que vive según las enseñanzas del Corán será poseedor de una naturaleza de carácter excelente. Con la madurez que demuestra en el transcurso del día ya sea en casa, en la escuela o en el trabajo, evita que surja cualquier tipo de tensión o angustia. Además, el comportamiento de un creyente es un ejemplo para los demás. Lo más importante es que su conducta es la que se elogia en el Corán y que actúa de manera que agrada a Dios.

De la información que obtuvo de los expertos, Imam al-Ghazali escribió lo que sigue sobre el comportamiento ejemplar de nuestro Profeta, la paz y las bendiciones de Dios sean con él, hacia los que le rodeaban:

"… Solía ser el primero en saludar a quien se encontraba. No se levantaba o sentaba sin recordar a Dios…

… Solía llamar a sus compañeros por sus títulos, para honrarles, y solía dar títulos a quienes no tenían.

… Era muy afectuoso y amable cuando trataba con la gente”

(“Ihya Ulum-Id-Din”, Imam al-Ghazzali)

Sin lugar a dudas, lo que tenemos que emular es el noble carácter de nuestro Profeta, la paz y las bendiciones de Dios sean con él. Aquellos que adoptan los valores del Corán y siguen la Sunna de nuestro Profeta, la paz y las bendiciones de Dios sean con él, pueden esperar llevar una buena vida en este mundo por deseo de Dios y recibir una gran bendición de Dios en el Más Allá.

La actitud de un creyente hacia la familia y los amigos

Un creyente da gracias a Dios cuando reflexiona sobre la creación de sus padres, que han pasado tanto tiempo y trabajo cuidando de él durante años: desde que abrió los ojos por primera vez a este mundo. Una persona que vive según el Corán se esforzará en recordar que Dios creó a sus padres y les concedió Su misericordia y compasión y les dotó del amor por sus hijos. Fue Él quien creó un vínculo de amor entre los padres y los hijos que cuidan desde su más tierna infancia hasta que se convierten en adultos autosuficientes. Los padres nunca se cansan del placer que supone criar a sus hijos y verlos crecer. Dios enfatiza la importancia de la familia en la vida humana:

Y [Dios dice:] “Hemos ordenado al hombre el trato bondadoso a sus padres: su madre le llevó soportando fatiga tras fatiga, y dos años duró su completa dependencia de ella: [así pues, oh hombre,] sé agradecido conmigo y con tus padres, [y recuerda que] hacia Mí es el retorno."

(Sura Luqmán 31: 14)

Nuestro Señor dice en el Corán que deberíamos comportarnos bien con nuestros padres:

Di: “¡Venid que os comunique lo que Dios os ha prohibido [realmente]!: “No atribuyáis divinidad a nada junto con Él; y [no ofendáis contra ellos, sino] tratad bien a vuestros padres…”

(Sura El ganado 6: 151)

Y [entre lo mejor de las acciones rectas que] hemos ordenado al hombre [está] el trato bondadoso a sus padres…

(Sura Las dunas 46: 15)

Por tanto, según estas aleyas, un creyente mostrará aprecio por sus padres y les tratará con respeto, abrigará un amor profundo por ellos, les tratará con amabilidad e intentará ganarse sus corazones con amabilidad y palabras sabias. De nuevo, en el Corán, Dios nos muestra cómo tratar a nuestros padres con delicadeza.

Pues tu Sustentador ha ordenado que no adoréis nada excepto a Él. Y haced el bien a [vuestros] padres. Si a uno de ellos, o a ambos, les llega la vejez estando contigo, jamás les digas “¡Uf!” ni les riñas, sino háblales [siempre] con respeto.

(Sura El viaje nocturno 17: 23)

En esta aleya, Dios cuantifica la misericordia que debemos mostrar hacia nuestros padres. Con las palabras: "jamás les digas “¡Uf!” ni les riñas, sino háblales [siempre] con respeto", ha prohibido a los creyentes que les falten al respeto en lo más mínimo o que les descuiden. Por este motivo, los creyentes siempre están atentos a sus padres y les tratan con gran respeto y tolerancia.

Harán todo lo posible para que se sientan cómodos e intentarán que no les falte su respeto y atención. Tendrán siempre en mente las dificultades y ansiedades de la vejez y se esforzarán al máximo para darles todo lo que necesiten, incluso antes de que lo mencionen, con compasión y comprensión. Harán todo lo que esté en sus manos para asegurarse de que estén bien y no les falte de nada, ya sea espiritual o materialmente. Y, no importa lo que ocurra, no dejarán de mostrarles un profundo respeto.

Existe otra situación a la que los creyentes se enfrentar en la relación con sus padres. Puede ser que una persona que tiene fe tenga unos padres que hayan elegido el camino del pecado. En el caso de que tal diferencia exista, un creyente les invitará a seguir el camino recto con una actitud amable y respetuosa. Las palabras que Abraham (que Dios esté complacido con él) dirigió a su padre, que adoraba a ídolos, nos muestra el tipo de acercamiento que deberíamos utilizar en tales circunstancias:

“¡Oh padre mío! Ciertamente, me ha llegado en verdad [un rayo] de conocimiento como no te ha llegado a ti: sígueme, pues, y yo te guiaré a un camino perfecto. ¡Oh padre mío! No adores a Satán – pues, en verdad, Satán está en rebeldía contra el Más Misericordioso. ¡Oh padre mío! ¡Temo, en verdad, que caiga sobre ti un castigo del Más Misericordioso, y entonces te harás [consciente de haber sido] prójimo de Satán!”.

(Sura María 19: 43-45)

Algunas personas, cuando ven que sus padres se hacen viejos y pierden su fuerza, les dan la espalda justo cuando necesitan su ayuda y atención. No resulta difícil darse cuenta de que dicha actitud está muy extendida hoy en día. Con frecuencia, sabemos de ancianos que, aún encontrándose en una difícil situación material y espiritual, viven solos en sus casas. Si pensamos en ello, comprobaremos que la causa de este problema subyace en no vivir según los valores del Corán.

Alguien que acepta el Corán como guía actúa con sus padres, los miembros de su familia y los que están a su alrededor mostrándoles misericordia y compasión. Invitará a sus parientes, amigos y conocidos a vivir de acuerdo con lo que el Corán nos enseña, porque Dios ordena a aquellos que tienen fe hablar del Islam a los que tiene cerca.

Y advierte a [cuantos puedas llegar, empezando por] tu familia.

(Sura Los poetas 26: 214)

Siempre existe la felicidad y la alegría en una familia que vive de acuerdo con las enseñanzas del Corán, como se pone de manifiesto en la Sunna del Mensajero, la paz y las bendiciones de Dios sean con él. Los gritos, peleas y falta de respeto que vemos en algunas familias que se desintegran hoy en día no podrían ocurrir nunca en una comunidad de creyentes. En dicha comunidad, a todo el mundo le agrada estar con su familia. Los hijos tratan a sus padres con respeto y les quieren con todo su corazón. Las familias ven a sus hijos como fideicomisos provenientes de Dios y cuidan de ellos. Cuando mencionamos la palabra “familia” nos vienen a la mente las ideas de calor, amor, seguridad y apoyo mutuo. Pero resulta útil volver a señalar que tal estado de excelencia sólo se puede lograr si se vive con fe y completamente imbuidos en el Islam y teniendo temor y amor por Dios.

Allah lo sabe todo

El señor Hassan tenía tres hijos: Faruq, Abdullah y Qasim. Les quería mucho. Quería verles crecer como buenos musulmanes. El mismo señor Hassan era un buen musulmán. Se esforzaba por obedecer todos los mandamientos de Allah.

Un día, el señor Hassan pensó probar a sus hijos. Les dio a cada uno unos dulces y dijo: "Comed los dulces en un lugar donde nadie pueda veros y cuando hayáis terminado, volved aquí."

Faruq cogió los dulces y fue a su habitación. Cerró la puerta desde dentro y se comió los dulces, pensando que nadie podía verle allí.

Abdullah fue al sótano de la casa estando seguro de que no había nadie allí. Se comió los dulces en la oscuridad del sótano.

Qasim pensó y pensó en qué lugar podría comerse los dulces sin que nadie le viera. No pudo pensar en ese lugar. Cada vez que pensaba, se acordaba de que Allah le podría ver, y no se comió los dulces.

Faruq y Abdullah volvieron y explicaron al señor Hassan todo lo que hicieron. Qasim vino y devolvió los dulces a su padre diciendo: "No hay sitio que sea un secreto para Allah, y por ello no me he comido los dulces.

El Sr. Hassan estaba muy complacido con Qasim.

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